miércoles, 25 de octubre de 2017

“El enigma de la razón”, 2017. Mercier y Sperber

  Los autores de este libro tratan de desmitificar la razón y lo logran en buena medida. Pero con ello lo que consiguen también es que tengamos una visión mucho más lógica de lo que es la razón.

Mientras que comúnmente se considera la razón como el uso de la lógica, o al menos algún sistema de normas que expande y mejora nuestro conocimiento y decisiones, nosotros sostenemos que la razón es mucho más oportunista y ecléctica y que no se atiene a normas formales. Sugerimos que el principal papel de la lógica en el razonamiento puede ser retórico: la lógica ayuda a simplificar y esquematizar los argumentos intuitivos, subrayando y con frecuencia exagerando su fuerza. 

  La gran importancia que damos a la razón proviene de que de ella esperamos orden, justicia y progreso. A la razón atribuimos el desarrollo humanista, es decir, el cambio social que ha permitido incrementar la eficiencia de la cooperación entre los seres humanos, pero…

rechazamos la visión intelectualista de que la razón ha evolucionado para ayudar a los individuos a obtener mejores inferencias, adquirir mayor conocimiento y tomar mejores decisiones.(…) La razón (…) evolucionó como una respuesta a los problemas que se encuentran en la interacción social más que en el pensamiento solitario. La razón cumple dos funciones principales. Una función es ayudar a resolver un problema importante de coordinación al producir justificaciones. La otra función ayuda a resolver un importante problema de comunicación al producir argumentos.

  En suma, la razón es un fenómeno que procede de la que es la característica más específica de la condición humana: nuestra capacidad para las relaciones sociales. Al argumentar mediante la razón, tratamos de apelar a la lógica a fin de convencer a la otra parte.

  Esto implica que razón y lógica no son la misma cosa

Lógica y razón se han disociado, y la misma razón ahora parece estar rota en pedazos

  Examinemos las debilidades de la lógica del razonamiento:

No sería del todo equivocado (…) decir que la psicología del razonamiento se ha convertido en buena parte en la psicología del experimento de Wason (…) Solo el 10 % de los participantes [en el experimento] hacen la elección correcta

  Lo que nos dice el experimento de Wason es que nuestra capacidad de razonar no está basada del todo en la lógica. Un computador sencillo nunca falla esta prueba y el 90% de las personas sí.

  ¿En qué falla la razón para ser lógica?

Las respuestas de la gente al experimento de Wason están basadas no en el razonamiento lógico sino en intuiciones de relevancia: le dan la vuelta a las cartas que parecen intuitivamente relevantes

  A primavera vista, las intuiciones parecen ineficientes, pero en realidad suelen basarse en heurísticas –reglas superficiales y simples para la toma de decisiones- que son muy prácticas, mientras que la lógica no lo es tanto, y no lo es porque exige demasiado tiempo y esfuerzo el que no queden cabos sueltos.

La cognición, en sentido amplio, consiste en obtener inferencias sobre la forma en que son las cosas, qué esperar y qué hacer 

Las inferencias (…) son posibles por la existencia de regularidades en el mundo

  Detectar mediante la lógica las regularidades y determinar lo que son las cosas, qué esperar y qué hacer es tremendamente complejo. Los problemas habituales del Homo Sapiens no se dan con el esquematismo de experimentos como el de Wason, y es por eso que el cerebro humano está diseñado para recurrir a la intuición.

Los procesos [intuitivos] son atajos heurísticos que, en las circunstancias ordinarias, llevan al juicio correcto. En las situaciones que no son estándar, sin embargo, producen respuestas erróneas y sesgadas.

   El juicio intuitivo es más rápido, más práctico, más adaptado a nuestra experiencia y situación convencional. En el estilo de vida del Homo Sapiens originario (el cazador-recolector que hemos sido durante la evolución que nos diseñó genéticamente) eran casos excepcionales aquellos en los que la intuición o la heurística resultaban ineficientes. En esos casos excepcionales es cuando tenemos que usar la lógica… y se dan con mucha más frecuencia en nuestra forma de vida civilizada de lo que se daban en la prehistoria.

  Para colmo, cuando pretendemos utilizar la lógica lo que usamos es el razonamiento, que solo formalmente obedece a la lógica, y que, como se expondrá más adelante, puede ver viciados sus argumentos por el sesgo del individuo. Así de complicado es.

   Pero, por otra parte, si no fuera tan complicado el uso lógico del razonamiento… ¿no habría tardado mucho menos la civilización en alcanzar los niveles de avance actuales?

No todo razonamiento es bueno  (…) pero todo razonamiento debería ser y pretende ser lógico. El mal razonamiento es el razonamiento que intenta ser lógico pero no lo logra. 

Evaluar las razones de otros es únicamente relevante para decidir en quién confiar y cómo conseguir coordinación.

   Desarrollar la lógica mediante el razonamiento es difícil. Estamos predispuestos, por el contrario, a defender nuestros intereses, es decir, a emitir juicios sesgados. Para contrarrestar este fenómeno conflictivo –el sesgo, el prejuicio que dificulta la lógica de la razón- la mejor solución suele ser facilitar razonamientos enfrentados lo mejor arbitrados posible…

No negamos que la razón puede traer grandes beneficios intelectuales, como ilustra el caso de la ciencia; al contrario, explicamos cómo lo hace: mediante la interacción con otros.

  La interacción es la que permite desarrollar un razonamiento lógico porque corrige el inevitable sesgo del razonador solitario, es decir, la tendencia a manipular la lógica para favorecer el prejuicio, por muy inteligente que uno sea y muy habituado a usar la lógica que uno esté. Para ilustrar esto, Mercier y Sperber nos dan un magnífico ejemplo. Thomas Jefferson fue uno de los grandes teóricos ilustrados a favor de las libertades individuales. Pero era al mismo tiempo propietario de esclavos… La esclavitud era rechazada intuitivamente por todos los individuos que estaban comprometidos con la libertad. Sin embargo, la actitud de Jefferson al respecto, la actitud de uno de los ilustrados más intelectualmente capacitados, fue la de encontrar justificaciones lógicas (pero sesgadas, afectadas por el prejuicio) a la esclavitud.

Algunos de los contemporáneos de Jefferson encontraron que estaba más allá de su habilidad encontrar una justificación para poseer personas. Washington liberó a sus esclavos y los dotó en su testamento. Franklin los liberó en vida. Parece que uno “no puede encontrar una razón para todo lo que uno quiere hacer” –a menos, quizá, que uno sea tan inteligente como Thomas Jefferson

  Es decir, la capacidad de usar la lógica permitió a Jefferson encontrar argumentos a favor del prejuicio racial. Hoy calificaríamos de “falaz” ese tipo de lógica, pero en el siglo XVIII no era tan fácil como hoy refutar los argumentos raciales (que fueron los que utilizó Jefferson para apoyar sus intereses más egoístas). En cambio, la intuición humanista, de raíz cristiana, lograba mejores resultados que la razón.

  De ahí que los autores de este libro desconfíen de la racionalidad solitaria, al viejo estilo de los filósofos griegos. En su lugar, defienden la confrontación de argumentos y contraargumentos. El mejor razonador solitario, en cualquier caso, sería el que es capaz de adoptar puntos de vista opuestos.

A diferencia de los razonadores típicos, los abogados con frecuencia argumentan posiciones que personalmente no defienden. Su “bando” es el del cliente que los emplea. Encontrar argumentos para una posición que no apoyamos, o incluso con la cual estamos en desacuerdo, es difícil. Exige habilidad y entrenamiento

  El que la razón haya acabado obteniendo los relativos triunfos que a este respecto observamos en la civilización actual se debe principalmente a que se han combinado diversas estrategias de razonamiento lógico.

Cuando el razonador no tiene una clara preconcepción [de las cosas que juzga] el sesgo particular se mantiene al margen y la razón puede ser la guía de la elección del razonador, presumiblemente para mejor. Quizá es a partir de tales casos que han nacido las creencias sobre la eficiencia de la razón en la mente de los filósofos. 

Aprender a razonar es, en buena medida, aprender a anticipar contraargumentos(…) La mejor solución [para aprender a razonar mejor] podría ser exponer a la gente a más contraargumentos –para hacer que la gente argumente más.
 
Los científicos –en el mejor de los casos- parecen estar esforzándose por la verdad, no por la aprobación de una audiencia en particular. Sugerimos que de hecho su razonamiento aún busca argumentos que tratan de convencer, pero que la audiencia que es su objetivo es grande y particularmente exigente. Si alguien halla un contraargumento que convence a la comunidad científica, el argumento del científico es desechado. El científico no puede permitirse apelar a las inclinaciones de un juez o jugar con la ignorancia de la ley de un jurado [como un abogado]. Sus argumentos deben tener por objeto la validez universal –en un universo compuesto por sus pares.

  Y hay otro elemento a tener en cuenta: con independencia de la necesidad que tenemos de convencer a los otros de nuestros puntos de vista, la razón existe porque aparentemente encontramos cierto estímulo psicológico para razonar.

¿Por qué debería ser, para algunas personas al menos, una deseable experiencia el resolver acertijos, pensar sobre paradojas o mirar cómo otras personas argumentan? Aquí, una vez más, son relevantes las consideraciones evolutivas. La operación de muchos mecanismos evolutivos requiere energía, tiempo y esfuerzo para que cumplan su función, pero el beneficio que se alcanza puede no ser percibido por el organismo, o al menos no lo suficiente como para motivar el esfuerzo. El principal beneficio biológico del sexo es la reproducción, pero los animales (incluyendo los seres humanos, durante la mayor parte de su historia) no son conscientes de que el sexo produce descendencia. Los fuertes deseos sexuales y el placer consecuente han evolucionado para motivar a los animales a copular.

  De forma parecida, encontramos placer en argumentar y razonar. Y en salirnos con la nuestra, claro.

  Finalmente, como tantas veces sucede en la evolución, se llega a los grandes descubrimientos haciendo uso de mecanismos evolutivos que surgieron con otro fin. Ya hemos visto que razonamos no para hallar la verdad, sino para convencer a otros… pero esto nos ha permitido, por evolución, desarrollar un creciente racionalismo cada vez más objetivo, más apegado a una lógica imparcial, en el sentido de la buena ciencia moderna. De forma parecida, nuestra capacidad para la cognición nos permite explotar y modificar información para operar con ella en “ámbitos impropios”

Los módulos cognitivos evolucionados están típicamente adaptados para procesar información que pertenece a un ámbito dado y para extraer inferencias específicas de ello. Llamamos a tal ámbito el “ámbito propio” de un módulo cognitivo. En el ámbito propio de un módulo de evitación de las serpientes, por ejemplo, están presentes las serpientes. En el ámbito propio de un módulo de lectura de la mente están los estados mentales de la gente con la cual el individuo está o puede estar interactuando. (…) [Pero en ocasiones] no hay forma de que el entorno actual corresponda exactamente al ámbito propio. Los errores en la detección son inevitables. (…) La no correspondencia entre los ámbitos reales y propios de los módulos son una abundante fuente para el desarrollo de ideas, prácticas y artefactos culturales

    Por ejemplo: instituciones básicas en el desarrollo civilizatorio como la religión y la moralidad han surgido de forzar diversos esquemas cognitivos a ámbitos impropios. La superstición surge de la necesidad de determinar cualquier tipo de relaciones de causa y efecto que tranquilicen nuestra angustia ante lo desconocido. La acumulación de supersticiones fuera de su ámbito propio (los fenómenos inexplicables en el momento que suceden sería el ámbito propio, pero la especulación infinita acerca de causas y efectos imaginarios llevaría la superstición a ámbitos impropios) dio lugar al desarrollo de la magia y más tarde de la religión. El cambio constante del entorno devino en que las religiones se convirtiesen, muy probablemente, en un factor esencial en el desarrollo moral y social. Igualmente, el instinto de vinculación por parentesco llevado a ámbitos impropios ha dado lugar a los sentimientos de hermandad y amor al prójimo entre personas no emparentadas.

  En suma, al desmitificar la razón, comprendemos mejor las posibilidades futuras de esta capacidad…

sábado, 14 de octubre de 2017

“Cultiva la felicidad”, 2013. Rick Hanson

  El psicólogo y terapeuta Rick Hanson ha escrito un libro acerca de ciertas estrategias para promover una vida feliz y armoniosa en el mundo de hoy. Cualquier hallazgo en esta línea siempre será bienvenido.

Este libro es sobre una cosa simple: el poder oculto de las experiencias positivas de cada día para cambiar tu cerebro –y en consecuencia tu vida- para mejor (…) Trata acerca de transformar experiencias en mejoras duraderas en tu red neural

  La antigua sabiduría ya tenía en cuenta algunas de estas estrategias, y ahora se profundiza en ellas gracias, en buena parte, a los descubrimientos de la psicología.

La actividad neuromental repetida deja cambios duraderos en la estructura neural: es lo que se llama la neuroplasticidad dependiente de la experiencia

  “Actividad neuromental” es lo que hacemos simplemente pensando, observando, juzgando, recordando. Pero solemos hacerlo con determinados “estilos de pensamiento”: con pesimismo u optimismo, con desconfianza o benevolencia, con despreocupación, con irritabilidad…   Estos estilos de pensamiento pueden renovarse, innovarse y finalmente perderse por desuso, como sucede con los ejercicios musculares. La experiencia de la repetición frecuente es la que asienta un estilo determinado, mientras que

las conexiones [neurales] menos activas se marchitan en un proceso llamado a veces darwinismo neural: la supervivencia del más atareado

  Uno puede tomar buenas costumbres a partir de experiencias positivas. Pero no siempre tenemos a mano suficientes experiencias positivas, así que lo inteligente es sacar el mayor partido posible a las que tengamos. A veces estarán alejadas en el tiempo y tendremos que recordarlas. Incluso a veces tendremos que recurrir a la imaginación si hemos de inventarlas para disponer de ellas. Pero siempre valdrá la pena.

En esencia lo que harás con las prácticas de este libro es simple: convertir las buenas experiencias de cada día en una buena estructura neural. Más técnicamente: activarás estados mentales y después los instalarás como rasgos neurológicos (…) Al hacer esto, estarás superando el sesgo de negatividad: el cerebro es bueno en aprender de las malas experiencias, pero malo en aprender de las buenas

  Es muy importante tener en cuenta el “sesgo de negatividad”: por instinto de supervivencia tendemos siempre a ponernos en el peor de los casos, a desconfiar y a ponernos a la defensiva… Para conseguir que los demás hagan lo que se les pide o exige, se suele decir que les pueden hacer marchar a palos u ofreciéndoles zanahorias. Ése es el trato que solemos recibir del entorno, social o no (amenaza o incentivo), y se suele opinar que lo primero es lo que más nos afecta…

Desde un punto de vista de la supervivencia, los palos tienen más urgencia e impacto que las zanahorias. Si fallas en conseguir una zanahoria hoy, tendrás otra oportunidad de conseguir otra mañana, pero si fallas en evitar el palo hoy, entonces no habrá nunca más zanahorias (…) [Por eso] reconocemos los rostros furiosos más rápidamente que los felices (…) El sesgo de negatividad se inclina hacia la supervivencia inmediata, pero contra la calidad de vida, las relaciones pacíficas y plenas, y la salud mental y física duraderas. Éste es el sistema por defecto propio del cerebro de la Edad de Piedra

  Pero ya no estamos en la Edad de Piedra. Vivimos en una época de abundancia material gracias a la tecnología. Hay para todos… si nos ponemos de acuerdo en distribuir lo mucho de lo que se dispone, y por eso, hoy en día, el principal obstáculo a la felicidad es nuestro propio comportamiento egoísta, agresivo y desconfiado. Por ello, si nos acostumbráramos a comportarnos de forma benevolente, amable e inteligente, todos nos beneficiaríamos, mientras que en la escasez de la Edad de Piedra el egoísmo y la rapacidad valían mucho más la pena.

  Debido a este sesgo de negatividad con el que hemos nacido, que está en nuestros genes, resulta que “acostumbrarse” a nivel neuromental a la cooperación, la benevolencia, la generosidad y el afecto requiere cierta ejercitación. Puede conseguirse.

La ciencia de la neuroplasticidad dependiente de la experiencia muestra que cada persona tiene el poder de cambiar su cerebro para mejor

  Hay formas sencillas... y también podemos acumularlas y complicarlas para hacerlas más efectivas.

Este libro trata acerca de hacer crecer tus fuerzas internas mediante experiencias positivas, lo que viene a ser “instalar” la felicidad [en nuestras mentes]

Tomando el lado bueno de las cosas, te haces más capaz de afrontar lo malo

Cuando introduces las buenas experiencias en tu cerebro –cuando construyes el sentido de ser apacible, satisfecho y amado- tu bienestar se hace cada vez más incondicional

  Entrenar el cerebro para la felicidad y la bondad. Magnífica idea, no especialmente nueva, pero que ahora queda demostrada mediante experimentos de psicología social. Y si se añaden técnicas organizadas podríamos obtener un mayor rendimiento de tales estrategias.

Con habilidad y esfuerzo, creamos estados mentales benéficos. Cada vez que esto sucede, es bueno en el momento. Sin embargo, en la mayor parte de los casos, no tomamos consistente y sistemáticamente los segundos extra para instalar estas experiencias en el cerebro. 

  Porque el cerebro tiene sus reglas: vivir una experiencia es una cosa, pero almacenarla adecuadamente para que nos sirva a efectos de la “neuroplasticidad” es una cosa diferente.

Para comprender estas ideas (…) las he destilado en cuatro simples pasos (…): tenga una experiencia positiva. Enriquézcala. Absórbala. Enlace el material positivo y negativo de modo que lo positivo alivie,  y entonces reemplace lo negativo 

  Mientras más experiencias positivas tengamos, obviamente mejor. Y cuando las tengamos, sean pocas o muchas, hemos de sacarles el mayor partido.

Enriquecer [una experiencia positiva es] estar con la experiencia positiva de cinco a diez segundos, o más tiempo.(…) Alentar suavemente la experiencia para que sea más intensa. Hallar algo fresco o nuevo sobre ello. Reconocer cómo es de personalmente relevante

  Pequeños trucos que todos podemos relacionar con nuestras vivencias sentimentales…

Recogía un pequeño objeto del jardín y lo ponía en mi bolsillo. Cuando comenzaba a sentir la incómoda ansiedad, sostenía el objeto, recordando cómo me sentía en el jardín.

Puedes también usar tu “cine” interior para imaginar hechos buenos que nunca han sido reales. En el fondo del centro de memoria emocional de tu cerebro, las experiencias imaginadas construyen estructuras neurales mediante mecanismos similares a los que usan las experiencias vividas verdaderas (…) Tú sabes qué es verdad. Tú solo lo sufres menos.

  Los trucos pueden llegar más lejos. Particularmente en el caso de lo que se propone de “enlazar” lo negativo con lo positivo. Veamos un ejemplo:

[Cuando era niño] mi abuela era cruel y [una vez] me había expulsado fuera de la casa y me dijo que las vacas del vecino me iban a comer y otras historias absurdas que me aterrorizaban. Yo mantuve en la mente de forma repetida la experiencia adorable de mis perros saltando sobre mí y lamiéndome con amor incondicional, mientras también recordaba ese momento doloroso con mi abuela. ¡Funcionó! Ahora no puedo pensar en mi abuela sin pensar en mis perros. El viejo recuerdo se difumina reemplazado por alegría y amor. Éste es el cuarto paso de tomar el lado bueno de las cosas: al enlazar lo negativo y lo positivo están inyectando directamente “medicina” a lo que anda mal en tu mente, en la red neural donde están arraigados el dolor y el desasosiego. Este enlace puede parecer exótico o arriesgado pero en realidad es natural (…) Primero, tienes que ser capaz de retener en la mente dos cosas a la vez. Segundo, no te puedes permitir a ti mismo ser dominado por el material negativo. En consecuencia, recomiendo que no uses este método para el agujero negro central del trauma (…). Tercero, necesitas mantener el material positivo como más prominente. De lo contrario podrías ser sometido por la negatividad.

  Alguien podrá preguntarse si estas estrategias son tan efectivas como el autor –un terapeuta- presume. Bueno, tal vez no funcionen siempre, ni de la misma manera ni a todo el mundo por igual, pero nos aportan ideas y parecen prometedoras. El que tenga una idea mejor, que la proponga… La propuesta de Hanson, de “cultivar lo bueno” o “la felicidad” resulta comprensible, da mucho de sí…y no olvidemos que va en el mismo sentido que la conocida terapia cognitivo-conductual.

Muchos estudios demuestran los beneficios de la terapia cognitiva centrada en el cambio de pensamientos para mejor.

  De lo que se trata, en suma, es de asumir que podemos participar en nuestra propia transformación de la personalidad. Siempre existirán pautas innatas insuperables, pero haciendo uso de buenas estrategias, de un entorno que podamos modificar y del apoyo de nuestros semejantes es razonable esperar que obtengamos buenos resultados.

Cada uno de los sistemas operativos de tu cerebro tiene esencialmente dos modos: de respuesta y reactivo (…) Cuando te sientes satisfecho, tu sistema de recompensas por aproximación cambia a su modo de respuesta, con sentimientos tales como gratitud, alegría, satisfacción y contento.  (…) En el modo de respuesta, te enfrentas a los desafíos sin que causen estrés. (…) [Por el contrario] el modo reactivo asume que hay exigencias urgentes, así que no se preocupa por tus necesidades a largo plazo. (…) Los recursos del cuerpo [se lanzan mediante] la adrenalina y el cortisol a través de la sangre, y el miedo, la frustración y la ira inundan tu cerebro (…)  Estas dos maneras en las cuales opera el cerebro, de respuesta y reactivo (…) son el fundamento de la naturaleza humana

  Conocer estas pautas generales de la conducta –ya vimos antes el sesgo de negatividad- nos ayuda a prevenir actuaciones propias que más adelante habríamos de ver como inadecuadas. El modo de respuesta en general supone una buena actitud a cultivar, tanto como la construcción de “cultivar lo bueno” o como el tener en cuenta la existencia muy prosocial de la alegría altruista

Alegría altruista, la felicidad por la buena fortuna de otros

  O la distinción importante entre deseos y pulsiones

La gente puede (…) querer desear algo sin que le guste, como los que he visto manejando la máquina tragaperras una y otra vez en el casino sin que parezca que se preocupen si da resultado o no. 

  Es posible, por tanto, utilizar la razón para cultivar los mejores sentimientos y la mejor conducta. Lo mejor para uno mismo y para otros. Que se quede esto en la terapia psicológica de consumo o podamos hacer uso de ello más allá, un poco al estilo de las viejas religiones moralistas, dependerá de muchos factores en el futuro. Y el principal de esos factores es el conocimiento objetivo.

jueves, 5 de octubre de 2017

“Mujeres después de todo”, 2015. Melvin Konner

Este es un libro con un argumento muy simple: las mujeres no son iguales a los hombres; son superiores en muchas formas, y en la mayor parte de las que contarán en el futuro. No es solo un asunto de cultura o educación, aunque ambas cosas juegan su papel. Es un asunto de biología y del ámbito de nuestros pensamientos y sentimientos influenciados por la biología

  No es el primer libro que se escribe acerca de la superioridad femenina en el contexto de nuestra civilización (anterior es "The Natural Superiority of Women", de Montague Francis Ashley-Montagu, de 1953). Para algunos, este tipo de punto de vista resulta un poco humorístico, y sin embargo es también útil a la hora de afrontar la aún difícil tarea de conseguir la igualdad entre sexos (especialmente grave en las llamadas “naciones del tercer mundo”). Otros no lo verán así, pero algunos datos parecen incontrovertibles.

Además de la superioridad de la mujer en juicio, su confianza, fiabilidad, ecuanimidad, el trabajar y jugar limpio con otros, una relativa libertad para desviar sus impulsos sexuales y niveles más bajos de prejuicio, intolerancia y violencia las hacen biológicamente superiores.

  En un sentido general, tenemos que admitir que esto es cierto.  Si bien se han cometido y se siguen cometiendo bastantes errores a la hora de destacar las pautas de comportamiento innatas que son propias de hombres y mujeres.

Juzgando a partir de recientes metaanálisis –sofisticados sumarios estadísticos de muchos estudios- la mayoría de las “diferencias entre sexos” en las que puede pensar la mayoría de las personas no son siquiera reales, y mucho menos están basadas en la biología. Pero los hallazgos han sido siempre más consistentes en la agresión, el cuidado mutuo y la sexualidad.

   Nada más fácil de comprender que el que la cooperación entre los seres humanos es lo que permite la civilización y que, por tanto, la agresividad masculina, sobre todo, supone un estorbo en términos prácticos. La agresión masculina no solo tiene que ver con las reacciones emocionales individuales. También está relacionada con la forma más peligrosa de agresividad humana: la agresión entre grupos, el sesgo endogrupal

Los hombres son más xenófobos y etnocéntricos que las mujeres, más inclinados a deshumanizar a los grupos extraños y a usar palabras animales sobre ellos, y más dispuestos a hacer sacrificios para castigarlos. (…) Los hombres tienen un umbral más bajo que las mujeres para poner en marcha conflictos intergrupales

    Y hay más:

Los varones son diferentes. Los dos rasgos [distintivos más notorios] son la violencia y la sexualidad impulsiva.

  Aunque la sexualidad impulsiva parezca algo no tan malo como la violencia, también aporta inconvenientes antisociales.

Los hombres han demostrado tener deseos sexuales más intensos y frecuentes que las mujeres, tal como reflejan los pensamientos espontáneos sobre sexo, frecuencia y variedad de las fantasías sexuales, de los deseos frecuentes de relaciones sexuales, del número de parejas deseable, masturbación, gusto por variadas prácticas sexuales, voluntad de tomar la iniciativa en el sexo, de iniciarlo y no de rechazarlo, de hacer sacrificios por sexo y otras medidas. No ha habido estudios con resultados opuestos –ni uno solo que indique mayor motivación sexual en la mujer que en el hombre. En un típico estudio, el 90% de los hombres, pero solo la mitad de las mujeres, sintieron deseo sexual al menos unas cuantas veces por semana

  La búsqueda de placer sexual en el hombre es problemática en tanto que suele suponer, lógicamente, una fuerte motivación para comportarse de forma egoísta (por ejemplo, en la violación). El placer propio no se comparte y por ello con frecuencia nos lleva a utilizar al otro como medio para un fin privadísimo e intransferible...

    A partir de estos rasgos innatos se han creado tradiciones culturales que los alimentan, de modo que masculinidad y feminidad en un sentido social pueden desarrollarse de forma muy diversa.

Algunas familias [en una población rural poco desarrollada] tenían pocas chicas para hacer las tareas [tradicionales de chicas] y se las encargaban a los chicos. En observaciones estándar, estos chicos mostraban menos agresión y autoritarismo, más altruismo y menos dependencia que los chicos a los que no les habían asignado tareas de chicas, cambiando su comportamiento al de las chicas. En particular, los chicos que habían hecho mucho trabajo cuidando de bebés mostraban mucha menos agresión (…) La biología determina que los chicos sean más agresivos y menos altruistas incluso antes de la pubertad, [pero] estas predisposiciones son en adelante moldeadas por la experiencia, educación y expectativas

  Así que podría decirse que, en cierto modo, el cambio evolutivo más prosocial tuvo lugar a lo largo de la historia a medida que “comportamientos femeninos” –o, mejor dicho, no específicamente masculinos- fueron predominando. No parece una mala idea considerar los cambios en la condición social de la mujer a lo largo de la historia como especialmente significativos.

Las mujeres de Atenas no tenían personalidad legal (…)[Mientras que] las mujeres romanas eran oficialmente ciudadanas.

Es revelador considerar la profunda historia de la monogamia, que parece en último término haber mejorado el estatus de la mujer, aunque no automáticamente

El posicionamiento de la cristiandad surgió de la antipoliginia grecorromana, pero a medida que el cristianismo progresó, así lo hizo Europa, y porque Europa conquistó el mundo, la monogamia es ahora la norma en su mayor parte. En otras palabras, ha sido en parte una casualidad histórica

  Puede ser discutible que se trate de una casualidad. Más bien parece que la liberación de las mujeres es paralela a otras liberaciones, y que todo ello se debió de articular, probablemente, con la difusión de doctrinas por el estilo de la liberación del alma individual, una e indivisible en cada uno de los seres humanos. Estas ideologías igualitarias, por otra parte, religiosas o no, parecen a su vez haber surgido como consecuencia del aumento de población, la frecuencia de intercambios entre grupos de individuos extraños y el desarrollo económico.

  En resumen, Melvin Konner considera que el futuro de un mundo en el que las mujeres tendrán cada vez más responsabilidades parece bastante prometedor. Se recuerda, por ejemplo, que no solo las mujeres cometen menos delitos violentos, sino que incluso, una vez las mujeres han comenzado a tener responsabilidades económicas de todo tipo, también juegan más limpio en tales coyunturas.

Pocas mujeres cometieron fraude independientemente, sacando provecho de sus roles [directivos] en compañías financieras

  Se podrían añadir algunas cosas a este análisis. Para empezar, queda por ver si el modelo social y económico en el cual las mujeres están siendo liberadas será aquel que las mujeres preferirán cuando tengan capacidad para elegir sus propios modelos económicos y sociales.  Al fin y al cabo, han sido los hombres los que han diseñado nuestra civilización, y no se ve por qué las mujeres tienen que conformarse con ser generosamente invitadas a integrarse en ella cuando es muy posible que sus propias tendencias den lugar a fórmulas sociales diferentes. En el libro, por ejemplo, se habla de la importancia de que las mujeres alcancen puestos ejecutivos en las grandes corporaciones, pero ¿y si resulta que tal sistema económico materialista y competitivo no es el preferido de las mujeres en base a sus peculiaridades de comportamiento?

  En el libro tampoco se analiza en profundidad la cuestión de la llamada “plasticidad erótica femenina”, aunque sí se menciona que en las mujeres existe una relativa libertad para desviar sus impulsos sexuales y al hacerlo se especula con algunas posibilidades futuras. Si es cierto que el deseo sexual de la mujer puede ser mucho más fácilmente moldeado –desviado- por el entorno, esto podría representar una amenaza gravísima para el sexo masculino, ya que sería viable la creación de un entorno social autosuficiente y universal diseñado por las mismas mujeres.

¿Podría nuestra evolución futura eliminar a los varones, manteniendo conexiones sexuales solo femeninas?

   Encuestas recientes hablan de una escalada que parece imparable en la frecuencia de relaciones lésbicas que se da en las naciones donde las mujeres han tenido mayor acceso a la independencia económica y a la educación, y una psicóloga nada sospechosa de radicalismo, Helen Fisher, escribe nada menos que "Unos dos tercios de mujeres heterosexuales se sienten sexualmente atraídas por otras mujeres". ¿Qué ocurriría entonces si las niñas dejasen de ser educadas en el sentido de que, para  integrarse socialmente y hallar la plenitud emocional y sentimental, las mujeres deben mantener exitosas relaciones sexuales y afectivas con hombres? A lo largo de la historia las mujeres han sido educadas  o bien para ser castas, o bien para vivir en matrimonios polígamos, o bien para someterse a las decisiones de sus padres a la hora de contraer matrimonio... y estos sistemas han sido bastante estables, lo que en buena parte coincide con el concepto de “plasticidad erótica femenina”. No es disparatado pensar entonces en entornos en los que las niñas y jóvenes puedan ser educadas para conexiones sexuales solo femeninas quizá complementadas con esporádicas relaciones heterosexuales -¿a modo de práctica deportiva ocasional y discrecional, como un “deporte de riesgo”?- y con fórmulas de vida familiar complejas y flexibles más acordes con la vivencia femenina de la maternidad.

  Finalmente, a la hora de especular alegremente acerca de un futuro en el que las mujeres pudieran ser autosuficientes por completo (reproducirse a sí mismas, incluso recurriendo a la partenogénesis), habría que plantearse qué interés tendría ese tipo de humanidad en prolongar su existencia, una vez se halle liberada de las constricciones que impone la naturaleza. La continuidad de la especie ha dependido siempre del deseo masculino en mantener relaciones sexuales con las mujeres, lo que hacía inevitable los embarazos, a lo que se sumaba el instintivo amor maternal que permitía que los bebés no murieran por abandono. Ambas fuerzas instintuales también podrían ser neutralizadas y/o reemplazadas en el futuro.

  Especular acerca de un mundo en el cual las buenas cualidades prosociales del sexo femenino tendrían el control es también hacer futurismo con todo lo que ello implica. Es posible que una humanidad pacífica y racional decida autoextinguirse apaciblemente si logra satisfacer las necesidades de sus últimos individuos sin que ello implique dar lugar a descendencia alguna. Pero supongamos que la humanidad tuviera una razón para existir, una finalidad o misión a cumplir (¿cuál podría ser?), en tal caso, hay pocas dudas de que la masculinidad sería un lastre para alcanzar tal fin.  Así que, si bien lo más probable es que “la humanidad no sirva para nada”, si, en todo caso, sí “sirviera para algo”, sería entonces el varón el que no serviría para nada…