domingo, 25 de agosto de 2019

“Dialéctica de la Ilustración”, 1944. Horkheimer y Adorno

  Este libro un tanto extraño (en realidad, una compilación de ensayos, artículos y conferencias) es una mezcla de erudición literaria, especulación filosófica y utopismo políticos propios de su tiempo. Es de ese “tiempo” de lo que mejor puede hablarnos.

   En 1944, la segunda guerra mundial estaba finalizando con el resultado claro de la derrota del nazismo y la victoria del comunismo soviético. Los profesores Max Horkheimer y Theodor Adorno son dos intelectuales alemanes y judíos exiliados en la capitalista América. ¿Qué es lo que ven del futuro? ¿Cómo juzgan los sucesos del pasado reciente?

El primer objeto que debíamos analizar: la autodestrucción de la Ilustración. No albergamos la menor duda —y ésta es nuestra petitio principa— de que la libertad en la sociedad es inseparable del pensamiento ilustrado. Pero creemos haber descubierto con igual claridad que el concepto de este mismo pensamiento, no menos que las formas históricas concretas y las instituciones sociales en que se halla inmerso, contiene ya el germen de aquella regresión que hoy se verifica por doquier. Si la Ilustración no asume en sí misma la reflexión sobre este momento regresivo, firma su propia condena.  (p. 53)

      La Ilustración conlleva el germen de la regresión

La Ilustración es totalitaria como ningún otro sistema. Su falsedad no radica en aquello que siempre le han reprochado sus enemigos románticos: método analítico, reducción a los elementos, descomposición mediante la reflexión, sino en que para ella el proceso está decidido de antemano. Cuando en el procedimiento matemático lo desconocido se convierte en la incógnita de una ecuación, queda caracterizado con ello como archiconocido aun antes de que se le haya asignado un valor (p. 78)

  No es algo muy diferente de lo que por la misma época especulaba Karl Popper (otro judío alemán exiliado durante la guerra) que señalaba la tendencia al totalitarismo de toda ideología utópica (o de toda ideología en general...). Ilustración, liberalismo y derechos humanos, en teoría, los vencedores de la guerra contra el nazismo, resultan muy insuficientes y, a la larga, contraproducentes para las aspiraciones humanistas porque la ideología aspira al total control del escenario y establece una supremacía sobre cualquier pensamiento opuesto. Esto parece evidente para Horkheimer y Adorno en su crítica al materialismo propio de la sociedad capitalista, consecuencia (¿o causa?) del liberalismo ilustrado.

Una vez que se puede garantizar el sustento vital de los que aún son empleados en el manejo de las máquinas con una parte mínima del tiempo de trabajo que está a disposición de los señores de la sociedad, el resto superfluo, la inmensa masa de la población es instruida ahora como guardia adicional para el sistema, para servir hoy y mañana de material a sus grandes planes. (p. 91)

  El individuo queda entonces al servicio del sistema. Y esto sería coherente con la Ilustración porque es racional. El Homo economicus está en función lógica de una organización capitalista implacable. Todo enunciado racional, en tanto que enunciado basado en una lógica supuestamente irrefutable, impone su verdad y puede degenerar en totalitarismo. El capitalismo burgués es un enunciado que se justifica por sus resultados de avance económico… pero su justificación racional es manifiestamente deficiente ya que el objetivo del capitalismo no es el bienestar de la humanidad, sino el mantenimiento del sistema económico mismo. Por eso una Ilustración que da por sentado el capitalismo es intrínsecamente incoherente y tendente al totalitarismo.

El sentido de los derechos humanos consistía en prometer felicidad incluso allí donde no hay poder. Pero dado que las masas engañadas sienten que esa promesa, en cuanto universal, sigue siendo una mentira mientras existan clases, su furor resulta provocado: se sienten burladas. (p. 217)

  El nazismo no habría sido, entonces, más que una consecuencia inevitable de la aceptación de esta Ilustración incoherente (es la tesis habitual del marxismo de la posguerra: los nazis eran una forma particular de reacción capitalista frente a los movimientos de la lucha de clases).

  Por otra parte, muchos críticos del nazismo llegaron a considerar –Horkheimer y Adorno parecen también llegar a esto- que los totalitarismos modernos en general -es decir, los derivados de la Ilustración- no eran más que la consecuencia de un proceso de maquinización del individuo. Hasta el filósofo Heidegger, él mismo nazi, después del fracaso de aquella revolución de los espíritus en la que parece que puso grandes esperanzas, llegó a decir que las fábricas de la muerte de Auschwitz eran la última consecuencia de ese mismo proceso de maquinización.

   Tenemos por tanto una crítica al capitalismo desde el punto de vista social (opresión de una clase por otra) y otra desde el punto de vista filosófico (capitalismo como reificación o maquinización de la humanidad).

La racionalidad técnica es hoy la racionalidad del dominio mismo. Es el carácter coactivo de la sociedad alienada de sí misma. Los automóviles, las bombas y el cine mantienen unido el todo social, hasta que su elemento nivelador muestra su fuerza en la injusticia misma a la que servía. (p. 166)


Con la previa identificación del mundo enteramente pensado, matematizado, con la verdad, la Ilustración se cree segura frente al retorno de lo mítico. Identifica el pensamiento con las matemáticas. (p. 78)

   Horkheimer y Adorno, filósofos de la “escuela de Frankfurt”, llegaron a conclusiones diferentes de las de Popper o Heidegger a partir del mismo problema (el totalitarismo de toda ideología). “Dialéctica de la Ilustración” fue un libro que pasó desapercibido al principio, pero que hacia la década de 1960 recibió bastante atención en los medios intelectuales europeos. Quedó vinculado a la llamada “Teoría Crítica” y se lo puede considerar dentro del mismo movimiento al que pertenecen obras como “Eros y Civilización”, de Herbert Marcuse.

Se trata de que la Ilustración reflexione sobre sí misma, si se quiere que los hombres no sean traicionados por entero. No se trata de conservar el pasado, sino de cumplir sus esperanzas. (p. 55)

  Las críticas al capitalismo, al nazismo, al consumismo y materialismo de la sociedad industrial burguesa buscan retrotraerse a una tendencia instintiva de las clases superiores para imponer su sistema de vida. Los principios burgueses estarían ya sugeridos en la lejanísima “Odisea” de Homero. Y aquí ya se halla presente la amenaza de la Ilustración.

El astuto peregrino solitario es ya el homo economicus a quien todos los dotados de razón se asemejan: por eso es la Odisea ya una robinsonada. Los dos náufragos ejemplares hacen de su debilidad —de la del individuo mismo que se separa de la colectividad— su fuerza social. Abandonados al azar de las olas, aislados sin posibilidad de ayuda, su mismo aislamiento les obliga a perseguir sin miramientos su propio interés aislado. (p. 113)

   En “Dialéctica de la Ilustración” no hay ninguna crítica al totalitarismo soviético que en esa época aparecía como el claro vencedor militar de la guerra (y que probablemente no dominó Europa entera solo por la casualidad de que los norteamericanos fueron los primeros en inventar la bomba atómica). Es obvio por qué estos autores no señalan las brutalidades del régimen soviético: para los intelectuales exiliados que residían cómodamente en California, solo el marxismo podía rescatar a la Ilustración de sí misma, si bien muchos han interpretado –después, claro- que la crítica al totalitarismo que es consecuencia del vicio racionalista de la Ilustración –y la mención al terror, que también encontramos aquí- tiene que incluir el rechazo al proyecto totalitario soviético. En cualquier caso, este libro fue leído a partir de la década de 1960, cuando el marxismo, al que se unía ahora el tratamiento psicoanalítico, se consideraba vigente pero necesario de reforma.

Los nazis sabían que la radio daba forma a su causa, lo mismo que la imprenta se la dio a la Reforma. El carisma metafísico del Führer inventado por la sociología de la religión ha revelado ser al fin como la simple omnipresencia de sus discursos en la radio, que parodia demoníacamente la omnipresencia del espíritu divino. (p. 204)

  Esto se habría podido aplicar igualmente a Stalin y al sistema de propaganda comunista…

   Pero al fin y al cabo, la visión filosófica de “Dialéctica de la Ilustración” aún es valiosa cuando identifica la sociedad humana vinculada por el mito como integrada en la naturaleza, y cómo la Ilustración supone, por un lado, la rebelión contra la naturaleza e, inevitablemente, su propia corrupción al tender asimismo a crear nuevos mitos.

Para que las prácticas localmente vinculadas del brujo pudieran ser sustituidas por la técnica industrial universalmente aplicable fue antes necesario que los pensamientos se independizasen frente a los objetos, como ocurre en el yo adaptado a la realidad. En cuanto totalidad lingüísticamente desarrollada, cuya pretensión de verdad se impone sobre la antigua fe mítica —la religión popular—, el mito solar, patriarcal, es ya Ilustración. (p. 66)

  La conclusión ha de ser entonces que la Ilustración debería contar con su propia naturaleza racional separada de la tendencia mítica. La sociedad humana es una construcción hasta cierto punto maleable. La racionalidad ilustrada habría de buscar la transformación de la sociedad en una organización centrada en el bienestar humano más allá de los convencionalismos y más allá de la misma naturaleza humana instintiva (pues ya el lejano Odiseo era un “burgués”: el individuo tiende por tanto a aprovechar la injusticia social para su propio beneficio bajo cualquier circunstancia).

  Si la Ilustración no llega hasta ese punto degenera de nuevo al mito, ¿por qué? Porque el mito es la expresión convencional, instintiva de la sociedad (el ser social como integrante de un relato). Si no queremos reiniciar el mito, hemos de llevar la Ilustración hasta sus últimas consecuencias. Quedaría sociedad como mera suma de individuos vinculados por una base cultural y educativa común, pero perdería muchos de sus elementos básicos constitutivos según la concepción convencional, propiamente, la vinculación por elementos simbólicos tan emocionales como irracionales formulados en el inconsciente por la tradición (que es el contenido psicológico del mito).

Lectura de “Dialéctica de la Ilustración” en Editorial Trotta, 1998; traducción de Juan José Sánchez.

jueves, 15 de agosto de 2019

“La red humana”, 2019. Matthew O. Jackson

  Inevitable que nos sintamos inquietos por la abundancia de las modernas “redes sociales”. ¿Se sobrevalora su importancia?, ¿son más sus inconvenientes que sus ventajas? ¿Qué son, en general, las "redes humanas"?

  El economista Matthew O Jackson usa la palabra “red” (network) en el sentido del entramado de relaciones entre entidades individuales (personas o no) que determina sus funciones mutuas. El contagio de una enfermedad implica una red. Las relaciones laborales implican una red. Un ecosistema implica diversas redes.

La red humana se caracteriza porque depende de vehículos muy especiales.

El mundo se ha hecho más pequeño muchas veces antes –al aparecer la imprenta, el sistema de correo, viajes ultramarinos, trenes, telégrafo, radio, aviones, televisión y el fax. La tecnología de internet y los medios sociales son el último capítulo en la larga historia de cambios acerca de cómo interactúa la gente, a qué distancia, cómo de rápido y con quién

  Estudiar las redes implica averiguar si la mera estructura puede influir en nuestro destino con independencia del contenido de la interacción entre individuos.

Comprender las redes sociales y la manera en cómo están cambiando, puede ayudarnos a responder muchas preguntas sobre nuestro mundo, tales como: ¿de qué manera determina la posición de una persona en una red su influencia y poder?, ¿qué errores sistemáticos hacemos cuando nos formamos opiniones basadas en lo que aprendemos de nuestros amigos?, ¿cómo funcionan los contagios financieros y por qué son diferentes del contagio de la gripe?, ¿cómo la división en nuestras redes sociales alimenta la desigualdad, la inmovilidad y la polarización?

El tema de este libro es cómo las redes amplían nuestra comprensión de muchos de nuestros comportamientos sociales y económicos

  Para empezar, hay que tener en cuenta que la función de las redes sí depende claramente de sus contenidos y no solo de las estructuras. Pensemos en lo diferente que son las redes financieras y las del contagio de enfermedades.

Tener relaciones con muchos compañeros sexuales incrementa el riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual más que si se hace sexo muchas veces con la misma pareja. En contraste con esto, al dispersar los negocios entre muchas relaciones, las compañías pueden exponerse menos a los choques que pueden golpear una región, mercado o suministrador

  Jackson hace una observación interesante con respecto a la crisis económica del 2008. Según él, las autoridades infravaloraron el poder de las redes al no intervenir para evitar el desplome de ciertas entidades financieras privadas por un prejuicio moralista (¿si son culpables de la crisis, por qué ayudarlos?)

Si las varias ramas del gobierno (incluyendo el Congreso de los Estados Unidos) hubieran tenido una imagen de redes más clara de lo que sucedía en el momento, habrían  actuado de forma muy diferente (…) Las consecuencias de no intervenir aparecieron pronto y fueron de hecho de amplio alcance y catastróficas. Dejar caer a Lehman Brothers, visto hoy, fue un enorme error

   Es decir, en este caso el error estaba en considerar antes el contenido que la estructura.

Nuestro punto de partida es cómo tu posición es una red determina tu poder e influencia

Si uno quiere una receta para que descienda la incidencia de la guerra en África y en Oriente Medio, el mensaje es claro: hay que hacer crecer las economías y las redes de comercio regional, y especialmente promover el comercio entre adversarios potenciales

   Crear una disposición adecuada para el desarrollo de redes y mantenerlas por encima de todo sería un poco la filosofía de este planteamiento. Siempre sin minimizar la importancia de cómo determina el funcionamiento de la red el tipo de individuos conectados y el contenido de su interactuación. En cualquier caso, la abundancia de redes es una riqueza por sí misma.

  Otro hecho cierto: la exposición de una persona a una red de control influye en su comportamiento. Por ejemplo, si se monitoriza a una persona en sus actividades financieras.

Tener un monitor resulta una gran diferencia: incrementa los ahorros en el 35%. La gente ahorraba más trabajando más y bajando sus gastos

   Estudiar las redes es también estudiar los individuos que las forman.

Unos pocos rasgos primarios de las redes nos proporcionan una profunda visión de por qué los humanos se comportan de la forma en que lo hacen

   Pensemos, por ejemplo, en el desarrollo social de los niños.

Por el tiempo en que entran en la escuela, los niños de familias de altos ingresos han oído se estima unas treinta millones de palabras más que los niños de las familias que son atendidas por la beneficencia. (…) Los padres de las familias asistidas hablan aproximadamente 600 palabras por hora a sus bebés, mientras que los padres con profesiones universitarias hablan más de 2000 palabras por hora a sus bebés (…) Esto tiene un impacto. Entre el 86 y el 98% de las palabras que los niños usan derivan del vocabulario de sus padres (…) La interacción temprana tiene un efecto de bola de nieve.

  Lo que el lenguaje hace es capacitar al individuo para desarrollarse en redes… en existir como ser social. Igualmente, las experiencias un tanto polémicas de trasladar a niños procedentes de barriadas “conflictivas” a escuelas en barriadas prósperas, han acabado dando buenos resultados. Los individuos son los mismos, pero cambia la interacción social.

Una persona puede tener pocos amigos o contactos y sin embargo ser muy influyente si estos pocos amigos y contactos son ellos mismos altamente influyentes. Esta clase de alcance indirecto es con frecuencia donde reside el poder, y podemos ver esta clase de influencia con mucha claridad a través de los conceptos de redes.

   Jackson subraya una “paradoja de la amistad” que consiste en que los amigos de las personas que tienen pocos amigos suelen tener muchos amigos. Se trata de una paradoja fácil de comprender desde el punto de vista estadístico: las personas con muchas relaciones sociales es más probable que alcancen incluso a quienes tienen pocas relaciones sociales simplemente por la abundancia de sus contactos.

En cualquier caso, si contamos con medios para establecer redes o participar en ellas, es un error fiar nuestras expectativas en una mera relación cuantitativa. Las redes muchas veces funcionan en base a prejuicios y producen contenidos pobres cuando la estructura predomina.

  La tendencia general de la gente para interactuar con otros que son similares a ellos mismos fue llamada “homofilia”

Al final, las intrincadas redes de información y normas que están formadas por la homofilia [gusto por los que son iguales] reprimen las oportunidades y comportamientos y es por eso que estas fuerzas tras la inmovilidad son primarias –y uno puede ver la desigualdad como resultado y no como la causa. 

   El comportamiento de homofilia es una constante psicológica humana presente en todos los comportamientos de red y siempre negativo, pues reprime la diversidad y, en la cuestión social, la movilidad es lo más deseable. Nunca se debe perder de vista la inmovilidad que implica la homofilia y nunca se la debe infravalorar.

  Como en todo, los nuevos recursos pueden dar resultados muy diferentes. Como sucedió con la radio y la televisión, las nuevas redes sociales pueden aportarnos cosas buenas y malas. Lo que necesitamos es estudiar con atención el nuevo fenómeno.

  Pensemos, finalmente, en una circunstancia vital: la llegada de nuevas informaciones, particularmente por los medios de comunicación de masas.

Si bien la tecnología es asombrosa en su variedad, volumen y velocidad de la información que proporciona [redes sociales], se está haciendo cada vez más difícil conseguir noticias que son difíciles de producir pero fáciles de reenviar. Se va inclinando la producción de noticias hacia noticias producidas más fácilmente, más cortas, con más garra, y no tanto por las noticias que sirven para promover la democracia, que son costosas y arduas de conseguir

   En este caso, la facilidad de la transmisión por la red favorecería la banalidad de los contenidos. Si el objetivo de participar en redes es interactuar de la forma más provechosa y abundante, entonces se corre el riesgo de que la cantidad predomine sobre la calidad. Y la estandarización sobre la originalidad.

   Quizá los medios de comunicación, las redes sociales y los hábitos de consumo actuales son insuficientes para suplir las inclinaciones genuinas por la innovación e incluso por la prosocialidad (relaciones que favorezcan la armonía social y el bienestar mutuo). Cualquier nueva aportación en este sentido, sin embargo, tendrá ahora a su disposición nuevas oportunidades de difusión. Las nuevas redes sociales, al fin y al cabo, surgieron de la vieja sociedad y tal vez estas nuevas circunstancias ayuden a poner las bases a nuevos contenidos y nuevas fórmulas sociales por el bien común.

lunes, 5 de agosto de 2019

“Biología de los sistemas morales”, 1987. Richard Alexander

Todos los problemas importantes y preocupantes del mundo implican cuestiones morales y éticas

   Charles Darwin en vida ya se temía que su ley de selección natural (“reproducción del más apto”), añadida a la desoladora evidencia de que la especie humana desciende de los monos africanos, acabaría llevando a muchos a poner en duda toda certeza moral. Era inevitable que muchos pensaran que, si somos animales, es claro que actuamos movidos exclusivamente por impulsos egoístas y brutales. Pero no, no es así.

La moralidad como se concibe generalmente, y posiblemente tal como es incluso vista por los idealistas de la filosofía y la teología, no es contraria a la comprensión biológica de la evolución por la selección natural

  Al fin y al cabo, ¿qué es la moralidad?

Los sistemas morales son sociedades con reglas. Las reglas son acuerdos o convenciones sobre lo que se permite y lo que no, sobre qué recompensas y castigos son probables para unos actos específicos, sobre lo que es correcto y erróneo. Si bien las reglas morales son de alguna forma diferentes de las reglas legales, o leyes, las dos están relacionadas y con frecuencia coinciden. El comportamiento moral, en general, consiste en seguir las reglas- en no engañar

   Un comportamiento correcto por el bien común. Y el bien común no es lo mismo que el interés egoísta.

Los problemas y cuestiones morales y éticos existen únicamente debido a los conflictos de interés

Debido a que los grupos sociales humanos no son enormes familias nucleares, como las colonias de insectos sociales, una consecuencia es que la competición y los conflictos de intereses son también diversos y complejos hasta un enorme grado. De ahí deriva nuestra necesidad de sistemas morales

  El biólogo evolutivo Richard Alexander fue de los primeros que abordó de forma valiente y muy documentada la cuestión de la moralidad a la luz de los descubrimientos –o redescubrimientos- de la psicología evolutiva. En la década de 1960 y 1970 tuvieron lugar ciertos cambios en la ciencia social. Se teorizó la “adaptación inclusiva” (o nepotismo) y la “reciprocidad indirecta”. Todo ello en consonancia con el concepto darwiniano de “selección de grupo”.

En la reciprocidad indirecta (…) la contraprestación se espera de alguien diferente del receptor de la beneficencia

   Es decir, A obra el bien para B, con la expectativa de que esta buena acción sea observada y reconocida por C (o por D…), que a su vez hará algo bueno por A, en reciprocidad –indirecta. Porque con su buena acción A ha conquistado una reputación que merece ser premiada por cualquiera.

Los sistemas morales son sistemas de reciprocidad indirecta. Existen debido a las confluencias de interés dentro de grupos que están acostumbrados a tratar con conflictos de interés entre grupos. La reciprocidad indirecta se desarrolla debido a que las interacciones son repetidas o fluyen entre los miembros de una sociedad y porque la información sobre subsecuentes interacciones pueden ser deducidas de observar las interacciones recíprocas de otros. Establecer reglas morales es imponer recompensas y castigos (típicamente asistencia y ostracismo, respectivamente) para controlar los actos sociales que, respectivamente, ayudan o hieren a otros. Para ser considerada como moral, una regla típicamente debe representar una opinión extendida, reflejar el hecho de que debe aplicarse con un cierto grado de neutralidad. Las reglas morales son establecidas y mantenidas primariamente mediante la aplicación del concepto de correcto e incorrecto.

Los sistemas de reciprocidad indirecta, y por tanto los sistemas morales, son sistemas sociales estructurados en torno a la importancia del estatus [o reputación]. 

   La adaptación inclusiva o nepotismo (auxilio a quienes son familia, pero no nuestros parientes directos) fue un concepto que no se le ocurrió a Darwin. Por un lado,  es evidente que favorecemos a nuestros hijos porque son portadores de nuestros genes… pero nuestros hermanos, sobrinos y primos también llevan parte de nuestros genes, luego desde el punto de supervivencia de la estirpe genética (que es lo que importa en biología) también estos parientes más alejados merecen cierto favor. Esto coincide con el antiguo concepto de “nepotismo”.

En sus esfuerzos en analizar el autointerés y el altruismo, los filósofos morales han omitido normalmente el nepotismo, y nunca incluyeron más que los aspectos más obvios (asistencia a la familia inmediata de uno). La incapacidad para tratar el nepotismo ha sido una importante fuente de confusión en los esfuerzos para generalizar acerca del altruismo y la moralidad

   La idea equivocada sería que el altruismo consiste en hacer el bien de forma universal, también a los extraños (¡y a los enemigos!), llegando incluso al propio sacrificio. Según Alexander esto no es así: en realidad se trata de nepotismo.

Parece no haber evidencia de que los humanos o cualquier otro organismo haya alguna vez alcanzado el altruismo indiscriminado hacia toda la especie representado en los modelos morales idealizados de la filosofía y la religión

  Para Alexander, el altruismo consiste en auxiliar a otros con el fin de ganarse una reputación de prosocialidad (reciprocidad indirecta) o auxiliar a nuestros parientes más o menos directos por el bien común de nuestro grupo más próximo (nepotismo).

La actividad vital [de los agentes biológicos] es divisible en esfuerzo somático y reproductivo, y después el esfuerzo reproductivo puede ser subdividido, al menos en los humanos, en esfuerzo por aparearse (por la conveniencia de los gametos), esfuerzo parental (por la conveniencia de la descendencia), y esfuerzo nepotista extraparental (por la conveniencia de los parientes no descendientes y de los descendientes que no son hijos)

   Lo que sucede es que a veces Alexander parece ignorar que estos impulsos naturales de búsqueda del estatus y de auxilio a nuestros parientes (incluso los menos directos) pueden verse sometidos –cuando menos en el Homo Sapiens- a una impresionante manipulación cultural a lo largo del avance de las civilizaciones.

La reciprocidad indirecta es más compleja de lo que parece, en parte debido a los beneficios a largo plazo que resultan de los efectos de ser considerado un altruista, y en parte porque uno debe tener en cuenta los beneficios al individuo que se acrecientan por el éxito de su grupo en competición con otros grupos.

   Para que el grupo triunfe sobre los demás grupos podemos necesitar de héroes, santos y líderes carismáticos. Podemos necesitar religiones que nos enseñen el autosacrificio y el civismo. Y lo que Alexander no menciona: pueden sernos muy convenientes sistemas éticos tan psicológicamente complejos que hagan que los individuos internalicen sus impulsos altruistas (nepotistas o de reciprocidad indirecta) hasta el punto del autosacrificio real, no tanto por las recompensas que reciban (materiales o no, directa o indirectamente) sino simplemente porque ya no podemos evitar actuar de esa manera.

Los individuos que se ven motivados altruistamente se convertirán en socios más fiables que los motivados por el interés propio. Por esta misma razón, un conocido donante de sangre puede recibir su “pago” de los miembros de la sociedad que lo aceptan en las interacciones sociales o lo tratan deferentemente comparado con otros conocidos por no ser donantes de sangre.

   Pero un donante de sangre que obra exclusivamente para obtener un trato deferente –es decir, que obra “por cálculo”- siempre será menos generoso que uno que obra altruistamente de forma “instintiva”. Desde el punto de vista del interés social, el donante que se preocupa menos del estatus es mucho más valioso… y por tanto la sociedad haría bien en promover tal tipo de conductas. Se logra esto, sobre todo, con la difusión de sistemas éticos capaces de inculcar ideales morales y hacer reaccionar automáticamente al individuo –como si de un instinto se tratase. Las religiones son el sistema más conocido de lograr esto. Aunque puede no ser el único.

No dudo de que algunos individuos ocasionales llevan vidas que son verdaderamente altruistas y de autosacrificio. Si bien admirables y deseables desde el punto de vista de otros, ello representa un error evolutivo para el individuo que lo muestra. Esto solo quiere decir que yo no veo probable que tal comportamiento sea inducido generalmente

   Sin embargo, este altruismo “de autosacrificio” es consecuencia de la complejidad cultural de los sistemas éticos y, si bien puede ser un “error evolutivo para el individuo”, se trata de un extraordinario éxito social para la comunidad dentro de la cual el individuo ha sido educado –o condicionado.

   El asunto no parece demasiado difícil de comprender: para facilitar la cooperación dentro del grupo se establecen reglas por el interés común que superan el enfrentamiento entre los intereses particulares. Ahora bien, en un principio el “grupo” no tiene una existencia institucional tal como la conocemos hoy: básicamente se trata de una familia extendida dentro de la cual se protege a los hijos, hermanos… y también a los primos y sobrinos, el “nepotismo extraparental”.  Al aumentar el grupo humano hasta las complejas sociedades propias del estado civilizatorio, el “nepotismo extraparental” –primos, sobrinos y cuñados- también puede llegar a convertirse en “nepotismo desplazado” en el que se da consideración de parientes incluso a meros aliados o vecinos, “amigos”. Todo eso puede hacerse mediante manipulación cultural –todos los hombres son hermanos…- y tiene sentido desde el punto de vista biológico puesto que favorece a grupos cada vez mayores, por tanto, cada vez más eficientes a la hora de imponerse a grupos menores y menos complejos.

   Tendremos más donantes de sangre si muchos de ellos ni siquiera se preocupan por el prestigio que ser donantes pueda reportarles. Podemos contar con donantes de las dos clases: de los que se preocupan por el prestigio y de los que no.

  Así, con esta extensión del nepotismo, tenemos una vía incluso para evitar el enfrentamiento entre grupos y para conseguir el altruismo genuino a escala universal.

  El fenómeno psicológico de la interiorización de los valores morales, que Alexander no menciona, es lo que está detrás de que uno dé una buena propina en un restaurante al que sabe que no va a volver nunca, caso en el que no hay opción de “reciprocidad indirecta”, donde no se generan beneficios para el estatus. Digamos que, como consecuencia del hábito adquirido en una sociedad de reciprocidad indirecta, el individuo acaba por realizar cierto número de actos de nepotismo “extraparental” –y desplazado- a modo de “costumbre”. Esto sí es ya altruismo genuino.

Parece existir un sentimiento general de que el comportamiento moral no requiere recompensas y castigos tal como es proporcionado por la ley 

  Esto es por un motivo claro: porque el grupo que cuente con los agentes prosociales más activos (más altruistas) es el que obtendrá una cooperación más eficiente y, por tanto, se impondrá a los demás grupos. Todos lo conocemos de la historia de las civilizaciones: las coaliciones de bandidos podrán ser muy temibles durante un breve periodo de tiempo, pero las inevitables disputas internas siempre acaban debilitándolas.  Y los bandidos no se sacrifican unos por otros. Por eso, a la larga, los “buenos” siempre ganan.

  Por otra parte, Alexander, de pasada, menciona otra de las estrategias más valiosas para desarrollar una moralidad altruista extendida al sistema social

Hay muchas formas no costosas de dar beneficios que sin embargo son de gran valor para otros

   Disponer de beneficios no costosos supone una poderosa estrategia para estimular el comportamiento altruista. Una cultura puede desarrollar el gusto por beneficios no costosos de manera que se disponga de tales recursos como intercambio para los que son más costosos. La forma más simple es conceder una condecoración, al estilo soviético. Pero hay formas a la vez más complejas y más sencillas que conocemos de la vida familiar: un acto afectivo inequívoco, como un abrazo, una palmada en el hombro, una sonrisa o una frase alentadora. Para muchos, cosas que justifican una vida… y que son estímulos emocionales perfectamente explicables para la ciencia.

  Igualmente:

Una larga historia de tales recompensas a la benevolencia ha dado lugar a que evolucionen poderosos sentimientos de bienestar cuando llevamos a cabo actos benevolentes que tienden a que nuestros amigos y asociados se conviertan en nuestros deudores

  Los sentimientos de bienestar no son un mero anticipo de las prestaciones que esperamos de nuestros deudores. Ya suponen de por sí un importante estímulo. El hacer lo correcto, el recibir el afecto y agradecimiento ya son recompensas. No costosas desde el punto de vista material, pero muy valoradas. Por lo menos en nuestra cultura actual.

Pensar que los humanos existan sin conflictos de intereses es asumir situaciones que impliquen o imiten lo que los biólogos han llegado a llamar selección de grupo, en una forma que se opone explícitamente a la noción de los individuos que luchan para maximizar su éxito reproductivo por separado

  Sin duda es antinatural que el éxito reproductivo deje de ser valorado, pero también es antinatural que el éxito sexual no implique hoy éxito reproductivo: hoy en día, las personas fracasadas de la clase social más baja suelen tener más hijos que las personas de éxito de la clase social más alta.

Mi visión de los sistemas morales en el mundo real (…) es que son sistemas en los cuales los costes y beneficios de acciones específicas son manipulados a fin de producir asociaciones razonablemente armoniosas en las cuales todo el mundo, sin embargo, persigue sus propios intereses (en términos evolutivos). No espero que los argumentos morales y éticos puedan alguna vez ser resueltos debido a que los conflictos de intereses no pueden ser resueltos de forma definitiva. Los contratos y compromisos son entonces (al menos actualmente) las únicas soluciones reales para los actuales conflictos de intereses. Es por esto que las decisiones morales y éticas deben tomarse a partir de las decisiones del colectivo de individuos afectados; no hay una sola fuente del bien y del mal

   Afortunadamente, el mundo real en el sentido biológico estricto ya apenas existe entre los seres humanos. La cultura y la civilización han alcanzado tal complejidad que el mundo biológico ya no es el principal interés. Eso no quiere decir que no sea útil conocer el origen biológico de nuestras formas de vida social civilizada. Todo lo contrario. Mientras más sepamos de la vida instintiva, con más precisión podremos manipularla.

Que la gente simplemente se ame o respete los unos a los otros y no compita con riesgo, requeriría alteraciones del comportamiento humano tan profundas que implicaría que no existiera naturaleza humana en absoluto

   Afirmación tendenciosa aunque con su parte de verdad: si la naturaleza humana se basa en el enfrentamiento entre grupos a fin de que el grupo más eficiente alcance el éxito reproductivo, el mundo actual no obedece a la naturaleza humana: las naciones más prósperas se reproducen menos que las más desdichadas. Ni siquiera podemos descartar  hoy que los grupos más eficientes tiendan a su autodestrucción precisamente por el carácter ético de su forma de vida. Hoy por hoy, muchas naciones europeas están viendo amenazada la base de su prosperidad por la tolerancia a la inmigración.

   Estadísticamente, los núcleos de población de origen inmigrante en Francia o Gran Bretaña son mucho más antisociales que los de origen nativo. Y se reproducen mucho más: esto supone una pérdida económica para la sociedad que va en contra de los intereses particulares de la población nativa. Pero es irremediable porque los imperativos éticos de Francia o Gran Bretaña hacen imposible, por ejemplo, crear campos de concentración o deportar en masa –o exterminar, como se hacía en otras épocas- a todos los inmigrantes. En suma: el comportamiento ético ha ayudado al desarrollo de las sociedades desde el punto de vista civilizatorio, pero al mismo tiempo las ha puesto en peligro desde el punto de vista biológico; la solución la encontraremos en nuevas fórmulas de convivencia siempre en el mismo sentido de desarrollo ético.

   El mismo Richard Alexander se contradice

Incluso la benevolencia indiscriminada puede ser compatible con que los humanos hayan evolucionado mediante el éxito diferencial en la reproducción

   Por supuesto que sí. La benevolencia indiscriminada puede ser una consecuencia necesaria de la evolución de la ética biológicamente determinada. De individuos egoístas en conflicto que solo admiten la reciprocidad directa pasamos a individuos astutos que procuran obtener ventajas mediante la reciprocidad indirecta y el nepotismo extraparental; de ahí pasamos a buenos ciudadanos que practican el “nepotismo desplazado” –consideran “hermanos” a todos sus conciudadanos- e interiorizan el comportamiento cívico, sensibilizándose a compensaciones no materiales a cambio de su buen comportamiento; el paso evolutivo final sería una comunidad planetaria de santos que practicaran la benevolencia indiscriminada. Es esta una visión perfectamente racional.