El ser humano solo puede vivir como tal si es capaz de desarrollar sus potencialidades en un entorno cambiante. Para eso necesita, entre otras cosas, libertad. Libertad para elegir.
El objetivo de este libro es explorar cómo la idea de elegir la persona que queremos ser y el imperativo de “convertirse en uno mismo” se han vuelto en nuestra contra, volviéndonos seres más angustiados y más codiciosos y acaparadores en vez de más libres. (Introducción)
A lo que se refiere la filósofa Renata Salecie en su libro es a que, en el contexto de una sociedad que, tras el oscurantismo y la tiranía, dispone de libertad y de pensamiento racional, han surgido estrategias interesadas en manipularnos a pesar de que, en teoría, y gracias precisamente a la libertad, podemos evaluar con lógica el mundo y las circunstancias que nos rodean. Para empezar, se nos dice que no solo podemos elegir… sino que debemos hacerlo, lo que nos afecta emocionalmente para mal, debido a la trascendencia angustiosa que supone.
Este libro mostrará lo engañosa que puede ser la ideología de la elección cuando atosiga al individuo con la idea de que él o ella es el amo absoluto de su propio bienestar y de la dirección que su vida ha tomado (…) Cuanto más nos obsesionamos con nuestras elecciones individuales, más difícil se hace observar que no son para nada individuales, sino que están sumamente influenciadas por la sociedad en que vivimos. (Introducción)
Son muchos los filósofos que indagaron la conexión entre la posibilidad de elegir y la angustia. Para Kierkegaard, la angustia surge directamente de nuestra libertad, de la exigencia de afrontar la posibilidad de la posibilidad. Sartre retomó este planteo ilustrándolo con una persona que, de pie frente a un abismo, se siente angustiada no por la posibilidad de caer, sino por su libertad para arrojarse. (Capítulo 1)
El capitalismo y la democracia liberal glorifican la idea de elección, pero con la condición de que lo que se ofrece como opción es esencialmente un modelo de consumo. La elección de una nueva forma de organización social, de distintos modos de proyectar la sociedad en el futuro y, sobre todo, la posibilidad de rechazar la sociedad capitalista tal como la conocemos, no cuentan entre las opciones disponibles. (Conclusión)
En la actual sociedad de consumo no solo se nos pide que elijamos entre distintos productos, sino que se nos insta a ver toda nuestra vida como una gran síntesis de nuestras decisiones y elecciones. (Introducción)
Ante la importancia de la elección, surgen ofertas de todo tipo para ayudar supuestamente a quienes se enfrentan a la incertidumbre.
La idea de que el manejo de nuestra vida y nuestras emociones es algo en lo que podemos elegir ha contribuido al crecimiento de una vasta industria de la autoayuda (Capítulo 1)
Esto tiene mucho que ver con el establecimiento de criterios de elección… que en la realidad, limitan nuestra capacidad de elección. Nos conviene reconocer que el punto de partida es que nos dejamos llevar por sesgos establecidos por la cultura de nuestro entorno. Para deshacer esta situación de desventaja, una vez reconocida nuestra debilidad, solemos ponernos en manos de otros que nos merecen mayor confianza.
Lo que elegimos tiene muy poco que ver con la racionalidad. El modo en que lidiamos con la elección suele reflejar nuestra constitución psicológica más honda (Conclusión)
Cómo no mencionar entonces a la muy comercializada categoría de los libros de autoayuda.
Estos libros revigorizaron la idea de que la desgracia está en todas partes. Captaron los incontables defectos e inconsistencias que puede haber en cualquier persona y se encargaron de mantenernos ocupados pensando en nuestros fracasos. (…) La “autoayuda” potencia el sentimiento de inadecuación y la paranoia que supuestamente viene a aliviar. (Capítulo 1)
[Debido a] la cantidad de gente que quería cambiar su vida a partir de un libro escrito por otro [alguien comentó] (…): “Eso no es autoayuda. Eso es ayuda” (Capítulo 1)
¿Libre albedrío o determinismo? Esta polémica viene bien a los manipuladores, pero todos sabemos que es posible una visión lúcida y sin prejuicios de nuestra realidad humana. Por nuestro propio interés podemos elegir ser condicionados hasta cierto punto, como cuando vamos a un psicoterapeuta para que nos ayude a pensar, o nos adherimos a una ideología que aún no comprendemos del todo para que nos proporcione argumentos y doctrina.
Cuando las opciones son tantas, cuando la elección se vuelve tan abrumadora y la responsabilidad por elegir mal genera tanta angustia, hundirse en la indecisión parece protegernos de eventuales decepciones y arrepentimientos. (…) El individuo bien puede caer en una procrastinación permanente, en la búsqueda incesante de información sobre cada opción, y así, a fin de evitar la posibilidad del fracaso por haber elegido mal, terminar no tomando ninguna decisión. (Capítulo 5)
Nuestras elecciones están regidas por valores sociales que percibimos como fundantes de una buena elección. (Capítulo 1)
La ideología de la libre elección tiene al menos el aspecto positivo de que nos proporciona criterios comprensibles… si bien ello entra en contradicción con tal “libre elección”, ya que estos criterios también nos determinan. Ahora bien, aprender todo lo posible sobre cuáles son estos criterios y cómo llegan a formularse nos clarifica nuestra situación en la sociedad que vivimos.
Credo elemental para la sociedad: la felicidad y la autorrealización deben ser nuestros objetivos principales. (Capítulo 1)
El peligro de los criterios de elección llega hasta el caso de la hipocresía típica del darwinismo social.
Los sectores conservadores han hecho uso en numerosas ocasiones del argumento de que la pobreza es una elección, con el objetivo de perpetuar las divisiones de clases. Desde sus orígenes, la ideología capitalista se apoya en la idea de que la prosperidad está al alcance de todos y de que solo es pobre quien no trabajó lo suficiente (Conclusión)
En una cultura que promueve tan enfáticamente el amarse a sí mismo, se ha vuelto cada vez más difícil amar a alguien (Capítulo 2)
Todos estos riesgos son reales. El budismo enseñaba que la renuncia al deseo lleva a la felicidad. Esta elección de no elegir puede también obedecer a los intereses de quienes explotan a los humildes, pero al menos expone un planteamiento racional que cuestiona el ser y el actuar.
Nuestra sociedad promueve un paradigma de satisfacción y autorrealización ilimitadas, a sabiendas de que la insatisfacción es inevitable (Capítulo 3)
Sin embargo, hay esperanza de encontrar cuáles son los intereses humanos realmente propios (¿tal vez el amor?) y una vez los precisemos, ya será más fácil hallar criterios de elección.
Lectura de “La tiranía de la elección” en EGodot Argentina 2022; traducción de Cristian De Nápoli
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