lunes, 25 de marzo de 2019

“Mentes que hacen sociedades”, 2018. Pascal Boyer

   El antropólogo cognitivo Pascal Boyer comenta en este libro algunos aspectos de la sociabilidad humana partiendo de la base de que ésta se encuentra subordinada a nuestras peculiares estructuras de pensamiento. Entre estas estructuras se cuentan las tendencias instintivas que habrían dado lugar a muchas de nuestras instituciones… y a nuestra capacidad para modificarlas a lo largo del tiempo.

El popular cliché de que las nuestras son mentes de la Edad de Piedra es en su mayor parte acertado, ya que nuestras complejas disposiciones mentales requirieron un largo periodo de tiempo evolutivo para emerger como resultado de presiones de variación y selección. Pero esa mente tan antigua claramente permitía la emergencia de las instituciones de las sociedades complejas [actuales]

Los humanos son especiales en que construyen sociedades complejas y aparentemente muy diferentes. Desarrollos recientes en las ciencias están ahora convergiendo para proporcionar explicaciones para muchos aspectos de estas sociedades, para las formas particulares en las cuales los humanos, por ejemplo, crean jerarquías, familias, normas de género, sistemas económicos, conflictos grupales, normas morales y mucho, mucho más.

¿Por qué la gente quiere una sociedad justa? ¿Hay una forma natural de familia?, ¿qué hace que los hombres y las mujeres se comporten de forma diferente? ¿Por qué hay religiones? ¿Por qué la gente participa en los conflictos entre grupos?

  Ante todo, el grupalismo. El Homo Sapiens es un animal social, como muchos otros que existen, pero es el único que puede dar forma a comunidades consistentes de individuos anónimos no emparentados.

Que la vida en grupo es beneficiosa para algunas especies, no es un misterio evolutivo. Pero lo que necesitamos explicar es qué habilidades y motivaciones en particular fueron seleccionadas como una forma de conseguir que los individuos actúen eficientemente dentro de los grupos. Las dificultades aparecen cuando queremos comprender cuál es la psicología subyacente del “grupalismo”

   Desde el punto de vista humanista, que subraya el valor del individuo, el grupalismo lo vemos hoy como un gran inconveniente para el desarrollo personal.

Diferencias en agresividad entre hombres y mujeres, tanto como la fuerza en la parte superior del cuerpo que es requerida para el combate, sugieren la selección para la violencia intergrupal tanto como para la competición con otros hombres en el acceso a mujeres. También algunas diferencias sexuales sugieren que las mentes humanas han sido modeladas para la rivalidad intergrupal

   Muy malo esto: se trata de indicios de que estamos predispuestos a un tipo particular de violencia de grupo. Estos grupos de humanos en conflicto ¿cómo se forman?

Los psicólogos sociales infirieron que los humanos están (…) tan espontáneamente [predispuestos a formar] grupos o tribus que favorecerían a su grupo incluso si éste fuera por completo arbitrario o incluso si los grupos fueran construidos arbitrariamente por un experimentador (…) No es que la gente equivocadamente piense que un agrupamiento arbitrario es un auténtico grupo social. Más bien (…) el error es que los participantes asumen que están comprometidos en una estructura de intercambio social en la cual las personas se hacen favores unas a otras por reciprocidad. (…) La gente se comporta de forma que parece favorecer el intragrupo porque de forma implícita usan una heurística de intercambio social, un conjunto de asunciones sobre cómo la interacción social (…) es una forma de cooperación recíproca. Obviamente, no necesitan hacerlo de forma consciente

   Un principio de reciprocidad parece algo más bien bueno, aun a riesgo de los actuantes se vean decepcionados por los otros integrantes del grupo si estos no cumplen nuestras expectativas. Pero los problemas aumentan cuando estudiamos las relaciones entre diferentes grupos.

La naturaleza competitiva de las coaliciones subyace en el hecho de que constituyen intentos de obtener apoyo social, y el apoyo es algo que los economistas llaman un bien rival [o de suma cero]. Mientras más tiene uno, menos está disponible para los otros

La necesidad percibida de los ataques preventivos para evitar ataques preventivos, que se llama el dilema de seguridad, parecería una garantía para un estado perpetuo de guerra tribal o al menos de sospecha intergrupal

  Hoy en día vemos como terriblemente antisociales tanto el dilema de suma cero (que se opone a la “suma positiva”) como la trampa hobbesiana de los ataques preventivos. Pero están en nuestra naturaleza. Son nuestras mentes –“prehistóricas”- las que han creado esas estructuras originarias en contradicción con nuestros ideales civilizados.

  La familia y las relaciones de pareja son también elementos diferenciados de la vida en grupo. Y tampoco son habituales en muchos animales.

Entre los grandes simios, los “parientes”  más próximos de la humanidad, las hembras son dejadas a que se arreglen solas

   En cambio…

La evolución humana inventó no solo parejas, sino también parentela política

   La formación de parejas (varón-mujer) más o menos duraderas es algo constante en los seres humanos, también en las sociedades más tradicionales. Sin embargo, en la prehistoria las parejas se hallaban insertas dentro de sistemas familiares más complejos (primos, tíos, cuñados…) mientras que se considera mucho más civilizado el modelo de “familia nuclear” a partir de un especial vínculo entre un solo varón y una sola mujer para toda la vida.

   En cuanto a nuestra capacidad intelectual, diríamos que es nuestro principal aliado para alcanzar una vida comunitaria armoniosa… pero tampoco nuestra dotación intelectual innata es la más conveniente. No obedece tanto a la lógica como sería de desear.

La mente humana no es siempre filosóficamente correcta o científicamente exacta. 

   Y no lo es precisamente en lo que más concierne al desarrollo de una vida social eficiente, generadora del mayor bien común.

Establecer que el comportamiento de alguien es moralmente repugnante crea consenso más fácilmente que afirmar que el comportamiento en cuestión lo causa la incompetencia. Lo último podría invitar a discusiones de evidencia y desempeño [¿era o no incompetente?], lo que diluiría el consenso más que fortalecerlo

  El sesgo de negatividad y nuestra tendencia a razonar de forma ilógica son también, por tanto, inconvenientes a ser corregidos, y entre estas formas ilógicas se encuentran las creencias en lo sobrenatural. Creencias que, por cierto, parecen bastante estructuradas y son poco espontáneas.

Puede parecer paradójico que el dominio de la fantasía y la imaginación sobrenatural resulten ser en gran medida repetitivos. Pero esto es porque la imaginación no se crea de la nada, simplemente recombina material conceptual preexistente

   Para Boyer, la imaginación sobrenatural originaria no corresponde exactamente a nuestro concepto civilizado de religión

Las sociedades a pequeña escala (…) acostumbran a hablar sobre antepasados, almas y espíritus. Pero estas manifestaciones suelen ser vagas, idiosincráticas o incluso inconsistentes. Sea lo que sea lo que estas personas tengan, no parece encajar con la imagen esperada de una religión

   Nosotros estamos más habituados a las religiones doctrinales, en las cuales se desarrollan actividades que asociamos con prácticas morales elevadas.

La práctica doctrinal de las religiones es una forma de adiestramiento intelectual que acumula un gran número de proposiciones relevantes y explícitamente conectadas. 

Las religiones y los cultos informales disparan diferentes clases de respuestas cognitivas. Las religiones proporcionan coherencia y explicación, los cultos experiencias memorables

    La importancia de las religiones se encuentra en su relación con la evolución moral, que es clave en el desarrollo de las civilizaciones. Y esto se aplica sobre todo a las de tipo doctrinal.

¿Por qué la prosperidad entre las clases más altas de nobles y ricos mercaderes favorecieron tales ideologías [de moderación y renuncia propias de la Era Axial]? (…) Una posible explicación es una forma de esnobismo, en la cual la gente señala su gran riqueza y estatus por renunciar ostentosamente (algunos de ellos) a su riqueza y estatus, haciendo ver con ello que pueden  permitirse tales pérdidas (…) [O bien] los individuos que habían alcanzado una afluencia podían interesarse en doctrinas que prescribían moderación y autocontrol, y sentir los beneficios de poner estas recomendaciones en práctica. 

   Con las religiones, llegamos a la parte más positiva de esta visión de la mente social. Con las religiones llega cierta etapa de progreso, y algo parecido sucede también con el comercio.

En todo el mundo, los seres humanos pueden con confianza afirmar que ciertos individuos poseen ciertas cosas. Todas las lenguas naturales pueden expresar la especial conexión entre agentes y cosas. También en las culturas humanas uno halla una distinción entre propiedad y mera posesión (…) Fuertes motivaciones y emociones están en todas partes asociadas con representaciones de la propiedad (…) Incluso en niños muy jóvenes (…) la distinción entre posesión y propiedad legítima es crucial

  Ahora bien, una cosa es la posesión y otra cosa el intercambio de bienes propios por interés comercial, es decir, con la expectativa de obtener un beneficio.

La clara separación de intercambio económico de otros aspectos de la interacción social es un reciente subproducto de las condiciones de mercado

  Muchos pueblos desconocen las reglas que permiten un lucro legítimo y desprecian especialmente la desigualdad y la avaricia. Sin embargo…

El comercio y las innovaciones que éste hizo posibles proporcionan la única conocida ruta de escape de la pobreza

Los sistemas cognitivos que guían la justicia en el intercambio o que gobiernan la propiedad o que monitorizan la distribución de bienes a partir de la acción colectiva están precisamente diseñados para disparar la emoción y motivar el comportamiento –de lo contrario no habrían sido evolutivamente ventajosos

    En una naturaleza humana que, al igual que sucede en la de otros mamíferos, existe una predisposición a la búsqueda de la supremacía, el lucro económico a partir de la propiedad privada sometida a unas reglas de intercambio lógicas y acordes con principios de justicia supuso, como mínimo, una forma benigna de competitividad en comparación con la guerra a mayor o menor escala. Por otra parte, en las sociedades complejas (incluso en las formadas por unos pocos cientos de individuos) siempre han existido jerarquías, pero las derivadas de la economía de mercado obedecen a criterios más racionales y menos brutales que la habitual del dominio del más fuerte. Y son más conducentes al bien común.

El punto de partida de las jerarquías de producción es el hecho de que diferentes agentes pueden no tener la misma información o habilidades

   Pascal Boyer no hace en su libro un diseño unificador de las estructuras innatas de la “mente social” del individuo, pero nos ofrece valiosos apuntes al respecto: grupalismo, familia, religión, posesión…  El desarrollo de algunas de estas estructuras hasta alcanzar formas innovadoras es lo que ha permitido el avance civilizatorio. Así, los grupos sociales se han hecho más amplios, más abstractos y flexibles; la familia extendida prehistórica ha dado paso a poderosos vínculos afectivos entre individuos; las religiones doctrinales han permitido el progreso ético; la posesión y la propiedad han acabado haciendo posibles el intercambio comercial y el consecuente desarrollo tecnológico (para aumentar el número y valor de los artículos de comercio). Las mentes hacen las sociedades, y la naturaleza de tales mentes dan lugar a su cambio y su progreso.

  Contando con una visión lúcida de los inconvenientes de la forma de vida humana en estado de naturaleza es como mejor podemos encontrar las claves del progreso de la civilización.

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