miércoles, 15 de noviembre de 2017

“Fuera de carácter”, 2011. DeSteno y Valdesolo

   El libro de los psicólogos David DeSteno y Piercarlo Valdesolo “Out of character” parte de la impresión de extrañeza que muchas personas experimentan cuando un individuo al que caracterizamos por un determinado temperamento o posicionamiento ético se nos muestra como alguien en apariencia muy diferente, cuando nos sorprende lo que hasta entonces supuestamente permanecía oculto en su personalidad.

Cuando la gente actúa en una forma que viola nuestras expectativas y creencias acerca de su carácter, nosotros -como individuos y como sociedad- nos vemos con frecuencia fuertemente impresionados.

   Y esto es importante porque la sociedad funciona sobre todo a partir de las relaciones de confianza entre los individuos. Y de repente parece que ya no te puedes fiar de nadie…

El carácter –lo que [el diccionario] Webster define como “el conjunto de rasgos éticos y mentales que con frecuencia individualizan a una persona”- desde hace tiempo se ha considerado casi universalmente que es una estructura estable.(…) [Supuestamente] los rasgos del carácter son fijos y profundamente arraigados en la personalidad

  Sin embargo, mucha sabiduría ancestral trata de prevenirnos de las sorpresas que derivan de los cambios en los rasgos de carácter. El cristianismo, por ejemplo, no olvida que todos somos pecadores y que el mayor auxilio que puede prestarnos la divinidad es el perdón y la comprensión ante nuestras debilidades. Tal vez esta agudeza psicológica haya hecho bien a la sociedad, pero el caso es que seguimos sorprendiéndonos…

Si usted cree que el carácter es fijo, tiene que aceptar que un instante de comportarse “fuera de carácter” es una de estas dos cosas: un suceso aberrante (como el acto heroico de [un despreciado vagabundo]) o una ventana a la verdadera pero aún oculta naturaleza de una persona (como la indiscreción [sexual de un político muy estimado]). 

Cambios sutiles en el entorno o en el contexto pueden llevarnos a cualquiera de nosotros a ser tanto santos como pecadores

  Partimos de un estereotipo para juzgar el carácter, y lo damos por fijo y estable.  Lo que suceda a partir de ahí va a ser siempre influenciado por nuestra visión inicial, por nuestra tendencia a caracterizar a todo individuo desde el primer momento. Y no es que nuestra constitución psicológica sea estúpida al confiarnos a lo que se podría llamar “la primera impresión”: en realidad, la determinación de un carácter o de un estereotipo obedece a una finalidad lógica.

Estereotipos y prejuicios parecen ser tan viejos como la misma civilización. Para haber soportado esta prueba del tiempo, debe haber algo en ellos que en ocasiones pueda ser adaptativo (…) Una razón fundamental para esta categorización instantánea es el deseo de la mente de predecir lo que es probable que suceda de forma inmediata

  Los prejuicios ahorran tiempo que puede ser vital… Aunque en nuestra refinada civilización hoy luchemos contra ellos, no deja de ser estadísticamente verdadero que cierto tipo de maleantes, por ejemplo, son fácilmente reconocibles por su aspecto…

  Más allá del prejuicio, sin embargo, encontramos las grandes verdades…

El carácter puede ser mejor comprendido no como un conjunto de rasgos fijos, sino más bien como un estado temporal –como un juego de tira y afloja, con intereses a corto plazo en un extremo e intereses a largo plazo en el otro

  DeSteno y Valdesolo atribuyen los cambios de carácter a una pugna constante entre los impulsos hedonistas y de autocontrol que se dan dentro de todo individuo (un poco como en la vieja fábula de la hormiga y la cigarra). El autocontrol exige un gran esfuerzo y no siempre está claro cuales son las compensaciones por éste.

  Para esclarecer cómo funciona este constante conflicto se nos ilustra con diversos experimentos de psicología social, y todo apunta en el mismo sentido: somos fácilmente influenciables, manipulables y nuestra capacidad de resistencia es limitada. Por ejemplo, se puede predisponer a un individuo para ser más o menos favorable a un determinado juicio moral simplemente deprimiéndolo al hacerlo ver un documental sobre temas desagradables o, en el sentido contrario, contándole un buen chiste.

Si algo tan aparentemente trivial como ver un breve video clip u oír un chiste puede alterar nuestros juicios morales, imagínense cómo de vulnerables somos a la manipulación deliberada por políticos o abogados

Sentarse junto a un pañuelo usado afecta tus juicios morales acerca de cuestiones que no tienen nada que ver, como el matrimonio gay o no ser activo en el reciclado [el sujeto dio juicios acerca de tales asuntos que eran poco acordes con los que son públicamente bien aceptados]. ¿Por qué? Porque ese sentimiento de asco puede afectar en la forma de moldear tus juicios (…) Los sentimientos de asco que genera el desorden priman el sistema intuitivo para sentirse asqueado por cualquier cosa que suceda después

  Sin embargo, no debemos equivocarnos tampoco en lo que se refiere al autocontrol del comportamiento. En muchas ocasiones el uso de la razón está también al servicio de intereses sesgados…

Cuando [en un experimento psicológico] impedimos la racionalización [del sujeto, al forzarlo a mantener la mente ocupada en otra cosa] (…), la hipocresía que observamos antes desapareció por completo. En un giro fascinante, esta vez la gente juzgó al acto de [obtener ventaja propia mediante hacer trampas](…) como moralmente objetable tanto cuando ellos lo cometían como cuando otros lo hacían.

  En este experimento en particular se había incitado a un sujeto  a hacer trampas durante una prueba escrita. La tendencia natural sería después ocultar la falta cometida, ser hipócrita, pero al forzar la distracción, la verdad salió a la luz porque falló el autocontrol que exige dar una excusa hipócrita, de forma parecida a como en el experimento anterior  (poner al sujeto junto a un pañuelo sucio) la distracción llevó a que fallara el autocontrol necesario para dar una respuesta “políticamente correcta” (o simplemente amable o considerada). En un caso, se trataba de un fallo en el autocontrol para llevar a cabo una buena acción (pública: emitir una opinión bien aceptada en la que a lo mejor no se cree mucho personalmente), en el otro caso, se trataba de un fallo en el autocontrol para llevar a cabo una mala acción (en secreto: ocultar hipócritamente que se ha cometido una falta).

   Hay muchas otras lecciones que podemos aprender de la experiencia de la psicología en todo este asunto. Por ejemplo, el sesgo en base al cual construimos nuestras simpatías.   En un experimento en el que se mostraban los rostros de supuestos candidatos políticos, se pedía a los sujetos que señalaran depreocupadamente cuáles tenían un aspecto que les parecía más agradable. Aquí se recurrió a una cuidadosa manipulación de la imagen.

La gente clasificaba como más honesto, moral, amable y demás, al candidato [electoral] cuya imagen había sido modificada con la suya propia –e indicaban que sería más probable que votaran por él

   Es decir, que la gente tiende a manifestar simpatía por rasgos o cualquier tipo de indicador que los confirme ante sí mismos.

  Un caso notable es el llamado “efecto Macbeth”

A participantes [en un experimento] se les solictió evocar un hecho no ético o escribir sobre un acto no ético, y más tarde adquirían más productos de limpieza que los participantes que no se sentían culpables –sus mentes intuitivamente exigían sentirse “limpias”

  (Esto podría estar relacionado con el origen evolutivo del asco: la repugnancia a los alimentos en mal estado que a lo largo de generaciones iría siendo seleccionada genéticamente pero asociada también con un sentido moral.)

  Otro sesgo grave no es tanto la afinidad externa, sino, simplemente, la peligrosa autoestima.

Tener un desmesurado sentido de superioridad moral con frecuencia da a la gente licencia para actuar menos moralmente en el futuro

    Todas estas tendencias pueden sorprendernos en un momento determinado y apartarnos de nuestro ideal de comportamiento. Un ideal marcado por quienes nos rodean. A este respecto, una de las manipulaciones más peligrosas y antisociales es la deshumanización. Y aquí se ha recurrido no a los experimentos de psicología social, sino incluso a la observación directa de la actividad cerebral.

Cuando la gente [en un experimento] vio imágenes de aquellos que pertenecían a lo que los sociólogos consideran grupos marginados extremos (tales como drogadictos y homeless, los que pensamos que son más diferentes a nosotros), las zonas [del cerebro] de categorización (las que están implicadas en hacer juicios sobre seres humanos) estaban tranquilas, mientras que se encendían las zonas que procesan objetos

    Encontramos, pues, que no se trata de una mera forma de hablar: la deshumanización parece incluso un hecho neurológico.

  Y, finalmente, la parte positiva. También podemos comprobar que la gratitud que experimentamos, e incluso la gratitud que manifestamos, tienen efectos prosociales en general.

[En un experimento] era precisamente la gente que se sentía agradecida a [alguien en particular que le había ayudado en una tarea] la que estaba mucho más dispuesta a ayudar a un extraño [no la persona en concreto que le había ayudado]. Cuanto más agradecida informaba la gente sentirse, más tiempo pasaba ayudando a la petición del extraño (…) Si recibimos un favor, nos sentimos agradecidos. Si nos sentimos agradecidos, correspondemos

  E incluso aquí cabe cierta preocupación en cuanto a que el optimismo y la felicidad a veces tienen sus desventajas

Sentirse feliz hace que la gente más probablemente sobreestime la posibilidad de sucesos positivos

  Pero también es cierto que la ingenuidad de las personas felices y bondadosas es algo que bien podemos permitirnos el lujo de consentir. Al fin y al cabo, si no fuera por la ocasional buena voluntad de los otros no podríamos confiar en nadie. Un entorno de personas optimistas y benévolas sería el más apropiado para que fueran poco a poco dejando de producirse esas dobleces, esas manifestaciones chocantes de personas que actúan “fuera de carácter” para perjuicio de todos.

domingo, 5 de noviembre de 2017

“Religión y antropología”, 2006. Brian Morris

Este estudio se [centra] específicamente en la antropología social de la religión (…) combinando (…) la interpretación de las creencias y prácticas religiosas, con un enfoque sociológico que sitúa la religión en su contexto sociohistórico

Este estudio [intenta] describir la diversidad de formas religiosas que se dan en todo el mundo como instituciones sociales (…)[situando] estas instituciones, ya [sean] tradiciones culturales, iglesias o movimientos, en su contexto sociohistórico específico,y (…) concretado principalmente no en los textos religiosos, sino en los estudios etnográficos

La religión es (…) esencialmente, un fenómeno social. La religión es una institución social, un sistema sociológico; y, por tanto, es mal comprendida cuando simplemente se la considera como una ideología o como un sistema de creencias

   Normalmente, a la hora de abordar una cuestión tan compleja, profunda y equívoca como la religión, al científico social no le queda más remedio que elegir una de las dos opciones generales: la religión como causa o la religión como consecuencia.

    La consideración del “contexto sociohistórico” sugiere que es consecuencia. Está claro que las culturas evolucionan por las circunstancias del entorno, sobre todo las económicas. Pero, al mismo tiempo, de todas las instituciones sociales afectadas por los cambios del entorno, es siempre la religión la más significativa. De hecho, sabemos que un cambio ha sido profundo y que tendrá consecuencias por cómo cambia la religión en una cultura determinada. La caracterización más marcada en una comunidad extensa de individuos –una nación, un pueblo- suele ser su religión, y la mayor resistencia a los  cambios derivados del cambio en el entorno, la mayor capacidad de supervivencia de una cultura como tal cultura específica ante los nuevos desafíos, la encontramos siempre en su religión.  Sabemos que una cultura ha cambiado verdaderamente sobre todo porque su religión ha cambiado, y muchas veces es el cambio que mueve todos los demás cambios, porque una vez vencida la resistencia que presenta la religión los demás factores se mostrarán cada vez más dóciles. Por lo menos, en las civilizaciones históricas…

[Hay] dos funciones básicas de la religión, la trascendental (preocupada del bienestar a largo plazo y los fines últimos de la salvación) y la pragmática (centrada en asuntos terrenales y problemas personales o locales)

    Las religiones “pragmáticas” (la que recurre a sacrificios al dios para tener una buena cosecha, por ejemplo) son las propias de las culturas más tradicionales –o primitivas-. Esas culturas se hayan de alguna forma estancadas en procesos de cambios rápidos pero no decisivos que van y vienen por caminos ya trillados… y de los cuales sus participantes no son conscientes porque no suelen tener memoria exacta del pasado. No conocen la historia. Son prehistóricos.

La mejor manera de describir el chamanismo es como un complejo de diversas creencias y prácticas dentro de una religión y no como una religión en sí mismo

   Muchos estudiosos han considerado que el chamanismo es el origen de la religión. ¿Es posible que antes de que el chamanismo complementara la religión no hubiese religión? Está claro que la brujería y la creencia en los seres sobrenaturales está en el origen cognitivo del ser humano, puesto que tales fenómenos se dan en todas las culturas conocidas. Se trata de una consecuencia social de la superstición, que puede definirse en general como la atribución sistemática de falsas causas a muchos de los efectos que se producen entre la totalidad de sucesos que se dan en el medio humano (para el individuo rara vez es tolerable que queden fenómenos sin ser explicados). Y es fácil hacer creer a un individuo supersticioso que ciertas personas son capaces de utilizar en su provecho egoísta las fuerzas de lo sobrenatural –de lo inexplicado.  

El brujo (…) es la encarnación del mal en África

Los melanesios no establecen una distinción radical entre religión y magia –el empleo de poderes ocultos con propósitos instrumentales-

 
En circunstancias normales la detección de la brujería y las contramedidas son la principal ocupación de los adivinos

  Así que, a la vista de este panorama de las creencias a partir de la etnografía, podríamos hacernos a la idea de que algo parecido a la religión habría comenzado a surgir de la urgencia de crear contramedidas para la brujería. 

  Incluso en una religión moderna como el Islam persiste la idea de los espíritus malignos

Los espíritus [jinn] tienen una justificación espiritual y son mencionados en el Corán. Estos espíritus, de carácter antropomórfico, son considerados como esencialmente malignos. El hecho de que en último término se los considere como bajo el control de Dios lleva (…) a pensar que indican el carácter ambiguo de la divinidad

    Frente al caos tenebroso y peligroso de la magia y la brujería, las primeras religiones habrían ofrecido cierto amparo y seguridad. Y las cosas ya no quedan ahí.

El término vudú (…) significa espíritu, deidad o “fuerza mística”: esto claramente significa que el culto vudú ha de verse positivamente como una forma de religión, más que como un sistema de magia

  Estas religiones primitivas pero ya más desarrolladas pueden documentarse en la etnografía mediante el estudio de las religiones sincréticas de los antiguos esclavos africanos en América… un buen ejemplo de la persistencia de la cultura propia mediante la religión.

La participación en el candomblé  procura a sus devotos (…) una sensación de orden, significado, esperanza y control en lo que de otro modo constituye un modelo de persistente adversidad y marginalidad socioeconómica y política.

  Una vez la sociedad cuenta con una institución tan simbólicamente poderosa como es la religión, su utilidad pronto va mucho más allá de combatir la brujería. La religión sirve para cohesionar la sociedad a fin de alcanzar fines comunes. La religión sirve para asentar principios éticos cada vez más avanzados que garanticen la seguridad de los individuos y promuevan la cooperación eficiente.
 
Como entre [algunos pueblos tradicionales] no hay autoridades diferenciadas investidas de poder (…) la conformidad con las convenciones culturales está asegurada, o al menos estimulada, por su santificación mediante el ritual. De manera que la santidad es (…) una alternativa funcional al poder político.

  Aunque Brian Morris tiene claro que el origen de la religión está en un determinado contexto social, al mismo tiempo acepta que estos fenómenos locales dan lugar a invenciones culturales que los trascienden.

En un sentido no desdeñable los sistemas religiosos más importantes –el islam, el budismo, el hinduismo, el africano, el melanesio- son fenómenos regionales, por más que puedan tener tendencias universalizadoras. 

 La religión se convierte en una especie de escuela del comportamiento ético. Las primeras religiones podían proporcionar cohesión social al enfrentarse a la malignidad (igual que se obtiene cohesión social de la lucha contra cualquier enemigo común o para alcanzar cualquier objetivo económico común), pero las religiones más evolucionadas proporcionan algo más: la posibilidad de superar los impulsos antisociales dentro del grupo… y finalmente dentro de la misma psique individual.

  Observemos cómo coexisten dentro de la religión hindú  actitudes religiosas diferentes: por una parte, la menos evolucionada del sacrificio al dios como forma de pedirle amparo, por la otra, la que implica el autocontrol de la agresividad mediante los sacrificios incruentos y los rituales éticos, antiagresivos (no violencia y vegetarianismo).

La tradición brahmánica insiste mucho en la no violencia, el vegetarianismo y la puja o los rituales devocionales. (…) Sin embargo (…) a pesar de la oposición a este tipo de ritual, el sacrificio de animales sigue practicándose profusamente en la India y constituye un aspecto importante del hinduismo popular.  (…) Los dioses mismos reflejan en sus relaciones la estructura del sistema de castas (…) El [dios] Aiyanar (…) es un dios vegetariano puro, mientras que su sirviente Karuppan, el dios negro, es consumidor de carne y se le propicia mediante sacrificios sangrientos.
 
   Hasta hoy, la mejor invención cultural a partir de la religión han sido las llamadas “religiones compasivas” que enseñan las difíciles estrategias del comportamiento antiagresivo y gratificantemente cooperativo. Primero el budismo, y después el cristianismo

La pobreza, el celibato y la no violencia constituyen (…) los tres rasgos esenciales de la vida monástica [budista], pero significativamente, a diferencia de lo que sucede con la mayoría de monjes cristianos, no se hace ningún hincapié en el trabajo manual ni en la obediencia. 

  Sin compartir estas ideas, Brian Morris refleja opiniones que apoyan la idea de trascendencia cultural de la religión

[Según Rappaport] es la religión, y no las relaciones empíricas de las personas con el mundo natural, la que ha constituido la base sobre la que la vida humana se ha erigido desde que los humanos son humanos
 
Rappaport define lo sagrado como un concepto discursivo que implica certeza absoluta

 
  Y, por otra parte, la influencia de la religión en la vida cotidiana no debe exagerarse

Yo me inclino (…) a pensar, como Clifford Geertz, que nadie, ni siquiera los místicos o santos ni los sacerdotes católicos, vive en el “mundo” que los símbolos religiosos operan durante todo el tiempo, y que la mayoría de los humanos lo viven solo en determinados momentos, o en ninguno en absoluto

    Quizá la religión pueda avanzar más allá de las religiones compasivas. Dado que contamos con precedentes de religiones ya más o menos ajenas al mundo de lo sobrenatural –budismo, taoísmo, confucionismo-, podrían también elaborarse otras religiones más allá del mundo de lo tradicional que sean más completas en tanto que compendio coherente y actual de estrategias psicológicas de la prosocialidad.

  De lo que este trabajo de base etnográfica nos informa es, sobre todo, de la evolución de las religiones como fenómenos con utilidades muy diferentes, pero de su omnipresencia, cuando menos, como manifestación cultural trascendente que motiva a una sociedad y cuya cohesión fomenta y que, por lo general, reverencia el mundo de lo asombroso y sobrenatural. Asombrarse primero, porque sin el asombro inicial no pueden surgir las respuestas emocionalmente pujantes posteriores.

miércoles, 25 de octubre de 2017

“El enigma de la razón”, 2017. Mercier y Sperber

  Los autores de este libro tratan de desmitificar la razón y lo logran en buena medida. Pero con ello lo que consiguen también es que tengamos una visión mucho más razonable de lo que es la razón.

Mientras que comúnmente se considera la razón como el uso de la lógica, o al menos algún sistema de normas que expande y mejora nuestro conocimiento y decisiones, nosotros sostenemos que la razón es mucho más oportunista y ecléctica y que no se atiene a normas formales. Sugerimos que el principal papel de la lógica en el razonamiento puede ser retórico: la lógica ayuda a simplificar y esquematizar los argumentos intuitivos, subrayando y con frecuencia exagerando su fuerza. 

  La gran importancia que damos a la razón proviene de que de ella esperamos orden, justicia y progreso. A la razón atribuimos el desarrollo humanista, es decir, el cambio social que ha permitido incrementar la eficiencia de la cooperación entre los seres humanos, pero…

rechazamos la visión intelectualista de que la razón ha evolucionado para ayudar a los individuos a obtener mejores inferencias, adquirir mayor conocimiento y tomar mejores decisiones.(…) La razón (…) evolucionó como una respuesta a los problemas que se encuentran en la interacción social más que en el pensamiento solitario. La razón cumple dos funciones principales. Una función es ayudar a resolver un problema importante de coordinación al producir justificaciones. La otra función ayuda a resolver un importante problema de comunicación al producir argumentos.

  En suma, la razón es un fenómeno que procede de la que es la característica más específica de la condición humana: nuestra capacidad para las relaciones sociales. Al argumentar mediante la razón, tratamos de apelar a la lógica a fin de convencer a la otra parte.

  Esto implica que razón y lógica no son la misma cosa

Lógica y razón se han disociado, y la misma razón ahora parece estar rota en pedazos

  Examinemos las debilidades de la lógica del razonamiento:

No sería del todo equivocado (…) decir que la psicología del razonamiento se ha convertido en buena parte en la psicología del experimento de Wason (…) Solo el 10 % de los participantes [en el experimento] hacen la elección correcta

  Lo que nos dice el experimento de Wason es que nuestra capacidad de razonar no está basada del todo en la lógica. Un computador sencillo nunca falla esta prueba y el 90% de las personas sí.

  ¿En qué falla la razón para ser lógica?

Las respuestas de la gente al experimento de Wason están basadas no en el razonamiento lógico sino en intuiciones de relevancia: le dan la vuelta a las cartas que parecen intuitivamente relevantes

  A primavera vista, las intuiciones parecen ineficientes, pero en realidad suelen basarse en heurísticas –reglas superficiales y simples para la toma de decisiones- que son muy prácticas, mientras que la lógica no lo es tanto, y no lo es porque exige demasiado tiempo y esfuerzo el que no queden cabos sueltos.

La cognición, en sentido amplio, consiste en obtener inferencias sobre la forma en que son las cosas, qué esperar y qué hacer 

Las inferencias (…) son posibles por la existencia de regularidades en el mundo

  Detectar mediante la lógica las regularidades y determinar lo que son las cosas, qué esperar y qué hacer es tremendamente complejo. Los problemas habituales del Homo Sapiens no se dan con el esquematismo de experimentos como el de Wason, y es por eso que el cerebro humano está diseñado para recurrir a la intuición.

Los procesos [intuitivos] son atajos heurísticos que, en las circunstancias ordinarias, llevan al juicio correcto. En las situaciones que no son estándar, sin embargo, producen respuestas erróneas y sesgadas.

   El juicio intuitivo es más rápido, más práctico, más adaptado a nuestra experiencia y situación convencional. En el estilo de vida del Homo Sapiens originario (el cazador-recolector que hemos sido durante la evolución que nos diseñó genéticamente) eran casos excepcionales aquellos en los que la intuición o la heurística resultaban ineficientes. En esos casos excepcionales es cuando tenemos que usar la lógica… y se dan con mucha más frecuencia en nuestra forma de vida civilizada de lo que se daban en la prehistoria.

  Para colmo, cuando pretendemos utilizar la lógica lo que usamos es el razonamiento, que solo formalmente obedece a la lógica, y que, como se expondrá más adelante, puede ver viciados sus argumentos por el sesgo del individuo. Así de complicado es.

   Pero, por otra parte, si no fuera tan complicado el uso lógico del razonamiento… ¿no habría tardado mucho menos la civilización en alcanzar los niveles de avance actuales?

No todo razonamiento es bueno  (…) pero todo razonamiento debería ser y pretende ser lógico. El mal razonamiento es el razonamiento que intenta ser lógico pero no lo logra. 

Evaluar las razones de otros es únicamente relevante para decidir en quién confiar y cómo conseguir coordinación.

   Desarrollar la lógica mediante el razonamiento es difícil. Estamos predispuestos, por el contrario, a defender nuestros intereses, es decir, a emitir juicios sesgados. Para contrarrestar este fenómeno conflictivo –el sesgo, el prejuicio que dificulta la lógica de la razón- la mejor solución suele ser facilitar de razonamientos enfrentados lo mejor arbitrados posible…

No negamos que la razón puede traer grandes beneficios intelectuales, como ilustra el caso de la ciencia; al contrario, explicamos cómo lo hace: mediante la interacción con otros.

  La interacción es la que permite desarrollar un razonamiento lógico porque corrige el inevitable sesgo del razonador solitario, es decir, la tendencia a manipular la lógica para favorecer el prejuicio, por muy inteligente que uno sea y muy habituado a usar la lógica que uno esté. Para ilustrar esto, Mercier y Sperber nos dan un magnífico ejemplo. Thomas Jefferson fue uno de los grandes teóricos ilustrados a favor de las libertades individuales. Pero era al mismo tiempo propietario de esclavos… La esclavitud era rechazada intuitivamente por todos los individuos que estaban comprometidos con la libertad. Sin embargo, la actitud de Jefferson al respecto, la actitud de uno de los ilustrados más intelectualmente capacitados, fue la de encontrar justificaciones lógicas (pero sesgadas, afectadas por el prejuicio) a la esclavitud.

Algunos de los contemporáneos de Jefferson encontraron que estaba más allá de su habilidad encontrar una justificación para poseer personas. Washington liberó a sus esclavos y los dotó en su testamento. Franklin los liberó en vida. Parece que uno “no puede encontrar una razón para todo lo que uno quiere hacer” –a menos, quizá, que uno sea tan inteligente como Thomas Jefferson

  Es decir, la capacidad de usar la lógica permitió a Jefferson encontrar argumentos a favor del prejuicio racial. Hoy calificaríamos de “falaz” ese tipo de lógica, pero en el siglo XVIII no era tan fácil como hoy refutar los argumentos raciales (que fueron los que utilizó Jefferson para apoyar sus intereses más egoístas). En cambio, la intuición humanista, de raíz cristiana, lograba mejores resultados que la razón.

  De ahí que los autores desconfíen de la racionalidad solitaria, al viejo estilo de los filósofos griegos. En su lugar, defienden la confrontación de argumentos y contraargumentos. El mejor razonador solitario, en cualquier caso, sería el que es capaz de adoptar puntos de vista opuestos.

A diferencia de los razonadores típicos, los abogados con frecuencia argumentan posiciones que personalmente no defienden. Su “bando” es el del cliente que los emplea. Encontrar argumentos para una posición que no apoyamos, o incluso con la cual estamos en desacuerdo, es difícil. Exige habilidad y entrenamiento

  El que la razón haya acabado obteniendo los relativos triunfos que a este respecto observamos en la civilización actual se debe principalmente a que se han combinado diversas estrategias de razonamiento lógico.

Cuando el razonador no tiene una clara preconcepción [de las cosas que juzga] el sesgo particular se mantiene al margen y la razón puede ser la guía de la elección del razonador, presumiblemente para mejor. Quizá es a partir de tales casos que han nacido las creencias sobre la eficiencia de la razón en la mente de los filósofos. 

Aprender a razonar es, en buena medida, aprender a anticipar contraargumentos(…) La mejor solución [para aprender a razonar mejor] podría ser exponer a la gente a más contraargumentos –para hacer que la gente argumente más.
 
Los científicos –en el mejor de los casos- parecen estar esforzándose por la verdad, no por la aprobación de una audiencia en particular. Sugerimos que de hecho su razonamiento aún busca argumentos que tratan de convencer, pero que la audiencia que es su objetivo es grande y particularmente exigente. Si alguien halla un contraargumento que convence a la comunidad científica, el argumento del científico es desechado. El científico no puede permitirse apelar a las inclinaciones de un juez o jugar con la ignorancia de la ley de un jurado [como un abogado]. Sus argumentos deben tener por objeto la validez universal –en un universo compuesto por sus pares.

  Y hay otro elemento a tener en cuenta: con independencia de la necesidad que tenemos de convencer a los otros de nuestros puntos de vista, la razón existe porque aparentemente encontramos cierto estímulo psicológico para razonar.

¿Por qué debería ser, para algunas personas al menos, una deseable experiencia el resolver acertijos, pensar sobre paradojas o mirar cómo otras personas argumentan? Aquí, una vez más, son relevantes las consideraciones evolutivas. La operación de muchos mecanismos evolutivos requiere energía, tiempo y esfuerzo para que cumplan su función, pero el beneficio que se alcanza puede no ser percibido por el organismo, o al menos no lo suficiente como para motivar el esfuerzo. El principal beneficio biológico del sexo es la reproducción, pero los animales (incluyendo los seres humanos, durante la mayor parte de su historia) no son conscientes de que el sexo produce descendencia. Los fuertes deseos y el placer sexual han evolucionado para motivar a los animales a copular.

  De forma parecida, encontramos placer en argumentar y razonar. Y en salirnos con la nuestra, claro.

  Finalmente, como tantas veces sucede en la evolución, se llega a los grandes descubrimientos haciendo uso de mecanismos evolutivos que surgieron con otro fin. Ya hemos visto que razonamos no para hallar la verdad, sino para convencer a otros… pero esto nos ha permitido, por evolución, desarrollar un creciente racionalismo cada vez más objetivo, en el sentido de la buena ciencia moderna. De forma parecida, nuestra capacidad para la cognición nos permite explotar y modificar información para operar con ella en “ámbitos impropios”

Los módulos cognitivos evolucionados están típicamente adaptados para procesar información que pertenece a un ámbito dado y para extraer inferencias específicas de ello. Llamamos a tal ámbito el “ámbito propio” de un módulo cognitivo. En el ámbito propio de un módulo de evitación de las serpientes, por ejemplo, están presentes las serpientes. En el ámbito propio de un módulo de lectura de la mente están los estados mentales de la gente con la cual el individuo está o puede estar interactuando. (…) [Pero en ocasiones] no hay forma de que el entorno actual corresponda exactamente al ámbito propio. Los errores en la detección son inevitables. (…) La no correspondencia entre los ámbitos reales y propios de los módulos son una abundante fuente para el desarrollo de ideas, prácticas y artefactos culturales

    Por ejemplo: instituciones básicas en el desarrollo civilizatorio como la religión y la moralidad han surgido de forzar diversos esquemas cognitivos a ámbitos impropios. La superstición surge de la necesidad de determinar cualquier tipo de relaciones de causa y efecto que tranquilicen nuestra angustia ante lo desconocido. La acumulación de supersticiones fuera de su ámbito propio (los fenómenos inexplicables en el momento que suceden sería el ámbito propio, pero la especulación infinita acerca de causas y efectos imaginarios llevaría la superstición a ámbitos impropios) dio lugar al desarrollo de la magia y más tarde de la religión. El cambio constante del entorno devino en que las religiones se convirtiesen, muy probablemente, en un factor esencial en el desarrollo moral y social. Igualmente, el instinto de vinculación por parentesco llevado a ámbitos impropios ha dado lugar a los sentimientos de hermandad y amor al prójimo entre personas no emparentadas.

  En suma, al desmitificar la razón, comprendemos mejor las posibilidades futuras de esta capacidad…

sábado, 14 de octubre de 2017

“Cultiva la felicidad”, 2013. Rick Hanson

  El psicólogo y terapeuta Rick Hanson ha escrito un libro acerca de ciertas estrategias para promover una vida feliz y armoniosa en el mundo de hoy. Cualquier hallazgo en esta línea siempre será bienvenido.

Este libro es sobre una cosa simple: el poder oculto de las experiencias positivas de cada día para cambiar tu cerebro –y en consecuencia tu vida- para mejor (…) Trata acerca de transformar experiencias en mejoras duraderas en tu red neural

  La antigua sabiduría ya tenía en cuenta algunas de estas estrategias, y ahora se profundiza en ellas gracias, en buena parte, a los descubrimientos de la psicología.

La actividad neuromental repetida deja cambios duraderos en la estructura neural: es lo que se llama la neuroplasticidad dependiente de la experiencia

  “Actividad neuromental” es lo que hacemos simplemente pensando, observando, juzgando, recordando. Pero solemos hacerlo con determinados “estilos de pensamiento”: con pesimismo u optimismo, con desconfianza o benevolencia, con despreocupación, con irritabilidad…   Estos estilos de pensamiento pueden renovarse, innovarse y finalmente perderse por desuso, como sucede con los ejercicios musculares. La experiencia de la repetición frecuente es la que asienta un estilo determinado, mientras que

las conexiones [neurales] menos activas se marchitan en un proceso llamado a veces darwinismo neural: la supervivencia del más atareado

  Uno puede tomar buenas costumbres a partir de experiencias positivas. Pero no siempre tenemos a mano suficientes experiencias positivas, así que lo inteligente es sacar el mayor partido posible a las que tengamos. A veces estarán alejadas en el tiempo y tendremos que recordarlas. Incluso a veces tendremos que recurrir a la imaginación si hemos de inventarlas para disponer de ellas. Pero siempre valdrá la pena.

En esencia lo que harás con las prácticas de este libro es simple: convertir las buenas experiencias de cada día en una buena estructura neural. Más técnicamente: activarás estados mentales y después los instalarás como rasgos neurológicos (…) Al hacer esto, estarás superando el sesgo de negatividad: el cerebro es bueno en aprender de las malas experiencias, pero malo en aprender de las buenas

  Es muy importante tener en cuenta el “sesgo de negatividad”: por instinto de supervivencia tendemos siempre a ponernos en el peor de los casos, a desconfiar y a ponernos a la defensiva… Para conseguir que los demás hagan lo que se les pide o exige, se suele decir que les pueden hacer marchar a palos u ofreciéndoles zanahorias. Ése es el trato que solemos recibir del entorno, social o no (amenaza o incentivo), y se suele opinar que lo primero es lo que más nos afecta…

Desde un punto de vista de la supervivencia, los palos tienen más urgencia e impacto que las zanahorias. Si fallas en conseguir una zanahoria hoy, tendrás otra oportunidad de conseguir otra mañana, pero si fallas en evitar el palo hoy, entonces no habrá nunca más zanahorias (…) [Por eso] reconocemos los rostros furiosos más rápidamente que los felices (…) El sesgo de negatividad se inclina hacia la supervivencia inmediata, pero contra la calidad de vida, las relaciones pacíficas y plenas, y la salud mental y física duraderas. Éste es el sistema por defecto propio del cerebro de la Edad de Piedra

  Pero ya no estamos en la Edad de Piedra. Vivimos en una época de abundancia material gracias a la tecnología. Hay para todos… si nos ponemos de acuerdo en distribuir lo mucho de lo que se dispone, y por eso, hoy en día, el principal obstáculo a la felicidad es nuestro propio comportamiento egoísta, agresivo y desconfiado. Por ello, si nos acostumbráramos a comportarnos de forma benevolente, amable e inteligente, todos nos beneficiaríamos, mientras que en la escasez de la Edad de Piedra el egoísmo y la rapacidad valían mucho más la pena.

  Debido a este sesgo de negatividad con el que hemos nacido, que está en nuestros genes, resulta que “acostumbrarse” a nivel neuromental a la cooperación, la benevolencia, la generosidad y el afecto requiere cierta ejercitación. Puede conseguirse.

La ciencia de la neuroplasticidad dependiente de la experiencia muestra que cada persona tiene el poder de cambiar su cerebro para mejor

  Hay formas sencillas... y también podemos acumularlas y complicarlas para hacerlas más efectivas.

Este libro trata acerca de hacer crecer tus fuerzas internas mediante experiencias positivas, lo que viene a ser “instalar” la felicidad [en nuestras mentes]

Tomando el lado bueno de las cosas, te haces más capaz de afrontar lo malo

Cuando introduces las buenas experiencias en tu cerebro –cuando construyes el sentido de ser apacible, satisfecho y amado- tu bienestar se hace cada vez más incondicional

  Entrenar el cerebro para la felicidad y la bondad. Magnífica idea, no especialmente nueva, pero que ahora queda demostrada mediante experimentos de psicología social. Y si se añaden técnicas organizadas podríamos obtener un mayor rendimiento de tales estrategias.

Con habilidad y esfuerzo, creamos estados mentales benéficos. Cada vez que esto sucede, es bueno en el momento. Sin embargo, en la mayor parte de los casos, no tomamos consistente y sistemáticamente los segundos extra para instalar estas experiencias en el cerebro. 

  Porque el cerebro tiene sus reglas: vivir una experiencia es una cosa, pero almacenarla adecuadamente para que nos sirva a efectos de la “neuroplasticidad” es una cosa diferente.

Para comprender estas ideas (…) las he destilado en cuatro simples pasos (…): tenga una experiencia positiva. Enriquézcala. Absórbala. Enlace el material positivo y negativo de modo que lo positivo alivie,  y entonces reemplace lo negativo 

  Mientras más experiencias positivas tengamos, obviamente mejor. Y cuando las tengamos, sean pocas o muchas, hemos de sacarles el mayor partido.

Enriquecer [una experiencia positiva es] estar con la experiencia positiva de cinco a diez segundos, o más tiempo.(…) Alentar suavemente la experiencia para que sea más intensa. Hallar algo fresco o nuevo sobre ello. Reconocer cómo es de personalmente relevante

  Pequeños trucos que todos podemos relacionar con nuestras vivencias sentimentales…

Recogía un pequeño objeto del jardín y lo ponía en mi bolsillo. Cuando comenzaba a sentir la incómoda ansiedad, sostenía el objeto, recordando cómo me sentía en el jardín.

Puedes también usar tu “cine” interior para imaginar hechos buenos que nunca han sido reales. En el fondo del centro de memoria emocional de tu cerebro, las experiencias imaginadas construyen estructuras neurales mediante mecanismos similares a los que usan las experiencias vividas verdaderas (…) Tú sabes qué es verdad. Tú solo lo sufres menos.

  Los trucos pueden llegar más lejos. Particularmente en el caso de lo que se propone de “enlazar” lo negativo con lo positivo. Veamos un ejemplo:

[Cuando era niño] mi abuela era cruel y [una vez] me había expulsado fuera de la casa y me dijo que las vacas del vecino me iban a comer y otras historias absurdas que me aterrorizaban. Yo mantuve en la mente de forma repetida la experiencia adorable de mis perros saltando sobre mí y lamiéndome con amor incondicional, mientras también recordaba ese momento doloroso con mi abuela. ¡Funcionó! Ahora no puedo pensar en mi abuela sin pensar en mis perros. El viejo recuerdo se difumina reemplazado por alegría y amor. Éste es el cuarto paso de tomar el lado bueno de las cosas: al enlazar lo negativo y lo positivo están inyectando directamente “medicina” a lo que anda mal en tu mente, en la red neural donde están arraigados el dolor y el desasosiego. Este enlace puede parecer exótico o arriesgado pero en realidad es natural (…) Primero, tienes que ser capaz de retener en la mente dos cosas a la vez. Segundo, no te puedes permitir a ti mismo ser dominado por el material negativo. En consecuencia, recomiendo que no uses este método para el agujero negro central del trauma (…). Tercero, necesitas mantener el material positivo como más prominente. De lo contrario podrías ser sometido por la negatividad.


  Alguien podrá preguntarse si estas estrategias son tan efectivas como el autor –un terapeuta- presume. Bueno, tal vez no funcionen siempre, ni de la misma manera ni a todo el mundo por igual, pero nos aportan ideas y parecen prometedoras. El que tenga una idea mejor, que la proponga… La propuesta de Hanson, de “cultivar lo bueno” o “la felicidad” resulta comprensible, da mucho de sí…y no olvidemos que va en el mismo sentido que la conocida terapia cognitivo-conductual.

Muchos estudios demuestran los beneficios de la terapia cognitiva centrada en el cambio de pensamientos para mejor.

  De lo que se trata, en suma, es de asumir que podemos participar en nuestra propia transformación de la personalidad. Siempre existirán pautas innatas insuperables, pero haciendo uso de buenas estrategias, de un entorno que podamos modificar y del apoyo de nuestros semejantes es razonable esperar que obtengamos buenos resultados.

Cada uno de los sistemas operativos de tu cerebro tiene esencialmente dos modos: de respuesta y reactivo (…) Cuando te sientes satisfecho, tu sistema de recompensas por aproximación cambia a su modo de respuesta, con sentimientos tales como gratitud, alegría, satisfacción y contento.  (…) En el modo de respuesta, te enfrentas a los desafíos sin que causen estrés. (…) [Por el contrario] el modo reactivo asume que hay exigencias urgentes, así que no se preocupa por tus necesidades a largo plazo. (…) Los recursos del cuerpo [se lanzan mediante] la adrenalina y el cortisol a través de la sangre, y el miedo, la frustración y la ira inundan tu cerebro (…)  Estas dos maneras en las cuales opera el cerebro, de respuesta y reactivo (…) son el fundamento de la naturaleza humana

  Conocer estas pautas generales de la conducta –ya vimos antes el sesgo de negatividad- nos ayuda a prevenir actuaciones propias que más adelante habríamos de ver como inadecuadas. El modo de respuesta en general supone una buena actitud a cultivar, tanto como la construcción de “cultivar lo bueno” o como el tener en cuenta la existencia muy prosocial de la alegría altruista

Alegría altruista, la felicidad por la buena fortuna de otros

  O la distinción importante entre deseos y pulsiones

La gente puede (…) querer desear algo sin que le guste, como los que he visto manejando la máquina tragaperras una y otra vez en el casino sin que parezca que se preocupen si da resultado o no. 

  Es posible, por tanto, utilizar la razón para cultivar los mejores sentimientos y la mejor conducta. Lo mejor para uno mismo y para otros. Que se quede esto en la terapia psicológica de consumo o podamos hacer uso de ello más allá, un poco al estilo de las viejas religiones moralistas, dependerá de muchos factores en el futuro. Y el principal de esos factores es el conocimiento objetivo.

jueves, 5 de octubre de 2017

“Mujeres después de todo”, 2015. Melvin Konner

Este es un libro con un argumento muy simple: las mujeres no son iguales a los hombres; son superiores en muchas formas, y en la mayor parte de las que contarán en el futuro. No es solo un asunto de cultura o educación, aunque ambas cosas juegan su papel. Es un asunto de biología y del ámbito de nuestros pensamientos y sentimientos influenciados por la biología

  No es el primer libro que se escribe acerca de la superioridad femenina en el contexto de nuestra civilización (anterior es "The Natural Superiority of Women", de Montague Francis Ashley-Montagu, de 1953). Para algunos, este tipo de punto de vista resulta un poco humorístico, y sin embargo es también útil a la hora de afrontar la aún difícil tarea de conseguir la igualdad entre sexos (especialmente grave en las llamadas “naciones del tercer mundo”). Otros no lo verán así, pero algunos datos parecen incontrovertibles.

Además de la superioridad de la mujer en juicio, su confianza, fiabilidad, ecuanimidad, el trabajar y jugar limpio con otros, una relativa libertad para desviar sus impulsos sexuales y niveles más bajos de prejuicio, intolerancia y violencia las hacen biológicamente superiores.

  En un sentido general, tenemos que admitir que esto es cierto.  Si bien se han cometido y se siguen cometiendo bastantes errores a la hora de destacar las pautas de comportamiento innatas que son propias de hombres y mujeres.

Juzgando a partir de recientes metaanálisis –sofisticados sumarios estadísticos de muchos estudios- la mayoría de las “diferencias entre sexos” en los que puede pensar la mayoría de las personas no son siquiera reales, y mucho menos están basados en la biología. Pero los hallazgos han sido siempre más consistentes en la agresión, el cuidado mutuo y la sexualidad.

   Nada más fácil de comprender que el que la cooperación entre los seres humanos es lo que permite la civilización y que, por tanto, la agresividad masculina, sobre todo, supone un estorbo en términos prácticos. La agresión masculina no solo tiene que ver con las reacciones emocionales individuales. También está relacionada con la forma más peligrosa de agresividad humana: la agresión entre grupos, el sesgo endogrupal

Los hombres son más xenófobos y etnocéntricos que las mujeres, más inclinados a deshumanizar a los grupos extraños y a usar palabras animales sobre ellos, y más dispuestos a hacer sacrificios para castigarlos. (…) Los hombres tienen un umbral más bajo que las mujeres para poner en marcha conflictos intergrupales

    Y hay más:

Los varones son diferentes. Los dos rasgos [distintivos más notorios] son la violencia y la sexualidad impulsiva.

  Aunque la sexualidad impulsiva parezca algo no tan malo como la violencia, también aporta inconvenientes antisociales.

Los hombres han demostrado tener deseos sexuales más intensos y frecuentes que las mujeres, tal como reflejan los pensamientos espontáneos sobre sexo, frecuencia y variedad de las fantasías sexuales, de los deseos frecuentes de relaciones sexuales, del número de parejas deseable, masturbación, gusto por variadas prácticas sexuales, voluntad de tomar la iniciativa en el sexo, de iniciarlo y no de rechazarlo, de hacer sacrificios por sexo y otras medidas. No ha habido estudios con resultados opuestos –ni uno solo que indique mayor motivación sexual en la mujer que en el hombre. En un típico estudio, el 90% de los hombres, pero solo la mitad de las mujeres, sintieron deseo sexual al menos unas cuantas veces por semana

  La búsqueda de placer sexual en el hombre es problemática en tanto que suele suponer, lógicamente, una fuerte motivación para comportarse de forma egoísta (por ejemplo, en la violación). El placer propio no se comparte y por ello con frecuencia nos lleva a utilizar al otro como medio para un fin privadísimo e intransferible...

    A partir de estos rasgos innatos se han creado tradiciones culturales que los alimentan, de modo que masculinidad y feminidad en un sentido social pueden desarrollarse de forma muy diversa.

Algunas familias [en una población rural poco desarrollada] tenían pocas chicas para hacer las tareas [tradicionales de chicas] y se las encargaban a los chicos. En observaciones estándar, estos chicos mostraban menos agresión y autoritarismo, más altruismo y menos dependencia que los chicos a los que no les habían asignado tareas de chicas, cambiando su comportamiento al de las chicas. En particular, los chicos que habían hecho mucho trabajo cuidando de bebés mostraban mucha menos agresión (…) La biología determina que los chicos sean más agresivos y menos altruistas incluso antes de la pubertad, [pero] estas predisposiciones son en adelante moldeadas por la experiencia, educación y expectativas

  Así que podría decirse que, en cierto modo, el cambio evolutivo más prosocial tuvo lugar a lo largo de la historia a medida que “comportamientos femeninos” –o, mejor dicho, no específicamente masculinos- fueron predominando. No parece una mala idea considerar los cambios en la condición social de la mujer a lo largo de la historia como especialmente significativos.

Las mujeres de Atenas no tenían personalidad legal (…)[Mientras que] las mujeres romanas eran oficialmente ciudadanas.

Es revelador considerar la profunda historia de la monogamia, que parece en último término haber mejorado el estatus de la mujer, aunque no automáticamente

El posicionamiento de la cristiandad surgió de la antipoliginia grecorromana, pero a medida que el cristianismo progresó, así lo hizo Europa, y porque Europa conquistó el mundo, la monogamia es ahora la norma en su mayor parte. En otras palabras, ha sido en parte una casualidad histórica

  Puede ser discutible que se trate de una casualidad. Más bien parece que la liberación de las mujeres es paralela a otras liberaciones, y que todo ello se debió de articular, probablemente, con la difusión de doctrinas por el estilo de la liberación del alma individual, una e indivisible en cada uno de los seres humanos. Estas ideologías igualitarias, por otra parte, religiosas o no, parecen a su vez haber surgido como consecuencia del aumento de población, la frecuencia de intercambios entre grupos de individuos extraños y el desarrollo económico.

  En resumen, Melvin Konner considera que el futuro de un mundo en el que las mujeres tendrán cada vez más responsabilidades parece bastante prometedor. Se recuerda, por ejemplo, que no solo las mujeres cometen menos delitos violentos, sino que incluso, una vez las mujeres han comenzado a tener responsabilidades económicas de todo tipo, también juegan más limpio en tales coyunturas.

Pocas mujeres cometieron fraude independientemente, sacando provecho de sus roles [directivos] en compañías financieras

  Se podrían añadir algunos cosas a este análisis. Para empezar, queda por ver si el modelo social y económico en el cual las mujeres están siendo liberadas será aquel que las mujeres preferirán cuando tengan capacidad para elegir sus propios modelos económicos y sociales.  Al fin y al cabo, han sido los hombres los que han diseñado nuestra civilización, y no se ve por qué las mujeres tienen que conformarse con ser generosamente invitadas a integrarse en ella cuando es muy posible que sus propias tendencias den lugar a fórmulas sociales diferentes. En el libro, por ejemplo, se habla de la importancia de que las mujeres alcancen puestos ejecutivos en las grandes corporaciones, pero ¿y si resulta que tal sistema económico materialista y competitivo no es el preferido de las mujeres en base a sus peculiaridades de comportamiento?

  En el libro tampoco se analiza en profundidad la cuestión de la llamada “plasticidad erótica femenina”, aunque sí se menciona que en las mujeres existe una relativa libertad para desviar sus impulsos sexuales y al hacerlo se especula con algunas posibilidades futuras. Si es cierto que el deseo sexual de la mujer puede ser mucho más fácilmente moldeado –desviado- por el entorno, esto podría representar una amenaza gravísima para el sexo masculino, ya que sería viable la creación de un entorno social autosuficiente y universal diseñado por las mismas mujeres.

¿Podría nuestra evolución futura eliminar a los varones, manteniendo conexiones sexuales solo femeninas?

   Encuestas recientes hablan de una escalada que parece imparable en la frecuencia de relaciones lésbicas que se da en las naciones donde las mujeres han tenido mayor acceso a la independencia económica y a la educación, y una psicóloga nada sospechosa de radicalismo, Helen Fisher, escribe nada menos que "Unos dos tercios de mujeres heterosexuales se sienten sexualmente atraídas por otras mujeres". ¿Qué ocurriría entonces si las niñas dejasen de ser educadas en el sentido de que, para  integrarse socialmente y hallar la plenitud emocional y sentimental, las mujeres deben mantener exitosas relaciones sexuales y afectivas con hombres? A lo largo de la historia las mujeres han sido educadas  o bien para ser castas, o bien para vivir en matrimonios polígamos, o bien para someterse a las decisiones de sus padres a la hora de contraer matrimonio... y estos sistemas han sido bastante estables, lo que en buena parte coincide con el concepto de “plasticidad erótica femenina”. No es disparatado pensar entonces en entornos en los que las niñas y jóvenes puedan ser educadas para conexiones sexuales solo femeninas quizá complementadas con esporádicas relaciones heterosexuales -¿a modo de práctica deportiva ocasional y discrecional, como un “deporte de riesgo”?- y con fórmulas de vida familiar complejas y flexibles más acordes con la vivencia femenina de la maternidad.

  Finalmente, a la hora de especular alegremente acerca de un futuro en el que las mujeres podrían ser autosuficientes por completo (reproducirse a sí mismas, incluso recurriendo a la partenogénesis), habría que plantearse qué interés tendría ese tipo de humanidad en prolongar su existencia, una vez se halle liberada de las constricciones que impone la naturaleza. La continuidad de la especie ha dependido siempre del deseo masculino en mantener relaciones sexuales con las mujeres, lo que hacía inevitable los embarazos, a lo que se sumaba el instintivo amor maternal que permitía que los bebés no murieran por abandono. Ambas fuerzas instintuales también podrían ser neutralizadas y/o reemplazadas en el futuro.

  Especular acerca de un mundo en el cual las buenas cualidades prosociales del sexo femenino tendrían el control es también hacer futurismo con todo lo que ello implica. Es posible que una humanidad pacífica y racional decida autoextinguirse apaciblemente si logra satisfacer las necesidades de sus últimos individuos sin que ello implique dar lugar a descendencia alguna. Pero supongamos que la humanidad tuviera una razón para existir, una finalidad o misión a cumplir (¿cuál podría ser?), en tal caso, hay pocas dudas de que la masculinidad sería un lastre para alcanzar tal fin.  Así que, si bien lo más probable es que “la humanidad no sirva para nada”, si, en todo caso, sí “sirviera para algo”, sería entonces el varón el que no serviría para nada…

lunes, 25 de septiembre de 2017

“Yanomamö”, 1992. Napoleon Chagnon

  Como bien afirma Edward O Wilson en el prólogo del libro, este “Yanomamö” del antropólogo Napoleon Chagnon se ha convertido en un clásico (en realidad, se trata de la versión corregida y ampliada de un libro anterior, “The Fierce People”- "el pueblo feroz”).

  Es un clásico por varios motivos: por la extensión y minuciosidad del estudio de la sociedad tradicional de los yanomamö a lo largo de casi tres décadas, por lo contundente de sus conclusiones (los yanomamö serían un pueblo cuya cultura está fundamentalmente condicionada por la agresión y la guerra) y por la encendida polémica que ha dado lugar.

Elegí [estudiar] la guerra al comprender que ésta era la principal preocupación de los yanonamö y que afectaba a todo lo que hacían. Mis primeros estudios fueron de naturaleza muy distinta: qué comían y cuánto comían.(…) [Pero] en la zona de mi estudio, al menos una cuarta parte de los varones adultos ha muerto por causas violentas. 

Algunos antropólogos culturales no creen que la guerra haya tenido nunca una importancia significativa en nuestro pasado evolutivo (…) De ahí que en determinados casos se vean obligados a ofrecer todo tipo de explicaciones  para justificar la violencia o la guerra, la más común de las cuales es que allí donde hay guerra, ésta ha sido introducida por poblaciones foráneas. 

   Ya desde hace unas décadas nos encontramos con un debate público que va mucho más allá de las controversias académicas de antropólogos y psicólogos sociales, un debate que puede trasladarse a todo tipo de cuestiones humanistas: el debate entre “rousseaunianos” y “hobbesianos”. Los “rousseaunianos” –por ejemplo, los marxistas- consideran que la naturaleza humana es pacífica y armoniosa, y que en el principio existía una especie de paraíso primitivo que fue después corrompido por instituciones extrañas como la religión, la jerarquía y la propiedad privada; los “hobbesianos” –por ejemplo, Napoleon Chagnon… y Sigmund Freud- consideran que la naturaleza humana es agresiva y que precisamente la causa principal de la evolución cultural y civilizatoria es controlar esta agresividad en la medida de lo posible.

  Chagnon, desde luego, no olvida señalar al

mito del buen salvaje, esa ingenua visión del hombre primitivo tan querida por los antropólogos moralmente correctos.

 E incluso apunta que

la mayoría de los antropólogos aplicados que trabajan con los yanomamö consideran que solo deben recopilarse y publicarse los datos “políticamente correctos” (…) Me parece paternalista esa actitud que postula que las personas inteligentes no sentirán simpatía o desearán ayudar a los yanomamö porque a la postre estos tienen los mismos defectos sociales, emocionales y políticos que nosotros.

  El pueblo de los yanomamö se compone de una extensa comunidad de aldeas en las selvas del alto Orinoco, en los territorios más recónditos de las repúblicas sudamericanas de Venezuela y Brasil. Como son bastante numerosos, han sido estudiados por muchos observadores, y Chagnon los considera característicos del “hombre en estado de naturaleza”. Ciertamente, en sus costumbres y forma de vida recuerdan a otros pueblos tradicionales de Nueva Guinea o África Central. Con todo, al lector atento puede sorprenderle que, más que cazadores-recolectores estrictos, sean agricultores semi-sedentarios (trasladan sus poblados y huertos con relativa frecuencia) y que sus poblados pueden superar el “número de Dunbar” –ciento cincuenta individuos como máximo- que se considera propio de la demografía de las hordas de cazadores-recolectores. Pero en lo demás, los hábitos cinegéticos, la simplicidad de tecnología y religión, y la compenetración con la naturaleza, sí que parecen corresponder con bastante aproximación a la imagen clásica del “hombre prehistórico”.

  ¿Por qué son violentos los yanomamö?

De vez en cuando surgen rencillas entre tribus a partir de conflictos individuales. La sospecha da paso a acusaciones de brujería.

Los niños son invitados a ser fieros, y rara vez se les castiga por pegar a sus padres o a las niñas indefensas de la aldea.

Pegar a una mujer con un garrote es una demostración de poder que no entraña demasiados peligros para el hombre, a menos que la mujer tenga hermanos agresivos en la aldea que acudan en su auxilio. Parecía importante para los hombres demostrar sus dotes violentas maltratando a una mujer, pues con ello enviaban a otros hombres el mensaje de que exigían ser tratados con circunspección, cautela e incluso deferencia.

La mayor parte de las luchas entre aldeas tiene su origen en cuestiones sexuales 

  La verdad es que en estos párrafos y en otros parecidos encontramos un panorama que no es extraño que indigne a quienes luchan porque el mundo preserve el estilo de vida ancestral de los Yanomamö. Y lo más chocante es que el mismo Chagnon también opine que

los yanonamö (…) son esencialmente como cualquiera de nosotros, pues la condición humana es universal. (…) Los guerreros yanonamö (…) guerrean para proteger y defender a su pueblo. (…) Para casi todo el mundo, incluidos los yanonamö, la guerra es repugnante, y todos preferiríamos que no existiera (…) Si pudiéramos librarnos de la gente mala no habría ninguna guerra.

¿”Gente mala”?, ¿”defender a su pueblo”? Por lo que nos cuenta sobre los yanomamö, siendo la guerra y la agresión su estilo de vida, con rencillas y venganzas que parecen generarse más bien gratuitamente y que se prolongan durante generaciones, la impresión que producen es una dinámica social por el estilo de la teleserie de “Los Soprano”. Porque no parece existir una diferenciación clara entre la guerra y las reyertas personales. El nexo es, claramente, la solidaridad familiar: hermanos, padres e hijos, tíos, sobrinos y primos se ven constantemente implicados en luchas cuyo origen, por lo que parece relatar Chagnon, se encuentra en acciones individuales.

Varios niños murieron en la aldea de los bisaasi-teri. Los chamanes del poblado empezaron a sospechar que sus vecinos lanzaban maleficios en secreto (…) [Un visitante de la tribu vecina es asesinado en el poblado por uno de los bisaasi-teri], varias mujeres llevaron su cadáver hasta su aldea natal. Comenzó así la guerra

  Chagnon comenta que se trata de individuos en particular que comienzan la reyerta, sobre todo para ganar prestigio como “fieros”. El grupo respalda al agresor y las sucesivas venganzas ya resultan imparables.

  De hecho, no se nos aclara cómo se viven estas situaciones desde el punto de vista del juicio moral, lo que supone una sorprendente laguna en un libro que es obra de alguien que habla la lengua yanomamö a la perfección y ha llegado a intimar mucho con estos hombres. Por ejemplo, cuando enumera las tácticas de agresión entre grupos menciona

[la] traición, conocida  como (…) estrategia ruin (…) la máxima modalidad de violencia entre los yanomamö

  De hecho, la narración inicial del asesinato –no podría llamarse de otra manera- del invitado cuya tribu era acusada de brujería, es un claro caso de traición. Al visitante se le ofrece comida por hospitalidad, y mientras la consume alguien lo mata atacándolo por la espalda. Lo asombroso –de Chagnon- es que no se hace el menor comentario al respecto sobre si esta acción era merecedora o no de reprensión por parte de los otros hombres de la aldea. Aparentemente no. Entonces ¿cómo puede decirse que la guerra es vista por los yanomamö como indeseable, y causada por culpa de la “gente mala”?

  Además, aparte de lo ya mencionado sobre la educación para la ferocidad de los niños y los malos tratos a las mujeres, tenemos importantes apuntes sobre la conducta cotidiana de los hombres yanomamö –las mujeres son menos agresivas-

Me resultó de lo más difícil aprender a convivir con sus incesantes, encendidas y a veces agresivas demandas (…) Los yanonamö no aceptaban un no por respuesta a menos que mi negativa se hiciera con la misma pasión y agresividad (…) Para llevarme bien con los indios tuve que intentar ser como ellos: un poco ladino, agresivo, amenazante y avasallador. (…) Buena parte de su intimidación estaba calculada para determinar mi umbral de tolerancia o desesperación.

  Al igual que en las comunidades del hampa (o los cuerpos militares de élite…), los recién llegados parecen ser forzados a pasar por ritos de iniciación que incluyen el afrontar abusos y provocaciones a los que se ha de responder demostrando determinación y capacidad para una “amenaza creíble”; después, para evitar la autodestrucción del grupo de individuos agresivos, se establecen normas de honor, así como ciertas costumbres familiares y tradiciones funcionales de la vida económica y de alianzas de fuerza, pero

muchos yanomamö violan las normas, especialmente aquellas por las que se rigen las relaciones de parentesco y el matrimonio

[Un hombre] no dudaría en violar [las normas] si en algún momento estas se interpusieran en su camino, en el sentido de incluir en la categoría de mujer casadera a quien en realidad no le correspondiera tal lugar (…) En la cultura yanomamö un hombre puede actuar de este modo con éxito y confianza solo si está en condiciones de defender su quebrantamiento de la norma, lo que en buena parte depende de lo creíbles que resulten sus amenazas: de su fiereza.

  ¿Llevan viviendo así miles de años? Es interesante entonces observar con más detalle los límites a la violencia que existen entre ellos. Que una tercera o una cuarta parte de los varones acaben muriendo en reyertas (y que todos exhiban notorias cicatrices de sus peleas, de las que se muestran muy orgullosos) puede parecer una cifra incluso moderada dado tal estado de cosas. Pero si los yanomamö han perdurado es porque han controlado sus pérdidas hasta cierto punto. Probablemente hubo tiempos aún peores…

Los yanomamö sienten pavor ante la idea de convertirse en caníbales, como si creyeran que los seres humanos tienen una predisposición inherente que puede llevarlos a devorar a otros miembros de su especie, una acción que para ellos es repugnante, pero también una posibilidad muy real que ha de combatirse en todo momento (…) Comer animales que se han convertido en mascotas domésticas (…) equivale para los yanomamö a un acto de canibalismo (…) Nada desagradaba más a los yanomamö que mis comentarios  sobre el consumo de animales domésticos, como vacas y ovejas

  Algunos controles son de tipo grupal: si una aldea es atacada, entonces tienen que encontrar aliados que impidan a los enemigos destruirlos por completo

Han desarrollado modelos de alianzas destinados a limitar los conflictos (…) [Pero] la mayoría de las alianzas termina por resquebrajarse. La amistad da paso a la hostilidad

  Y a nivel individual

Las tres formas de violencia más inocuas –los puñetazos en el pecho, los golpes en el costado y los duelos con garrote- permiten a los contendientes expresar su hostilidad y quedar en términos relativamente pacíficos pasado el combate. La cultura yanomamö fomenta las conductas agresivas, pero también proporciona un marco para mantener esa agresividad bajo control.

  Además, tienen jefes, si bien la jefatura carece del autoritarismo jerárquico que a nosotros nos es familiar, lo que, por una parte, parece incluso amable, ya que el jefe

se limita a dar buen ejemplo, y los otros lo siguen si les parece oportuno, aunque también pueden no hacerle caso, pero siempre recurren a él cuando se encuentran en una situación difícil.

  Sin embargo, quizá un jefe más enérgico podría evitar los abusos de las normas, limitar la agresión traicionera del que compromete a toda la aldea en una guerra contra los vecinos o tratar de moderar la raíz agresiva del comportamiento cotidiano ¿Sólo la autoridad poderosa puede moderar la violencia de todos contra todos? Eso es lo que pensaba Hobbes…

    Un detalle interesante es que Chagnon encontró ciertas diferencias entre los yanomamö que vivían en las montañas –un medio económicamente más pobre- con respecto a los que vivían en el llano

Muy pocos hombres en las montañas son (…) individuos que han participado en la matanza de otros hombres. (…) [Por otra parte,]  la vida en estas zonas resulta mucho más dura (…) [Son] refugiados que han huido de comunidades mayores para buscar seguridad en las tierras altas y escarpadas, donde la vida es más difícil pero la estabilidad política es mayor y los conflictos menos frecuentes. Estos grupos son más reducidos, menos violentos y más amables; cuentan con menos guerreros e inferiores porcentajes de poligamia, mujeres secuestradas y muertes violentas
 
    (La mención a la poligamia es importante, pues Chagnon considera probado que el guerrero más agresivo se ve socialmente recompensado al conseguir más mujeres y por tanto más descendencia: éxito reproductivo de los violentos)

  Esto contradice la teoría de que es la pobreza la que embrutece a los individuos en la lucha por los recursos. Chagnon asegura –aunque no es del todo convincente- que los yanomamö cuentan con comida más que suficiente, y que incluso apenas dedican tres horas diarias de promedio al trabajo. ¿Cuál sería entonces el origen de la extraordinaria violencia entre los yanomamö, si no tiene que ver con la escasez de recursos?  Lo que se insinúa es que, simplemente, los yanomamö son representativos del estado de naturaleza humano y que lo excepcional no es la violencia, sino el control de ésta.

   ¿Es la vida del hombre en estado de naturaleza una especie de infierno? Tal vez no: desde un punto de vista filosófico, quizá la violencia no sea lo peor de todo. Chagnon encuentra cosas positivas entre los yanomamö desde cualquier punto de vista, como la riqueza de su vida sexual, el contacto con la naturaleza, las fiestas e incluso un rasgo que a todos nos parecerá positivo: el amor a los niños. Pone como ejemplo cierta ocasión en que un hombre iba a acompañarlo en un viaje que parecía interesarle mucho.

[Su hijo pequeño] empezó a llorar y despertó el instinto paternal (…)  Cogió en brazos a su hijo “No puedo ir contigo. [Mi hijo] me echará de menos y se pondrá triste”

  Esta fuerza del amor filial compensa en parte la ausencia del amor romántico entre hombre y mujer, cuya existencia no consta a Chagnon. Y tampoco parece saberse nada de otras invenciones culturales más modernas, como el perdón, la reconciliación y la amistad y la hospitalidad incondicionales.  Esta aparente pobreza de las cualidades que solemos calificar de propiamente “humanas” ¿implica que los yanonamö no solo son “tradicionales”, sino también “primitivos”, en el sentido absoluto del término?

viernes, 15 de septiembre de 2017

“La maldición de la autoconsciencia”, 2004. Mark R. Leary

El “yo” se refiere al aparato mental que permite a la gente (y a unas pocas especies de animales) pensar conscientemente sobre sí mismos

  Pensamos, luego existimos. Nada es más importante que nuestra propia existencia, y sin embargo, el origen de la existencia del “yo“ autoconsciente en el Homo Sapiens se encontraría en resolver algunos problemas prácticos de la vida cotidiana de nuestros lejanos antepasados cazadores-recolectores y no tanto en realzar el valor de nuestra propia existencia.

Un animal con un “yo” puede crear representaciones mentales de sí mismo, lo que le permite pensar sobre sus propias características y comportamientos

Es posible que la principal función del “yo” sea proporcionar una forma de que la gente supere sus inclinaciones automáticas

  Si nuestra existencia consciente es la que da valor a nuestras vidas (porque nosotros mismos somos los que la valoramos), ¿cómo se puede llegar a decir que la autoconsciencia es una “maldición”? ¿No equivale eso a decir que es una maldición el haber nacido? Pero el psicólogo y neurocientífico Mark R Leary se refiere a otra cosa…

Comparados con las metas a corto plazo de nuestros antepasados prehistóricos, muchos de los resultados por los cuales luchamos hoy están situados muy lejos en el futuro (…) Debido a que las condiciones bajo las cuales vive la gente hoy son muy diferentes de aquellas bajo las cuales evolucionó la autoconsciencia, el beneficio que ésta proporciona se encuentra ahora acompañado por numerosos inconvenientes. (…) El “yo” es como los sistemas corporales que controlan la alimentación humana. La inclinación natural por el azúcar y las grasas que facilitaron la supervivencia de los humanos prehistóricos se ha convertido en un detrimento de la salud de las personas que viven en una sociedad que puede fácilmente obtener grandes cantidades de dulces y grasas en el supermercado o en un restaurante barato (…) Este libro es sobre el lado negativo –la maldición- de tener un “yo” autoconsciente en la vida moderna

Los humanos prehistóricos que vivían en un entorno limitado y conocido estaban probablemente menos perturbados por la autorreflexión que la gente de hoy. Con poca razón para mirar más allá de un par de días por delante, nuestros antepasados prehistóricos no se preocupaban mucho por su futuro. (…) Quizá los “yo” autoconscientes de la gente de la prehistoria eran más una bendición y menos una maldición de lo que lo son los de la gente de hoy.

Comprender cómo el “yo” crea muchos de nuestros problemas puede proporcionarnos importantes perspectivas acerca de la naturaleza de la condición humana y ofrecernos soluciones acerca de cómo podemos contraactuar muchos de los efectos negativos de la condición autoconsciente

    Uno de los peores efectos sería el de la “charla interior” cuando alcanza el estado de “rumiación”, cuando gira de forma insistente acerca de hechos lamentables pasados e irremediables… Para algunas personas, esto supone una tortura.

La mayor parte de la charla interior de la gente no le ayuda a anticipar problemas, afrontar dificultades o mejorar la cualidad de sus vidas. Ciertamente, la charla trata sobre todo con problemas del pasado y futuro, pero raramente esta clase de rumiación realmente ayuda a la gente a mejorar sus vidas

  La presencia constante de esta voz interna que nos retrotrae al pasado y especula, a veces muy fantasiosamente, acerca de nuestro futuro, es un fenómeno tan característico de nuestra existencia autoconsciente que cierto estudioso ha presentado una atrevida especulación al respecto:

Según [Julian] Jaynes, la gente de antes de 1000 ac [Era Axial] estaba de hecho “hablándose a sí misma” en sus mentes de la misma forma que se hace hoy; pero simplemente no lo sabían. No teniendo la capacidad de darse cuenta de que eran la fuente de las voces que oían en sus cabezas, llegaron a la conclusión razonable de que las instrucciones, ideas y avisos que recibían llegaban de fuentes externas

  De esa forma se explicaría en parte las creencias en seres sobrenaturales y su acción en la vida de los individuos, y cómo una percepción diferente habría llevado a innovadoras concepciones introspectivas de la religión (ya no se trataría de aplacar a las voces extrañas en nuestra propia cabeza, sino de comprendernos a nosotros mismos, que es algo muy diferente).

  Por todo ello, no ha de sorprendernos que la filosofía oriental haya tratado, por encima de todo, de acallar esta angustiosa inquietud…

Los sabios taoístas y budistas se dieron cuenta de que mucho del sufrimiento humano podía estar originado directamente en el “yo” autoconsciente

Las principales religiones orientales –hinduísmo, budismo  y taoísmo- así como muchas religiones indígenas, adoptan un punto de vista diferente [al de las religiones occidentales] para resolver el problema del “yo” autoconsciente. Más que intentar cambiar o controlar el “yo” como hacen las religiones occidentales, estas visiones del mundo intentan reducir los problemas creados por el “yo” al aquietarlo o incluso anularlo.

  No vendría mal considerar, en lo que se refiere a estas disciplinas en cierto modo de autoaniquilación, el que también

el masoquismo es, en el fondo, una forma de escapar del “yo” autoconsciente

  Sin embargo, la civilización que ha incrementado la capacidad del ser humano para controlar su entorno no ha ido por ese camino. Más bien parece que nos hemos adentrado cada vez más en la introspección: hemos desarrollado la literatura narrativa (novela), la psicología y el humanismo en general. Ciertamente, los males de la autoconsciencia, del “yo”, parecen evidentes –el estado de “flujo”, que tanta satisfacción proporciona, ¿no es una evasión de la autoconsciencia?- pero, al mismo tiempo, renunciar a la existencia autoconsciente nos resulta poco deseable… porque es precisamente lo que nos hace existir.

Si no podemos volver a una época anterior al “yo”, la única salida es hacia delante, a un estado de la mente en el cual usaremos nuestro “yo” cuando lo necesitemos, pero que no nos hará esclavos de cada capricho egocéntrico y egoísta. Podemos ser capaces de ir hacia un estado no egocéntrico al combinar con éxito (…) aquietar el “yo”, promover el ego-escepticismo, reducir el egoísmo y la actitud egodefensiva, y desarrollar un autocontrol óptimo.

Los cambios en cómo la gente intenta tratar el uno al otro [para mejor] reflejan la habilidad del ”yo” para juzgarse a sí mismo, imaginar un futuro mejor y controlar los impulsos más básicos de la gente. Irónicamente, el “yo” puede ser una de nuestras mejores armas contra el “yo”

  Entre los problemas que genera el “yo” autoconsciente y que el mismo “yo” autoconsciente podría ayudarnos a resolver tenemos unos cuantos que vale la pena enumerar:

La capacidad para autorreflexionar distorsiona nuestras percepciones del mundo, nos lleva a extraer conclusiones inexactas sobre nosotros mismos y otras personas, y así nos hace tomar malas decisiones basadas en información defectuosa

  La solución podría estar en intercambiar perspectivas con otros observadores en un marco de confianza… (Al fin y al cabo, existe también la teoría de que la autoconsciencia surge para lidiar con los problemas entre individuos dentro de una comunidad: aprender a tomar la perspectiva de los otros).

La ansiedad anticipatoria ante la muerte parece ser una característica únicamente humana

  Aquí una sugerencia va en el sentido de tratar este problema desde un punto de vista meramente práctico, como una fobia muy generalizada…

Uno debería reconocer lo absurdo de alimentar la propia infelicidad al reflexionar sobre el hecho de que uno no desea estar en un lugar determinado o que estar en otra parte sería mucho mejor

   La insatisfacción, al fin y al cabo, es el incentivo que nos permite superar los problemas y el conformismo no es tampoco lo solución. ¿Debemos conformarnos con hallar “el justo medio”? Quizá la solución sería buscar compensaciones a la infelicidad, de entre la gran riqueza de recursos en una sociedad bien organizada.

Visto desde la perspectiva de la teoría de la identidad social, mucho del prejuicio, discriminación y conflicto está basado en procesos por los cuales las personas piensan de ellas mismas como entidades sociales. A medida que la gente desarrolla su concepto de quiénes son, parte de su autodefinición incluye el grupo social y las categorías a las cuales ellos pertenecen. (…) Lo que la gente no llega a apreciar es el grado en el cual las categorías que acostumbran a usar para distinguirse ellos mismos de otras personas son en general irrelevantes y arbitrarias (…) El “yo” autoconsciente convierte diferencias objetivamente triviales en gigantescos abismos de separación

  El sesgo endogrupal es, junto con la agresividad y el miedo a la muerte, uno de los grandes problemas de la existencia humana. Pero en cierto modo es una renuncia al “yo”, pues éste debería ser individual y no grupal.

La gente trata a los otros a los que incorporan como parte de sí mismos de forma diferente a aquellos que no ven como parte de su propio “yo”

  Lo mismo se puede decir de esta cuestión: desplazar el propio “yo” a la existencia de extraños, vivir "por delegación" en otros, implica, en cierto modo, desdibujar el bien definido “yo” individual…

Las relaciones de la gente se ven afectadas por la preocupación de evaluarse a sí mismos favorablemente. Nuestra elección de amigos y parejas, y cómo reaccionamos al éxito de estos amigos y parejas, se ven afectados por nuestro propio deseo de sentirnos bien con nosotros mismos

  Y todo esto forma parte de otro grave problema, muy relacionado con el “yo”, pero no necesariamente con lo esencial de la autoconsciencia, que es el amor propio, y que Leary no aborda en su libro directamente, aunque sí que hace referencia al ego de las personas con “alta autoestima”.

La gente con alta –no baja- autoestima es más probable que se muestre violenta cuando su ego se siente amenazado (…) La agresión es una reacción a una discrepancia entre la autoimagen más favorable de uno y la visión aparente de uno mismo por parte de otros

    Hay algo original e incluso políticamente incorrecto en destacar que los egos violentos proceden de quienes tienen alta autoestima. Quizá no estuvieran entonces tan equivocados los mandatos cristianos acerca de la humildad. ¿Obra el humilde en contra de su existencia como “yo” autoconsciente? Pero el santo cristiano, a diferencia del santo budista o taoísta, no utiliza la humildad para evadirse de su autoconsciencia. Muy al contrario, el santo cristiano, al ser humilde, se centra en la propia percepción de una virtud autosuficiente que se construye a partir de la propia aceptación de su conciencia individual que busca ser objetiva, sin ocultar sus defectos y debilidades. Lo que combate la humildad no es el propio “yo”, sino la autoimagen más favorable de uno y la visión aparente de uno mismo por parte de otros, es decir, uno de los efectos negativos de la autoconsciencia. Quizá una conclusión que se podría sacar de esto es que el error de la autoconsciencia se encuentra en tratar de exportarla al mundo social. Propiamente, la existencia autoconsciente es un asunto privado, el más privado de todos, y la autoconsciencia solo debería compartirse en un entorno extraordinariamente limitado y controlado que fuese propio de la extrema confianza. Por ejemplo, el entorno que propone el “amor cristiano”… que es accesible solo a los humildes (para los cuales el ego no es socialmente conflictivo). Este tipo de entorno es una propuesta especialmente innovadora para la existencia humana, sobre todo si tenemos en cuenta que el hombre primitivo –el “hombre en estado de naturaleza”- apenas conoce la privacidad, mientras que para el humilde que cultiva su propia virtud prosocial la privacidad lo es todo: en el cristianismo, incluso el esclavo es el único dueño de su propia alma que solo responde ante Dios (una abstracción de la virtud suprema).          

  Por otra parte, en tanto que nos desarrollamos como individuos en sociedad, nuestra existencia se correlaciona con un rol que se atiene a reglas funcionales dentro de un grupo. Ahí no habría cabida para la autoconsciencia. Es solo en el plano íntimo en el que, desarrollando una idea de virtud simbólicamente expresada, el individuo puede y debe cultivar su existencia autoconsciente y, bajo especiales condiciones culturalmente construidas, darle gradualmente forma dentro de un entorno comunitario que permita la más alta cooperación a todos los niveles. Un ejemplo de ello actual serían las relaciones familiares vinculadas por fuertes lazos afectivos. Quizá el futuro nos permita descubrir formas más extensas y adaptables a la vida social. Conocer los efectos contraproducentes de una autoconsciencia mal expresada puede ayudarnos a ello.