miércoles, 25 de marzo de 2020

“De la Era Axial a la revolución moral”, 2014. Eugene Halton

   El libro del sociólogo Eugene Halton, so pretexto de recuperar a un científico social victoriano hoy olvidado (John Stuart-Glennie), nos aporta su peculiar perspectiva acerca de dos cuestiones: por una parte, el asunto del reconocimiento de la “Era Axial” por los historiadores, filósofos y antropólogos, y, por la otra, la evolución que ha sufrido nuestro juicio acerca de la evolución de la sociedad civilizada. El concepto de “Era Axial” es popularizado por Karl Jaspers después de la segunda guerra mundial, pero más de medio siglo antes Stuart-Glennie propuso una fórmula parecida. La “Era Axial” presupone un nítido cambio espiritual en las civilizaciones, más o menos simultáneo, que tuvo lugar durante un determinado periodo de tiempo previo a la Antigüedad clásica.

Donde las discusiones de Jaspers tendían hacia el tema de la trascendencia de una fuente de ideas axiales, Stuart-Glennie se centra en la comprensión de los fenómenos, de la historia y la religión, a partir de una concepción social de la causalidad. Buscaba una perspectiva científica social que pudiera dar una base concreta para los orígenes de las creencias y el desarrollo de la consciencia (p. 17)

  Es más propio de un filósofo ver el mundo como guiado por las ideas. Para otros –historiadores y sociólogos-, se trata más bien de ver el mundo desde el punto de vista de los “fenómenos” causales. ¿O es que pueden las ideas ser la causa de los cambios?

  El punto de vista de la evolución social era anterior al evolucionismo de Darwin, pero contemporáneos victorianos como Stuart-Glennie (y el mismo Marx, que por entonces vivía y trabajaba en Londres) buscaron el mecanismo específico de la evolución de las civilizaciones. Buscaban causas materialistas.

  La idea de “Era Axial” se refiere sobre todo a una época (hace unos dos mil quinientos años) en la que surgen las grandes religiones moralistas y la filosofía racionalista griega. Stuart-Glennie llamó a este cambio una “revolución moral”. La moral contiene ideas, pero sobre todo tiene efectos en los comportamientos sociales.

En 1873, sin que lo supiera Jaspers, John Stuart-Glennie elaboró una teoría totalmente desarrollada y pormenorizada de lo que él denominó la “revolución moral” para caracterizar el cambio histórico de aproximadamente el 600 ac en una variedad de civilizaciones, notablemente en la antigua China, India, Israel y Grecia como parte de una teoría crítica de la historia más amplia. El cambio implicaba una nueva visión, con un nuevo énfasis en los recursos internos de la persona opuestos a las estructuras de poder centralizadas que caracterizaban las sociedades civilizadas, un nuevo énfasis en la conciencia sobre la costumbre y una democratización religiosa y política. En diversas civilizaciones aparecieron figuras que voceaban el poder interno sobre el statu quo del poder externo (p. vii)

  Ideas sencillas ayudan no solo a difundir estructuras explicativas más complejas, sino que también ayudan a visualizar los problemas a resolver. Hablar de que la evolución de las civilizaciones equivale a una “revolución moral” es útil porque la moralidad determina las relaciones humanas.

El término “revolución moral” proporciona una descripción más exacta de los fenómenos que el término “axial”, con su asunción de una clave pivotal en la historia (p. x)

  Al mismo tiempo, Halton se hace eco de una teoría explicativa materialista y sencilla sobre el disparador de estos cambios culturales profundos (los hechos históricos darían lugar a las ideas).

La expansión de la colonización por las culturas a caballo de Asia Central [es considerada] una influencia en la simultaneidad en las civilizaciones del periodo axial (p. 5)

  Los caballos fueron domesticados en un principio, al igual que cabras, vacas y ovejas, como fuente de productos cárnicos. Pero la cría del caballo acabó llevando a la aparición de animales más grandes y más fuertes. Hace cuatro mil años podían ser uncidos a un carro. Y hace tres mil años eran ya lo bastante grandes para ser montados individualmente por hombres robustos y armados. En ese momento, los pueblos pastores de Asia Central criadores de caballos se vieron en la posesión de un arma formidable, que los hacía prácticamente invencibles en la guerra en la llanura. La Era Axial habría sido la respuesta cultural indirecta al trastorno creado por estas invasiones de guerreros nómadas a caballo.

  Sin embargo, otros eruditos discuten esta línea de causalidad

Si bien reconocía el significado del giro axial, [Lewis] Mumford afirmó que “aunque el cambio fue decisivo, yo no lo separaría arbitrariamente como Jaspers ha hecho de los primeros desarrollos de la ética y la religión. Si las percepciones teológicas de Akenatón no hubieran sido resistidas y finalmente rechazadas por los sacerdotes del antiguo Menfis, Egipto probablemente hubiera producido la primera religión axial viable, centrada en un monoteísmo naturalista, apelando a todos los hombres, siete siglos antes que Zoroastro, Buda o Confucio” (p. 75)
 
  Entonces, sería posible que estas ideas “humanistas”, “cooperativas”, hubieran surgido igualmente por el mero “uso social”. Esto es más idealista que materialista (las ideas dan lugar a los hechos históricos).

Mucho antes de Cristo, el método de consciencia para el cuestionamiento había aparecido, en India y en Jonia particularmente. Pero en todas partes hubo de luchar contra la anterior forma de consciencia para la cual el cuestionamiento era detestable e incluso impío cuando se aplicaba a los conceptos y esencias vitales. Era impío cuestionar a los dioses (p. 104)

  El tema religioso es la base de cualquier “revolución moral”, ya que supone la forma originaria de todo pensamiento social: todo proceso de interiorización de ideas sociales implica los efectos psicológicos de la simbología religiosa, y en un mundo de superstición y de necesidades espirituales, la idea de “Dios” como personificación ideal de la forma social y la intención moral se llega a convertir en Eje del pensamiento (pero si Dios es Supremo no puede ser cuestionado y, sin embargo, todos aspiran al conocimiento de Dios; y donde hay conocimiento, hay erudición, y si hay erudición, hay crítica; por lo que la religión lleva necesariamente al pensamiento racional, con el propio cuestionamiento de aquello que, para hacer efecto en la sociedad, habría de plantearse como incuestionable).

La asunción común, ampliamente mantenida hoy, de que la esencia de la religión es la creencia moral se muestra como basada en un cambio histórico que incrementó la centralidad de la moralidad en religión (p. 16)

Los dioses [son] necesarios para la consciencia. Debe haber un intermediario entre el hombre y el cosmos “perdido”  (p. 109)

  Esta idea del “cosmos perdido” es una de las principales coincidencias entre el pensamiento de Stuart-Glennie y el de Halton: la humanidad se habría apartado de la naturaleza y sus divinidades naturales –animismo- antropomorfizando la divinidad –Dios- y permitiendo con ello el progreso civilizatorio, pero a costa de llevarnos a una sociedad humana en exceso apartada de lo natural.

La Era Axial (…) puede ser vista como una transformación dentro del contexto de la mayor transformación de la vida humana que ha sido llevada a cabo con el asentamiento y la vida civilizada. Sus beneficios llegaron con costes. La fundamentación de la persona en la revolución moral proporcionó no solo una respuesta a las centralizadas estructuras de poder (…) sino que también sirvió como un desarrollo añadido a la contracción antropocéntrica de la mente, continuando el antropocentrismo más que separándose de él (…) El surgimiento del significado de la persona, en sí mismo un avance progresivo dentro del contexto de las civilizaciones de poder centralizado, todavía no respondía a la desintonización y desacralización del hábitat natural forjado por la civilización basada en la agricultura  (p. 68)

Desde mi perspectiva, los costes totales de la Revolución Moral o Era Axial implican una continuación del distanciamiento y destrucción dominante del hábitat natural que comenzó originalmente en la revolución agraria y su legado como civilización  (p. 69)

  Finalmente, un apunte curioso sobre los pioneros de la antropología en la época victoriana: el racismo. Racistas eran  casi todos los eruditos pioneros que abordaban la temática de la civilización humana universal, y Stuart-Glennie era de los que consideraban que la dinámica de la evolución de las civilizaciones se originaba en una lucha racial –darwiniana- en la que unos pueblos determinados acabarían dando lugar a nuevas fórmulas de civilización –la revolución moral.

La idea de colonización por dominación racial falsamente hace de la raza el factor de la colonización más que, digamos la expansión de la población debida a la agricultura, o la codicia de los reyes debida a la exaltación del poder y la propiedad. La teoría [de Stuart-Glennie] del conflicto raza/clase como central al establecimiento de las estructuras civilizatorias sugiere paralelismos con Marx y Engels y sus discusiones de transiciones del comunismo primitivo al conflicto de clases  (p. 34)

  Con todo, ha de notarse que el también victoriano Marx no era racista (o muy poco). Sin duda ayudaba a ello el que fuese judío, pero también puede decirse que era consecuencia de una elaboración más sistemática de su propia teoría sobre la civilización. La división de la sociedad en clases según su poder económico fue sin duda un avance con respecto a la división de la sociedad en razas. Porque en el estudio de la evolución de las civilizaciones también hubo una evolución.

Lectura de “From the Axial Age to the Moral Revolution” en Palgrave and MacMillan, 2014; traducción de idea21

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