lunes, 29 de septiembre de 2014

“Tratados morales”, siglo I. Séneca

  Séneca ocupa un lugar destacado entre los pensadores de la Antigüedad. No siendo un filósofo sistemático ni original, sus escritos tienen el valor de la subjetividad. Séneca nos proporciona la reflexión intimista del hombre ilustrado que se abre al público culto en el contexto de su época. Desde el punto de vista de la evolución del humanismo, el contenido y la forma de tal reflexión suponen un salto cualitativo tanto como pudieron serlo antes los diálogos de Platón y como lo serían después las “Confesiones” de Agustín.

    Podemos clasificar a Séneca como un moralista de la escuela de los estoicos.

Nuestros estoicos dicen: Nosotros hasta el último fin de la vida hemos de trabajar, sin dejar de cuidar del bien común, y de ayudar a todos, y de socorrer aun a los enemigos, y de obrar con nuestras manos. 

  Escrito esto en la misma época en que Pablo da a conocer al mundo grecorromano el mensaje de la religión cristiana, nos revela que tales tendencias morales estaban ya muy arraigadas. En Séneca, el estoico, encontramos el compromiso cívico por el bien común, el control de los instintos, la búsqueda de la sabiduría, la necesidad de un Dios abstracto y justo, y también la humildad y la bondad de “socorrer aun a los enemigos” como actitud psicológica. En Platón y Aristóteles no teníamos una psicología de la bondad. Para Platón y Aristóteles el sabio había de ser justo y magnánimo, pero no humilde ni bondadoso hasta la excentricidad de socorrer al enemigo o al socialmente inferior. Veremos que esto sí se da en Séneca, aunque con notables limitaciones que lo diferencian del cristianismo.

La naturaleza me ordena ser útil a los hombres; sean esclavos o libres, de padres libres o libertos (…) ¿qué importa? Dondequiera que haya un hombre, allí hay lugar para un beneficio.

Sé que hay algunos que piensan que la clemencia sostiene al peor, porque sin crimen es superflua, y es la sola virtud que no tiene sentido entre inocentes. Pero, en primer lugar, así como la medicina sólo se usa entre los enfermos, pero también es estimada por los sanos, así también aunque invoquen la clemencia los merecedores de castigo, también la reverencian los inocentes. En segundo lugar, también tiene la clemencia su lugar entre éstos, porque a veces el infortunio se tiene como culpa: no sólo socorre a la inocencia la clemencia, sino también con frecuencia a la virtud, porque por la condición de los tiempos suceden tales cosas que pueden ser castigadas las laudables.

  Platón nunca habría aceptado que el sabio ha de ser útil a los esclavos. Para Platón, el hombre digno de tal nombre es el ciudadano libre. Y aunque para Platón es la ignorancia la que hace al hombre injusto, no toma esto en consideración a la hora de pedir clemencia para los culpables que lo sean “por la condición de los tiempos” o el “infortunio”.

  También es destacable la actitud de Séneca ante los despiadados espectáculos circenses de su época:

Al hombre, sagrado para el hombre, lo matan por diversión y risas.

La crueldad es un mal nada humano e indigno de la dulzura de nuestra naturaleza; rabia de fieras es complacerse en la sangre humana y en las heridas y, dejando de ser hombre, convertirse en un animal salvaje.

  Por otra parte, para Platón la máxima virtud era el servicio público a través de las instituciones de gobierno, pero para Séneca ésta es solo una de las diversas opciones que tiene el sabio.

El que vive bien, con sólo eso es útil para otros, porque los encamina a lo que les ha de ser provechoso.

Si te retirares a tus estudios y dejares todo el cansancio de la vida, no vendrás a codiciar la noche por el fastidio del día, ni te cansarás de ti mismo, ni a otros serás enfadoso. Llevarás muchos a tu amistad, y te irán a buscar todos los hombres de bien: porque aunque la virtud esté en lugar oscuro, jamás se esconde

  A la hora de dar la razón última de la virtud, Séneca tiene que recurrir a Dios, e incurre por ello en algunas contradicciones. Por una parte, no admite, como Platón y Aristóteles, que Dios pueda ser en modo alguno ajeno a lo que suceda a los hombres en la tierra. Platón y Aristóteles consideraban que el bien procede de Dios y el mal… sería fruto del azar (o de cualquier otra causa desconocida). Séneca no queda satisfecho con semejante solución. Todo lo que sucede es obra del Dios todopoderoso, pues de lo contrario no sería Dios.

Los dioses son buenos con los buenos; porque la naturaleza no consiente que los bienes dañen a los buenos. Entre Dios y los varones justos hay una cierta amistad unida, mediante la virtud

  Pero ¿cómo justificar el sufrimiento de los buenos, víctimas del mal?

Los dioses tienen por deleitoso espectáculo el ver a los grandes varones luchando con las calamidades. 

Dios, no teniendo en deleites al varón bueno, de quien hace experiencias para que se haga duro, le prepara para sí.

Cuanto más tuvo de tormento, tanto más tendrá de gloria.

  Y si el argumento de que Dios nos “prepara para sí” no convence (Séneca no da muchos detalles acerca del destino del hombre justo tras la muerte), queda este otro:

No tengas compasión del varón bueno, porque aunque podrás llamarle desdichado, nunca él lo puede ser.

Vuestra felicidad consiste en no tener necesidad de la felicidad.

  En otras cosas, Séneca no es tan innovador, ni está tan próximo al humanismo contemporáneo

Es más cordura sufrir plácidamente las públicas costumbres y los humanos vicios, sin pasar a reírlos o llorarlos, porque es una eterna miseria atormentarse con males ajenos, y el alegrarse de ellos es un deleite inhumano, al modo que es inútil tristeza el llorar y encapotar el rostro porque alguno entierra su hijo

  La actitud de indiferencia ante el sufrimiento (propio o ajeno) concuerda con la idea del hombre sabio endurecido tanto como el guerrero ha de serlo (se trata, por tanto, del mismo ideal platónico de virtud militar), pero no concuerda con el carácter altamente compasivo y emocional del cristianismo que acabará predominando. Tampoco con que el mismo Séneca apele a ayudar a los semejantes, ¿por qué hacerlo si su sufrimiento no nos ha de conmover?

  No es de extrañar que una de las virtudes más excelentes para los cristianos, sea explícitamente rechazada por Séneca

Es pertinente investigar qué es la misericordia, pues muchos la alaban como si fuera una virtud y al hombre bueno le llaman misericordioso. Y es la misericordia un vicio del ánimo. La crueldad y la misericordia están muy cerca la una de la severidad y la otra de la clemencia y ambas deben ser evitadas, porque bajo apariencias de severidad caemos en crueldad y bajo apariencias de clemencia en la misericordia. (…) Son las viejas y las mujercillas las que se conmueven con las lágrimas de los criminales y las que, si pudieran, les abrirían las puertas de las cárceles. La misericordia no tiene en cuenta la causa, sino el infortunio; la clemencia va unida a la razón.

   Y, finalmente:

Hay hombres tan mentecatos que juzgan pueden recibir afrenta de una mujer.

  Tampoco concuerda esta actitud con la mucha más alta estima que reciben las mujeres en el cristianismo, ya que son equiparadas espiritualmente a los varones e incluso idealizadas en el mito de María y las vírgenes y santas.

  Delimitada así la virtud del estoico pagano con respecto a la del naciente cristianismo, vemos que la psicología de la virtud tampoco es muy coherente en Séneca.

Aunque la virtud da deleite, no es esa la causa porque se busca (…) El deleite no es paga ni causa de la virtud, sino una añadidura, y no agrada porque deleita, sino deleita porque agrada.

El sumo bien es un vigor inquebrantable de ánimo, que es una providencia, una altura, una salud, una libertad, una concordia y un decoro

    El cristianismo resuelve el dilema sobre si es o no deleite el rechazo a los deleites o si el vigor inquebrantable del ánimo nos puede hacer inmunes a los deleites, al añadir una presencia mística (el “Espíritu Santo”) que garantiza una experiencia de cualidad superior al placer carnal y al que solo se llega por la virtud. Séneca no puede realizar tal distinción, pues la mística no aparece en su visión del ser humano. Así que tiene que hacerse un pequeño lío cuando intenta contestar a Epicuro.

Mi opinión es que lo que enseñó Epicuro son cosas santas y rectas y aun tristes, si te acercares más a ellas, porque aquel deleite se reduce a pequeño y débil espacio, y la ley que nosotros ponemos a la virtud la puso él al deleite, porque le manda que obedezca a la naturaleza, para la cual es suficiente lo que para el vicio es poco. (…) Busca buen autor a cosa que es de suyo mala (…) Yo no digo lo que muchos de los nuestros, que la secta de Epicuro es maestra de vicios, antes afirmo que está desacreditada e infamada sin razón  

  Pero

Esto es como ver un varón fuerte en traje de mujer (…) El que sigue el deleite descubre ser flaco, y que degenera, y que ha de parar en cosas torpes, si no hubiere quien le distinga los deleites, para que conozca cuáles son los que le han de tener dentro del natural deseo, y cuáles los que le han de despeñar (…) En la virtud no hay que temer la demasía

Consiste, pues, la verdadera felicidad en la virtud: ¿y qué te aconsejará ésta? Que no juzgues por bien o por mal lo que te sucediere sin virtud o sin culpa, y que después de esto seas inmóvil del bien para el mal, y que en todo lo posible imites a Dios.

  Séneca quiere darnos a entender que el placer virtuoso de Epicuro, al venir de la naturaleza, es vulnerable a los excesos, mientras que el placer virtuoso que él defiende, al venir de la divinidad, nunca puede ser excesivo ni degenerar. La idea es  lógica hasta cierto punto, pero Séneca se limita a decirnos que el placer de la virtud deriva de imitar a Dios, sin mayor ilustración ni efecto, mientras que la virtud cristiana es mucho más firme y poderosa (y además, es universal: alcanza a los que no son sabios, incluso a las mujeres y a los niños) porque posee una sustancia mística, la Gracia, el Espíritu Santo, los prodigios sobrenaturales, que operan como vigorizadores psicológicos.

  Hoy podemos decir que todo esto es ilusorio… pero en su momento ese tipo de ilusiones fueron muy necesarias porque ideas como “Gracia” o “Espíritu Santo” lo que estaban encubriendo era la vertiente emocional de la motivación humana, la vivencia inmediata de la virtud en comunidad como experiencia psicológica y afectiva.

  Al identificar y señalar la manifestación emocional de la virtud, los cristianos permiten incluso al creyente menos  ilustrado comunicar esta vivencia, y nada es más importante en el desarrollo cultural que nombrar las cosas porque solo entonces llegan a existir simbólicamente, y es la gran riqueza simbólica de la virtud cristiana (su efecto emocional a nivel social) la que le permite sostener una comunidad que aspira a basarse en el comportamiento altruista. La “Gracia” y el “Espíritu Santo” actúan como expresión espiritual concreta de la vida emocional virtuosa en lugar del formalismo ético de los estoicos.

   También solemos equivocarnos al pensar que la idea de inmortalidad del alma fue un paso atrás en la cultura con respecto a la visión previa de la ultratumba como un mundo siniestro de olvido y sombras (así suele verse en los pueblos más primitivos). Muy al contrario, estas ilusiones acerca del alma inmortal, la presencia de Dios en nuestra privacidad psicológica y una esencia mística humanizada y bondadosa reforzaron enormemente la individualidad y permitieron el desarrollo de la vida interior.

   “Espiritu Santo” y “alma inmortal” fueron ilusiones necesarias en el desarrollo humanista, equiparables a las formas más complejas de la narración literaria que vendrían más adelante.

  A un nivel muy diferente de la privacidad moral, Séneca es un aristócrata comprometido en las tareas de gobierno que al participar en la vida política no lo hace como hombre sabio, sino que se ve forzado a poner en riesgo su compromiso por las más altas virtudes.

Las riquezas, los honores, los mandos y todas las demás cosas que por opinión de los hombres son estimadas, abstraen de lo justo. (…) Ensoberbecen el ánimo, engendran soberanía y arrogancia, despiertan la envidia

   Como sabio, ha de rechazar el honor y el mando (¡desde luego no era ésta la visión de Aristóteles!) pero su responsabilidad cívica le impide renunciar al poder y solo le queda predicar la moderación:

Aprendamos a aumentar la continencia, a enfrenar la demasía, a templar la gula, a mitigar la ira, a mirar con buenos ojos la pobreza, y a reverenciar la templanza

Se puede también definir diciendo que el hombre feliz es aquel para quien nada es bueno ni malo, sino un alma buena o mala, que practica el bien, que se contenta con la virtud, que no se deja ni elevar ni abatir por la fortuna, que no conoce bien mayor que el que puede darse a sí mismo, para quien el verdadero placer será el desprecio de los placeres.

  Tal vez Confucio predicara algo parecido, pero hay una diferencia: la filosofía de Confucio no incurría en contradicciones, no era ambiciosa con una idea de virtud superior, de origen divino, ya que la sabiduría china se justificaba aludiendo a los reyes perfectos del lejano pasado (los buenos viejos tiempos del mundo originario). Por eso la búsqueda de la moderación en el confucionismo era psicológicamente estable,  mientras que Séneca está inserto en un mundo de filósofos ávidos de perfección, y el deseo de perfección no puede moderarse.

    Séneca pudo o no darse cuenta de que él era ya moralmente más perfecto que Platón. También pudo o no darse cuenta de que una moralidad más avanzada acabaría superándolo.

lunes, 22 de septiembre de 2014

“Crimen y costumbre en la sociedad salvaje”, 1926. Bronislaw Malinowski

  Cuando el antropólogo Malinowski escribió este ensayo acerca de la coerción legal en la “sociedad salvaje” (es decir en el “hombre en estado de naturaleza”) partía de una serie de ideas previas sobre las que ya se había escrito al respecto en los primeros trabajos de ciencias sociales.

 La más antigua de estas ideas estaba en la línea del pensamiento “Hobbesiano”: durante el tiempo en que los hombres viven sin un poder común que los atemorice a todos, se hallan en la condición o estado que se denomina guerra; una guerra tal que es la de todos contra todos. Así lo veía Thomas Hobbes en su “Leviatán” en el siglo XVII, y también lo veían así los primeros hombres civilizados (Heródoto o Tácito) que observaron a pueblos más “atrasados” en la Antigüedad.

  De forma más descriptiva, y según los primeros antropólogos:

El salvajismo está regido por estados de humor, pasiones y accidentes

  Sin embargo, más adelante, la visión acerca del mundo primitivo dio un giro radical, y pasó a extenderse la opinión de que

en las sociedades primitivas el individuo está completamente dominado por el grupo — la horda, el clan o la tribu — y obedece los mandatos de su comunidad, sus tradiciones, su opinión pública, sus decretos, etc., con una obediencia esclava, fascinada, pasiva

  Es en tiempos de Malinowski cuando se llega a un juicio mucho más preciso, fruto de la observación cuidadosa de las últimas sociedades primitivas que aún existían:

La actitud del nativo respecto del deber y el privilegio es muy parecida a la de una comunidad civilizada —hasta el extremo de que no sólo estira la ley, sino que también a veces la quebranta—.

  Es decir, que sabemos que existe la ley porque nos damos cuenta que se tiende a incumplirla. Al fin y al cabo, éste es el origen del  Derecho: hacer cumplir las normas por el bien común que el interés del individuo siempre tendería a incumplir. No hay que confundir el Derecho con las costumbres…

La fuerza de la costumbre, el atractivo de la tradición por sí solos no serían bastante para contrarrestar las tendencias del apetito, la codicia o los dictados del interés personal. 

La función fundamental del Derecho es contener ciertas propensiones naturales, canalizar y dirigir los instintos humanos e imponer una conducta obligatoria no espontánea; con otras palabras, asegurar un tipo de cooperación basado en concesiones mutuas y en sacrificios orientados hacia un fin común.

  Uno pensaría que en sociedades sencillas como las que estudió Malinowski en Melanesia hace cien años no habría de surgir tanta conflictividad, que los deseos habrían de estar bien canalizados tras cientos de siglos de tradiciones. Pues no es así. El Derecho existe como consecuencia de la conflictividad, y el ordenamiento de las costumbres en la sociedad primitiva no lleva en absoluto a un orden espontáneo ni armonioso como se esperaría al considerar que sus usos sociales deben de estar asentados al cabo de innumerables generaciones.

   Por otra parte, el Derecho de la “sociedad salvaje” resulta propiamente primitivo en el sentido de que está poco elaborado y es de aplicación confusa. Tanto a nivel de los intereses privados como en lo que se refiere a conflictos institucionales.

El Derecho primitivo no es un conjunto de reglas homogéneo y perfectamente unificado basado en un principio desarrollado en un cuerpo consistente.(…) Antes al contrario, el Derecho de estos nativos consiste en un número de sistemas más o menos independientes, sólo parcialmente ajustados unos a otros. (…) Todo esto da como resultado un estado de equilibrio tenso con sus ocasionales conflictos. 

La ley y el orden surgen de los mismos procesos que gobiernan, pero no son rígidos ni se deben a inercia o moldeamiento permanente. (…) Se imponen como resultado de una lucha constante no sólo de las pasiones humanas contra el Derecho, sino también de unos principios jurídicos contra otros. 

Lo característico de la vida primitiva es más bien la hipertrofia que la carencia de reglas y leyes

  En lo que se refiere a la conflictividad individual, ésta parece tener su origen en la rígida estructuración mental propia de una particular idea de la reciprocidad mutua. La reciprocidad constituye la base de la cooperación entre los primitivos.

[Existe] un sistema rígido de obligaciones mutuas en el que se sitúan lado a lado un sentido del deber y el reconocimiento de la necesidad de cooperación, además de la comprensión del interés propio, de los privilegios y de los beneficios. 

Las poderosas fuerzas compulsivas del Derecho civil de Melanesia hay que buscarlas en la concatenación de las obligaciones, en el hecho de que están ordenadas en cadenas de servicios mutuos, un dar y tomar que se extiende sobre largos períodos de tiempo y que cumple amplios aspectos de interés y actividad...

Cuando se estudia más de cerca la "regularidad automática" en el cumplimiento de las obligaciones que tan a menudo se atribuye a los melanesios, se hace patente que hay tropiezos constantes en las transacciones, que hay gran descontento, refunfuñamiento y recriminaciones, y que raramente hay un hombre que esté completamente satisfecho de su socio. 

  Lo entendemos mejor si pensamos que todo el sistema cooperativo se basa en

muchas transacciones integradas en cadenas de servicios mutuos, cada uno de los cuales será recompensado en fecha ulterior. 

  Podemos compararlo con el comportamiento inmaduro de muchos niños siempre pendientes de recibir obsequios y favores pero cicateros a la hora de hacerlos a su vez (tal como exige el comportamiento recíproco). Añádase a esto los deseos propios de los adultos (sexo y estatus) y se tendrá un cuadro comprensible de la necesidad de normas de control (siempre mutables, siempre discutibles y cada vez más abundantes y contradictorias) y de las costumbres adaptadas a ellas que tenderán a hacerse más coercitivas.

    Las obligaciones de reciprocidad en la “sociedad salvaje” son conflictivas en buena parte porque lo que desde nuestro punto de vista supone una forma de vida económica esencialmente pobre y sencillísima en realidad no excluye el afán de propiedades, la codicia y la correspondiente envidia.

Nada tiene mayor influencia sobre la mente de un melanesio que la ambición y la vanidad que van asociadas a la exhibición de alimentos y de riqueza.

  Así pues, la vida del primitivo está llena de tensiones, de rencores, de ajustes de cuentas derivados de su concepción interesada de la reciprocidad y de conflictos personales en general. A toda esta fuente de problemas de orden público se suman los conflictos “institucionales”… porque la variedad de costumbres que observamos entre los diversos pueblos primitivos es una muestra de que, a lo largo de su desarrollo, a los mismos dilemas eternos de convivencia se dan soluciones diferentes de acuerdo con costumbres diferentes, y tales diferentes costumbres se gestan en el permanente conflicto entre tendencias opuestas para resolver los mismos dilemas. Las costumbres nunca terminan de asentarse del todo. Cada cambio en las costumbres tiene su origen en algún conflicto anterior que las “costumbres ancestrales” no pudieron resolver. Y cada nueva situación no salva que se produzcan más conflictos en adelante.

  No parece darse una sabiduría acumulativa, una evolución cultural en las costumbres primitivas que aporte mejoras duraderas para las generaciones futuras. En consecuencia, uno no puede más que pensar que la humanidad primitiva ha debido de transitar interminablemente de unos a otros modelos institucionales, cumpliendo cambios cíclicos en sus “costumbres ancestrales”. Estos cambios habrían dependido del cambio de numerosos e incontrolables factores del entorno.

  Veamos, en los melanesios que estudió Malinowski, el caso de ciertos problemas crónicos que surgen en las familias matrilineales o “matriarcales” (“matriarcales” no en el sentido de que las mujeres ejerzan el poder). Vemos cómo se da

un conflicto entre el principio fundamental de la ley, el Derecho matriarcal, y uno de los sentimientos más fuertes, el amor paterno 

  En el Derecho matriarcal, los herederos son los descendientes de las mujeres (hay certeza del linaje de las madres, pero podría no haberla del de los padres), por lo que el heredero de un hombre es el hijo de su hermana, que lleva indiscutiblemente su sangre, y no tanto el hijo que tiene con su esposa (cuya paternidad siempre se puede poner en duda).

Su sobrino matrilineal es su pariente más próximo y el heredero legal de todas sus dignidades y cargos. Por otra parte, su propio hijo no es considerado como un pariente; legalmente no está emparentado con su padre y el único lazo que les une es el status sociológico de matrimonio con la madre (…) Sin embargo, en la vida real propiamente dicha, el padre se siente mucho más unido a su propio hijo que a su sobrino (…) El poderoso sistema legal de Derecho matriarcal va asociado a un sentimiento más bien débil, mientras que el amor de padre, que es una ley mucho menos importante, está apoyado por un sentimiento personal muy fuerte.(…) Esto no es causa de antagonismos dentro de la comunidad cuando tanto el hijo como el sobrino poseen moderación y tacto

  Cuando surge el conflicto de intereses entre el hijo y el sobrino (que puede tener una causa temperamental, por falta de “moderación y tacto” de los individuos implicados) aparece el dilema para quienes han de tomar las decisiones pertinentes. Especialmente si se trata del caso del padre (y tío).

Dentro del grupo de parentesco más próximo es donde florecen las rivalidades, las disensiones y el egoísmo más agudo que domina toda la tendencia de las relaciones de parentesco.

El conflicto tiene lugar entre la ley estricta y el uso legalizado, y es posible porque la primera tiene tras de sí la fuerza de una tradición más definida mientras que el último se nutre de inclinaciones personales y del poder presente.

  Un observador ingenuo (incluso uno “políticamente correcto”) podría pensar que las costumbres ancestrales se habrían adaptado a las inclinaciones personales. Vemos que no sucede así, ni en los conflictos institucionales (relacionados sobre todo con las relaciones de parentesco), ni en las asociaciones entre iguales basadas en la reciprocidad.

  (Sea dicho de paso, de todos modos, que la gran mayoría de sociedades primitivas que se ha estudiado son de tipo patriarcal-patrilineal, donde el hijo es el heredero, y no el hijo de la hermana. Quizá la fórmula matriarcal-matrilineal haya acabado por quedar arrinconada como consecuencia de cierta evolución cultural necesaria ya en tiempos relativamente recientes.)

  En cualquier caso, las costumbres, los modelos culturales de obligaciones, son el objeto del Derecho. El conflicto exige algún tipo de solución.

El Derecho no estriba en un sistema especial de decretos que prevén y definen cualquier forma posible de su incumplimiento y que proporcionan las barreras y remedios necesarios al caso, sino que es el resultado específico de la configuración de obligaciones que hacen imposible al nativo eludir sus responsabilidades sin sufrir por ello en el futuro.

En todas las sociedades debe haber una clase de reglas que son demasiado prácticas para ser apoyadas por las sanciones religiosas, demasiado gravosas para ser dejadas meramente a la buena voluntad y demasiado personalmente vitales para los individuos para que cualquier instancia abstracta pueda hacerlas cumplir. Éste es el terreno de las reglas jurídicas

  Pero

la ley funciona sólo muy imperfectamente, hay muchas imperfecciones y fallos.

  Si la determinación de los derechos es imprecisa (pero aceptada generalmente como necesaria), las consecuencias sancionadoras de esta determinación no son menos imprecisas…

Los principios por los que se castiga el delito son muy vagos, los métodos de llevar a cabo su justo castigo son impredecibles y variables, gobernados por el azar y la pasión personal más que por cualquier sistema de instituciones fijas. 

Cuando al nativo se le pregunta qué haría en tal y tal caso, contesta lo que debería hacer: es decir, expone la mejor línea de conducta posible. Cuando actúa como informante de un antropólogo sobre el terreno, no le cuesta nada recitar el ideal de la ley. Sus sentimientos, sus propensiones, sus parcialidades, las libertades que se toma para la satisfacción de sus propios deseos, así como su tolerancia por las faltas de los otros, todo esto lo reserva para su conducta en la vida ordinaria.

    La conclusión de todo ello es que el Derecho resulta necesario en una sociedad donde no hay pautas de autocontrol del comportamiento, donde se entrecruzan los intereses individuales y donde las instituciones y costumbres no son comprendidas en profundidad por quienes las practican. Sin caer en la vehemencia “hobbesiana” (la guerra de todos contra todos), encontramos que las sociedades de costumbres milenarias son más imperfectas que las nuestras, y que en ellas no solo se dan casos de violencia y autoritarismo, sino también de corrupción, abuso, engaño, hipocresía y ambigüedad moral…

Una muchacha (…) recibía a su amante ilícito. Su pretendiente lo descubrió y la insultó en público, inmediatamente después de lo cual [ella] se puso su vestido de las fiestas y sus mejores adornos, se lamentó desde lo alto de una palmera y se tiró abajo. (…) Esta muchacha también había buscado un escape de un atolladero intolerable en el que la habían colocado su pasión y las prohibiciones, pero la causa inmediata y verdadera del suicidio era el momento del insulto en público. Si no hubiese sido por esto, el conflicto entre amor y prohibición, más profundo pero menos acerbo, no la habría conducido nunca a un acto tan arrebatado.

  No solo el conflicto había surgido no tanto de la infracción sino del reproche (es decir, que la joven se vio objeto de censura por la comunidad hipócrita que antes la había tolerado siempre y cuando no fuese acusada en público) sino que el suicidio tenía como fin obligar a otros a vengarla: el “delator” quedaba ahora como responsable de su muerte en la opinión de muchos. De ahí puede surgir una imaginable sucesión de conflictos: “el tipo ese la forzó a suicidarse”, “él tenía derecho a acusarla y ella violó la ley porque quiso”, “pero antes todos lo sabían y no dijeron nada”…

  Obsérvese también que el Derecho se ejerce de forma indirecta, sin órganos ejecutivos ni judiciales, mediante la presión intolerable del juicio de la comunidad

El suicidio, como la hechicería, es un modo de hacer que los nativos observen estrictamente la ley, un medio de evitar los tipos de conducta extremos e inusitados. Ambos (el suicidio y la hechicería) son influencias pronunciadamente conservadoras y como tales constituyen sólidos puntales de la ley y el orden.

  La referencia a la hechicería tiene que ver con la extendida costumbre entre los primitivos de que hay algunos individuos que poseen la capacidad de dañar a otros mediante métodos mágicos. Uno puede contratar a un brujo para vengarse de otro si considera que el Derecho está de su parte.

La magia negra actúa como una auténtica fuerza jurídica ya que se emplea para hacer cumplir las reglas de la ley tribal, previene la violencia y restablece el equilibrio perturbado.

  Aunque no hay que dejar de precisar que

el hechicero no se presta a peticiones injustas o fantásticas cuando los que le llaman son gente de menor importancia. Es demasiado rico e importante como para hacer algo que esté fuera de la ley, y por lo tanto puede permitirse ser honrado y justo. 

  El hechicero (ejecutor de la sentencia, en cierto modo) pretende ser“honrado y justo”, pero… dependiendo de si quien acude a él es gente de “menor importancia” o no…

  También, por supuesto, y de acuerdo con las variadas costumbres, el que se siente agraviado puede simplemente armarse y tomar la justicia por su mano…

   Éste, pues, parece el mundo del hombre en “estado de naturaleza” en lo que concierne a sus interactuaciones mutuas en situaciones conflictivas. El sentido común, la sencillez de la vida económica, las costumbres ancestrales y la reciprocidad no parecen dar para más…

lunes, 15 de septiembre de 2014

“El animal cultural”, 2005. Roy Baumeister

  El psicólogo social Roy Baumeister es el autor de este libro que contiene sus conclusiones de muchos años de recabar datos acerca de las peculiaridades de la naturaleza humana. Otro libro más sobre el tema. Y de los buenos.

Mi propósito es ofrecer una explicación de la naturaleza humana tal como se revela en los estudios de psicología.(…) La meta de este libro no es probar que la gente ha evolucionado para la participación cultural, sino más bien usar esta asunción como un poderoso marco explicativo que nos proporcione una visión integrada de la psicología social y el funcionamiento humano real.

  Primero hay que definir qué es exactamente la “cultura”, y en qué medida la cultura determina la condición humana.

Definimos cultura como un sistema socialmente organizado basado en la información.

La cultura está hecha de significado. Es solo mediante el uso de significado que se puede almacenar y comunicar información más allá de los simples hechos del aquí y ahora.

La esencia del significado es la conexión. El significado conecta cosas. El concepto “flor” conecta un amplio surtido de plantas.(…) El significado permite a la gente representar posibilidades y circunstancias más allá de su entorno inmediato.(…)  Determinar distinciones es otro aspecto del significado.

Los significados (símbolos, creencias, leyes, y más) proporcionan estructura y guía, y en consecuencia ayudan a organizar el comportamiento.

A fin de que los seres humanos sean animales culturales, la naturaleza tuvo que cambiar el sistema de generación  del comportamiento a fin de hacerlo receptivo a los significados. 

El alcance de una profunda comprensión de principios abstractos no tiene aparente paralelo en el mundo animal.

  Esta capacidad de la mente humana está necesariamente vinculada al mundo emocional, es decir, al mundo de la voluntad y las acciones compulsivas

Las emociones son un cómodo y eficiente sistema para tomar decisiones complejas. La naturaleza nos ha dado una manera de elegir entre opciones múltiples y diversas que difieren en demasiadas direcciones para hacer del análisis racional una guía fiable. Sin la pulsión emocional, el animal cultural quedaría inmovilizado por todo tipo de dilemas.

Las reacciones emocionales son fuertes indicaciones de que alguna motivación es altamente relevante con respecto a lo que está sucediendo. Las emociones mantienen la atención centrada en estas importantes cuestiones y así se continúa pensando en ellas. (…) Las emociones también aprestan el cuerpo para la acción

El papel de la cultura y la sociedad no es crear las emociones sino restringirlas o alentarlas.

La cultura puede modelar el comportamiento de la gente si se les enseña a sentirse bien o mal cuando se llevan a cabo determinadas acciones particulares. La gente actuará así para evitar malas emociones y en lo posible alcanzar emociones agradables.

  Así pues, el ser humano sería un ser social (como las hormigas, puesto que en éstas también se da el reparto de funciones dentro de una organización encaminada al bien común) que tiene la peculiaridad de obrar en base a motivaciones emocionales determinadas por el significado. La capacidad de abstraer significados de la observación del entorno no puede hacerse sin una inteligencia de la que carecen seres sociales del tipo de las hormigas…

A medida que la naturaleza va seleccionando a seres cada vez más sociales, se alcanza el punto en el cual los primeros rasgos de cultura se hacen posibles.

La gente, a diferencia de la mayor parte de los animales, puede liberarse de su entorno inmediato y puede planear, imaginar, analizar y tratar de forma diferente información  relativa a otros lugares y tiempos.

Encontrar patrones en el mundo incrementa nuestra habilidad para predecir lo que sucederá, lo cual es bastante útil y puede ser incluso más valioso como una ayuda para ejercer control. Si no pudiéramos ver los patrones, todo nos sorprendería todo el tiempo. 

La inteligencia es considerada como la mayor herramienta psicológica para cualquier fin (rivalizando solo, quizá, con el autocontrol) (…) El lenguaje y la cultura ofrecen inmensas ventajas, pero una criatura ha de tener suficiente complejidad cerebral para apreciarlas y usarlas, de la misma forma que un computador ha de tener ciertas capacidades de procesado antes de que pueda desenvolverse en Internet.

El razonamiento está constreñido por las reglas de la lógica, las cuales no son inventadas por cerebros individuales sino que son descubiertas y aprendidas como si fuesen hechos objetivos. (…) La mayor parte del pensamiento complejo yace en el lenguaje y el significado. Los pensamientos no son enteramente creados dentro del cerebro humano. En lugar de eso, implican sistemas de conceptos que son compartidos a lo largo de la comunidad cultural, y el mismo conjunto básico de conceptos puede hallarse con solo variaciones menores en cada lenguaje y cada cultura. 

El poder del lenguaje para combinar conceptos hizo posible crear un espacio mental de procesamiento capaz de integrar muchas ideas al mismo tiempo.

  A nivel práctico, la gran ventaja es que

los animales culturales se distancian de los que son meramente sociales a partir de la disyuntiva de si el progreso puede o no ser acumulado a lo largo de generaciones.

  Sin embargo, estas cualidades del pensamiento cultural (la extracción de significados, su memoria y su transmisión) tiene también ciertas consecuencias que podríamos considerar a modo de “efectos colaterales indeseados”

La tendencia humana para hallar conexiones y patrones donde no existían previamente es una base importante para la superstición y el pensamiento mágico.

Frecuentemente la realidad que yace tras la apariencia existe en un continuum, pero la gente piensa de todas maneras en dicotomías.

  A primera vista, lo más espectacular son las consecuencias prácticas, económicas, de la forma de vida cultural

Los economistas saben que el comercio incrementa la riqueza, y que la división del trabajo incrementa la productividad. Los historiadores, sociólogos y científicos ven cómo se acumula el conocimiento en una cultura, y en consecuencia se produce progreso económico –algo que no se conoce y que no es imaginable en los animales no culturales. En consecuencia, ser parte de un sistema capacita a la gente a producir más  y a vivir mejor que la gente que vive sola. Estos beneficios pueden ser medidos en términos de supervivencia y reproducción.

  Eso no quiere decir que la cultura surgiera para solucionar los problemas económicos de ciertos homínidos. En realidad, no está demostrado que el aumento de la inteligencia y la aparición de la cultura hayan obedecido a causas económicas.

El ser cultural es una extensión del ser social

La psique humana surgió a causa de que la selección natural ha rediseñado la psique de los primates para hacerla más hábil a fin de vivir en una sociedad con cultura.

Resolver problemas físicos puede haber sido una pequeña ganancia de tener el cerebro más grande, pero el principal propósito del cerebro es la vida social.(…) El vínculo entre la evolución del cerebro y el resolver problemas físicos es indirecto.

El propósito del cerebro de gran tamaño es permitir el máximo aprendizaje social

  Si somos seres sociales hasta el punto de convertirnos en seres culturales y si estas características únicas de ser a la vez sociales y culturales nos llevan a un sorprendente desarrollo económico (tecnológico) ¿el saber esto nos permite especular con algún acierto acerca de lo que nos espera en el futuro? Siempre hemos de tener en cuenta, junto con su enorme trascendencia, las limitaciones de la cultura. Por ser animales culturales no dejamos también de ser animales con todas sus consecuencias.

La cultura no puede crear motivaciones de la nada, y así, la cultura ha de trabajar con la materia prima de la naturaleza humana.

Si la cultura pudiera modelar a la gente casi hasta formas ilimitadas, entonces el comunismo no habría sido tal fracaso colosal.

  De todos los condicionamientos propios de nuestra naturaleza animal, el que parece el mayor obstáculo para el progreso es la agresividad.

En los seres puramente sociales, tales como los lobos, la agresividad es una forma de solucionar disputas y organizar una jerarquía de grupo efectiva e incluso estándar. La agresión es mucho menos efectiva y mucho menos aceptada en la cultura. En este sentido, la agresión humana es un resto de nuestro pasado evolutivo como seres sociales.

La agresión es motivada por la naturaleza y es restringida por la cultura.(…) La influencia más fuerte de la cultura sobre la agresión ha sido limitar y restringir la agresión.

La agresión podría estar basada en tendencias innatas, pero no parece surgir desde dentro de uno de la misma manera que el hambre parece hacerlo. (…) La gente está programada para tener el impulso de luchar bajo ciertas condiciones. La diferencia crucial es que, a pesar de tener tendencias agresivas innatas, una persona puede en teoría vivir toda su vida sin nunca comportarse agresivamente

  Así pues, si bien la cultura no puede “modelar a la gente casi hasta formas ilimitadas”, la evidencia histórica nos demuestra que, de todas formas, sí que es capaz de realizar sorprendentes mejoras con respecto a los comportamientos innatos del Homo Sapiens en “estado de naturaleza”

El patrón de ganancias a corto plazo y costes a largo plazo es considerado una de las cosas que la cultura específicamente pretende disminuir.

  Recordemos que las ganancias a corto plazo son la principal motivación económica de la agresión. También es el mecanismo psicológico habitual en los delincuentes…

La naturaleza hace egoístas a todas las criaturas, pero la cultura funciona mejor si la gente quiere a veces poner aparte sus intereses e impulsos egoístas a fin de hacer aquello que es mejor para todos, esto es, para el colectivo. Para llevar a cabo esto, la cultura encuentra una estrategia efectiva de alterar la forma de las motivaciones de la gente, a fin de que quiera hacerse lo que beneficia al sistema cultural.

   Es decir, en el progreso cultural se promueven las satisfacciones materiales a largo plazo (propias de las sociedades complejas) a la vez que se promueven satisfacciones emocionales no egoístas a corto plazo (las satisfacciones emocionales obedecen a las motivaciones) que son compatibles con el beneficio mutuo.

   Siempre hay una gran dificultad en producir bienes materiales para todos a corto plazo, dado su coste, pero, si se diseña hábilmente su producción, los bienes emocionales sí pueden llegar a ser de un coste material muy bajo, de manera que puedan gozarse de forma inmediata (“el hombre feliz no tenía camisa”). La obtención de bienes emocionales a corto plazo y a bajo coste podría compensar la escasez de bienes materiales a corto plazo, y permitir entonces la puesta en marcha de proyectos de cooperación necesaria para que también tenga lugar la producción de gran cantidad (prácticamente infinita) de bienes materiales a largo plazo.

   La mejor fórmula cultural sería, por tanto, la extensión del altruismo como motivación, de modo que el mayor número posible de individuos obtuviesen beneficios emocionales a corto plazo a la vez que emprendieran una cooperación eficaz a largo plazo gracias a una gran confianza mutua. Todos confiamos en los individuos altruistas y por ello todos estamos dispuestos a cooperar con ellos… excepto los tramposos que eligen aprovecharse… pero tales individuos no son los que gustan de los beneficios emocionales propios del altruismo, no están  motivados por ellos… y es esta distinción (la promoción de motivaciones) el factor esencial del mecanismo de los cambios culturales.

  El hecho es que un conjunto de pautas culturales basadas en el comportamiento altruista podría partir de cierta base en la naturaleza humana, pues el altruismo, al igual que el egoísmo y la agresión, también está en nuestros genes. La motivación altruista es un hecho.

Muchas personas obtienen satisfacción de ayudar a otros, y de hecho el ayudar se incrementa cuando la gente se siente mal, en parte porque la gente parece mostrarse generosa basándose en la expectativa de que ayudar les hará sentirse mejor. 

Una persona con un alto deseo de poder puede disfrutar al dar dinero a una familia en apuros simplemente porque le satisface cuánto ella es capaz de cambiar la vida de esa familia.

En un experimento, la gente a la que se le indujo a tomar responsabilidad para sí mismos y para algunas plantas en una maceta se convirtieron en más activos, y estas ganancias vinieron acompañadas por mayores sentimientos de felicidad y alerta. Más importante: reaccionaron mejor con respecto a la salud.(…) Tener control puede conducir a una mejor salud y una vida más prolongada. Incluso las ilusiones de control pueden proporcionar beneficios en la salud
  
El hecho crucial es que la gente realmente se siente mejor ayudando a la gente. Eso es un aspecto positivo de la naturaleza humana. Estamos construidos psicológicamente de una manera en la cual encontramos satisfactorio y agradable ayudar a los otros.

  La manifestación del altruismo (al igual que sucede con el egoísmo y la agresión) depende tanto del particular temperamento de cada individuo (que sean más o menos altruistas, sensibles, empáticos "de nacimiento", o bien egoístas, tramposos o hasta psicópatas) como de las circunstancias también particulares de cada entorno social. Y entre estas circunstancias del entorno hemos de contar con el diseño cultural de la sociedad particular en la que se vive (una sociedad que promueva los buenos momentos emotivos del altruismo como motivación o, por el contrario, una que promueva las gratificaciones materiales a corto plazo propias del egoísmo).

  El estímulo para la satisfacción de los instintos altruistas podría beneficiarnos enormemente en el futuro, más aún de lo que nos beneficia hoy, pero, de momento, el control del comportamiento por el bien común en una sociedad cultural posee otros mecanismos aparte de la promoción del altruismo, y estos otros mecanismos puede que nos sean más familiares.

El desarrollo de la moralidad depende de la culpa, y la culpa está fuertemente vinculada a las relaciones de proximidad.

La culpa tiene una mala reputación en nuestra sociedad porque la gente no quiere sentirse culpable, pero una amplia reducción en la disposición a sentirse culpable sería desastrosa para la armonía social. No querrías tener un amante, un jefe o un compañero de habitación sin sentido de culpa.

  La moralidad toma diversas formas a lo largo del desarrollo cultural. De hecho, es una de las manifestaciones más características del progreso cultural. Atenernos a la moralidad motiva buena parte de nuestros actos.

La gente confía en sus intuiciones para hacer juicios morales, y aprenden razonamiento moral a fin de defender sus acciones frente a los otros. En consecuencia, el razonamiento moral puede usarse para enseñar o influenciar a otros, llevando quizá a cambios del comportamiento moral en el futuro. El juicio moral debería ser estudiado como un proceso interpersonal.

  Es decir: nos guiamos por la moral intuitivamente, en buena parte dependiendo del condicionamiento cultural del entorno, pero somos capaces también de desarrollar razonamiento ético por nuestra cuenta que a la larga (si tales elaboraciones razonadas son compartidas y puestas en práctica en común) podría llevar a cambios morales en la sociedad.

  Si consideramos el registro histórico, parece que acaba predominando el poder de las ideas: formas de significado innovadoras que son costosamente elaboradas a lo largo de la evolución cultural hasta el punto de funcionar efectivamente como motivaciones y en la que los individuos van participando consciente o inconscientemente a lo largo del proceso histórico. Las ideas o ideologías sociales (la libertad, la caridad, el socialismo…), una vez arraigadas en las mentes de los individuos gracias a la cultura, pueden lograr o no cambios en el comportamiento que favorezcan la confianza y la cooperación.

  En su libro, Roy Baumeister nos informa también de algunas realidades de la psicología humana que no son fácilmente apreciables. Por ejemplo, acerca del comportamiento sexual femenino

La plasticidad erotica no está distribuida de forma igualitaria; aparece una abrumadora diferencia de género. Las mujeres exceden enormemente a los hombres en su plasticidad erótica.

  Esto quiere decir que

La sexualidad femenina cambia su forma más fácilmente como función de las influencias culturales y sociales. Por ejemplo, las parejas de los hombres altamente educados no son muy diferentes de las de los hombres con menos educación, pero las parejas de las mujeres altamente educadas son muy diferentes de las de las mujeres ineducadas.(…) Los factores culturales como la educación y la religión afectan la sexualidad de las mujeres mucho más que a los hombres.

Casi todas las mediciones en los estudios psicológicos describen a los hombres como los que tienen una motivación sexual más fuerte.

Las mujeres en particular parecen capaces de tolerar muchos meses e incluso años de abstinencia sexual incluyendo ausencia de masturbación, sin ningún signo visible de inquietud o daño.

  Y sobre los deseos humanos sexuales o perversos en general…

Hay muchos patrones que parecen encajar con el principio paradójico de que más satisfacción conduce a más deseo. Algunas personas experimentan que sus deseos sexuales crecen más frecuente e intensamente durante periodos en los que tienen mucho sexo, mientras que durante periodos de abstinencia sexual el sexo parece perder importancia. La agresión también parece convertirse en un hábito que se va formando para algunos, mientras que la gente que no se implica en actividad agresiva no la echa de menos. (…) El ascetismo religioso podría en consecuencia tener una base psicológica válida.

La gente puede vivir vidas plenas, saludables y felices sin sexo, y algunos lo hacen. Si el sexo fuese una necesidad, entonces la gente que no tiene sexo (o los que no tienen bastante) mostrarían alguna clase de efecto patológico, tal como una enfermedad. Pero la investigación no ha encontrado todavía ninguna enfermedad que sea prevenida mediante la masturbación o el coito.

La gente desea el sexo por sí mismo, pero la violencia se hace normalmente como un medio para obtener algún fin. Esto no niega que la agresión pueda tener una base innata, pero sí dice que vincular la agresión a alguna tendencia genética o biológica no explica suficientemente la agresión real.

  Por lo tanto, no podemos caer en el simplismo de “rendirnos a los instintos”. Sabemos que muchos de los deseos humanos más antisociales pueden ser vencidos y manipulados, que el que sean innatos no los hace necesariamente incontrolables, y también sabemos que los deseos más prosociales (como el altruismo) pueden expandirse hasta límites aún desconocidos. Puede incluso que, en cierto modo, Roy Baumeister se precipite al tomar el ejemplo del comunismo:

Si la cultura pudiera modelar a la gente casi hasta formas ilimitadas, entonces el comunismo no habría sido tal fracaso colosal.

   El fracaso del comunismo no niega el hecho de que la capacidad cooperativa del ser humano civilizado actual es muy superior a la que se daba durante el paleolítico o el neolítico, así que, al fin y al cabo, la cultura sí que ha modelado al hombre actual de forma efectiva (lo que no quiere decir tampoco que se pueda llegar a hacer esto hasta alcanzar "formas ilimitadas"). Un particular método de reforma cultural planificada, el comunista, demostró su fracaso (probablemente porque era un sistema basado en los cambios políticos, coercitivos), pero eso no quiere decir que no puedan darse métodos mejores. Porque el hecho es que el ser humano, el animal cultural, cuenta demostradamente con grandes recursos para cambiarse a sí mismo.

lunes, 8 de septiembre de 2014

“La inteligencia emocional”, 1996. Daniel Goleman

  La idea de “inteligencia emocional” surge, aparentemente, como respuesta a lo inadecuado del concepto de inteligencia abstracta –o racional- que mide el justamente célebre Coeficiente “IQ”.

Tenemos dos cerebros y dos clases diferentes de inteligencia: la inteligencia racional y la inteligencia emocional y nuestro funcionamiento en la vida está determinado por ambos. Por ello no es el IQ lo único que debemos tener en cuenta, sino que también deberemos considerar la inteligencia emocional. (…) Nuestra intención es la de descubrir el modo inteligente de armonizar ambas funciones.

   ¿Cuál es el motivo de que sea necesario armonizar ambas funciones?

Existen miles de formas de alcanzar el éxito y multitud de habilidades diferentes que pueden ayudarnos a conseguirlo

   Así que ya estamos avisados: de lo que el señor Goleman nos informa (de forma inteligente y muy bien documentada) es de desarrollar habilidades que nos permitan alcanzar el éxito…

Desarrollar lo que Aristóteles denominara la infrecuente capacidad de «enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto».

  Pero cualesquiera que sean las motivaciones del autor, lo que no podemos negar es que se trata de realidades determinantes para la convivencia humana.

La inteligencia interpersonal supone la capacidad de discernir y responder apropiadamente a los estados de ánimo, temperamentos, motivaciones y deseos de las demás personas.

El conjunto de habilidades que hemos dado en llamar inteligencia emocional (habilidades entre las que destacan el autocontrol, el entusiasmo, la perseverancia y la capacidad para motivarse a uno mismo) constituye el vínculo entre los sentimientos, el carácter y los impulsos morales. 

El conocimiento de uno mismo, es decir, la capacidad de reconocer un sentimiento en el mismo momento en que aparece, constituye la piedra angular de la inteligencia emocional.

  En tanto que la inteligencia emocional está tan estrechamente relacionada con lo que hace propiamente humano un comportamiento, encontramos que el estudio de sus elementos estaría también directamente relacionado no solo con la búsqueda del éxito, sino con el desarrollo del humanismo en general. No sería la primera vez que motivaciones prosaicas llevan a hacer descubrimientos profundos.

Los elementos fundamentales de la inteligencia emocional: aprender a reconocer, canalizar y dominar sus propios sentimientos y empatizar y manejar los sentimientos que aparecen en sus relaciones con los demás.

Elemento constitutivo esencial de la inteligencia emocional: la capacidad de desembarazarse de los estados de ánimo negativos. (…) El objetivo de la templanza no es la represión de las emociones sino el equilibrio, porque cada sentimiento es válido y tiene su propio valor y significado.

Es precisamente sobre la base del autocontrol y la empatía sobre la que se desarrollan las «habilidades interpersonales». Estas son las aptitudes sociales que garantizan la eficacia en el trato con los demás y cuya falta conduce a la ineptitud social o al fracaso interpersonal reiterado.

  Quedan claras cuáles son las cualidades psicológicas propias del que posee las habilidades de inteligencia emocional y sus muchas utilidades para triunfar o no en la vida (dependiendo de lo que entendamos por esto). ¿Pueden aprenderse? Recordemos que la inteligencia racional del IQ varía muy poco a lo largo de la vida del individuo

Cada vez existe un convencimiento mayor de que habilidades emocionales como el dominio de los impulsos y la capacidad de leer las situaciones sociales es algo que puede aprenderse.

Si no nos familiarizamos y entrenamos en dar respuestas emocionales más positivas, nos resultará sumamente difícil poder llegar a evocarlas cuando estemos alterados. (…) Deberemos ensayarlas y practicarlas tanto en los momentos más tranquilos como en medio de la más acalorada discusión

El reaprendizaje emocional —una tarea que, ciertamente, no concluye nunca— puede remodelar hasta los hábitos emocionales más profundamente arraigados de nuestra infancia.

  Ponderar la importancia (y posibilidad) del “reaprendizaje emocional” merece la mayor atención, pero Daniel Goleman no demuestra la ceguera de antiguos autores que postulaban que el ser humano es una “tabla rasa” a partir del cual las manipulaciones intencionadas pueden convertirlo en prácticamente cualquier cosa. Existe el “temperamento”, y se nos dan buenos ejemplos de lo que significa en psicología.

Temperamento es el trasfondo de sentimientos que configura nuestra predisposición básica, el estado de ánimo que caracteriza nuestra vida emocional. Hasta cierto punto, cada uno de nosotros posee un temperamento innato

Imagine que tiene cuatro años de edad y que alguien le hace la siguiente propuesta: «ahora debo marcharme y regresaré en unos veinte minutos. Si lo deseas puedes tomar una golosina pero, si esperas a que vuelva, te daré dos». (…)El poder diagnóstico de la forma en que los niños manejaban sus impulsos quedó claro doce o catorce años más tarde, cuando la investigación rastreó lo que había sido de aquellos niños, ahora adolescentes. La diferencia emocional y social existente entre quienes se apresuraron a coger la golosina y aquéllos otros que demoraron la gratificación fue contundente. Los que a los cuatro años de edad habían resistido a la tentación eran socialmente más competentes, mostraban una mayor eficacia personal, eran más emprendedores y más capaces de afrontar las frustraciones de la vida. Se trataba de adolescentes poco proclives a desmoralizarse, estancarse o experimentar algún tipo de regresión ante las situaciones tensas (…)En cambio, el tercio aproximado de preescolares que cogió la golosina presentaba una radiografía psicológica más problemática. Eran adolescentes más temerosos de los contactos sociales, más testarudos, más indecisos, más perturbados por las frustraciones

  Una vez tenido en cuenta esto, sí se puede afirmar que

Aun dentro de las limitaciones genéticas disponemos de la posibilidad de cambiar.

  Y aquí aparece un concepto moderno que podemos relacionar con la sabiduría ancestral. Lo que para muchos no es sino un mero servicio profesional de dudosa base científica y casi frívolo puede ser contemplado como una herramienta cultural de la mayor importancia.

La psicoterapia, es decir, el reaprendizaje emocional sistemático, constituye un ejemplo palpable de la forma en que la experiencia puede cambiar las pautas emocionales y remodelar nuestro cerebro. 

  Las pautas emocionales se forman, pues, a partir del temperamento individual pero son después alteradas radicalmente por la presión del entorno, por las circunstancias familiares, por la educación… ¿y también por la psicoterapia (“reaprendizaje emocional sistemático”)? ¿No parece entonces que esta disciplina supone un descubrimiento del más alto valor? ¡Pues no es así como lo ve hoy la mayor parte de nosotros, a pesar de que realizarnos como seres humanos en un sentido general equivale a experimentar emociones, establecer relaciones sociales, elegir acciones y gozar y soportar vivencias!

 Algunos terapeutas astutos usan sus conocimientos  para señalar el camino al triunfo social, pero ¿existe el contenido ético de estas habilidades sociales? Aparte de permitirnos manipular a los demás en nuestro beneficio para triunfar socialmente, ¿el desarrollo de las habilidades sociales incrementa nuestra capacidad para vivir dentro de una comunidad humana altamente cooperativa, no conflictiva y en la cual el bienestar ajeno vaya unido al bienestar propio?

  Por una parte, a Daniel Goleman no se le pasa desapercibido el hecho de que el desarrollo de “habilidades sociales” se parezca mucho a desarrollar la capacidad para la manipulación. Y nos recuerda la existencia de

personas cuyas habilidades sociales las convierten en verdaderos camaleones sociales, campeones en causar buena impresión (…) Esta especie de mercantilismo emocional suele ocurrir cuando las habilidades sociales sobrepasan a la capacidad de conocer y admitir los propios sentimientos 

  Sin embargo, se supone que esto no tendría nada que ver con que

los hombres que poseen una elevada inteligencia emocional suelen ser socialmente equilibrados, extravertidos, alegres, poco predispuestos a la timidez y a rumiar sus preocupaciones. Demuestran estar dotados de una notable capacidad para comprometerse con las causas y las personas, suelen adoptar responsabilidades, mantienen una visión ética de la vida y son afables y cariñosos en sus relaciones. 

  Quizá resulte un poco simplista hablar de manipuladores  “camaleones sociales” con habilidades sociales digamos malignas, y equiparar luego el desarrollo de unas habilidades sociales digamos benignas al desarrollo ético…

Podríamos decir que quienes se hallan a merced de sus impulsos, —quienes carecen de autocontrol—, adolecen de una deficiencia moral porque la capacidad de controlar los impulsos constituye el fundamento mismo de la voluntad y del carácter.

  Se puede debatir si el triunfar en la vida y en las relaciones sociales esté realmente vinculado al desarrollo ético. Los manipuladores son muy hábiles, y entre ellos destacan los tristemente célebres psicópatas, pero, por otra parte, se diría que son las sociedades más prósperas en su conjunto aquellas donde, por comparación, se da menos violencia y deshonestidad, de modo que sí parece haber, en términos generales, un cierto vínculo entre el progreso ético y el triunfo social…

  En cualquier caso, el desarrollo de la capacidad del individuo para comprender sus emociones y las ajenas va unido al enriquecimiento del vocabulario emocional y a profundizar en la introspección de las relaciones entre individuos. Eso lo equipara al conocimiento espiritual, las ciencias humanas, el arte y la literatura…

  El papel que la psicoterapia pueda tener en todo esto quizá sea escaso aún, casi anecdótico. Sobre todo si parece ser que muchos consideran que el desarrollo de las “habilidades sociales” tiene fines prácticos relacionados con “alcanzar el éxito”…

  Daniel Goleman, en su libro, viene y va por estos terrenos alejados: la psicoterapia como un gran negocio que responde a las necesidades prácticas de una forma de vida competitiva, y las posibilidades humanistas de la educación emocional de grandes y pequeños.

La raíz del altruismo radica en la empatía, en la habilidad para comprender las emociones de los demás (…) lo cual implica asumir su punto de vista y respetar las diferencias existentes en el modo en que las personas experimentan los sentimientos. (…) Cuanto más abiertos nos hallemos a nuestras propias emociones, mayor será nuestra destreza en la comprensión de los sentimientos de los demás.

  La trascendencia nos lleva inevitablemente también a los contenidos culturales del mundo emocional…

El cerebro emocional está estrechamente ligado a los contenidos simbólicos y a lo que Freud denominaba «procesos primarios», el tipo de pensamiento propio de la metáfora, el cuento, el mito y el arte. Una modalidad, por cierto, utilizada con frecuencia en el tratamiento de los niños traumatizados.

La lógica de la mente emocional es asociativa, es decir, que considera a los elementos que simbolizan —o activan el recuerdo— de una determinada realidad como si se tratara de esa misma realidad. (…) Los símbolos y los rituales religiosos tienen poco sentido desde el punto de vista racional, porque se expresan en el lenguaje del corazón.

La pérdida de un ser querido, por ejemplo, provoca universalmente tristeza y aflicción, pero la forma en que expresamos esa aflicción -el tipo de emociones que expresamos o que guardamos en la intimidad— es moldeada por nuestra cultura, como también lo es, por ejemplo, el tipo concreto de personas que entran en la categoría de «seres queridos» y que, por tanto, deben ser llorados. 

   Veamos ahora algunos de los detalles, las indicaciones concretas del “reaprendizaje emocional”

Tal vez no haya habilidad psicológica más esencial que la de resistir al impulso. Ese es el fundamento mismo de cualquier autocontrol emocional, puesto que toda emoción, por su misma naturaleza, implica un impulso para actuar

   Cuando no hay autocontrol, puede darse el llamado “secuestro emocional”

Durante un secuestro emocional, las capacidades de escuchar, pensar y hablar con claridad se ven claramente mermadas (…)El pensamiento de que uno es una víctima desencadena a un secuestro emocional (…) La frecuencia cardíaca constituye un claro indicador del momento en que se produce un secuestro emocional

   O, simplemente, puede darse la preocupación obsesiva

El problema surge cuando la preocupación se hace crónica y reiterativa, cuando se repite continuamente sin procuramos nunca una solución positiva

Se puede cortar el círculo vicioso de la preocupación cambiando el foco de la atención.

La preocupación es, en cierto modo, una respuesta útil aunque desencaminada, una especie de ensayo mental ante la previsión de una amenaza. Pero este ensayo mental se convierte en un auténtico desastre cognitivo cuando nuestra mente se queda atrapada en una rutina obsoleta que captura nuestra atención e impide todo intento de focalizarla en cualquier otro sitio.

  El reaprendizaje emocional, por lo tanto, busca ante todo evitar estas situaciones de pérdida del control. Emoción y pensamiento deben orientarse hacia estados más positivos.

Los cambios más ligeros de estado de ánimo pueden llegar a modificar nuestros pensamientos.

El optimismo y la esperanza —al igual que la impotencia y la desesperación— pueden aprenderse. Detrás de los dos existe lo que los psicólogos denominan autoeficacia, la creencia de que uno tiene el control de los acontecimientos de su vida y puede hacer frente a los problemas en la medida en que se presenten.

   Veamos ahora cómo entra en el esquema del autocontrol el conocimiento de las reacciones inconscientes.

La clave que nos permite acceder a las emociones de los demás radica en la capacidad para captar los mensajes no verbales (el tono de voz, los gestos, la expresión facial, etcétera). (…) Más del 90% de los mensajes emocionales es de naturaleza no verbal (la inflexión de la voz, la brusquedad de un gesto, etcétera) y este tipo de mensaje suele captarse de manera inconsciente

La empatía exige la calma y la receptividad suficientes para que las señales sutiles manifestadas por los sentimientos de la otra persona puedan ser captadas y reproducidas por nuestro propio cerebro emocional.

    Captar las emociones no puede hacerse si no sabemos identificarlas, nombrarlas y clasificarlas. En la vivencia humana, las cosas, de hecho, no suelen llegar a existir hasta que les ponemos un nombre…

Una de las lecciones emocionales fundamentales es la de aprender a diferenciar entre los sentimientos

El hecho de relacionar un sentimiento con un nombre y con la expresión facial que le corresponde puede parecer tan elemental que no requiera ningún tipo de enseñanza. Pero lo cierto es que, en cualquiera de los casos, constituye un verdadero antídoto contra las extraordinarias lagunas que suelen existir en torno al tema de la alfabetización emocional.

  Y aquí nos llega una idea de gran valor que (junto con la de “alfabetización emocional” que veremos más adelante) podría tener aplicaciones de mayor alcance que la mera resolución de problemas emocionales particulares.

Mediante un proceso no consciente de imitación de los movimientos que reproduce su expresión facial, sus gestos, su tono de voz y otros indicadores no verbales de la emoción, el sujeto recrea en sí mismo el estado de ánimo de la otra persona en una especie de versión libre del método Stanislavsky (un método en el que el actor recurre al recuerdo de las posturas, los movimientos y otras expresiones de alguna emoción intensa que haya experimentado en el pasado para evocar la actualización de esos mismos sentimientos).(…) Cuando las personas ven un rostro sonriente o un rostro enojado, la musculatura de su propio rostro tiende a experimentar una transformación sutil en el mismo sentido, una transformación que, si bien no resulta evidente, si que puede manifestarse mediante el uso de sensores electrónicos.

También existen emociones que vienen porque uno las evoca. Un ejemplo de esto lo constituye el sentimiento intencionalmente manipulado, el repertorio del actor, como las lágrimas que llegan cuando deliberadamente evocamos recuerdos tristes (…)  Del mismo modo que una fantasía sexual puede llevamos a sensaciones sexuales, así también los recuerdos felices nos alegran y los melancólicos nos entristecen.

  Es decir, que podemos recurrir a determinados métodos para mejorar nuestra propia actitud ante los demás. Podemos ser conscientes de la actuación emocional en nuestras relaciones incluso hasta el punto de cambiarnos a nosotros mismos mediante la mera imitación. ¿No guarda esto ciertamente relación con los ritos religiosos que buscan apaciguar nuestra conducta mediante la oración, o mediante la solemnidad litúrgica, o mediante la confesión, o mediante la meditación?

  Los especialistas parecen estar seguros de que determinadas actitudes emocionales aparentemente poco importantes (tan aparentemente poco importantes como los pequeños detalles que tanto cuidan los buenos actores dramáticos) pueden ser decisivos incluso para prevenir el rumbo de nuestras vidas en el futuro inmediato…

Gottman ha rastreado los altibajos de más de doscientas parejas, algunas de ellas recién casadas y otras que llevaban unidas mucho tiempo. La precisión del análisis realizado por Gottman sobre el ecosistema matrimonial ha sido tal que, en uno de sus estudios, le permitió predecir con una exactitud del 94% (¡una precisión ciertamente inaudita en este tipo de estudios!) qué parejas, de entre todas las que pasaron por su laboratorio, terminarían separándose en los próximos tres años (…) Gottman realiza un análisis secuencial de todas las expresiones faciales (utilizando un sistema de lectura de las emociones desarrollado por Paul Ekman) que le permite detectar los matices más sutiles y fugaces de los sentimientos. Después de finalizar la sesión, cada participante se dirige a un laboratorio separado para mirar la cinta de video y hablar de los sentimientos que experimentó durante los momentos más álgidos de la conversación. El resultado de este tipo de estudios constituye el equivalente a una radiografía emocional del matrimonio.

La asertividad consiste en expresar los sentimientos directamente —algo, por cierto, muy distinto a la agresividad y a la pasividad—

  Lo que la idea de “inteligencia emocional” nos transmite es algo importantísimo: la capacidad racional de operar conscientemente sobre nuestras deficiencias sociales. Nuestras actitudes antisociales (y no solo nuestras dificultades para triunfar en el mundo de los negocios o en el mercado sexual) pueden ser mejoradas siguiendo una serie de métodos en apariencia sencillos… pero todos en función de nuestra propia voluntad de superación.

Todas las emociones son, en esencia, impulsos que nos llevan a actuar

Cada emoción nos predispone de un modo diferente a la acción; cada una de ellas nos señala una dirección que, en el pasado, permitió resolver adecuadamente los innumerables desafíos a que se ha visto sometida la existencia humana

  La llamada “alfabetización emocional” está sobre todo dirigida a niños y a jóvenes. En un principio, no impresiona mucho porque parece solo tratarse de una serie de sencillos consejos acerca de mantener un buen comportamiento con nuestros próximos…

Se les alentaba a tratar de encontrar soluciones alternativas (en lugar de recurrir exclusivamente a las peleas) si tenían problemas con las reglas del juego; a comunicarse con los demás y a hacerles preguntas mientras estaban jugando; a escuchar y observar a los otros niños para averiguar cómo se sentían; a decir algo agradable cuando los demás hacían algo bien; y a sonreír y a brindar su colaboración, sus propuestas y su aliento. 

  Pero es cierto que

aunque el contenido cotidiano de las clases de alfabetización emocional pueda parecer trivial, sus efectos —el logro de seres humanos completos— resultan, hoy en día, más necesarios que nunca para nuestro futuro.

    Ahora salgamos un poco (solo aparentemente) de lo emocional y prestemos atención a una lista de las así llamadas “habilidades cognitivas”

Hablar con uno mismo: mantener un «diálogo interno» como forma de afrontar un tema, u oponerse o reforzar la propia conducta.

•Saber leer e interpretar indicadores sociales: reconocer, por ejemplo, las influencias sociales sobre la conducta y verse a uno mismo bajo la perspectiva más amplia de la comunidad.

Dividir en pasos el proceso de toma de decisiones y de resolución de problemas: por ejemplo, dominar los impulsos, establecer objetivos, determinar acciones alternativas, anticipar consecuencias, etcétera.

•Comprender el punto de vista de los demás.

•Comprender las normas de conducta (lo que es y lo que no es una conducta aceptable).

•Mantener una actitud positiva ante la vida.

•Conciencia de uno mismo: por ejemplo, desarrollar esperanzas realistas sobre uno mismo.

  Pero es que la cognición puede crear nuestra emoción, y ahí está el sentido de todos los esfuerzos del “reaprendizaje emocional”.

Existe un tipo de reacción emocional, más lenta, que se origina en nuestros pensamientos. (…)  Solemos ser muy conscientes de los pensamientos que conducen a ella. En este tipo de reacción emocional hay una valoración más amplia y nuestros pensamientos —nuestra cognición- determinan el tipo de emociones que se activarán. Una vez que llevamos a cabo una valoración —«este taxista me está engañando», o «este bebé es adorable»— tiene lugar la respuesta emocional apropiada. Este es el camino que siguen las emociones más complejas

   Sírvanos de advertencia final el que hay numerosos equívocos en la cultura popular acerca del desarrollo de las habilidades sociales

El simple hecho de reunir a la gente procedente de diferentes grupos contribuye poco o nada a menoscabar la intolerancia. 

Los psicólogos comprobaron experimentalmente los efectos de la catarsis y descubrieron que el hecho de airear el enfado de poco o nada sirve para mitigarlo (…)Los arranques de ira incrementan necesariamente la excitación emocional del cerebro y hacen que la persona se sienta todavía más irritada

   Las posibilidades de estas enseñanzas para el futuro quedan claras cuando se reconoce que el desarrollo de las habilidades sociales tiene lugar en el conjunto de nuestra forma de vida. Recibir buenos consejos en la infancia, ir unas horas a la psicoterapia para resolver un problema acuciante o incorporar a nuestro vocabulario términos como “empatía” o “asertividad” quizá no puedan resolver nuestras vidas por sí solo,… pero el hecho es que nuestras vidas están compuestas realmente por nuestras experiencias emocionales

El campo de pruebas de los programas de solución de problemas sociales no es el aula sino la cafetería, las calles y el hogar

lunes, 1 de septiembre de 2014

“El héroe de las mil caras”, 1949. Joseph Campbell

  En este célebre libro del antropólogo Joseph Campbell se hace un estudio de la mitología centrado, sobre todo, en el arquetipo del héroe legendario, presente en todas las culturas conocidas. Se denomina este esquema como “el monomito”:

El camino común de la aventura mitológica del héroe es la magnificación de la fórmula representada en los ritos de iniciación:separación-iniciación-retorno (…) El héroe inicia su aventura desde el mundo de todos los días hacia una región de prodigios sobrenaturales, se enfrenta con fuerzas fabulosas y gana una victoria decisiva; el héroe regresa de su misteriosa aventura con la fuerza de otorgar dones a sus hermanos. 

El héroe avanza a través de un mundo de fuerzas poco familiares y sin embargo extrañamente íntimas, algunas de las cuales lo amenazan peligrosamente (pruebas), otras le dan ayuda mágica (auxiliares). Cuando llega al nadir del periplo mitológico, pasa por una prueba suprema y recibe su recompensa

   Antes de seguir adelante con los héroes y sus hazañas ¿por qué es importante el estudio en general de la mitología?

La mitología ha sido interpretada por el intelecto moderno como un torpe esfuerzo primitivo para explicar el mundo de la naturaleza (Frazer); como una producción de fantasía poética de los tiempos prehistóricos, mal entendida por las edades posteriores (Müller); como un sustitutivo de la instrucción alegórica para amoldar el individuo a su grupo (Durkheim); como un sueño colectivo, sintomático de las urgencias arquetípicas dentro de las profundidades de la psique humana (Jung); como el vehículo tradicional de las intuiciones metafísicas más profundas del hombre (Coomaraswamy); y como la Revelación de Dios a Sus hijos (la Iglesia). La mitología es todo esto. 

La finalidad del presente libro es descubrir algunas verdades que han estado escondidas bajo las figuras de la religión y de la mitología; el método a seguir será comparar una multitud de ejemplos bastante sencillos y dejar que el antiguo significado se haga aparente por sí mismo. Los viejos maestros sabían lo que decían. 

   El descubrimiento del significado en lo que se refiere a lo más universal de la vida humana –las “verdades”-  es algo que ha ocupado a muchos estudiosos, aparte de los que han tratado directamente con la mitología. Campbell encuentra una conexión entre las diferentes disciplinas que han ahondado en la psicología humana.

Como llave de este misterio no conozco mejor instrumento moderno que el psicoanálisis. Sin aceptar al psicoanálisis como la última palabra en la materia, puede servir como método de aproximación 

Las religiones, las filosofías, las artes, las formas sociales del hombre primitivo e histórico, los primeros descubrimientos, científicos y tecnológicos, las propias visiones que atormentan el sueño, emanan del fundamental anillo mágico del mito.(…) Los símbolos de la mitología no son fabricados, no pueden encargarse, inventarse o suprimirse permanentemente. Son productos espontáneos de la psique y cada uno lleva dentro de sí mismo, intacta, la fuerza germinal de su fuente.

  En suma, el mito –la historia mítica, la cosmología- es la forma en la que las culturas iletradas transmitían su sabiduría trascendente. Una vez llegó la escritura y el pensamiento trascendente elaborado (la filosofía, las religiones doctrinales) la forma mítica fue quedando poco a poco atrás, tomando formas más puramente artísticas y literarias (en general, más ligeras y triviales), pero sus contenidos, en tanto que vinculados a las inquietudes inherentes del individuo y comunidad universales, han perdurado, y en sus formas originarias nos son extrañamente reveladores.

   En el caso de los “héroes”…

Nos ocuparemos de seguir una multitud de figuras heroicas a través de las etapas clásicas de la aventura universal, con objeto de revisar las revelaciones eternas. Esto nos ayudará a entender no sólo el significado de las imágenes vigentes en la vida contemporánea, sino la unicidad del espíritu humano en sus aspiraciones, poderes, vicisitudes y sabiduría.

  Los héroes son significativos para el individuo, que puede tomarlos como patrón de conducta, o para la comunidad en conjunto, que a través de ellos recibe las enseñanzas de las verdades últimas, pero ¿cuál es el significado común de ambas perspectivas?. ¿Que hay determinados obstáculos a superar en la vida?, ¿que hay una verdad última que trasciende lo cotidiano y que tal vez lo cuestiona?

  Porque en la búsqueda por el héroe de lo trascendente, existe el riesgo de que, una vez hallado, no valga la pena reintegrarse al mundo del que se ha partido…

El regreso y la reintegración a la sociedad, que es indispensable para la circulación continua de la energía espiritual dentro del mundo, y que, desde el punto de vista de la comunidad, es la justificación del largo retiro del héroe, es usualmente lo que ante él se presenta como el requisito más difícil. Porque si ha alcanzado, como el Buddha, el profundo reposo de la completa iluminación, existe el peligro de que la bienaventuranza de esta experiencia aniquile el recuerdo, el interés y la esperanza en las penas del mundo

Se dice que varios santos han muerto mientras se encontraban sumidos en un éxtasis sobrenatural. Son numerosos los héroes que, según la fábula, han permanecido para siempre en la isla bendita, en compañía de la eterna Diosa del Ser Inmortal.

  Es un conflicto lógico que acontece siempre que se apela a la trascendencia. Así, las relaciones sexuales, para ganar mayor relevancia, trascienden a relaciones de amor, y este amor se hace trascender a una altura que supere la mera sensualidad. Al final, ese amor trascendente, no contingente, que ha de ser eterno, siempre valorado, origen, causa y fin de los más íntimos deseos de la naturaleza humana, acaba apartándonos de la misma fragilidad humana, llevándonos al mundo de lo ideal, lo sobrehumano… lo que hace inútil y prescindible la naturaleza originaria carnal. Tanto más ésa puede ser la situación del héroe, que al buscar, afrontando todos los desafíos a su potencialidad humana, los significados últimos de la lucha por la vida puede muy bien acabar hallándose en una dimensión tan elevada que ya no le valdría la pena retornar a las mezquinas inquietudes originarias de la sociedad que le apremió en su aventura. Jorge Luis Borges escribió algunos buenos cuentos acerca de esto…

  El hecho es que el significado del mito tiene un beneficio para la comunidad, y que el héroe retorna con la riqueza de la sabiduría. Es lo que la comunidad le exige por el bien común. Así que al héroe hay que hacerle volver… aunque sea en la ficción…

  Por eso el héroe no es un Dios. A un Dios la sociedad humana puede importarle un pimiento (¡para eso es un Dios!), pero el héroe, al participar también en la naturaleza humana, siempre ha de seguir vinculado al pueblo del que ha surgido.

Los héroes tribales o locales, como el emperador Huang Ti, Moisés o el azteca Tezcatlipoca entregan su dádiva a un solo pueblo; los héroes universales, como Mahoma, Jesús, Gautama Buddha, traen un mensaje para el mundo entero.

El ciclo cosmogónico ha de seguir adelante no por medio de los dioses, que se han vuelto invisibles, sino por los héroes de carácter más o menos humano y por medio de los cuales se realiza el destino del mundo. Ésta es la línea donde los mitos de la creación empiezan a dar lugar a la leyenda, como en el libro del Génesis después de la expulsión del Paraíso. La metafísica cede su lugar a la prehistoria

  Veamos cómo se vive esta búsqueda a nivel del individuo, siguiendo las pistas que deja el psicoanálisis…

Es posible observar en las primeras fases del desarrollo del niño los síntomas de una incipiente “mitología” de un estado por encima de las vicisitudes del tiempo. Esto aparece como reacciones a las fantasías destructoras del cuerpo que asaltan al niño cuando se le ha separado del pecho materno y como espontáneas defensas contra ellas.(…) Angustias por la integridad de su cuerpo, fantasías de restitución y un silencioso y hondo deseo de indestructibilidad y protección contra las fuerzas “malas” interiores y exteriores, comienzan a dirigir su psique en formación; y todos ellos permanecen como factores determinantes en las posteriores actividades de la vida, neuróticas o incluso normales, en sus esfuerzos espirituales, en sus creencias religiosas y en las prácticas rituales del adulto.

   Y en el sentido más alejado de la fragilidad del individuo, fijémonos en la muy psicológicamente avanzada tradición de la India. En este caso, la mitología de los jainistas, precedentes del budismo…

Había habido un período todavía más feliz cuando los hombres y las mujeres tenían ocho millas de alto y cada uno de ellos poseía doscientas cincuenta y seis costillas. Cuando ese pueblo superlativo murió, pasó directamente al mundo de los dioses, sin haber sabido nunca de la religión, porque su virtud natural era tan perfecta como su belleza.

  Esto es extraordinariamente inteligente porque se determina que los seres que poseen la virtud absoluta no necesitan para nada de la religión. Esta concepción lúcida de la necesidad social de la religión es muy característica de las religiones de Oriente. ¿Y no recuerda un poco a los sueños del marxismo de que más allá del estado socialista (en el “comunismo”) el mismo estado, la misma legislación, la misma forma política, carecerían de sentido y se extinguirían por sí solas?

  Campbell se preocupa de los orígenes y finalidad de la mitología. Cómo surge la mitología… y adónde puede llevarnos…

Para los pueblos cazadores primitivos de los más remotos milenios humanos, cuando el tigre de colmillos de sable, el mamut y el reino de las presencias animales menores eran las manifestaciones primarias de lo que era ajeno -al mismo tiempo la fuente del peligro y del sustento-, el gran problema humano era establecer una liga psicológica con el hecho de compartir la selva con estos seres. Una identificación inconsciente tomó lugar y esto finalmente tomó conciencia en las figuras mitad humanas mitad animales de los antecesores totémicos mitológicos. Los animales se convirtieron en los tutores de la humanidad. Por medio de actos de imitación literal -como vemos ahora en los juegos de los niños (o en el manicomio)- se llegó a una aniquilación efectiva del ego humano y la sociedad alcanzó una organización cohesiva.

  Así habrían aparecido las primeras religiones, buscando una cierta armonía con la naturaleza. Pero las religiones evolucionarán después hasta el cambio decisivo de la llamada “Era Axial” de la humanidad (hace entre 3.000 y 2.500 años), cuando se producirá una ruptura. Una de las primeras de estas nuevas religiones fue el zoroastrismo.

Las creencias persas fueron reorganizadas por el profeta, Zaratustra (Zoroastro) conforme a un estricto dualismo de principios del bien y del mal, luz y oscuridad, angeles y demonios. Esta crisis afecto profundamente no solo a los persas sino tambien la materia de las creencias hebreas, y, por lo tanto, siglos despues, al cristianismo. Representa un apartamiento radical de la mas usual representacion mitologica del bien y del mal como efectos procedentes de una unica fuente del ser que trasciende y reconcilia toda polaridad.

  Acaba entonces la visión holística de la humanidad, como parte del entorno natural, y surge la oposición entre humanidad y naturaleza. La distinción del “bien” humano, intolerante con el “mal” del instinto, puede llevar a la búsqueda del absoluto, abriendo una nueva dimensión de la existencia.

   Estas religiones de transcendencia absolutista (no hay retorno, ni ambigüedad, ni dualidad: solo la pureza definitiva a alcanzar en un futuro más o menos próximo), a la larga harán inútil la mitología y la naturaleza excepcional del héroe.

El héroe es el hombre de la sumisión alcanzada por sí mismo. Pero sumisión ¿a qué? Ése es precisamente el enigma que tenemos que proponernos y que constituye en todas partes la virtud primaria y la hazaña histórica que el héroe realizó. 

La travesía del héroe mitológico puede ser, incidentalmente, concreta, pero fundamentalmente es interior, en profundidades donde se vencen oscuras resistencias, donde reviven fuerzas olvidadas y perdidas por largo tiempo que se preparan para la transfiguración del mundo. Cuando esta hazaña se realiza, la vida ya no sufre desesperadamente bajo las terribles mutilaciones del desastre ubicuo

El horizonte familiar de la vida se ha sobrepasado, los viejos conceptos, ideales y patrones emocionales dejan de ser útiles, ha llegado el momento de pasar un umbral.

  Cuando el héroe –o el sabio, o el profeta, o el santo- descubra la naturaleza de lo trascendente nos habremos salvado todos… pero quizá el mundo deje de ser el mismo dentro del cual se han sembrado nuestras angustias primeras.

  Esta condición heroica trascendente, que emana del mito primitivo pero que va más allá, es lógico que despierte recelos. Cuando Sancho Panza le argumenta a Don Quijote que quizá la santidad de los humildes frailes procure mayor fama que las hazañas de los caballeros andantes, Quijote zanja así la cuestión: “muchos son los caminos por los que lleva Dios a los suyos al cielo: religión es la caballería; caballeros santos hay en la gloria”. Él prefiere la aventura…

Típicamente, el héroe del cuento de hadas alcanza un triunfo doméstico y microscópico, mientras que el héroe del mito tiene un triunfo macroscópico, histórico-mundial.

Los cuentos populares representan la acción heroica como física; las religiones superiores dan sentido moral a las hazañas

  ¿No podríamos encontrar una dicotomía parecida incluso en los superhéroes del cómic? Pero, al mismo tiempo, ¿no es inevitable que la existencia de lo uno haga inevitable la aparición de lo segundo? Los primeros héroes de las mitologías primitivas tanteaban la trascendencia en muchas de sus formas secundarias (belleza, sabiduría, paz de espíritu… y sobre todo el honor). Los últimos héroes, los héroes religiosos, alcanzarían la virtud definitiva, ya despojada de los espectáculos maravillosos, quizá por medios más ascéticos, más eruditos y austeros…

  En cualquier caso, la comunidad necesita del héroe para humanizarse más aún, para seguir juntos y solucionar sus angustias que nacen de las mismas contradicciones de la vida en comunidad.

El efecto de la aventura del héroe cuando ha triunfado es desencadenar y liberar de nuevo el fluir de la vida en el cuerpo del mundo.