jueves, 15 de febrero de 2018

“El hombre y sus símbolos”, 1964. Carl G. Jung

   El doctor Jung falleció en 1961 y un poco antes de morir se le animó a escribir para el gran público, y con la ayuda de algunos de sus discípulos, un resumen de sus teorías sobre el simbolismo. El resultado es característico del universo junguiano, una colorida versión crítica del psicoanálisis y de sus implicaciones culturales que ya habían sido impulsados antes por el doctor Freud, del cual Jung fue considerado durante algún tiempo uno de sus más cercanos colaboradores.

  El pensamiento junguiano no goza hoy del prestigio que tuvo en su época, pero no cabe duda de que es extremadamente valioso tener en cuenta sus hallazgos. Así lo juzga uno de los expertos psicólogos que colaboraron en esta obra:

Términos tan conocidos como, por ejemplo, “extravertido”, “introvertido” y “arquetipo” son todos conceptos junguianos, tomados, y a veces mal usados, por otros. Pero su abrumadora contribución a la comprensión psicológica es su concepto de inconsciente; no (como el “subconsciente” de Freud), un mero tipo de desván de los deseos reprimidos, sino un mundo que es precisamente una parte tan vital y tan real de la vida de un individuo como la consciencia, el mundo cogitativo del ego e infinitamente más rico. El lenguaje y la gente del inconsciente son símbolos, y los medios de comunicación son los sueños.  

  Como todo psicólogo, Jung considera que la indagación psicológica erudita es también valiosa para el individuo, para el paciente que se somete a un tratamiento al sentirse acosado por una grave crisis mental.

Cuanto más influida esté la consciencia por prejuicios, errores, fantasías y deseos infantiles, más se ensanchará la brecha ya existente haciéndose una disociación neurótica que conduzca a una vida más o menos artificial, muy alejada de los instintos sanos, la naturaleza y la verdad. 

  Aquí hay que puntualizar que, pese a la sobrecogedora hondura, incluso dramática, incluso literaria, del pensamiento junguiano, el ideal vital buscado es todavía más conformista, todavía más “burgués”, que el del pensamiento de Freud. No fue difícil hacer una interpretación social rupturista del pensamiento de Freud. No sucede así en el caso de Jung. Él siempre tuvo muy claro cuál es la vida que el hombre ha de llevar: una vida en pos del logro social, del éxito, de la culminación de las capacidades humanas dentro del contexto social dado. Así se refieren en este libro al estado de un paciente tras la cura llevada a cabo, sobre todo, mediante la interpretación de los sueños:

Una maduración acelerada hacia una hombría independiente y responsable. (…) La iniciación en la realidad de la vida exterior, el fortalecimiento del ego y su masculinidad, y con ello, el completamiento de la primera mitad del proceso de individuación. La segunda mitad –que es el establecimiento de una relación adecuada entre el ego y el “sí-mismo”- todavía (…) espera (…) en la segunda mitad de [la] vida

  La “individuación” y el hallazgo del “sí-mismo” son elementos clave en este proceso de logros vitales.

  Aquí tenemos la realización del “sí-mismo” con la ayuda de la interpretación del simbolismo del inconsciente:

El sentido de perfección se consigue mediante una unión de la consciencia con los contenidos inconscientes de la mente. Fuera de esa unión, surge (…) “la función trascendente de la psique”, por la cual el hombre puede conseguir su más elevada finalidad: la plena realización del potencial de su “sí-mismo” individual. Así, lo que llamamos “símbolos de trascendencia” son los símbolos que representan la lucha del hombre por alcanzar esa finalidad. Proporcionan los medios por los cuales los contenidos del inconsciente pueden entrar en la mente consciente y también son una expresión activa de estos contenidos.

  Y aquí la “individuación”:

Se puede ver [en la persona] la actuación de una especie de regulación oculta o tendencia directa que crea un proceso lento, imperceptible, de desarrollo psíquico: el proceso de individuación (…) Parece que el ego no ha sido producido por la naturaleza para seguir ilimitadamente sus propios impulsos  arbitrarios sino para ayudar a que se realice la totalidad: toda la psique. Es el ego el que proporciona luz a todo el sistema, permiténdole convertirse en consciente y por tanto realizarse. Si, por ejemplo, tenemos un talento artístico del cual no es consciente el ego, nada le ocurrirá. (…) Estrictamente hablando, el proceso de individuación es real solo si el individuo se da cuenta de él 

  Una de las cosas que Jung asegura haber descubierto es cómo podemos usar los “arquetipos” del “inconsciente colectivo” –revelados sobre todo a través de los sueños- para realizarnos en estos logros.

El examen del hombre y sus símbolos es (…) el examen de la relación del hombre con su propio inconsciente. (…) El inconsciente es el gran guía, amigo y consejero de lo consciente 

Lo que propiamente llamamos instintos son necesidades fisiológicas y son percibidas por los sentidos. Pero al mismo tiempo también se manifiestan en fantasías y con frecuencia revelan su presencia solo por medio de imágenes simbólicas. Estas manifestaciones son las que yo llamo arquetipos. (…) Hay, por ejemplo, muchas representaciones del motivo de hostilidad entre hermanos, pero el motivo en sí sigue siendo el mismo. (…) Son una tendencia, tan marcada como el impulso de las aves a construir nidos. 

Se necesita algo más que razón como ayuda orientadora en los atolladeros de la vida; es necesario buscar la guía de fuerzas inconscientes que surgen, como símbolos, de las profundidades de la psique.

Mientras los complejos personales jamás producen más que una inclinación personal, los arquetipos crean mitos, religiones y filosofías que influyen y caracterizan a naciones enteras y a épocas de la historia. (…) Los mitos de naturaleza religiosa pueden interpretarse como una especie de terapia mental de los sufrimientos y angustias de la humanidad en general.

  La visión de los “arquetipos” dio lugar a la del “inconsciente colectivo”… lo cual llevó a ciertos equívocos. ¿Quería decir Jung que, al igual que las aves tienen el impulso de construir nidos, nosotros tenemos el impulso de seguir determinadas tendencias de conducta social e incluso a compartir pensamientos y emociones muy determinados por provenir de una herencia genética común?

  No hay duda, desde luego, de que los pueblos precolombinos, que no sabían nada de Egipto, también construyeron pirámides y enterraron a sus muertos tras momificarlos, pero no vale la pena polemizar mucho más allá. Los mitos y los símbolos religiosos guardan ciertas semejanzas aunque eso no quiere decir que nuestros sueños se hereden igual que el color de la piel o ciertas tendencias emocionales (la agresividad y la inteligencia, por ejemplo, se heredan: por eso es posible la domesticación en los animales… y en los humanos). Pero recordemos que una visión hereditaria de la psicología conllevaría también una visión hereditaria del comportamiento por estirpes. Llevaría al racismo. Una cosa es que todos compartamos ciertos patrones psicológicos en tanto que somos humanos. Otra cosa es que heredemos características psicológicas precisas de padres a hijos, por grupos raciales o de estirpe (incluso, especulaba Jung, podríamos heredar los recuerdos de nuestros antepasados...). A Jung se lo acusó de cercanía a los nazis, en tanto que supuestamente consideraba que los pueblos –los germanos, por ejemplo, un "inconsciente ario"- heredaban sus sueños y mitología… y su destino.

  Y es que Jung a veces incluye aseveraciones sorprendentes…

Hay numerosas historias de probada autenticidad acerca de relojes que se paran en el momento de morir su dueño

  Y también habla del poder premonitorio de algunos sueños que por tanto serían milagrosos…

La experiencia demuestra que el desconocido acercamiento de la muerte arroja un adumbratio (una sombra premonitoria) sobre la vida y los sueños de la víctima. 

  Los sueños, en cualquier caso, tienen un valor para Jung muy diferente del que tenían para su antiguo maestro Freud.

“Es solamente psicológico” significa, con demasiada frecuencia, no es nada. ¿De dónde procede, exactamente, este inmenso prejuicio? (…) Las ideas de Sigmund Freud confirmaron a la mayoría de la gente el desdén que existía hacia la psique. Antes de él se la miraba y desdeñaba; ahora se ha convertido en vertedero de detritus morales

La función general de los sueños es intentar restablecer nuestro equilibrio psicológico produciendo material onírico que restablezca, de forma sutil, el total equilibrio psíquico. 

  Éste es el gran contraste: para Freud, la existencia es la de la vida consciente racional que lucha contra el instinto, para Jung, la existencia, la realización del sí-mismo, debe conjuntar la vida consciente con nuestros instintos que se revelan en nuestros sueños en forma de arquetipo: Jung reivindica nuestro pasado ancestral transmitido por nuestra mitología y su simbolismo. Es como si el ser humano formara parte de un gran plan que llega a nosotros a través de cómo se manifiesta –mediante los arquetipos- el inconsciente colectivo en nuestros sueños.

  Para Freud, la vida humana es rebeldía contra nuestros instintos animales: no tiene sentido, pero hemos de luchar para hacerla más soportable. Para Jung, la vida humana es armonía con nuestros instintos expresados simbólicamente.

  Para Freud, somos humanos que nos enfrentamos sufridamente a nuestra propia bestialidad. Para Jung, somos animales que cuentan con el privilegio de poder interpretar su destino.

  En el mundo glorioso, espiritual, trascendente de Jung, nuestro futuro se revela en nuestros sueños…

Una palabra o una imagen es simbólica cuando representa algo más que su significado inmediato y obvio (…) Cuando la mente explora el símbolo se ve llevada a ideas que yacen más allá del alcance de la razón (…) Usamos constantemente términos simbólicos para representar conceptos que no podemos definir o comprender del todo. Esta es una de las razones por las cuales todas las religiones emplean lenguaje simbólico o imágenes

  Muchos junguianos pueden derivar fácilmente al misticismo. Al fin y al cabo…

No se pueden dar normas generales para la interpretación de los sueños. 

  Aunque, sin embargo, Jung precisa bastante los contenidos a este respecto. Veamos algunos de los elementos o arquetipos simbólicos que estarían presentes en los sueños de toda persona:

El concepto de “sombra” (…) desempeña un papel de vital importancia en la psicología analítica. (…) Contiene los aspectos escondidos, reprimidos y desfavorables (o execrables) de la personalidad.

“Ánima” (…) elemento femenino de la psique masculina, que Goethe llamó “el Eterno Femenino” (…) [El] rescate [de la doncella amenazada por el monstruo] simboliza la liberación de la figura del ánima del aspecto devorador de la imagen de la madre.

Toda personificación del inconsciente –la sombra, el ánima, el ánimus y el sí-mismo-  tienen, a la vez, un aspecto claro y otro oscuro. (…) La sombra puede ser vil o mala, un impulso instintivo que hemos de vencer. Sin embargo, puede ser un impulso hacia el desarrollo que debemos cultivar y seguir. (…) El lado oscuro del sí-mismo es lo más peligroso de todo, precisamente porque el “sí-mismo” es la fuerza mayor de la psique. Puede hacer que las personas “tejan” megalomanías u otras fantasías engañosas que las captan y las “poseen”. (…) Así, el surgimiento del sí-mismo puede acarrear un gran peligro para el ego consciente de una persona

El círculo es un símbolo de la psique (…) El cuadrado (…) es un símbolo de materia terrenal, del cuerpo y de la realidad. 

El proceso de individuación se simboliza frecuentemente con un viaje de descubrimiento a tierras desconocidas

La (…) mujer vieja es conocida en los mitos y cuentos de hadas como símbolo de la sabiduría de la eterna naturaleza femenina. 

  Los ejemplos que se muestran en este libro, de análisis de pacientes a través de la simbología que aparece en sus sueños, pueden parecer un poco sospechosos, casi esotéricos. Sin duda, no debemos rechazar el valor de estos “mensajes” del inconsciente y tampoco debemos excedernos en la crítica del “análisis junguiano” que hoy no parece satisfacer a la mayoría de los profesionales de la psicología.

  Jung probablemente creó sus propios mitos y quizá más importante que la utilidad terapéutica de sus concepciones es el significado cultural de este tipo particular de interpretación psicológica. De la sordidez de las miserias sexuales de Sigmund Freud a la grandiosidad de Jung un tanto wagneriana (a Jung le gustaba mucho Wagner y sus dramas mitológicos) abarcamos actitudes ante la sociedad y el cambio psicológico que han marcado la modernidad.

   En general, podemos decir que la interpretación junguiana ha fracasado y no debe volver, pero ¿qué hemos ganado con esto? No sordidez, no grandiosidad… Quizá la solución sea el consuelo: no negamos la sordidez, y los sueños no nos dan las claves eternas de la condición humana. Somos pequeños y débiles… pero podemos consolarnos de ello y la elaboración de este consuelo podría ser nuestra nueva esperanza, pues el mismo consuelo, como hecho social, nos libera de la soledad sufriente del individuo atenazado por sus instintos.

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