lunes, 15 de julio de 2019

“Vivir con los dioses”, 2018. Neil MacGregor

  El libro del historiador Neil MacGregor –con abundantes ilustraciones- a veces parece un hermoso reportaje acerca de las manifestaciones plásticas de las religiones. Intencionadamente busca fijarse en los aspectos más positivos de la religión en el desarrollo de la civilización.

Una sociedad con una creencia en algo situado más allá de sí misma, un relato que vaya más allá de lo inmediato y más allá del yo, parece estar mejor equipada para afrontar las amenazas que pueda sufrir su existencia, para sobrevivir y para prosperar. (…) El sociólogo francés Émile Durkheim afirmaba que, sin ese tipo de historias de carácter integral, lo que él denominaba «una idea que se construye a partir de sí misma», en la práctica no puede haber sociedad.

  Esta visión “durkheimiana” no es aceptada universalmente hoy, pero tampoco resulta un anacronismo desde el punto de vista científico. Y tampoco cierra las posibilidades de un examen atento y lúcido del fenómeno religioso.

Uno de los hechos cruciales de la existencia humana: toda sociedad conocida comparte un conjunto de creencias y de supuestos —una fe, una ideología, una religión— que van mucho más allá de la vida del individuo y forman parte esencial de su identidad común. (…)A veces son de carácter laico: el nacionalismo es el ejemplo más claro; pero a lo largo de la historia han sido sobre todo religiosos, en el sentido más amplio del término. Este libro no es en absoluto una historia de las religiones, ni un alegato a favor de la fe, y aún menos una justificación de cualquier sistema de creencias concreto. Antes bien, se propone investigar, a lo largo de la historia y en toda la extensión del globo, una serie de objetos, lugares y actividades humanas para tratar de entender el posible significado de las creencias religiosas compartidas en la vida pública de una comunidad o nación, cómo estas configuran la relación entre el individuo y el Estado y cómo se han convertido en un factor decisivo a la hora de definir quiénes somos. Y ello porque, al elegir cómo convivimos con nuestros dioses, también elegimos cómo convivimos entre nosotros.

  Hoy sabemos que “sin Dioses” se vive mejor. Pero incluso las sociedades más escépticas y racionalistas tienen problemas a resolver y probablemente, si bien los Dioses no nos aportarán mucho en lo sucesivo, sí seguiremos necesitando de creencias comunes.

Las creencias comunes habrían permitido a las personas relacionarse mediante universos sociales mucho mayores que el grupo local. Compartirían con otras una determinada interpretación del mundo y los símbolos o los rituales que podían utilizarse para articularla. Y eso les proporcionaría una especie de parentesco —un tipo de comunidad— en un área mucho mayor de lo que era posible hasta entonces.

 Algo se puede aprender, por tanto, de cómo se resolvieron algunos problemas en el pasado cuando se desarrollaron creencias específicas capaces de influir emocionalmente a toda una sociedad en su conjunto. Y si la religión fue la más trascendente base de tales creencias, quizá el más importante recurso del progreso civilizatorio, bien vale fijarnos en lo que supusieron entonces para unos seres humanos que, al fin y al cabo, eran iguales a nosotros.

Vivir adecuadamente con otros, convivir con el prójimo, es lo más cerca que podemos estar del cielo.

  De todas formas, MacGregor no parece entusiasmado con las sociedades sin religión.

Creo que el papel cada vez menor de la religión institucional se ha traducido en una grave pérdida de sentimiento comunitario, ya que el practicante religioso ha dado paso a un consumidor cada vez más atomizado. Todas las tradiciones (…) afirman que la vida del individuo se puede vivir mejor en comunidad y todas ellas ofrecen formas de hacer realidad esa afirmación

  Sentimiento comunitario. Tal vez el error esté ahí. Supongamos que sustituimos el sentimiento comunitario, grupal, casi de manada de animal social, por un sentimiento de afección individualista universal (una comunidad que es una suma de afecciones de proximidad). ¿No sería eso más productivo y acorde con los ideales humanistas de la Ilustración? Al fin y al cabo, el comunismo de tipo soviético -¿una religión política?- obtuvo algunos resultados y sentó un precedente de una nueva formulación –no teísta- de las creencias comunitarias, demostrando la riqueza de los cambios que pueden producirse en ese ámbito.

  Incluso en la recopilación de Mac Gregor encontramos algunos indicios al respecto: las creencias religiosas van en un sentido cada vez más individualizador y, por lo tanto, en cierto sentido también menos comunitario (en el sentido de comunidad como cuerpo colectivo que deja al individuo en un segundo plano). Hubo cambios y seguirá habiéndolos.

El hecho de pensar en la existencia de un solo Dios todopoderoso presenta un gran atractivo intelectual y emocional. Si existe una sola voluntad, un solo intelecto que creó y mantiene el universo, en última instancia todo debe estar organizado basándose en principios coherentes y comprensibles.

  Y después…

Tras la destrucción del templo de Jerusalén en el año 70 e. c. (…) el centro de la devoción y la práctica religiosa judías se alejó del ritual y el sacrificio para fijarse en las Escrituras y en una tradición rabínica basada en leer y escuchar, en reflexionar e interpretar el significado de la ley judía

Puede parecer extraño, en un libro que trata de las creencias como un asunto comunitario, que nos centremos aquí en una actividad tan personal como la oración privada, la búsqueda individual y compleja por parte de cada alma (…) La oración puede parecer —al menos desde fuera— una forma de retraimiento social. 

  Y después…

En la Europa de los siglos XIII y XIV se da un nuevo tipo de interioridad espiritual, no solo en la religión, sino también en la poesía amorosa. Las personas se interesan más en lo que ahora llamaríamos «psicología humana». Esto implica hacer un especial hincapié en el elemento emocional de la religión, cultivado en particular por la orden franciscana, pero inspirado también en personas como san Anselmo y los cistercienses. Este enfoque de la fe se traslada asimismo al mundo seglar, donde las personas exploran una gama más amplia de emociones en su experiencia religiosa. 

   Y después…

En los primeros siglos del cristianismo, la oración era algo completamente físico, como ocurre en los rituales de oración del islam actual. La gente se ponía de pie, se inclinaba, se postraba, se arrodillaba, tal como hacen todavía los musulmanes. Sin embargo, parece que en el siglo XVI la oración se hizo más mental, más abstracta. Los puritanos prohibieron bailar y cantar y perdimos buena parte de ese dinamismo corporal de nuestra oración, que los musulmanes —creo que sabiamente— han conservado

  Y después…

La imagen que cambia la vida es un arma de doble filo. Fue en parte por ello por lo que la mayoría de los reformadores protestantes se mostraron profundamente hostiles hacia ellas. Como muchos otros movimientos religiosos, creían que la única forma fiable de transmitir las verdades de la religión era mediante la palabra: la imagen resultaba un peligro para la verdadera fe y era mejor destruirla.(…) Ha habido muchas personas que creen que las imágenes constituyen, en la práctica, idolatría y que solo la palabra puede conducir a Dios

   Aunque a MacGregor le guste la idea de la oración ritualizada en común de, por ejemplo, los musulmanes, tiene que reconocer que desaparecieron los panteones de Dioses, que aparecieron las doctrinas formadas en abstracciones lógicas –La Palabra-, que vino la oración en soledad, interiorizada, despojada de iconos… ¿No sería la desaparición del mismo Dios como concepto e idea la conclusión final de esta evolución de las creencias hacia la individualización? En cualquier caso, todo observador del fenómeno religioso –o de las creencias- percibe el cambio

Las religiones parecen ser sustanciales y perdurables solo porque cambian constantemente de manera invisible

  Y otra precisión: el rol político de las religiones. Siempre ha existido, lo cual confirma la visión durheimiana.

Casi toda la teología tiene un cariz político y en el mundo antiguo casi toda la política tiene un cariz religioso; es solo nuestra visión occidental posterior a la Ilustración la que nos hace querer distinguir claramente entre ambas

  ¿Pero no sería más deseable una religión –o sistema de creencias comunes- no político?  Esto excluiría, por supuesto, el experimento –fracasado- de las religiones políticas de los estados totalitarios del siglo XX, pero también la implicación política de las teologías… y las mismas teologías.

  ¿No fue el “Al César lo que es del César” quizá uno de los elementos esenciales del triunfo del cristianismo (y del Budismo)?

  Por supuesto, podría ser que las nuevas creencias comunes no se expresen en el futuro de la forma cohesionada que hoy conocemos, y que las creencias “de sentido común” de la sociedad liberal occidental actual sean todo lo que necesitamos, pero si han de producirse cambios importantes para superar nuestro aparentemente estancamiento civilizatorio –persistencia de la precariedad, la desigualdad, la insatisfacción- es probable que necesitemos nuevas creencias.

  De los cambios que tal vez nos esperan, a la desaparición de los Dioses -las tradiciones de la hoy inadmisible sobrenaturalidad- tal vez se añada la desaparición de las ideologías políticas, en tanto que implican la subordinación de los destinos individuales a duras disciplinas por interés del grupo (grupos que siempre están estratificados, con un visible liderazgo). Una autonomía del individuo dentro de una sociedad en armonía requerirá también de creencias comunes y estas creencias comunes también deberán desarrollarse –no basta, evidentemente, con enunciarlas- en base a estrategias psicológicas que, no siendo ya iguales a los antiguos mitos, rituales o manifestaciones de arte plástico, deberán abarcar todos sus efectos positivos excluyendo los negativos. Parece ese el sentido de los cambios en el pasado y por lo tanto habría de serlo también para los cambios futuros.

4 comentarios:

  1. Por un accidente se ha borrado un comentario de Leandro en el que hacía referencia a una reseña publicada en el blog "Fenomenología de la Espiritualidad" https://teandrico.wordpress.com/2019/02/05/como-ser-ser-humano-en-esta-epoca-el-fin-de-los-grandes-relatos/

    Quiero aprovechar para añadir algo sobre la referencia que Leandro hace en esta reseña a la cuestión de los "grandes relatos" de las religiones. Aparentemente, está aceptado que las culturas humanas cuentan con una visión narrativa del llamado "sentido de la vida" que sirve como fundamento último de la interpretación común a las relaciones humanas. Lo cuenta bastante bien, por ejemplo, Robert Bellah , al referirse a los diversos mecanismos cognitivos utilizados en el desarrollo de las civilizaciones http://unpocodesabiduria21.blogspot.com/2017/02/la-era-axial-y-sus-consecuencias-2012.html

    En su entrada, Leandro Posadas recoge la visión de autores actuales sobre esta cuestión, y el tema central siempre es el hecho de que hoy viviríamos en una cultura "sin relato", abandonados,diríamos, en la incertidumbre. Neil MacGregor también parece descontento con esta indeterminación propia de nuestras sociedades liberales y escépticas de hoy.

    ¿Es esto irremediable?

    La respuesta más aceptada hoy es que nosotros mismos contamos con la libertad para dar un sentido a nuestra propia existencia. Esto parece insuficiente, aunque sin duda entronca con nuestro relato actual (el de la Ilustración, la libertad y el humanismo individualista).

    Sería muy valioso el que contáramos con un debate activo acerca de qué relato necesitamos,pero sobre todo sería valioso si partimos de la idea de que el relato lo necesitamos para actuar en provecho de la sociedad y con vistas al futuro común. Por ejemplo, el marxismo creó un relato que fue eficiente durante algunos decenios, ya que ilusionó a muchos en un sentido de acción -de un modo que el liberalismo jamás ha conseguido, por cierto. Por supuesto, el relato marxista acabó en un fracaso, pero demostró que estos pueden seguir creándose y ser efectivos más allá de las creencias sobrenaturales que Neil MacGregor, por ejemplo, parece ignorar...

    ¿Alguna propuesta?

    ResponderEliminar
  2. Hola! Es interesante que indiques que estamos viviendo o tratando de vivir, dándole sentido a nuestra existencia desde el relato de la ilustración, la tecnología, la libertad, la globalización. Es un relato más? A veces me aturde este relato y me muestra aspectos de su insustancialidad. Es curioso que mientras Kim Kardashian tiene más de 140 millones de "seguidores"... Un hombre lleno de compasión y altruísmo como Matthieu Ricard no llegue a los 100 mil... Parece estupido hacer esas comparaciones, pero es también signo de que en este relato de la "libertad" y la "ilustración" hay aspectos engañosos... Ojalá este relato nos dejé muchas enseñanzas, pues por el hecho mismo de ser relato va a pasar y será recordado como es hoy recordado y recreado el relato de los dioses de Egipto, o el del dios Thor en Escandinavia.

    ResponderEliminar
  3. En una sociedad tan compleja como la actual es difícil contar con un relato oficial, como lo tenían los pueblos de la Antigüedad o incluso el comunismo soviético o el islamismo. Al no haber relato oficial ¿caemos en la insustancialidad? Si nuestra ideología es la libertad y la independencia personal "en buen rollo", como se dice -con conciencia social, quizá...- es probable que la imagen aparezca confusa. Desde luego, en 1930 un campesino español o un obrero chino podía volver deslumbrado de una visita organizada a la URSS, mientras que hoy los inmigrantes del Tercer Mundo no suelen sentir más que desprecio por unos países occidentales (Europa o Norteamérica) adonde acuden solo para ganar un poco más de dinero: "tienen mucha riqueza, pero no saben vivir..."

    Quizá Occidente no sabe vender lo que tiene. O quizá es inevitable el escepticismo a la espera de algo más que no termina de llegar.

    Por cierto, también tengo algo sobre Matthieu Ricard... http://unpocodesabiduria21.blogspot.com/2016/10/el-monje-y-el-filosofo-1997-revel-y.html

    ResponderEliminar
  4. Fue gracias a tu blog que conoci a Matthieu Ricard hace ya varios años. Además de ese libro en forma de debate con su padre, el tiene un libro que me gustó mucho: "En busca de la felicidad", que seguramente tú ya conoces. Gracias nuevamente por compartir.

    ResponderEliminar