lunes, 25 de marzo de 2013

“Vida de Jesús”, 1863. Ernest Renan

Los milagros son de esas cosas que no ocurren nunca; sólo las personas crédulas creen verlos; no se puede citar uno solo que haya ocurrido ante testigos capaces de comprobarlo; ninguna intervención particular de la Divinidad ni en la confección de un libro ni en ningún otro tipo de acontecimiento ha sido jamás probada.(…) Desde el momento en que se admite lo sobrenatural, se está fuera de la ciencia. 

  Quien esto escribió en 1863 era Ernest Renan, un ex sacerdote francés, formidable erudito y también autor, entre muchos otros, de un libro fervorosamente cristiano que tituló “Vida de Jesús”. Un libro donde, en el contexto de un cuidadoso estudio de la historia y la cultura de la Antigüedad (a partir de los recursos de la época), plasmaría una exaltada alabanza de un personaje histórico, Jesús de Nazareth, que los estudiosos de hoy dudan incluso de que llegara a existir y al que Renan se refiere en el texto, incluso, con el pronombre en mayúscula, a la manera de los creyentes: “Él”.

Jesús ha fundado la religión de la humanidad, como Sócrates ha fundado la filosofía y Aristóteles ha fundado la ciencia (...) Jesús ha fundado la religión definitiva.

  “Vida de Jesús” es un libro extraordinario, tanto por su contenido como por la misma naturaleza de su aparición. No fue, sin embargo, el primer libro “ateo” sobre Jesús escrito desde una perspectiva a la vez científica y religiosa (David Friedrich Strauss, por lo menos, le precedió en algunos años), pero fue Ernest Renan quien construyó, al mismo tiempo, una obra erudita, una obra literaria y un compromiso de fe que se quería hacer compatible con la ciencia.

Sólo la ciencia es pura, porque la ciencia no tiene nada de práctica; no impresiona a los hombres; la propaganda no le interesa. 
  
  Para Ernest Renan, estudioso de las religiones, la religión supone

el completo idealismo de la vida desinteresada y virtuosa (...) La total santidad, la total abstracción de las impurezas del mundo, la libertad

  El planteamiento apasionado de Renan no está en contradicción con los antropólogos actuales, ya que hoy la religión es reconocida por la ciencia como el sustrato emocional de la sociedad, el recurso básico de la cultura humana para combatir los instintos antisociales que hemos heredado de nuestros antecesores irracionales.  Siendo estos instintos tan necesariamente humanos, son al mismo tiempo contraproducentes si lo que se desea es extraer del individuo todo su potencial creativo e individualizador: de ahí la constante necesidad de señalar lo que es virtuoso o sagrado, el camino correcto que nos aparte de la catástrofe constante a la que nos aboca nuestra propia naturaleza (“el mundo”). Porque el "hombre natural", sin religión evolucionada o sin ciencia, no resulta ser más que un animal un poco extravagante cuya vida aparece, en la inmejorable descripción de Thomas Hobbes, comosolitaria, pobre, tosca, embrutecida y breve”.
   
  Para Renan, la religión ha de ser una pura ética, es decir, una expresión simbólica y eficaz de las posibilidades de autocontrol de nuestros impulsos destructivos. Y de entre todas las religiones, el cristianismo sería "la religión de la humanidad (...) La religión perfecta".

  Lo más lúcido de Renan es que, como científico social, señala la importancia de la religión más allá de la ciencia y sin contradicción con ésta:

Gracias a nuestra sinceridad absoluta y a nuestro desinteresado amor a la idea pura, hemos fundado, todos los que consagramos nuestra vida a la ciencia, un nuevo ideal de moralidad

  Pero siempre sin olvidar que

La filosofía no basta para la mayoría; la mayoría necesita la santidad.

    Después de las religiones primitivas, aquellas que todavía hoy pueden hallarse entre los últimos pueblos cazadores-recolectores  ¿qué diversos caminos ha tomado la “santidad” en las diversas culturas? Las descripciones que hace Renan son encantadoras, aunque tal vez hoy se juzguen como poco exactas:

Las religiones de Babilonia y Siria nunca llegaron a apartarse de una extraña sensualidad. 

Egipto llegó a poseer muy pronto dogmas metafísicos y un exaltado simbolismo. 


China alcanzó una especie de mediana cordura que le impidió grandes extravíos. No conoció ni las ventajas ni los abusos del genio religioso. No ejerció ninguna influencia en la corriente religiosa de la humanidad.  


Sólo Persia consiguió darse una religión dogmática, casi monoteísta y sabiamente organizada.(…) Los persas parece que llegaron a concebir la historia del mundo como una serie de evoluciones. 


El budismo fracasó en todos sus intentos de propagarse hacia Occidente. (Podemos darnos cuenta de que Renan tiene dificultades para sortear el escollo budista en su empeño en dar a Jesús el triunfo absoluto como profeta de la "religión pura"…)

El mundo antiguo, griego, imagina la libertad con ciertas formas políticas.(…) En el sistema de filosofía clásica no existe un sistema de filosofía de la historia que comprenda a toda la humanidad

  Y finalmente llegamos a lo que Renan llama la “religión semítica”.:

La antigüedad indoeuropea ponía el paraíso en el origen, Israel ponía la edad de oro en el porvenir.

  El pueblo judío habría creado la religión más sensible y acertada. Isaías proclama la liberación de la culpa del pueblo por el sacrificio del justo, desprecia los ritos y urge a dejar de hacer el mal y a purificar los pensamientos.

El judaísmo llegó a ser ya una religión única y universal, en la que podría entrar todo aquel que lo deseara.

  De la religión judía surgirá el cristianismo:

Un culto puro, una religión sin sacerdotes y sin prácticas que reposa enteramente sobre los sentimientos del corazón
  
Gracias a la sentencia de dar al César lo que es del César, Jesús creó algo ajeno a la política, un refugio para las almas en medio del imperio de la fuerza bruta


La revolución de Jesús era moral. 

Jesús se propuso crear un nuevo estado de la humanidad, y no meramente reparar el existente. 


Jesús ha concebido la auténtica ciudad de Dios, el Sermón de la Montaña, la apoteosis del débil, el amor del pueblo, la predilección por el pobre, la rehabilitación de cuanto es bueno y sencillo. 


El Reino de Dios no es sino el bien,la libertad del alma, algo parecido a la “redención” búdica, fruto del desprendimiento.


Lo que origina la presencia de las almas es la unión por medio del amor.  

Jesús no es un espiritualista porque todo se encamina hacia una realización palpable, pero es un idealista consumado porque la materia sólo sirve para la realización de la idea.


   En suma, para Renan, Jesús, el fundador de la “religión pura”, ha formulado la solución al gran problema de la humanidad, el problema que subyace en toda la evolución social desde el mismo momento en que se reconoció, en determinadas formas simbólicas, la insatisfacción humana y  la necesidad de sobreponernos al instinto. 

  Por “religión más pura” también podemos comprender aquella religión cuyas características responden con mayor exactitud al desempeño de las funciones que una religión ha de cumplir, es decir, la creación de un sistema ético de mandatos internos que posibilite la superación de las limitaciones instintuales a la plena cooperación (superación que equivaldría, evidentemente, al “estado de santidad”).

 Pero ni en la época de Renan ni en la nuestra, siglo y medio más tarde, la aspiración a la virtud y la santidad se ha visto plenamente satisfecha, aunque mientras tanto, en el arduo camino, la vida social sí se ha beneficiado mucho de los sucesivos intentos de llegar a la meta.

    ¿Qué es lo que queda por hacer? Renan nos deja en su libro algunas observaciones al respecto:

Las tentativas socialistas de hoy en día continuarán siendo infecundas hasta que tomen como regla el auténtico espíritu de Jesús, es decir, el idealismo absoluto, el principio de que para poseer la tierra hay que renunciar a ella.  

Durante siglos los obispos han sido príncipes y el papa ha sido rey. El pretendido imperio de las almas se ha mostrado en diversas ocasiones como una espantosa tiranía  y ha empleado, para mantenerse, la tortura y la hoguera. Pero llegará el día en que la separación de la espiritualidad y el poder político dará sus frutos.  

Jesús dio lugar a una leyenda en la que las autoridades constituidas desempeñaban un papel odioso, en la cual el acusado es el que tiene razón y en el que los jueces y los policías se alían contra la verdad.


El cristianismo ha llegado a debilitar la conciencia de los deberes del ciudadano. Pero al constituir una inmensa asociación libre compensó ampliamente el daño hecho a las virtudes civiles. El poder del estado quedó limitado a las cosas de la Tierra y el espíritu fue liberado. (…) Los derechos de la conciencia quedaban sustraídos a la ley política.  

Jesús es un anarquista, porque no tiene ninguna idea del gobierno civil.


  Siempre será recordado Ernest Renan por haber formulado un primer esbozo del “anarquismo cristiano” en 1863, unos pocos años antes de que Tolstoy (que entonces estaba escribiendo “Guerra y Paz”) pusiera en marcha su personalísimo movimiento de cristianismo utópico.

  ¿En qué se equivocó Ernest Renan? Probablemente en muy poca cosa, y quienes sí se han equivocado han sido los que interpretaron su mensaje, o bien como un reconocimiento de la divinidad de Jesús (aunque es cierto que su reconstrucción del personaje histórico no tiene fundamento, y es lógico que mueva a sospecha), o bien como una incitación a algo por el estilo de un movimiento revolucionario de tipo político. Pero Renan es bastante claro: predica una ética pura –una “religión pura”- separada del poder político, y un reino del espíritu totalmente alejado de lo sobrenatural (es decir, conforme a la ciencia).

    “Vida de Jesús” es también algo más que el descubrimiento de un cristianismo anarquista a la vez que espiritual, materialista y científico, es también un estupendo viaje por las visiones de un hombre sensible y lúcido (es decir: es literatura) así como una magnífica aproximación al estudio de la historia de las religiones.

  Esta aproximación científica lleva a ver a Jesús condicionado por su época, como es de esperar: primero tenemos al formidable Isaías, el inventor del Dios interesado por la virtud privada de los hombres a quienes ofrece la redención por medio del sacrificio compasivo (porque de eso trata el que el Justo inocente redima a los pecadores: la reacción compasiva ante el sacrificio altruista es lo que nos salva), pero también asoma Buda, pues Renan, el erudito, nos informa de la existencia en la Antigüedad de monjes budistas vagabundos en Siria y Judea, de focos budistas en Babilonia y de que, si bien no hay precedentes de las parábolas de Jesús en la literatura judía, sí que las hay en el budismo; tras los profetas judíos y el budismo, llegan las filosofías populares helenistas de la época del Jesús: el estoicismo, el cinismo, las variadas formas de neoplatonismo y gnosticismo, que no están desvinculadas en su origen del conocimiento que los griegos tuvieron del budismo, y que sin duda, en su sentido de alentar un abandono material que recuerda a los santones de Oriente, debió de inspirar al asceta Juan el Bautista, presentado en el Evangelio como el predecesor de Jesús.

   Tampoco el libro que nos ocupa olvida a los maestros rabínicos anteriores o contemporáneos del primer cristianismo y nos habla de las sentencias de los rabinos Hillel, Jesús de Sirach, Filón y Rabbi Johanan. Pero, como acertadamente precisa Renan:

sólo Jesús diría las cosas de una manera eficaz. En moral, como en arte, hablar no es nada y hacer es todo. 

  Nosotros diríamos: sólo Jesús hace “historia mítica”, pues en la religión “hacer” es construir una historia capaz de conmovernos y crear a partir de ella una simbología y una creencia que en adelante puedan influir en nuestras pautas de comportamiento. Hillel y Filon nos contaban cosas, pero la historia mítica del Evangelio crea símbolos y significados que afectan emocionalmente por su dramatismo, y es así como Jesús se convierte en el arquetipo universal del hombre virtuoso a pesar de -o precisamente a causa de- su pérdida de masculinidad.

  Recordemos que las religiones sencillas de los pueblos sencillos (y no hay ninguno sin religión) carecen de doctrina y sólo cuentan con mitologías, pero son esas mitologías las que nos dan las pautas básicas de su vida social, las que crean símbolos que expresan una particular visión emocional del mundo. Es a partir de las emociones interiorizadas que podemos elegir, también moralmente.

  Para terminar, una de las muchas sorpresas que hay en el libro del ateo cristiano Ernest Renan, difusor del “Jesús anarquista”:

  Primero se nos dice que La idea de recompensas individuales en relación a la inmortalidad del alma es propagada desde Grecia a Israel. También de ellos viene la idea de una dualidad entre el cuerpo material y el alma espiritual, lo que supone una muy valiosa información (recordemos que cuando Lucrecio predicaba en “De Rerum Natura” contra la inmortalidad del alma no lo hacía contra los cristianos, sino contra los paganos del mundo grecorromano…), pero luego Renan nos incluye este curioso párrafo en su libro:

Aquellos que no quieren concebir al hombre como un compuesto de dos sustancias y encuentran el dogma deísta de la inmortalidad del alma en contradicción con la fisiología, gustan de descansar en la esperanza de una reparación final que, bajo una forma desconocida, satisfará las necesidades del corazón humano. ¡Quién sabe si el último término del progreso, dentro de millones de siglos, no traerá consigo la conciencia absoluta del universo, y, en esta conciencia, el despertar de todo lo que ha vivido! Un sueño de un millón de años no es más largo que un sueño de una hora. 

5 comentarios:

  1. Dios como concepto y...la vida de Jesús como hecho histórico está fuera del alcance del entendimiento humano. Lo que debemos hacer es valorar ambos enigmas holísticamente y de este modo podemos adecuarnos a la afirmación positiva de vida moral de las enseñanzas de la biblia en su versión antigua y nueva; además hacer un paralelo comparativo con otras religiones y creencias que en verdad son solamente acercamientos filosóficos para un enfoque del BUEN VIVIR

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  2. En el pensamiento racional no se pueden valorar ni los enigmas, ni aquello que está fuera del alcance del entendimiento humano. Ante el desconocimiento solo cabe la precaución y no pronunciarse.

    Sobre el "buen vivir" es preciso razonar acerca de lo conocido. Creo que con el libro de Renan, considerando sobre todo la época en que se escribió, podemos conocer más acerca de las expectativas morales de las personas informadas de entonces. Sin duda, Renan se equivoca al ver a Jesús como personaje histórico y no meramente mítico, pero acierta excepcionalmente a la hora de valorar su significado dentro de la evolución cultural -y por tanto moral- de la especie humano.

    Su idea de "religión pura" (apolítica) todavía hoy no ha sido asumida...

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  3. "Pero llegará el día en que la separación de la espiritualidad y el poder político dará sus frutos." Simplemente fenomenal.
    Me gustó mucho tu artículo.
    Saludos.

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  4. Muchas gracias, Niet. Siglo y medio ha pasado desde este libro del viejo Renan, y nadie ha recogido su mensaje acerca de una "religión pura" en armonía con la ciencia, para cambiar la sociedad "desde abajo", cambiando primero las pautas de comportamiento del individuo en sociedad (también se le podria llamar la "religión del comportamiento"). Hoy contamos con la experiencia de la psicología y otras ciencias sociales. Y con la historia, con el terrible ejemplo del fracaso de la búsqueda del "hombre nuevo" socialista.

    Pero...

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