Mi libro quisiera contribuir a elevar nuestra conciencia del presente. (Prólogo)
Karl Jaspers era un filósofo “de los antiguos”. No era un historiador ni un científico social, pero trataba de ponerse al día. En su libro, que en su título ya nos informa de la ambiciosa temática, incorpora los conocimientos acerca de la vida social humana de la que informaban las ciencias empíricas y busca el punto de vista actualizado y objetivo.
La actitud científica diferencia lo que se sabe convincentemente de lo que no se sabe convincentemente. Además de conocer quiere saber también los métodos (Capítulo 1-II parte)
Un ejemplo de los datos históricos y arqueológicos que maneja Jaspers en su libro:
La invención de la escritura probablemente se produjo en un solo lugar, desde donde se propagó al resto (Capítulo 1-I parte)
En realidad, hoy sabemos que la escritura apareció independientemente en diversas culturas muy distantes entre sí y sin contacto alguno. Al redactar su libro poco después del fin de la segunda guerra mundial, Jaspers comete muchos errores por el estilo. Llega a escribir que las civilizaciones precolombinas debieron tener alguna conexión con las civilizaciones de Eurasia, dadas las grandes coincidencias observadas entre ellas. Estos errores –en realidad no suyos, sino de los arqueólogos de entonces- condicionan un poco su visión de los cambios civilizatorios.
Los pasos principales han sido los siguientes (…) La religión profética de los judíos, liberada de magia, de trascendencia real, con un radicalismo que no se ha registrado en ninguna otra parte de la Tierra, aunque solo durante un momento históricamente limitado y para pocos hombres, pero hablando en el Libro para los que después pudieran escuchar (…) Los griegos crearon la claridad de las diferenciaciones, la plástica de las formas, la consecuencia lógica del pensamiento racional como antes no se había alcanzado en ninguna parte (…) El cristianismo realizó la interiorización de la trascendencia más extrema, como también hicieron la India y China, mas con la diferencia de que el cristianismo encerró esta realización en el mundo de la inmanencia, y con ello introdujo una perpetua inquietud en la obra de la configuración cristiana del mundo. Pero la gran ruptura solo se produjo a partir de la última Edad Media. (…) No hubo en absoluto una evolución rectilínea, visible, diáfana. Cuando ya estaba preparada la ciencia moderna en el nominalismo de fines de la Edad Media, de pronto, y simultáneamente, sobrevinieron las orgías de la brujería. Cómo posteriormente se transformó la realidad del hombre mientras adquiría la ciencia y la técnica, dominaba las fuerzas naturales y conquistaba el globo terráqueo, es cosa que está en tremendo contraste con estas realizaciones concretas. Solo en el siglo XIX se dieron los pasos definitivos que separan todo el pasado histórico del futuro, todavía encubierto. (Capítulo 8-I parte)
En general, aunque muestra un fuerte aprecio por las culturas de Oriente, el autor considera la civilización occidental como la base del desarrollo civilizatorio humano. Occidente habría descubierto la racionalidad práctica de la inteligencia humana aplicada a la condición humana misma.
Para la conciencia del Occidente, Cristo es el eje de la historia. El cristianismo como Iglesia cristiana es, probablemente, la mayor y más alta forma de organización del espíritu humano que hasta ahora ha existido. Del judaísmo proceden los impulsos y los supuestos religiosos. (…). De Grecia procede la amplitud filosófica y la fuerza esclarecedora del pensamiento; de Roma, la energía organizadora y la sabiduría realista. (Capítulo 5-I parte)
El Occidente conoce la idea de la libertad política. En Grecia se desarrolló, aun cuando solo pasajeramente, una libertad que no existió en ninguna otra parte del mundo. (Capítulo 6-I parte)
Lo trágico se hace al mismo tiempo conciencia y realidad. Solo el Occidente conoce la tragedia. (Capítulo 6-I parte)
Y la tecnología:
El elemento verdaderamente nuevo, fundamentalmente distinto por completo, incomparable con lo asiático, en absoluto independiente, incluso extraño a los griegos, es únicamente la ciencia y técnica europea moderna. (Capítulo 1-II parte)
El conocimiento científico de la naturaleza mediante la teoría matemática, inaugurado por Kepler y Galileo, es la innovación más sorprendente y, por sus consecuencias en la técnica, inauditamente eficaz. (…) El contenido del conocimiento no está cerrado ni se le puede cerrar (en oposición al cosmos griego) (…). De aquí procede el sentido incitante de esta ciencia y después la caída en la pérdida de sentido, pues si la meta nunca puede ser alcanzada y todo trabajo no es más que el peldaño para los que vienen detrás ¿a qué el esfuerzo? (Capítulo 1-II parte)
Pero previo a las revelaciones de la sabiduría occidental se habrían producido “expansiones sapienciales” en los siglos anteriores en lugares del mundo muy alejados unos de otros. Es en este libro donde aparece la idea de “Era axial” (o “tiempo-eje”, en esta traducción).
Si hubiera un eje de la historia universal (…) este eje estaría allí donde ha germinado lo que desde entonces el hombre puede ser, allí donde ha surgido la fuerza fecunda más potente de transformación y configuración del ser humano (…) Este eje de la historia universal parece estar situado hacia el año 500 antes de Jesucristo (Capítulo 1-I parte)
La novedad de esta época estriba en que en los tres mundos el hombre se eleva a la conciencia de la totalidad del Ser, de sí mismo y de sus límites. Siente la terribilidad del mundo y la propia impotencia. Se formula preguntas radicales. (Capítulo 1-I parte)
La cronología suele ir desde Zaratustra hasta Aristóteles, pasando por Buda y Confucio. Hoy, los historiadores más cuidadosos consideran que no se trata de un periodo temporal tan preciso como Jaspers quizá pensaba, pero sigue siendo sorprendentemente destacable. El ser humano comienza a hacerse “preguntas radicales”. Si los animales se desenvuelven en el medio, el animal “Homo sapiens” se reconoce a sí mismo como parte del medio…
¿Cuál es el sentido (o meta) de la vida según Jaspers?
Se considera como meta de la historia la revelación del Ser en el hombre, el descubrimiento del Ser en su profundidad, es decir, la revelación de la divinidad (Capítulo 3-III parte)
Esto hoy no nos dice mucho, pero, aparte de la revelación de la divinidad Jaspers también enumera otras tres posibles metas de la historia: unidad política mundial, libertad y grandeza cultural.
La historia es la ruta del hombre hacia la libertad por virtud de la disciplina de la creencia. (Capítulo 3-II parte)
La libertad es superación de lo externo que me fuerza y constriñe. (…) Pero libertad es también superación del propio albedrío. La libertad coincide con la necesidad de lo verdadero sentida interiormente como efectiva y actual. (Capítulo 3-II parte)
Llevar la humanidad a la libertad equivale a llevarla al mutuo diálogo entre los hombres. (Capítulo 3-II parte)
Jurídicamente queda al individuo un margen de arbitrio (libertad negativa), por virtud del cual puede cerrarse y aislarse respecto a los demás. Pero moralmente la libertad exige justamente el abrirse a los demás, unos a otros, que puede desarrollarse sin coacción por amor y razón (libertad positiva). (Capítulo 3-II parte)
La alabanza de la libertad y la creencia contrasta con la crítica a la ideología.
Ideología es un complejo de ideas o representaciones que se presenta al pensador para la interpretación del mundo y de su situación en él, como verdad absoluta; pero de tal manera, que se engaña a sí mismo para justificarse, encubrirse, evadirse y, en algún sentido, para su ventaja presente. La comprensión de un pensamiento como ideología equivale, por tanto, a descubrir el error y desenmascarar el mal. Calificar a un pensamiento de ideología equivale a reprocharle falsedad y mendacidad; es, por tanto, el ataque más vivo. (Capítulo 2-II parte)
El método del conocimiento cada vez más penetrante de la verdad ha acabado en las bajezas del psicoanálisis y del marxismo vulgar. En el pensamiento desenmascarador, que a su vez se ha hecho dogmático, la verdad se ha perdido por completo. Todo es ideología, y esta tesis misma es una ideología. Nada queda. (Capítulo 2-II parte)
El rechazo a la ideología y la consideración positiva del “pensamiento” hacen referencia a un esquematismo descuidado y manipulador que no debe confundirse con la búsqueda de la verdad genuina. Por eso la libertad se considera una muy probable meta: una libertad que nos lleva a la razón y a la verdad también nos proporcionaría un esquema válido, una visión del mundo comunicable a todos los seres humanos. Si se rechaza la ideología –cuyo origen estaría en un exceso interesado del uso del método del conocimiento- nos queda la sabiduría.
Pero cabe preguntarse si la sabiduría, para influir de forma efectiva a la sociedad, tiene otro camino más allá de la ideología. Quizá el problema de la ideología tenga que ver más bien con el contexto social: ideologías políticas o religiosas, a la larga siempre serán nefastas, pero podrían llegar a existir ideologías morales o conductuales que facilitaran la evolución social al difundir paradigmas de cambio para mejor.
¿Vendrá una nueva era axial?
Si viene un nuevo tiempo-eje, solo puede estar en el futuro, de la misma manera que el primer tiempo-eje solo mucho más tarde siguió a la Edad Prometeica, en que se descubrieron los fundamentos de la vida humana que diferenciaron definitivamente al hombre de todo el mundo animal. Este nuevo tiempo-eje, acaso próximo, el único que abarcaría el globo entero, está por delante de nosotros sin que podamos representárnoslo. Representarlo en la imaginación equivaldría a crearlo. Pero nadie puede saber lo que traerá consigo. (Capítulo 1-II parte)
Tendría que aparecer algo nuevo, algo originariamente otro, puesto que el hombre no puede dejar de ser hombre. Eso nuevo, inimaginable para nosotros, borraría la religión bíblica hasta dejarla reducida a simple recuerdo, como lo son para nosotros los mitos, e incluso pudiera perderse hasta ese recuerdo (…) Para que pudiera prender en el hombre tendría que surgir algo como el tiempo-eje. Pues entonces la remoción interior del hombre mostraría lo que se desarrolla en la comunicación de la lucha espiritual. (Capítulo 3-II parte)
Hoy en día, más de medio siglo después de este libro, seguimos esperando la aparición de algo nuevo que pudiera ser decisivo. Ha de ser algo mejor que el desarrollo político –coerción al individuo por el bien común- y ha de ser compatible con la tecnología y la ciencia.
Lectura de “Origen y meta de la historia” en Revista de Occidente 1951 (Editor digital: Titivillus ePub base r2.1 ); traducción de Fernando Vela