jueves, 5 de marzo de 2020

“Ejercicios espirituales y filosofía antigua”, 2003. Pierre Hadot

  El filósofo e historiador Pierre Hadot nos cuenta que, para los antiguos, filósofo era quien buscaba la sabiduría, la virtud. Y que hoy no sería algo malo recuperar para los hombres y mujeres del siglo XXI los valores del “crecimiento espiritual” de aquellas gentes. Al fin y al cabo, eran personas como nosotros.

El estudio que nos ocupa no quisiera servir sólo para recordar la existencia de ejercicios espirituales en la Antigüedad grecolatina; más bien pretende precisar el alcance e importancia de este fenómeno y mostrar sus consecuencias para la comprensión del pensamiento antiguo y de la propia filosofía (p. 25)

   Los ejercicios espirituales eran la base de la enseñanza filosófica como progreso moral y hallazgo de la sabiduría. No la sabiduría de la tradición, sino la que, procediendo de la especulación inteligente y honesta, da lugar a enseñanzas prácticas que permiten alcanzar la virtud.

La verdadera filosofía es pues, en la Antigüedad, práctica de ejercicios espirituales  (p. 52)

Gracias a estos ejercicios debería accederse a la sabiduría, es decir, a un estado de liberación absoluta de las pasiones, a la lucidez perfecta, al conocimiento de uno mismo y del mundo (p. 50)

   Una filosofía, pues, diferente a la actual

Cuando la filosofía se convierte meramente en discurso filosófico sin vincularse o integrarse en una forma de vida filosófica padece una extrema alteración. La filosofía comienza entonces a parecerse a una disciplina de carácter fundamentalmente escolar y universitario, y el filósofo se transforma, según la fórmula de Kant, en «un artista de la razón» interesado tan sólo en la pura especulación  (p. 13)

    Más o menos coincidiendo en el tiempo con la época del Imperio Romano, la filosofía –sabiduría- clásica se desarrolla durante casi un milenio, de Platón hasta San Agustín y culmina en el periodo más breve –aunque aún prolongado- de la “Pax Romana”. El cristianismo podemos entenderlo como una herejía del judaísmo influenciada por estas enseñanzas de origen helénico.

  Platónicos, estoicos y epicúreos son las grandes escuelas que enseñan a encontrar un buen estilo de vida para el individuo. No se trata solo de hallar la felicidad, sino también de hallar la virtud: la plenitud personal al obrar por el bien común. El aprendizaje, como es de esperar, se basa en la ejercitación de habilidades.

Podría hablarse de ejercicios del pensamiento, ya que en tales prácticas el pensamiento es entendido, en cierto modo, como materia que intenta modificarse a sí misma. Pero la palabra «pensamiento» no expresa de manera suficientemente clara que la imaginación y la sensibilidad participan de forma importante en tales ejercicios. Por la misma razón, no nos satisface la denominación «ejercicios intelectuales», por más que los aspectos intelectuales (definición, división, razonamiento, lectura, estudio, amplificación retórica) jueguen papeles relevantes. «Ejercicios éticos» podría ser una expresión sin duda a considerar puesto que (…) los ejercicios en cuestión colaboran poderosamente en la terapéutica de las pasiones, incidiendo en la conducta vital. Y sin embargo esto nos sigue pareciendo un punto de vista demasiado limitado. (…) La palabra «espiritual» permite comprender con mayor facilidad que unos ejercicios como éstos son producto no solo del pensamiento, sino de una totalidad psíquica del individuo que, en especial, revela el auténtico alcance de tales prácticas: gracias a ellas el individuo accede al círculo del espíritu objetivo, lo que significa que vuelve a situarse en la perspectiva del todo (p. 24)

En [la] atención al instante presente reside de algún modo el secreto de los ejercicios espirituales. Libérate de las pasiones siempre provocadas por un pasado o un futuro que en absoluto depende de nosotros; facilita la vigilancia concentrándola sobre un breve instante, siempre dominable, siempre soportable en su exigüidad; por último abre tu consciencia a la consciencia cósmica, obligándote a descubrir el valor infinito de cada instante y aceptando cada momento de la existencia según la perspectiva de la ley universal del cosmos.  (p. 28)

   Para las mujeres y hombres de hoy, esta sabiduría occidental clásica nos recuerda los libros de autoayuda y a la psicoterapia, así que resulta en cierto modo algo moderno. También nos recuerda un poco al budismo. No es casualidad, porque la filosofía estoica sin duda se vio influida por las noticias que llegaban de la lejana India. Sin embargo, aquí no encontramos las técnicas del yoga. El concepto de “meditación” es otro.

Gracias a Filón de AJejandría disponemos de dos textos con listados de ejercicios. Uno y otro no coinciden exactamente, pero tienen el mérito de mostrarnos un panorama bastante completo de la terapia filosófica de inspiración estoico-platónica. Uno de estos textos cita el estudio (zetesis), el examen en profundidad (skepsis), la lectura, la escucha (akroasis), la atención (prosoche), el dominio de uno mismo (enkrateia) y la indiferencia ante las cosas indiferentes. El otro nombra las lecturas, las meditaciones (meletaz). La terapia de las pasiones, la rememoración de cuanto es beneficioso. El dominio de uno mismo (enkrateia) y el cumplimiento de los deberes. Con ayuda de ambos textos podemos reconstruir la lista de ejercicios espirituales estoicos analizando sucesivamente los siguientes grupos: en primer lugar la atención, después la meditación y la “rememoración de cuanto es beneficioso”, más tarde aquellos ejercicios de carácter más intelectual como son la lectura, la escucha, el estudio y el examen en profundidad, para concluir con aquellos ejercicios de naturaleza más activa como son el dominio de uno mismo, el cumplimiento de los deberes y la indiferencia ante las cosas indiferentes.  (p. 27)

  Si el yoga nos hace ser conscientes de la existencia excluyendo el pensamiento reflexivo, los estoicos van en sentido contrario.

La atención (prosoche) supone la actitud espiritual fundamental del estoico. Consiste en una continua vigilancia y presencia de ánimo, en una consciencia de uno mismo siempre alerta, en una constante tensión espiritual   (p. 27)

    El estoicismo se considera que era algo así como la religión oficial del Imperio Romano en el momento en que irrumpen las religiones moralistas de masas procedentes de Oriente (no solo el cristianismo y el judaísmo, también la religión egipcia de Isis y el culto a Mitra persa). De forma curiosamente semejante al confucionismo chino (¡que es de la misma época!) encontramos que las escuelas filosóficas que enseñan el camino de la virtud son objeto de estudio y se convierten en altamente influyentes pero solo entre las clases superiores, de modo que llegan al total de la población solo de forma indirecta.

En Plutarco podemos encontrar gran número de tratados que recuerdan a estos ejercicios: Del control de la cólera, De la tranquilidad del alma, Del amor fraterno, Del amor a los niños, De las habladurías, De la curiosidad, Del amor a las riquezas, De la falsa humildad, De la envidia y el odio. Séneca, por su parte, también compondría obras del mismo género: De la cólera, De las buenas acciones, De la tranquilidad del alma, De la ociosidad. Un principio extremadamente sencillo se aconseja siempre en este tipo de ejercicios: comenzar a ejercitarse con las cosas más sencillas para implantar progresiva y sólidamente el hábito  (p. 30)

  Los epicúreos también enseñan el buen vivir, aunque con sus peculiaridades.

Se comprende perfectamente que una filosofía como la estoica, que exige vigilancia, energía y tensión espiritual, estuviera compuesta antes que nada por ejercicios espirituales. Pero quizá resulte más sorprendente constatar que el epicureísmo, habitualmente considerado una filosofía tendente al placer, concede la misma importancia que el estoicismo a ciertas prácticas concretas que no son otra cosa sino ejercicios espirituales. Ello es así porque tanto para Epicuro como para los estoicos la filosofía consiste en una terapia: «Nuestra única preocupación debe ser curarnos” (…) El sufrimiento de los hombres proviene de su temor ante cosas que no deben temerse y de su deseo de cosas que no es preciso desear, y que les son por lo demás negadas. (…)Se encuentran así privados del único y auténtico placer, el placer de ser. (…) La ética epicúrea libera de los deseos insaciables diferenciando entre deseos naturales y necesarios, entre deseos naturales y no necesarios y entre deseos ni naturales ni necesarios (…) Como en el estoicismo, deben asimilarse, meditándose «día y noche», breves sentencias o resúmenes que permitirán tener siempre “a mano" los dogmas fundamentales (…) [Por ejemplo] el cuádruple remedio: «Los dioses no son temibles, la muerte no es una desgracia, el bien resulta fácil de obtener y el mal sencillo de soportar (…) La contemplación del mundo físico, la representación del infinito, elemento capital de la física epicúrea, provocan una transformación total en la manera de percibir las cosas (el universo clausurado se dilata hasta el infinito) y un placer espiritual de primer orden (…)  Es necesario más bien apartar nuestro pensamiento de la visión de las cosas dolorosas y fijar nuestra mirada en los placeres. Hay que revivir el recuerdo de los placeres pasados y gozar de los placeres presentes  (p. 31)

   Y los platónicos

Separar el alma lo más posible del cuerpo y acostumbrarla a concentrarse y a recogerse en sí misma, retirándose de todas las partes del cuerpo, y viviendo en lo posible tanto en el presente como después sola y en sí misma, desligada del cuerpo como de una atadura, tal es el ejercicio espiritual platónico.  (p. 40)

Después de Platón, las escuelas estoica, epicúrea y neoplatónica tratarán no tanto de convertir la ciudad como a los individuos. La filosofía deviene entonces, en esencia, en acto de conversión.  (p. 179)

   Es evidente que las grandes religiones populares de origen oriental encontraron atractivos muchos de los planteamientos filosóficos imperantes entre las clases altas. Y esto incluía el control del comportamiento desde una actitud virtuosa. Esto suponía actuar en la sensibilidad íntima del individuo tanto como en su dimensión social. Y, muy importante también, actuar sobre comportamientos aparentemente nimios, conscientes de cómo estos pueden influir indirectamente en la actitud moral más elevada.

Plutarco, por ejemplo, aconseja para remediar la curiosidad no leer los epitafios de las tumbas, no espiar a los vecinos, no detenerse a mirar los espectáculos callejeros. Del mismo modo Doroteo [autoridad cristiana] aconseja no mirar hacia donde uno quisiera, no preguntarle al cocinero lo que está preparando y no unirse a una conversación. Es a esto a lo que Doroteo denomina supresión de la voluntad  (p. 72)

  De lo que se trataba era de facilitar la convivencia estimulando la virtud. El problema era que no todos tenían tanto tiempo ni medios económicos (libros, pedagogos) como los miembros de las clases altas. Con todo, los ejercicios espirituales de los filósofos cumplieron su función al asentar comportamientos de virtud y darles una forma precisa.

El tono afectivo y el contenido conceptual de tales ejercicios eran de lo más diferentes, según la escuela de que se tratara: movilización de la energía y sometimiento al destino entre los estoicos, serenidad y desapego entre los epicúreos, concentración mental y renuncia al mundo sensible entre los platónicos. (…)Los medios utilizados abarcan técnicas retóricas y dialécticas persuasivas, intentos de control del lenguaje interior, concentración mental. La finalidad que pretenden tales ejercicios y, en general, todas las escuelas filosóficas consiste en la realización y mejora de uno mismo  (p. 48)

  Aunque hoy contamos con libros de autoayuda y abundantes psicoterapeutas, no tenemos una ideología concreta de la virtud que reciba el apoyo público y oficial con el que en su época contaron las enseñanzas de Séneca o Epícteto. Existía entonces un cierto catálogo de obras, autores y enseñanzas concretas. Hoy ese tipo de enseñanzas son consideradas triviales.

La filosofía implica conversión, transformación del modo de ser y de vivir, búsqueda de la sabiduría.  (p. 249)

La modernidad tiende a considerar lo bello como una realidad al margen del bien y del mal, mientras que por el contrario para los griegos esta palabra, aplicada al individuo, implica normalmente un valor moral  (p. 253)

  Esa neutralidad, ese desinterés al margen del bien y del mal, contrasta con el compromiso moral público de la Antigüedad. Eso no es una ganancia. Entonces un hombre podía presumir de ser virtuoso. Hoy solo se presume de no ser un delincuente y pagar los impuestos.

La idea de sabiduría debe encontrarse en la base de la filosofía, al igual que la idea de santidad en la base del cristianismo  (p. 313)

  Sin santos ni filósofos, el mundo actual está regido por una legislación moral meramente punitiva. Nadie enseña a vivir. Vagamente, tenemos el ideal humanista de los “Derechos del Hombre”, pero nada que aliente y refuerce la voluntad en la búsqueda de la virtud.

Puede pasarse de un estado inauténtico en el que la vida transcurre en la oscuridad de la inconsciencia, socavada por las preocupaciones, a un estado vital nuevo y auténtico, en el cual el hombre alcanza la consciencia de sí mismo, la visión exacta del mundo, una paz y libertad interiores  (p. 25)

Lectura de “Ejercicios espirituales y filosofía antigua” en Ediciones Siruela,  2006; traducción de Javier Palacio

2 comentarios:

  1. Hola Idea21!

    Gracias por esta recensión! Para mí un texto muy interesante pues muestra el origen de los métodos espirituales que practicaron los ascetas cristianos entre los siglos II al V, los llamados padres del desierto. Cabe mencionar a Evagrio Póntico quien además sistematizó las prácticas ascéticas de los monjes de Egipto en su tratado El Praktikós. Los monjes medievales también tenían métodos llamados ejercicios espirituales. Son famosos los Ejercicios espirituales de una monja del siglo XIII Gertrudis de Helfta. Y posteriormente los ya muy conocidos ejercicios ignacianos.
    Es interesante además porque las personas que siguen las diferentes grandes religiones deberían conocer sus respectivos orígenes, en las cuales no hay magia, sino trabajo interior ascético y un deseo auténtico de prosperar en la virtud y en el conocimiento interior.
    Nuevamente gracias!

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  2. Gracias a ti por tu apoyo, e incluso creo recordar que el nombre de Pierre Hadot me surgió en algo que tú escribiste, no recuerdo dónde, así que gracias también a ti por eso.

    De lo que me mencionas sobre "ejercicios espirituales", ciertamente, lo de sor Gertrudis y Kempis (en quien se basaron los jesuitas) bien merecerían otra buena lectura, porque me parece que se trata de estrategias psicológicas más profundas que las de Marco Aurelio o Plutarco (en buena parte porque las monjas y monjes se planteaban metas sociales de tipo no convencional). Básicamente, se trata de desarrollar una tecnología de la mente que nos permita manipular nuestra propia naturaleza instintiva a fin de alcanzar la prosocialidad -virtud. Estamos lejos de conseguirlo, pero todo debate sobre esta cuestión podría aportar algo.

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