lunes, 25 de mayo de 2015

“La mente adaptada”, 1992. Barkow, Cosmides y Tooby.

  En este libro de Jerome Barkow, Leda Cosmides y John Tooby, en el cual colaboraron otros científicos sociales destacados (entre ellos David Buss y Steven Pinker) se buscó sobre todo desafiar lo que se llamaba el “Modelo Estándar de las Ciencias Sociales”, una concepción científica del comportamiento humano poderosamente influida por ciertos prejuicios políticos. A este modelo estándar se oponía la visión adaptacionista defendida por los autores.

  Para comprender el planteamiento del “Modelo Estándar” podemos comenzar por leer estas líneas del gran antropólogo Clifford Geertz:

“Nuestras ideas, nuestros valores, nuestros actos, incluso nuestras emociones, son, como nuestro sistema nervioso mismo, productos culturales –productos manufacturados, de hecho, a partir de tendencias, capacidades y disposiciones con las cuales hemos nacido, pero manufacturadas sin embargo”

  Básicamente, el “Modelo Estándar” es el de la “tabla rasa”, es decir: que el ser humano llega al mundo, a diferencia de los demás animales, casi despojado de comportamientos instintivos en lo referente a la vida social, y que es mediante el aprendizaje dentro del entorno humano como adquiere sus pautas de comportamiento definitivas, mientras que la posición opuesta del adaptacionismo (también se le suele llamar “psicología evolutiva” o “sociobiología”) defiende que existen multitud de instintos que determinan el comportamiento humano (también a nivel social) y que limitan la capacidad transformadora de la cultura.

  Para entenderlo todavía más fácilmente: de la misma forma que mamíferos como el castor o la ardilla nacen “sabiendo” construir presas o almacenar nueces, también el ser humano nace “sabiendo” determinadas pautas de comportamiento social, como la forma de distribuir la comida o de organizar su vida familiar.

  Las implicaciones ideológicas de los distintos supuestos teóricos  han solido estorbar el esclarecimiento de la cuestión mediante la mera observación científica.

La hostilidad del Modelo Estándar de Ciencias Sociales a las formulaciones adaptacionistas frecuentemente se justifica con la acusación de que los adaptacionistas atribuyen las importantes diferencias entre los individuos, razas y clases a diferencias genéticas.

   Pero…

En la realidad, las formulaciones adaptacionistas ofrecen la explicación de por qué la unidad psíquica de la humanidad es genuina y no solo una ficción ideológica; porque se aplica de una forma privilegiada a las dimensiones organizadas de nuestra arquitectura más significativas, globales, funcionales y complejas, y porque las diferencias entre los humanos que son causadas por la variabilidad genética que los geneticistas han encontrado son abrumadoramente periféricas y de características propias de la arquitectura menor y superficial. 

    Lo que esto quiere decir es que cuando el modelo antiadaptacionista (de "tabla rasa") considera que los comportamientos humanos dependen en casi todo del entorno cultural, también  supone que cualquier tipo de manipulación (política, por ejemplo) es factible a fin de convertir a los individuos en diferentes entre sí a nivel de comportamiento, mientras que es el modelo adaptacionista (aquel en el que resultan fundamentales los comportamientos sociales instintivos) el que señala una clara identidad humana universal imposible de manipular.

Hay una naturaleza humana universal (…) La variabilidad cultural no es un desafío a las pretensiones de universalidad, sino más bien se trata de datos que pueden darnos una visión de la estructura de los mecanismos psicológicos que ayudaron a generarla.

Los mecanismos psicológicos evolutivos son adaptaciones que la selección natural ha llevado a cabo.

La psicología evolutiva es simplemente psicología que está informada por el conocimiento adicional que la biología evolutiva tiene que ofrecer, en la expectativa de que la comprensión del proceso que ha diseñado la mente humana avanzará el descubrimiento de su arquitectura.

    Hemos de tener en cuenta que la mente no ha sido adaptada originalmente al entorno de las sociedades agrícolas con las que estamos más familiarizados hoy: la adaptación habría tenido lugar mucho antes, en el pasado ancestral de la prehistoria, en las sociedades primitivas de cazadores-recolectores que existieron durante decenas y hasta cientos de miles años atrás; habría sido entonces cuando se formó el genoma humano, también en lo referente al comportamiento social.

La estructura evolucionada de la mente humana está adaptada a la forma de vida de los cazadores-recolectores del Pleistoceno, y no a nuestras modernas circunstancias. (…) Si la selección hubiera construido nuevas adaptaciones complejas rápidamente a lo largo del tiempo histórico, entonces las poblaciones que han sido agricultoras durante varios miles de años diferirían notablemente en su arquitectura evolutiva de las poblaciones que hasta recientemente han practicado la caza y recolección.

   Con todo, parece que en esto los autores se equivocan hasta cierto punto, porque sí es cierto que existen algunas diferencias notables en la arquitectura evolutiva de los pueblos agricultores no solo con respecto a los que hasta recientemente han practicado la  caza y la recolección, sino también con respecto a otras sociedades agrícolas. El más conocido ejemplo es el desarrollo de la modificación genética de la tolerancia a la lactosa, que permitió enriquecer la dieta de los pueblos ganaderos (entre ellos, los indoeuropeos) al hacer que pudieran alimentarse de la leche de sus reses, lo que les proporcionó una gran ventaja sobre otros pueblos.  Sin embargo, es verdad que estos ejemplos recientes de evolución biológica no son muy decisivos en lo fundamental del comportamiento social humano.

  Quede claro que tampoco el “Modelo Estándar” es una necedad: muy al contrario, se basa en la observación, especialmente antropológica (al analizar las diferencias culturales entre multitud de pueblos), de cómo el ser humano se adapta culturalmente –no biológicamente- a diferentes entornos. El adaptacionismo de la psicología evolutiva no niega que este fenómeno de transformación cultural exista, pero tiene en cuenta que las adaptaciones no son potencialmente infinitas y que se producen mediante un mecanismo diferente del que considera el “Modelo Estándar”: hay cosas que no pueden cambiarse, no somos una “tabla rasa”. Si bien se dan muchos cambios en las pautas de comportamiento social por influencia del entorno cultural, estos cambios se atienen a unas estructuras básicas, no implican una flexibilidad absoluta.

La cultura humana y el comportamiento social son tan variables porque son generados por un conjunto de programas funcionales increíblemente intrincados y contingentes que usan y procesan información del mundo, incluyendo información que es proporcionada tanto intencionalmente como inintencionadamente por otros seres humanos.

  Aquí viene muy al caso la cita del filósofo y pionero de la psicología William James:

Para comportarse de una manera flexible, los humanos deben tener más instintos que otros animales, no menos

  Según la teoría adaptacionista, pues, el ser humano nacería con una serie de “programas de instintos” psicológicos que conciernen especialmente a la vida social

La mente humana contiene mecanismos evolucionados emocionales y motivacionales que están específicamente determinados para responder a problemas adaptativos relacionados con la paternidad, la comunicación emocional con niños y adultos, parentesco, elección de pareja, atracción sexual, agresión, evitación del peligro, custodia de la pareja, distribución de esfuerzos en el cuidado de la prole y demás. Esto es, los humanos tienen adaptaciones psicológicas que contienen estructuras con contenido que son específicamente sobre sus madres, sus hijos, el comportamiento sexual de sus parejas, y sobre aquellos que, por determinados rasgos, son identificados como parientes (…) y estos contenidos no derivan exclusivamente ni de una corta lista de impulsos ni de unos valores culturalmente variables que hayan sido socialmente aprendidos

Gran parte de la sustancia de la vida social atribuida a la “cultura” en todo el mundo está en parte causada por la operación de mecanismos específicos contingentes de respuesta

La capacidad humana para la flexibilidad adaptativa y una fuerte resolución de problemas es tan grande precisamente a causa del número de mecanismos de especificidad que poseemos en dominios particulares.

El planteamiento de que algunos fenómenos son “construidos socialmente” solo quiere decir que el entorno social proporcionó algunos de los impulsos o estímulos usados por los mecanismos psicológicos de los individuos implicados

    Esta idea implica que dentro de estos mecanismos innatos contamos con una serie de “fórmulas” o “patrones” que se repiten en todas las culturas siempre y cuando se den algunas claves condicionantes del entorno. Aunque los autores de “La mente adaptada” no lo mencionan, es un hecho que las culturas precolombinas desarrollaron formas de civilización que mostraban asombrosos paralelismos con las de Eurasia, a pesar de que no existió contacto alguno entre ambos mundos: tanto mexicanos como egipcios o chinos tenían momias, pirámides, imperios, esclavos, animales domésticos, bebidas alcohólicas, prohibición del incesto, hombres polígamos, mujeres sumisas, sacrificios humanos, dinero, escritura, literatura y teología…

Si el pensamiento humano cae en patrones recurrentes de lugar a lugar y de tiempo en tiempo, esto es porque se está anclado en mecanismos psicológicos universales

Si las mentes fueran inicialmente tabulas rasas, sin previa estructura de contenido, entonces ningún antropólogo o inmigrante en una cultura extraña podría nunca aprender nada sobre ella.

   Y esta relativa predeterminación instintiva se encuentra, naturalmente, dentro de cada uno de nosotros, en nuestra herencia genética…

Las interacciones humanas super-individuales dependen íntimamente de las representaciones y otros elementos reguladores presentes en la cabeza de cada individuo implicado y, en consecuencia, en los sistemas de computación dentro de cada cabeza.

Tradicionalmente, los psicólogos cognitivos han asumido que la mente humana incluye solo reglas de razonamiento de intenciones generales y que estas reglas son pocas en número y de contenido libre. Pero una perspectiva cognitiva informada por la biología evolutiva pone en duda estas asunciones.(…) Es verosímil que la selección natural también ha producido reglas mentales que están especializadas para el razonamiento acerca de varios importantes ámbitos evolutivos, tales como la cooperación, la amenaza agresiva, la paternidad, la evitación de la enfermedad y la evitación de los predadores.

  Al estudiar esta diversidad de instintos que operan a nivel cognitivo surge la necesidad de aceptar un diseño modular de nuestros cerebros: igual que nuestra fisiología requiere del desarrollo de diversos órganos específicos (corazón, pulmones, riñones…), la estructura de nuestra mente también requeriría de diversos órganos (o módulos) presentes en la estructura física de nuestro cerebro.

Modularidad [es] la proposición de que la mente contiene muchas diferentes subunidades funcionalmente aisladas, cada una especializada en procesar diferentes clases de información 

Mecanismos psicológicos evolucionados o módulos (estructuras complejas que están funcionalmente organizadas para procesar información) podrían desarrollarse en cualquier punto del ciclo de la vida

La mente multimodular aborda el problema de cuándo los diferentes módulos deberían comunicar sus resultados los unos a los otros

    Esta concepción multimodular coincide, por ejemplo, con la idea de la “gramática universal” de Chomsky, que señala la existencia de uno de los “órganos” mencionados, el del lenguaje:

La pieza central de la psicolingüística de Chomsky [es que] los niños deben estar equipados con mecanismos especializados (“órganos mentales”) que están funcionalmente organizados para explotar ciertos universales gramáticos del lenguaje humano.

  Otro ejemplo sería el desarrollo en la mente humana (es decir, la puesta en marcha del correspondiente módulo), a partir de cierta edad del niño, de la “Teoría de la Mente”: la capacidad para que el individuo comprenda la existencia del comportamiento racional en otros sujetos y sus procesos cognitivos semejantes a los suyos propios, algo que nos permite prever los comportamientos sociales:

Este módulo consiste en una maquinaria computacional especializada que permite al individuo representar la noción de que ciertos “agentes” pueden tener “actitudes” hacia “proposiciones” (así, “Mary” puede “creer” que  “X”, “Mary” puede “pensar” que “X”, y así). Entre las edades de 3 y 5 años este sistema inferencial de dominio específico se desarrolla en base a un patrón característico que ha sido confirmado en culturas de Norteamérica, Europa y China

  La concepción modular de la mente humana tampoco es algo nuevo, aunque sí es más innovador el que se la tenga en cuenta desde el punto de vista del comportamiento social

La modularidad de la percepción ha sido ampliamente aceptada durante largo tiempo. Virtualmente nadie espera que los procesos cognitivos que sostienen la visión sean los mismos que los que sostienen la audición, por ejemplo.

Si la selección natural ha producido especializaciones cognitivas en el cerebro masculino para resolver problemas espaciales asociados con la caza, entonces también debería haber producido especializaciones cognitivas en el cerebro femenino para resolver los problemas especiales bastante diferentes asociados con la recolección

  Para comprender cómo sí llegan a darse, dentro del esquema adaptacionista, las diferencias culturales, podemos contemplar primeramente un modelo de variaciones de pautas de comportamiento instintivas a partir de los cambios en el entorno, variaciones que no serían ilimitadas, sino que se atendrían a la programación genética de cada individuo, dentro del apartado de “comportamiento social”. Aprendiendo acerca de cómo se desencadenarían tales variables instintivas a partir de unos determinados cambios en el entorno, podríamos llegar a comprender el funcionamiento esencial de las fórmulas sociales de base genética y las posibilidades del cambio cultural, siempre dentro del gran número de variables que nos permite nuestra predisposición genética a adoptar determinadas pautas de comportamiento social.

Interpretar otra cultura es un asunto de aprender cómo el conjunto evolucionado de significados que ha llegado a asignarse a un conjunto de objetos o elementos en una situación son, en otra cultura, asignados a un conjunto diferente

  Esto incluso nos plantea posibilidades esperanzadoras.

En lugar del punto de vista tradicional de que el egoísmo es natural y el altruismo solo es impuesto socialmente contra la inclinación natural, la biología evolutiva ha descubierto que el altruismo y la cooperación pueden ser tan naturales como el egoísmo. De hecho, estos análisis han mostrado que Hobbes estaba bastante equivocado: la cooperación puede emerger en la ausencia del Leviatan.

  Así pues, el adaptacionismo, la consideración de unas posibilidades limitadas de transformación cultural, no se contradice con que la cultura  pueda intervenir en muchas formas a partir de esa base instintiva que, al fin y al cabo, resulta ser también bastante rica. De esta consideración surgen los conceptos de “cultura transmitida” y “cultura evocada”.

  La “cultura transmitida” sería la que conocemos habitualmente como “cultura”, es decir, pautas de comportamiento que el individuo recibe de su entorno comunitario. Algo diferente sería la “cultura evocada”

Llamamos a las similaridades puestas en funcionamiento por las circunstancias locales la “cultura evocada”. 

Aspectos significativos de la variación cultural en el intercambio social pueden ser reconciliados con una naturaleza humana universal si se aplica el concepto de cultura evocada. Los varios conjuntos de reglas sociales que gobiernan el intercambio social serán universales, pero qué conjuntos son activados diferirá de situación a situación dentro de la cultura, tanto como entre culturas.

[“Cultura evocada” y “cultura transmitida”] no son en absoluto excluyentes y normalmente operan juntas para formar la distribución de las similaridades y diferencias humanas. 

Una simple ilustración de cultura evocada serían, por ejemplo, las reglas de decisión que gobiernan la reciprocidad al compartir comida
 
   Mientras que las reglas sobre compartir la comida son principalmente innatas (siempre habrá una autoridad que reparta la comida, se hará de forma igualitaria, niños, mujeres y enfermos han de recibir su parte… esto sería "cultura evocada"), muy diferentes son las reglas acerca de qué alimentos tomar,  en qué orden serían tomados y que prohibiciones religiosas se aplicarían en este ámbito, que podrían entrar dentro del campo de la "cultura transmitida". Si el entorno fuese de extrema penuria, podrían activarse fórmulas de supervivencia del grupo innatas que implicasen desde la práctica del canibalismo, al infanticidio o el proporcionar menos alimentos a las niñas que a los niños. Este tipo de fórmulas drásticas se dan en todos los pueblos primitivos que se ven en situaciones de riesgo de supervivencia, y entran por tanto en el ámbito de la "cultura evocada".

   La conclusión es que la comprensión de las pautas innatas de una “mente adaptada” nos  puede proporcionar una base segura para el desarrollo de las posibilidades de futuras adaptaciones culturales.

La psicología yace bajo la cultura y la sociedad, y la evolución biológica yace bajo la psicología.

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