El tolstoísmo fue un movimiento social que siempre se ha juzgado como anecdótico y representativo tan solo de las confusas inquietudes morales del periodo cultural de la llamada “belle epoque”. Esta “belle epoque” (¿1871-1914?), truncada por la guerra que comienza en 1914 y la revolución comunista casi inmediatamente posterior, pudo parecer una época de gradual progreso económico, social y moral que iba aunado al desarrollo científico, tecnológico e industrial.
Entre 1880 y su muerte en 1910, Tolstoi produce un conjunto de obras en las cuales delineaba su filosofía de vida. Llegó a creer en una forma de cristianismo primitivo, basado en principios de hermandad, no-violencia y no resistencia al mal mediante la violencia. Rechazó el estado, el cual solo podía existir sobre la base de la fuerza física y todas las instituciones que derivaban de él –policía, tribunales de justicia, el ejército y la iglesia rusa ortodoxa. Condenaba la propiedad privada y el dinero, y promovía vivir por el propio trabajo físico (p. 1)
Si el movimiento llegó a existir y ser generalmente conocido en el mundo entero (no solo en Occidente, pues influyó fuertemente a Gandhi en África y Asia) esto se debió sobre todo a la extraordinaria celebridad del escritor ruso. Debido no solo a su genio, sino también a su longevidad (falleció con más de ochenta años), llegó a ser el escritor vivo más famoso de su tiempo. Esta fama le dio al tolstoísmo una gran ventaja sobre otros movimientos sociales de la época que hoy llamamos “utópicos”.
Las conversiones tolstoianas tenían mucho en común con el fenómeno de las conversiones al socialismo en los años 1880 y 1890, según se ha documentado (p. 83)
La ciencia se convierte en tecnología, la tecnología pasa a la industria y se comienza a generar una riqueza económica nunca antes vista… pero la sensación es que las personas humildes no se benefician apenas de tal riqueza, que incluso se ven perjudicadas – dada la mala calidad de vida del obrero industrial-, mientras que las nacientes libertades permiten que se difunda la indignación a este respecto. Consecuencia de esta indignación son las doctrinas socialistas.
Si bien el mayor número de tolstoianos se dio en Rusia, la historiadora Charlotte Alston presta una especial atención a cómo se desarrolló el tolstoísmo en el Reino Unido, en el contexto del socialismo británico que contaba con características diferentes a las del resto del socialismo mundial, sobre todo por su relación con el pensamiento científico y la intelectualidad.
Nellie Shaw, por ejemplo, era miembro de la sociedad fabiana, el partido laborista independiente y la sociedad socialista de Croydon antes de que conociera a Tolstoi. Ella estaba buscando algo más cálido, más vital, más atractivo para el aspecto idealista de nuestra naturaleza que la mera economía (p. 70)
El tolstoísmo, que más que “socialismo” era “anarquismo cristiano”, poseía características únicas como eran el pacifismo, la austeridad y la generosidad mutua (“amor cristiano”). Se parecía al ideal monástico, especialmente si tenemos en cuenta que el mismo Tolstoi se consideraba difusor del mensaje cristiano supuestamente originario (de forma no muy diferente tampoco a la de los cuáqueros u otros puritanos), pero ciertas características trascienden de esta simplicidad.
Los tolstoianos, como Tolstoi, estaban orgullosos de su fe en la lógica y la razón (p. 204)
Éste es el elemento que podía haberlo cambiado todo: demasiado emotivos y sensibles para el duro marxismo… demasiado materialistas para el misticismo de lo sobrenatural. Como algunos cuáqueros, Tolstoi no daba valor sagrado a las Escrituras. Su idea de la espiritualidad tenía que ver más bien con la epifanía moral que experimentaban los creyentes y prestaba muy poca atención a los supuestos fenómenos sobrenaturales. Y entre los tolstoianos había incluso auténticos ateos.
Si consideramos que apenas puede dudarse de que el desarrollo civilizatorio consiste en una evolución moral que permita gradualmente al ser humano controlar su agresión y promover al máximo su cooperación, una doctrina pacifista, racional y benévola parece la solución correcta, tanto desde el punto de vista de la motivación personal de los más capacitados para la armonía como desde el punto de vista científico. ¿Por qué entonces fracasó el tolstoísmo?
Examinemos el caso de las “colonias” o “comunas” tolstoianas… el equivalente a los monasterios tradicionales… y donde el fracaso se hizo más evidente.
Establecer o unirse a una colonia agrícola [era] un paso lógico para muchos tolstoianos. Buscaban separarse de las condiciones competitivas existentes de la sociedad, pero también demostrar a esa sociedad cómo podía operar un orden alternativo (p. 119)
Estos anarquistas cristianos fracasaron igual que los anarquistas de la lucha de clases o cualquier otro intento colectivista (o socialista), mientras que las órdenes monásticas no fracasaron, y muchos puritanos de la tradición protestante, como los amish, tampoco fracasaron.
Todas sus energías iban primero al establecimiento externo de la vida, y cuando al final se establecían, comenzaban sus disputas y chismorreos, y todo se venía abajo. (p. 121)
Este era un comentario decepcionado del mismo Tolstoi que, por otra parte, nunca puso empeño en estudiar y corregir este tipo de experiencias sociales alternativas. Otros comentarios escépticos por parte de observadores y antiguos participantes van en un sentido similar.
Si estamos listos ahora para la cooperación fraternal, muchos de los pequeños experimentos de los años pasados deberían haber tenido éxito (p. 168)
“Cooperación fraternal” implica relaciones armoniosas en el marco de un entorno humano de extrema confianza (que no requiere coerción ni fiscalización).
[Los tolstoianos más pacifistas] creían que la no resistencia no era meramente algo relativo a la fuerza física, sino una actitud mental en la cual ponemos toda nuestra atención al desarrollo del bien (p. 162)
A falta de datos más precisos, parece que el error fue precisamente no haber concentrado los esfuerzos en depurar, corregir y potenciar esta “actitud mental” que una doctrina pacifista hacía necesaria a falta de un orden político coercitivo. Observemos, sin embargo, que los tolstoianos sí ponían atención a las experiencias psicológicas derivadas de la doctrina.
Una cosa que la mayor parte de los devotos de Tolstoi tenían en común era que experimentaron un momento de conversión, en el sentido de que renunciaron una perspectiva u ordenada visión del mundo por otra, o experimentaron un cambio existencial profundo y autoconsciente de un conjunto de creencias, hábitos y orientación a una nueva estructura de creencia y acción. Relatos narrativos de estas experiencias ocupaban un lugar importante dentro del movimiento. Se publicaban en los periódicos tolstoianos y se debatían en la prensa socialista de más amplio ámbito (p. 60)
Esto es un buen principio, el reconocimiento de un “cambio existencial profundo”, pero ¿cómo mantenerlo y convertirlo en base de un temperamento o de un estilo conductual, en un contexto de vida social efectiva?
Nuestro principal esfuerzo debe ser, entonces, como humanitarios, promover un espíritu social y condiciones en las cuales la crueldad será extraña, y la bondad será natural. La fraternidad humana en la práctica es el paso esencial (p. 180)
Todo esto se proclamaba entonces. Y sin embargo
[Una creyente decepcionada] narró que los residentes [de una colonia tolstoiana] mostraban falta de bondad y caridad (…) Los colonos habían confiado demasiado en la organización, más que en el espíritu (p. 202)
Dada la distancia en el tiempo y la insuficiencia de datos disponibles (que bien podrían existir, de todas formas, como diarios o cartas de los tolstoianos más tenaces) solo podemos especular sobre por qué no se desarrolló una actitud mental ajustada al ideal de fraternidad humanista.
El hecho es que no se encuentra entre los textos tolstoianos nada equivalente a los materiales didácticos de tipo psicológico que utilizaron los monjes, derivados de la tradición de los “ejercicios espirituales”. Es cierto que tampoco parecen haber existido entre los puritanos pacifistas de tradición protestante, pero el concepto de “Gelassenheit” entre los amish hace pensar que hubo entre ellos, aunque “de forma artesanal”, una cierta elaboración psicológica de un estado mental en particular con proyección en las habilidades sociales (humildad, espíritu de conciliación, falta de amor propio, capacidad para perdonar, control de la agresividad…). Las abstracciones de tales estados emotivos con repercusiones morales y conductuales son abundantes en el cristianismo, con concepciones por el estilo de la “Gracia”, el “Espíritu Santo” o la “Caridad”. No parece haber mucho de esto en los testimonios del tolstoísmo. Y desde luego no aprovecharon en nada los primeros intentos sistemáticos de explorar la psicología humana desde el punto de vista científico.
Los tolstoianos tampoco parecen haberse embarcado en debates doctrinales acerca del comportamiento cotidiano no agresivo. En general, la idea de “fraternidad” o “actitud mental” parece muy individualista, mientras que en esta época, sin embargo, se conocían ya los “manuales de etiqueta” e incluso las técnicas sofisticadas de la actuación dramática, métodos relacionados con lo que hoy llamaríamos “desarrollo de habilidades sociales”, y que muy bien pueden complementar las elaboraciones conductuales de tradición “espiritual” ya mencionadas.
Lo peor de todo: entre las numerosas actividades de los tolstoianos, no parece que existiera algo parecido a una organización caritativa a gran escala como el Ejército de Salvación.
Esto hace pensar en una actitud compasiva quizá equivalente a la de los budistas: experimentar un sentimiento de benevolencia para el beneficio individual del solitario compasivo que busca la perfección de su espíritu.
La necesidad de enfrentar la vida como un conjunto y encontrar una filosofía de la vida coherente y completa unía a los tolstoianos y daba a su movimiento una coherencia que sentían que a otros les faltaba. (…) También se definían a sí mismos y a sus respuestas en relación con otros movimientos. Ellos se felicitaban de la diversidad, pero procuraban sobre todo la unidad. Los principios que subyacían su filosofía de vida eran la fraternidad, la no violencia y la no resistencia al mal mediante la violencia. (p. 156)
Al considerarse parte de una diversidad de movimientos sociales de reforma, los tolstoianos tuvieron menos oportunidades para centrarse en los cambios del comportamiento derivados de su filosofía de vida pacifista. Deseaban desarrollar esta filosofía de vida propia… pero siempre en relación con los otros movimientos sociales.
Se observa la existencia del conflicto y del fracaso de la comunidad. No se observa un esfuerzo racional de mejora de las relaciones entre individuos… y conviene subrayar que el mensaje evangélico mismo tiene bastantes apuntes a este respecto, acerca de evitar disputas personales y cultivar una actitud de humildad.
Aunque es difícil saber cuál era el auténtico carácter del “cristianismo primitivo”, está claro que en el siglo I, dentro del Imperio Romano, no existían movimientos sociales políticamente reivindicativos, sino pensamiento religioso y escuelas éticas de desarrollo moral (como los estoicos). Los tolstoianos perdieron la oportunidad de desarrollar una filosofía de vida centrada en los cambios psicológicos propios de la benevolencia. Hubieran podido cultivar de forma racional concepciones psicológicas de la tradición espiritual, como la compasión, la caridad, la humildad y la fraternidad. Con ello es muy probable que hubiesen atraído a muchos adeptos no tanto idealistas del cambio social, sino personas subjetivamente motivadas para el sostenimiento de esos mismos sentimientos de epifanía que los tolstoianos observaban en los “estados de conversión”. Hoy contamos con más vocabulario psicológico para referirnos a tales procesos vitales, como empatía, sentimiento de elevación, prosocialidad o antiagresividad.
Lectura de “Tolstoy and his Disciples” en I. B. Tauris 2013; traducción de idea21