jueves, 25 de enero de 2018

“El camino a la autocompasión”, 2009. Christopher K. Germer

   A primera vista, nada bueno sugiere la idea de “autocompasión”. Hace pensar en debilidad y egoísmo. ¿Por qué la ocurrencia del psicoterapeuta Germer acerca de la autocompasión?

La autocompasión es una forma de aceptación

El objeto de tu amabilidad es menos importante que la actitud que estás generando. Tu cerebro es más probable que repita lo que está experimentando en cada momento. Si te sientes estresado, estás aprendiendo estrés. Si te sientes benevolente, estás aprendiendo benevolencia.

Una emoción es esencialmente un hábito que podemos o bien fortalecer o debilitar. No es una “cosa” o una “sustancia”. (…) El modelo hidráulico, en el cual la ira llena un depósito de emoción esperando a ser utilizado, no se ajusta a los datos reales.

  La aceptación implica un mayor contacto con la realidad. Y la generación de actitudes es en cierto modo la clave de la psicoterapia, mientras que el desacreditado "modelo hidráulico", sostenido por Freud y por buena parte del "sentido común", implica que las emociones tienen que ser aprovechadas en uno u otro sentido, de manera que "un exceso de compasión" en uno mismo llevaría a una falta de tal emoción en las relaciones con los otros. Así pues, lo que Christopher Germer nos enseña –o nos sugiere- es que la práctica de la compasión –autocompasión- genera una actitud positiva y benévola para afrontar las propias adversidades y para afrontar la vida en sociedad que podría extenderse casi indefinidamente. Porque lo importante, a la hora de generar la actitud, no es con quién seamos positivos y benévolos en primera instancia. Lo importante es que lo seamos con alguien. Y somos quienes estamos más a mano para nosotros mismos…

Cuando sufrimos intensamente podemos necesitar sentirnos sostenidos o abrazados por otra persona. Esa “otra persona” puede ser un ser humano real, físico o, no menos efectivamente, una parte compasiva de nosotros mismos

  Por otra parte, la “aceptación” implica una actitud realista frente a la inevitable tendencia a negar la realidad ante las adversidades. Si en lugar de actuar, nos compadecemos, ello no es necesariamente malo cuando es evidente que no hay actuación posible que mejore la situación. Además, la acción irreflexiva muchas veces no surge con el fin de alcanzar objetivos reales, sino que se trata de reacciones emocionales, que pueden estar motivadas por el amor propio o por las presiones del entorno. La aceptación que implica la autocompasión puede ser positiva a la hora de afrontar una realidad que no podemos manejar de forma reflexiva.

Podemos aprender a tratar nuestra miseria y estrés de una forma nueva y más saludable. En lugar de afrontar las emociones difíciles luchando duro contra ellas, podemos afrontar el testimonio de nuestro propio dolor y responder con amabilidad y comprensión. Esto es la autocompasión –tomar cuidado de nosotros mismos de la misma forma con que trataríamos a alguien a quien amamos 

  Esta estrategia de generar una actitud tampoco implica que la autocompasión nos lleve al egoísmo.

Autocompasión es el fundamento para la amabilidad para los otros. Cuando aceptamos nuestra propia idiosincrasia, nos aceptamos más aceptantes de los otros

En palabras de Simone Weil, “compasión dirigida hacia uno mismo es humildad”

    En cierto modo, lo que nos enseña la autocompasión es un recurso para combatir la soledad…

Un cliente mío dijo: “¡envidio a la gente de Dios!”. Metta [meditación de amor y cuidado] es una oportunidad tanto para teístas como para no teístas de cultivar amor incondicional situándose próximos a los deseos más profundos

  “Metta” es un concepto de la filosofía budista que Germer refiere como “meditación de amor y cuidado” y que encuentra muy conveniente para una actitud compasiva. Se trata de una técnica sencilla que recuerda mucho a las oraciones religiosas cristianas sin entrar en las dificultades propias de la técnica de la meditación propiamente dicha, y que también se relaciona con el concepto de “mindfulness”.

Repetir las siguientes frases silenciosa y suavemente: que esté seguro, que esté feliz, que esté sano, que pueda vivir en paz (…) Cuando tu atención se distraiga, retorna a darte amor a ti mismo. Sentarte contigo mismo es como sentarse con un querido amigo que no se está sintiendo bien

Mindfulness se considera un factor subyacente en la psicoterapia efectiva y en la cura emocional en general (…) Mindfulness tiende a centrarse en la experiencia de una persona, usualmente una sensación, pensamiento o sentimiento

  Con ser todo esto útil, nos queda la situación inequívoca de que el individuo necesitado ha de buscar sustitutos de la que sería la fuente natural del apoyo o consuelo, ¡sus semejantes!  Quizá no es peor la autocompasión que lo que hace la “gente de Dios”, porque al menos no exige que nos aferremos a antiguas tradiciones sobre seres sobrenaturales (la autocompasión es racional), pero, en cualquier caso, falta un terapeuta al que se le ocurra organizar estrategias múltiples de compasión y consuelo (e incluso de acción reparadora) que llenen tal vacío. La práctica de la psicoterapia parte del esquema del individuo en solitario que acude al especialista, de modo que, curiosamente, pese a que se describe al individuo como necesitado por encima de todo de apoyo social, la solución que se le ofrece se da en un marco solitario para que el individuo en solitario afronte la vida social.

  Mientras tanto, la propuesta de Germer es razonable si aceptamos -¡aceptación!- la soledad del individuo que sufre y su necesidad de obtener sensaciones consoladoras que refuercen la actitud positiva…

Cuando enfrentamos el dolor emocional, nos vemos atrapados en él. Las emociones difíciles se hacen destructivas y dañan la mente, el cuerpo y el espíritu

Las palabras forman nuestra experiencia (…) La idea es encontrar palabras que evoquen sentimientos tiernos, cálidos, dentro de ti (…) Es mejor que las frases sean simples y fáciles de repetir (…) Lo que más importa es la actitud detrás de las frases (…)Las frases deben ser dichas en un tono que refleje tus intenciones benévolas –suave y amablemente

  “Generar actitud” es una visión lúcida de la comprensión psicológica de la naturaleza humana. A lo largo del tiempo se le ha dado diversos nombres, como formar el carácter o ganar entereza, pero lo principal es que podamos reflexionar y ver con claridad que la persona puede evolucionar y cambiar, adaptándose, con mayor o menor éxito, a tipos de personalidad coherentes y benéficas para sí mismo y sus semejantes.

  Algo también valioso es que este libro, siempre en la línea de autocompadecernos, también adopta una posición “pesimista” en el sentido de asumir el daño, en lugar de verlo todo en clave positiva.

Un ingrediente común [en muchos problemas psicológicos es la] resistencia al malestar. Luchar contra lo que nos incomoda solo empeora las cosas. Mientras más podemos aceptar la ansiedad, la incomodidad física, el insomnio y el dolor de la desconexión –y la inseguridad que va con todo ello- mejor nos irá.

  Fuera de estos posicionamientos anticonvencionales, se señalan también algunos detalles que pueden mejorar el estado emocional del individuo.

Nombrar las emociones –soledad, tristeza, miedo, confusión- hace más fácil nuestra coexistencia con las emociones difíciles (…) La habilidad para encontrar etiquetas exactas para los sentimientos subyace toda la industria de la “terapia del habla”. La investigación neurológica ha revelado que encontrar palabras para los sentimientos desactiva la parte del cerebro que inicia una respuesta de estrés

  Algunas estrategias de autoayuda pueden parecer ingenuas, pero suelen verse avaladas por los resultados de cuidadosos estudios estadísticos. Fomentar la autocompasión, en definitiva, puede ser una buena idea porque, lógicamente, cualquier tipo de estrategia que propague el afecto refuerza el comportamiento afectivo, y, como hemos visto, no es muy diferente el sentirse amado por Dios a sentirse amado por uno mismo (en ambos casos, en la realidad, estamos solos…).

  Quizá lo mejor de todo es que esta aproximación a la autocompasión supone una racionalización del fenómeno afectivo. Así no haría falta envidiar a la gente de Dios si podemos disponer de algún tipo de focalización afectiva que nos proporcione gratificaciones y consuelos en alguna medida equivalentes. Quizá la autocompasión no sea la mejor solución, pero va en el sentido correcto.

2 comentarios:

  1. Me ha parecido muy interesante, la manera en que ejercitar una habilidad emocional en primer lugar con nosotros mismos es la mejor manera de entrenarla y que forme un caracter emocional concreto para el resto de circunstancias de la vida.

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  2. Yo me he quedado con la expresión "generar actitud", no la conocía y me parece muy precisa. Dentro de esta orientación, "generar actitud" puede ser equivalente al "primado" y podría englobar una suma de estrategias coherentes para alcanzar un modelo de cambio de conducta... Con el objetivo necesario de obtener un "cambio social no-político" para el bienestar general... lo más ambicioso posible.

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