lunes, 7 de julio de 2014

“Romper el hechizo”, 2007. Daniel Dennett

  “Romper el hechizo” es un libro beligerante contra el teísmo y las creencias en lo sobrenatural. Como otros que han sido también publicados a comienzos del siglo XXI y alcanzado éxito de ventas (“El espejismo de Dios” de Richard Dawkins o “El fin de la fe” de Sam Harris, por ejemplo) trata de conseguir dos objetivos: uno, que se acabe con el excesivo respeto que la sociedad civil manifiesta por las creencias teístas (la pretensión de que a ese respecto la ciencia no debe pronunciarse), y el otro, examinar atentamente la naturaleza del fenómeno religioso, uno de los más decisivos en la evolución cultural del ser humano. Compaginar ambos objetivos entraña cierto riesgo: si nos oponemos a la religión y queremos rechazar el indebido prestigio social con el que cuenta, puede resultar inevitable que nuestro análisis de la realidad del fenómeno sea un tanto tendencioso.

El hechizo que debe ser roto es el del tabú en contra de una investigación científica franca y sin barreras acerca de la religión como un fenómeno natural, entre muchos

  Daniel Dennett ha escrito un buen libro, lleno de mucha buena información en lenguaje accesible y que contribuye sin duda a difundir el pensamiento racional, pero no pasa la prueba en lo que se refiere a llevar a cabo "una investigación científica franca y sin barreras acerca de la religión como un fenómeno natural". Para empezar, Dennett establece una barrera por completo arbitraria y poco científica:

En las religiones, la postulación de efectos invisibles e indetectables que  son sistemáticamente inmunes a la confirmación o a la refutación es tan común que en ocasiones tales efectos se toman como si fueran definitivos. Ninguna religión carece de ellos, y cualquier cosa que carezca de ellos no es realmente una religión, a pesar de lo mucho que pueda parecerse a una religión en otros aspectos.

Propongo definir las religiones como sistemas sociales cuyos participantes manifiestan creencias en agentes sobrenaturales o en agentes cuya aprobación ha de buscarse.  (…) Esta definición está sujeta a revisión

  Eso no es una forma seria de describir un fenómeno: los fenómenos no pueden describirse por unas condiciones previas puestas por el observador. Yo no puedo decir: las aves son aquellos animales que vuelan y tienen plumas, y si algún animal no vuela entonces no es realmente un ave, "a pesar de lo mucho que pueda parecerse a" un ave en otros aspectos. Los fenómenos sociales deben ser descritos en base a sus efectos sociales y no por sus contenidos, y aquí podemos poner también el ejemplo de que un arma es aquello que puede matar, independientemente de que sea arma de fuego, un cuchillo o una piedra. Si un fenómeno social causa los efectos propios de una religión, entonces es religión, tenga o no que ver con los supuestos seres sobrenaturales que aparecen en la mayoría de las religiones que conocemos.

 Pueden darse muchas definiciones de religión (la de “Wikipedia”, basada en Durkheim y Geertz, no es mala) y cualquier persona bien informada puede inventarse otra por el estilo de “Una religión es un conjunto de creencias con contenido ético simbólicamente expresadas que mediante determinadas estrategias psicológicas tiene capacidad para actuar emocionalmente sobre el comportamiento de los individuos que integran una sociedad.” Las creencias en dioses o la postulación de efectos invisibles e indetectables son indiferentes en tanto que el conjunto de creencias sean capaces de influir en los individuos que componen esa sociedad dando lugar al mismo fenómeno.  Por orden, entonces: expresión simbólica, estrategias psicológicas, efecto emocional, creencias y comportamiento ético. El comportamiento ético es el resultado de la religión. Es para lo que la religión sirve: para impulsar fórmulas de comportamiento ético a nivel social que faciliten la convivencia. Por eso no hay sociedad sin religión (excepto, quizá, en tiempos muy recientes).

A lo largo de la historia, las acciones diarias de las personas religiosas han resultado en innumerables obras de bien, aliviando el sufrimiento, alimentando al hambriento y cuidando al enfermo. Las religiones han brindado el consuelo de la pertenencia a un grupo y compañía a muchas personas que, de otro modo, habrían pasado a través de esta vida totalmente solos, sin gloria ni aventura

Comúnmente se acepta que todas las religiones suministran infraestructuras sociales para crear y mantener el trabajo moral en equipo.

  La evidencia…

Las organizaciones seculares no han logrado competir con la religión para ganar la lealtad de la gente corriente.

La religión es la única fuente plausible de ciertas recompensas para las que existe una demanda general e inextinguible

  Para ejemplo, las conversiones religiosas de los delincuentes presos, que pasan asombrosamente del comportamiento antisocial al prosocial gracias a las aparentemente chapuceras estrategias psicológicas de cualquier charlatán. Todos los esfuerzos de psiquiatras, educadores, legisladores y administradores, con sus altos presupuestos, no logran ese efecto…

  Veamos ahora lo que pasa con el ingrediente sobrenatural de la mayoría de las religiones:

De acuerdo con Stark y Finke: «Hay religiones «sin dios», pero sus seguidores están restringidos a pequeñas élites —como es el caso de las formas elitistas de budismo, taoísmo y confucianismo—»

   Que las religiones sin dios estén restringidas a pequeñas élites no quita que sean religiones, del mismo modo que la vivencia religiosa de los eclesiásticos católicos (una pequeña élite) en apenas nada se parece a la de la gran masa “social” de los católicos y sin embargo tan religiosos son los unos como los otros. La participación del individuo en una religión se da en muy diferentes grados y, desde luego, el protagonismo de las pequeñas élites en la fundamentación cultural de las civilizaciones más avanzadas es notable y decisivo. Además, Dennett no menciona en absoluto el funcionamiento religioso de algunas sociedades de ideología marxista, aunque sí recuerda que

El resurgimiento de la religión en la Rusia post URSS nos sugiere que la religión tiene algunos roles que jugar y algunas fuentes de que nutrirse que jamás fueron siquiera soñados por esta perspectiva tan simplista.

  No es tanto que la religión resurgiera tras el fin de la URSS, sino que la desaparición de la ideología de masas marxista dejó un hueco que las antiguas religiones enseguida rellenaron “por defecto”. Eso no quiere decir que el culto civil del socialismo científico fuese un equivalente exacto de la iglesia ortodoxa, de la misma forma que la iglesia protestante no es el equivalente exacto de la católica, pero en todos los casos se daban los ingredientes ya vistos del fenómeno (los ingredientes del “hechizo”): lenguaje simbólico, estrategias psicológicas, efecto emocional, creencia y cambio del comportamiento.

¿Por qué una religión sin Dios podría tener futuro? (…) Si no hay seres sobrenaturales, entonces no habría milagros, entonces no habría salvación, la oración no tendría objeto, los mandamientos no serían más que sabiduría antigua, y la muerte sería el fin.

  Y en cuanto a que la “salvación” que ofrece la religión tiene que ver con que la muerte sea o no el fin, eso contradice la experiencia de que las creencias en la supervivencia tras la muerte no aparecen en todas las religiones. Los antiguos judíos no creían en ello (los antiguos egipcios sí) y Platón tenía que defender esta creencia ante sus contemporáneos, lo que demuestra que tampoco la religión griega tenía una idea clara del mundo de ultratumba más allá de las leyendas sobre fantasmas (más o menos como en la antigua China).

El mismo Dennett, cuando define los “propósitos” de la religión se acerca más a una definición funcional del hecho religioso.

Los tres propósitos o raisons d’être favoritos para la religión son:
Consolarnos en nuestro sufrimiento y aquietar nuestro temor a la muerte.
Explicar cosas que no podemos explicar de otros modos.
Promover la cooperación grupal cuando se enfrentan duras pruebas y enemigos.

  Todo esto se puede aplicar al budismo o a la variedad marxista del maoísmo, y el temor a la muerte puede ser también el objetivo de la propaganda y el adoctrinamiento (estrategias psicológicas) de las religiones políticas: los soldados soviéticos morían a miles (a millones) en la segunda guerra mundial y, en teoría, su temor a la muerte se veía aquietado por el consuelo de que estaban construyendo el socialismo y luchando por la dignidad humana. Los hechos demuestran que, ante la amenaza  real de una muerte violenta y prematura, las promesas de supervivencia en la ultratumba no han funcionado mucho mejor.

  Eso no quiere decir que las religiones no hayan evolucionado haciendo uso del recurso de consuelo de la ultratumba, pero el asunto no es tan simple como lo plantea Dennett, pues estos ofrecimientos "mágicos" parecen más propios de las religiones evolucionadas y no de todas las religiones en general. Así pasó con las religiones griega, judía y japonesa, que pasaron del escepticismo originario sobre la ultratumba a las promesas concretas más adelante.

  Por una parte, prometer la vida eterna es barato, más quizá que otros recursos de falsos milagros, pero al mismo tiempo parece que exige cierta evolución cultural  intelectualmente  más costosa. No es que los pueblos primitivos fuesen más incrédulos (al contrario: la magia domina su mundo) sino que de alguna forma la idea de una vida eterna tras la muerte queda fuera de su imaginación. Y eso no quiere decir que no teman a la muerte y no busquen “aquietar” ese temor.

   (Por cierto, que los marxistas soviéticos podían haber ofrecido alguna esperanza de vida más allá de la muerte sin abandonar por ello su supuesto racionalismo: en Rusia era relativamente conocida la obra de Nikolai Fyodorov, fallecido en 1903, un escritor ruso espiritualista que especuló con que una sociedad humana futura de altísima tecnología e inspirada por principios humanitarios igualmente avanzados podría resucitar a toda la humanidad fallecida por pura compasión y darles así la vida eterna. Sin embargo, y pese a que la ciencia-ficción siempre es más convincente que la literatura de fantasía, los propagandistas soviéticos nunca utilizaron este recurso para prometer un paraíso marxista más allá de la muerte, pese a que el hacerlo hubiera sido, como se ha dicho, muy barato, tanto como para los judíos de antes de Jesucristo hubiera sido muy barato también emular a los egipcios en sus complicadas promesas del mundo de ultratumba. Si no lo hicieron fue por alguna razón. Y entre estas razones estaría la de que este asunto no es realmente esencial para hacer que una religión funcione.)

  Las religiones pueden, pues, creer o no creer en dioses, y pueden creer o no creer en el paraíso de ultratumba, pero todas las religiones se reconocen por el efecto emocional  y el cambio psicológico que producen en las masas o, para ser aún más exactos, en cualquiera de los individuos que componen la masa y en la suma total de todos ellos. El error de Daniel Dennett está en que, en su deseo de combatir las religiones irracionalistas actuales, pretende adjudicar al concepto "religión", de forma necesaria, los irracionalismos del mundo de lo sobrenatural.

Lo que aparentemente fundamenta el difundido respeto que se tiene por todas las religiones es la sensación de que las personas religiosas son bien intencionadas, que tratan de llevar vidas moralmente buenas, que son serias en su deseo de no hacer el mal y que hacen enmiendas por sus transgresiones.

Hay muy pocas fuerzas en el mundo tan potentes, tan influyentes, como la religión.

Para el trasiego diario, probablemente no haya nada tan efectivo como la religión: hace más humilde y paciente a la gente poderosa y con talentos, hace que la gente común y corriente se supere a sí misma, provee de un firme soporte a las muchas personas que necesitan desesperadamente de ayuda para mantenerse alejadas de la bebida, las drogas o el crimen. Personas que de otro modo estarían totalmente ensimismadas, o que serían superficiales, o toscas, o que simplemente se darían por vencidas con facilidad, con frecuencia son ennoblecidas por su religión, pues les da una perspectiva de la vida que las ayuda a tomar esas difíciles decisiones que todos estaríamos orgullosos de tomar. (…)Sin duda, la religión hace todas estas cosas buenas e incluso más, pero alguna otra cosa que fuéramos capaces de idear podría llegar a funcionar tan bien, o incluso mejor.

  Esta sería la gran tarea que Dennett ni esboza siquiera en su libro y a la que tendrían que dedicarse cerebros tan buenos como el suyo. Todavía hoy los proyectos humanitarios siguen estando en una buena parte  en manos de organizaciones teístas. Está muy bien acabar con los efectos negativos de la religión, pero queriendo destruir estos efectos negativos estamos eliminando también los efectos positivos que nadie parece capaz de reemplazar. Entre otras cosas porque nadie parece siquiera interesado en intentarlo…

Quizás un estudio podría mostrar que, como grupo, los ateos y los agnósticos respetan más la ley, son más sensibles a las necesidades de los otros y tienen un comportamiento más ético que el de las personas religiosas. Lo cierto es que hasta ahora no se ha realizado un estudio fiable que muestre lo contrario.

 Es muy posible que tras Dennett, Dawkins y los otros autores que se esfuerzan en acabar con las religiones teístas (ardua tarea, dado que todavía ni siquiera hemos acabado con los astrólogos ni con los adivinos) aparezcan por fin pensadores que investiguen seriamente cómo emular los efectos beneficiosos de la religión sin poner en riesgo en absoluto la racionalidad (¿por qué no van a poder llegar a existir religiones racionales?). Hasta entonces, podemos seguir poniendo nuestras esperanzas en la ciencia, la educación y el humanismo democrático… pero no conviene que olvidemos que ninguno de estos fenómenos sociales habría tenido lugar si la religión cristiana no hubiera ido evolucionando hasta los extremos del protestantismo del norte de Europa…

    Aunque, por otra parte, ¿y si la religión hubiera ya cumplido su recurrido, al desembocar por fin en el racionalismo? Sin duda que, a este respecto, el estado ideal de la comunidad humana a nivel planetario sería el de un mundo sin religión, igual que lo sería un mundo sin naciones y un mundo sin propiedad privada, pero todo parece indicar que al comportamiento humano, pese a sus mejoras últimas, le queda todavía alguna etapa más que superar hasta que se alcance el estado de extrema cooperación a nivel planetario que simbólicamente se llamaba “Reino de Dios en la Tierra”, según la religión cristiana, o “Comunismo”, según la religión marxista. La religión tal vez todavía sea útil para poder llegar por fin a un mundo que ya no necesite de ella.
 
   Para quienes sostengan que ya podemos prescindir de la religión y que cuanto antes lo hagamos, mejor, está disponible la interesante teoría de que la religión podría ser solo un parásito cultural y que sus efectos beneficiosos no serían tales.

Las religiones pueden ser parásitos: replicadores perjudiciales sin los cuales estaríamos mucho mejor —al menos en lo relativo a nuestros intereses genéticos—, pero que son muy difíciles de eliminar, ya que han evolucionado sumamente bien para hacer frente a nuestras defensas y para aumentar su propia propagación.  (…)Parásitos manipuladores similares infectan a los peces y a los ratones, entre otras especies. (…)Con frecuencia encontramos a seres humanos que dejan de lado sus intereses personales, su salud, sus oportunidades de tener hijos, y dedican sus vidas enteras a fomentar los intereses de una idea que se ha alojado en sus cerebros.

Es posible que la religión popular haya jugado un papel importante en la propagación del Homo sapiens, pero aún no lo sabemos. (…) Todas las poblaciones humanas han tenido una u otra versión de religión popular. Todas las poblaciones humanas conocidas han tenido también el resfrío común, que, por lo que sabemos, no es mutualista.

  En tal caso, el progreso humanista (o “civilizatorio”) no habría tenido nada que ver con las religiones (teístas o no). A muchos, esto puede parecer no muy evidente, sobre todo si tenemos en cuenta el contenido ético de las religiones y el que la sofisticación religiosa suele ir acompañada de progreso social.

  En el libro encontramos esta afirmación un tanto extraña…

Hubo un tiempo en el que ni las creencias ni las prácticas religiosas se le habían ocurrido a nadie. Después de todo, en el pasado hubo un momento en el que no había ningún creyente sobre el planeta, aun antes de que hubiera creencia alguna sobre algo

  ¿De qué tiempo habla Dennett? Todos los pueblos,  y especialmente los de hace mucho tiempo, han tenido creencias acerca de la naturaleza que les rodea y de las relaciones humanas. Esas creencias se reflejaban en mitos, en conocimiento que nosotros llamaríamos “mágico”… y en la identificación de falsas e intrincadas relaciones de causa-efecto (supersticiones). Eso sí, no eran creencias religiosas modernas. Por eso el mismo Dennett habla de “religiones populares”…

¿Acaso la religión misma es una subespecie de la medicina popular, en la que nos recetamos medicinas a nosotros mismos para aliviarnos, usando terapias que han sido refinadas por miles y miles de años de desarrollo a través de ensayo y error?

Religiones  populares son aquellas que no tienen credos escritos, ni teólogos, ni una jerarquía de funcionarios (…) Lo que llamo aquí religión popular con frecuencia es denominado religión tribal o primitiva(...) Más adelante, la religión popular se convirtió en religión organizada

  Por otra parte, es discutible la crítica a determinadas estrategias psicológicas de las religiones:

Piénsese, por ejemplo, en aquellos monjes contemplativos, principalmente en las tradiciones cristianas y budistas, quienes, contrariamente a las monjas que trabajan en las escuelas y en los hospitales, dedican la mayor parte de sus horas de vigilia a la purificación de sus almas, y el resto a mantener el modo de vida contemplativo al que se han acostumbrado. ¿De qué modo, exactamente, son ellos moralmente superiores a las personas que dedican sus vidas a mejorar sus colecciones de estampillas o sus golpes en el golf? Me parece que lo mejor que puede decirse acerca de ellos es que se las arreglan para mantenerse alejados de los problemas, lo cual es algo.

  Hablando del golf, era el antropólogo Clifford Geertz (antropología simbólica) el que comentaba que Se puede decir que un hombre es "religioso" respecto del golf, pero no si tan sólo lo practica con pasión y lo juega los domingos; ese hombre debe también ver el golf como simbólico de alguna verdad trascendente. Y lo mejor que se puede decir del movimiento monástico es que surge al mismo tiempo que las llamadas religiones compasivas (los primeros monjes eran budistas) y que el sentido del monasticismo es el de desarrollar estrategias del control del comportamiento mediante la selección de condiciones ambientales muy especiales.  Esto, naturalmente, no se hace (por desgracia) de una forma racional sino en base a antiguas tradiciones, pero el resultado es evidente: un monasterio es una fábrica de santos, igual que una academia militar puede ser (más o menos) una fábrica de psicópatas. Los avances en el control del comportamiento que han tenido lugar en los monasterios han sido fundamentales a la hora de alcanzar innovaciones éticas. Por ejemplo, en la regla de los monjes de San Benito (siglo VI)  se encuentran precedentes del comportamiento humanista que tardó más de mil años en triunfar en la sociedad civil: práctica de la no-violencia, resolución razonada de conflictos, contención de los impulsos fisiológicos, etc…

  En realidad, ha habido pocas creaciones culturales tan útiles como el monasticismo… Y eso por no hablar del papel jugado por los monasterios en la preservación –y en la creación- de numerosas innovaciones culturales más prácticas. Aunque esto  también resultaba ser una consecuencia necesaria del empeño en “fabricar santos”.

  En lo que hemos todos de mostrarnos de acuerdo con Daniel Dennett, sin ningún género de dudas, es en esto:

La única prescripción que formularé de manera categórica y sin ninguna reserva: hay que hacer más investigación.

1 comentario:

  1. Lo estoy empezando a leer ahora. En cuanto lo termine, ya hablaremos. Muy interesante por lo pronto.

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