lunes, 25 de agosto de 2014

“El viaje al poder de la mente”, 2010. Eduardo Punset

  El divulgador Eduardo Punset ha escrito numerosos libros que tratan de presentar una conexión directa entre los descubrimientos científicos de vanguardia y las preocupaciones e intereses cotidianos. Este tipo de libros son muy útiles en tanto que predisponen al gran  público a cuestionar su realidad desde un punto de vista racional y siempre con una finalidad progresista. Así puede contribuirse a la aceptación de cambios que, de otra manera, hallarían demasiada resistencia.

  El título “El viaje al poder de la mente” hace referencia a esta capacidad para los cambios en nuestra forma de vida que es fruto de nuestra evolución intelectual.

La especie humana está en un estado de evolución en el que podemos empezar a imaginar distintos futuros. El pasado ha sido, básicamente, un pasado de coaliciones masculinas, de luchas entre ellos. (…)El futuro va a ser una domesticación creciente de nosotros mismos. Si nos remontamos a cincuenta mil años atrás, los machos de hace sólo unas decenas de miles de años eran mucho más masculinos, con la cara mucho más ancha, probablemente daban mucho más miedo. Pero hemos evolucionado. Nosotros, los machos, nos hemos feminizado, sin duda, mostrando una domesticación de nuestras propias formas de comportamiento.

    Constatar esta conexión entre cambios físicos y cambios de comportamiento (incluido el importante detalle de la “feminización”… que implica cuestionar la supuesta complementariedad igualitaria de ambos sexos) ya nos ayuda a prepararnos para cambios culturales futuros e inminentes. No podremos asumir éstos si no comprendemos que la apariencia de las cosas puede engañarnos, que dependemos en nuestro comportamiento de condicionamientos culturales heredados del pasado y que si no desarrollamos una visión crítica de estos no podremos sacar provecho de los avances de la mente humana (y, por tanto, no podremos tampoco evolucionar, puesto que toda evolución propiamente humana implica cuestionar los presupuestos culturales previos).

  Ejemplos de falsas apariencias:

Los niños reaccionan mejor ante las recompensas que frente a las medidas disciplinarias. (…) Cuando se trata de adolescentes (…) es más eficaz aplicar una medida disciplinaria cuando se equivocan que premiarles cuando aciertan. 

Hay madres que dicen que van a dejar a su hijo o hija en una guardería —hablamos de un bebé de unos cinco meses— porque el bebé necesita vida social. Creen que necesita vida social… ¡Pero los bebés no necesitan este tipo de estímulo! Lo que necesitan es una atención personalizada

  Importantes precisiones:

La violencia es un subproducto de la inteligencia y no, como se creía hasta ahora, del instinto primario. (…)La violencia es el subproducto de la sofisticación cognitiva, en el sentido de que si nos hieren, por ejemplo, tenemos que pensar en el castigo, y el castigo es algo en lo que no pensaría un insecto ni un reptil. 

La inteligencia transforma el afecto en amor y también la agresión en castigo y ganas de controlar.

  Los hallazgos de la psicología experimental, contrastados con sus aplicaciones sociales recientes, no tienen mucho valor si el público no los asume a pesar de que pueden contradecir las tradiciones.  En este sentido, no todo es “buenismo” en este libro (como suele ser en el caso de los libros de “autoayuda”): ya hemos visto que la inteligencia tiene un lado siniestro, y se ha descubierto asimismo que la opinión popular libremente expresada también puede tenerlo…

La caza de brujas surgió desde abajo; fue el pueblo el que la llevó a cabo y fue el pueblo el que exigió que se ejerciera una represión sistemática.

  El racionalismo, igualmente, no es una panacea: nuestros instintos tienen un protagonismo muy superior al que quisiéramos creer.

Hoy está comprobado que se dan procesos cognitivos muy complejos de forma inconsciente (…)El estudio científico de la intuición, lejos de abominarla, la señala como indispensable para progresar al nivel del tipo de pensamiento que persigue acertar, aunque ello comporte riesgos y procesos cognitivos complejos.

El inconsciente es responsable por su cuenta no sólo de la mayoría de las decisiones que tomamos, sino también de las que tienen mucha importancia por la sofisticación o complejidad de los procesos cognitivos implicados. Más de un lector me preguntará: ¿y entonces para qué sirve la consciencia? La pregunta es fabulosa porque así es la respuesta que están aduciendo los científicos. La consciencia sirve, ni más ni menos, que para aprender a distinguir el pasado del presente y el futuro del pasado.

   Tales conclusiones desconcertantes son, sin embargo, coherentes con lo que experimentamos en nuestro propio comportamiento cada día. Nuestra mente carecería de valor si no pudiera actuar sobre nuestro propio universo de realidades objetivas, es decir, sobre nuestra propia naturaleza.

La expresión de las emociones en todo el mundo es innata y tan permanente como nuestra constitución ósea. Mediante dos formas de acción muscular, la que modula nuestra expresión facial y la que controla los movimientos del cuerpo, somos capaces de comunicar a otros lo que sentimos; normalmente, de forma instintiva en lugar de gestos aprendidos. 

  Pero los descubrimientos de las modernas ciencias sociales, aunque con frecuencia nos muestren un perfil de la mente humana un tanto contrario a nuestras expectativas más optimistas, también nos muestran aspectos esperanzadores.

La lucha de antaño entre partidarios de la influencia del entorno y los que creen en el peso de la herencia genética ha sido sustituida ahora por el descubrimiento de la plasticidad cerebral, basada en datos experimentales. 

Plasticidad cerebral” implica también que es posible crear una sociedad más altruista y compasiva mediante la mejora duradera del comportamiento humano a pesar de los instintos conflictivos. La mente humana puede modificarse al ejercerse control sobre nuestros instintos, reprimiéndolos o estimulándolos. Este control puede perdurar en nuestros cerebros si, por propia  voluntad, actuamos para mejorar el comportamiento mediante la sustitución de ciertas pautas de actuación instintivas (agresividad, por ejemplo) por otros actos automáticos que sean consecuencia de nuestro propio aprendizaje. Es decir, nuestra voluntad puede señalarnos el objetivo del cambio de comportamiento, pero es el poder de la mente el que nos permite que este cambio modifique de forma perdurable nuestro cerebro (“plasticidad”). Podemos, en suma, reprogramarnos en buena medida, a pesar de los comportamientos automáticos que derivan del instinto.

Se ha comprobado que las conductas altruistas, como sería el caso de dar la bienvenida a un recién nacido, provocan una mejora del estado de ánimo. Con toda probabilidad, lo que prevalece es la fuerza innata e irresistible de la empatía que explica el altruismo. 

  El altruismo es la expresión más benigna de la adaptabilidad del individuo para interactuar con el grupo. Y es también la más productiva. Tanto la agresividad como el altruismo y la empatía son “fuerzas innatas”,  y si conocemos esto podemos también intervenir sobre ellas, reprimiendo los instintos antisociales y favoreciendo los que son prosociales. Pero las cosas no fueron nada fáciles al principio.

El verdadero y único poder residía en la mente. El ejercicio del poder se inició hace unos cien mil años, cuando alguien pudo intuir, por primera vez, lo que estaba cavilando la mente de su vecino. Sólo entonces se le pudo ayudar o manipular mediante el ejercicio del poder.

Emociones positivas como el amor y negativas como el odio o el desprecio activan circuitos cerebrales muy próximos cuando no idénticos; de manera que la perdurabilidad en el tiempo de la emoción vinculante viene dada por la posibilidad de recurrir a una u otra indistintamente según las circunstancias.

   Considerar tales tensiones entre emociones positivas y negativas, entre cooperación y manipulación, podrá ayudarnos a clarificar cuál debe ser la elección futura. Está claro que no es la inteligencia abstracta el mayor recurso de la mente humana, sino la inteligencia social.

Los macacos rhesus pertenecían al segundo grupo de primates —el más exitoso habían sido los humanos— con mayor éxito para sobrevivir como especie arraigada. Tanto los humanos como los macacos rhesus no lo habían conseguido gracias a una inteligencia más aguda que otros primates, sino al uso constante de la inteligencia social. El apoyo de los demás había salvado siempre a los macacos y a los humanos.

  Que esta inteligencia social no es propiamente humana en su origen parece cierto cuando se comprueba que precedió al muy humano descubrimiento del lenguaje

La aparición y «crecimiento» posterior del lenguaje fue precedido necesariamente por un consenso social en torno a principios muy básicos y universales: «Hoy por ti, mañana por mí», sentido del compromiso y de la reciprocidad social, derecho al descanso u obligación de no interferir en los ánimos de los demás; en definitiva, el lenguaje sólo habría aparecido cuando se hubiera demostrado la imperiosa necesidad de formular verbalmente, y miles de años después, por escrito, ese tipo de compromisos. El lenguaje surge cuando resulta inaplazable teatralizar los compromisos acordados en el seno de las sociedades primitivas.

 Pero una vez adquirido el lenguaje, éste se incorpora también a nuestras potencialidades innatas. Poco a poco el ser humano se aleja de sus orígenes animales…

Si nos fijamos en la adquisición del lenguaje en el niño, los estímulos que recibe para su instrucción son escasos, comparados con las generalizaciones que logra. Como resultado, es forzoso inferir que el niño ha nacido con cierto tipo de capacidades innatas

  Y, finalmente, el instrumento más humano de todos a la hora de desarrollar la inteligencia social: la moralidad:

Existe con toda seguridad, se está comprobando, una moral innata en los humanos, al margen y con anterioridad al propio desarrollo de las religiones.(…)  Las principales fuentes de nuestros juicios morales no proceden de la religión

Cuando estamos confrontados ante cualquier dilema moral, las acciones siempre son peor vistas que las omisiones (…) Hay una razón de peso que lo explica: es mucho más fácil ver las intenciones de una acción que las de una omisión.

Sólo la comunicación transversal basada en la cultura ha permitido y hará posible la extensión desenfrenada de la moralidad innata.

  Baste, por tanto, con que el individuo actual sea consciente de esa capacidad y de sus posibilidades futuras. No hay por qué considerar maravillosas estas circunstancias, solo hay que observar con lucidez lo que ha sido el pasado de la evolución humana, los medios por los que se ha producido ésta y, en base a tal conocimiento, permanecer alerta en cuanto a los desafíos futuros que puedan llegar y a sus posibles soluciones.

lunes, 18 de agosto de 2014

“Adolescencia en Samoa”, 1928. Margaret Mead

  Aunque el desarrollo del libro se atiene en general al tema que anuncia su título (la adolescencia), “Adolescencia en Samoa” (“Coming of Age in Samoa”), de la antropóloga Margaret Mead, también es una obra famosa por haber abordado una crítica a la sociedad urbana occidental de su tiempo al contrastarla con algunos aspectos positivos de la vida tradicional en los mares del sur. No se trataba de idealizar a los isleños con el romanticismo ingenuo de los narradores del siglo anterior, pero lo cierto es que se describían pautas de conducta del mundo primitivo que presagiaban actitudes progresistas del mundo moderno que estaba por venir.

   Se parte de cuestionar el tópico de la conflictividad adolescente. Y para ello Margaret Mead recurre al método antropológico clásico.

El antropólogo se guía por el principio de que cuanto más simple es una civilización más posible es el logro del análisis. (…) Elegimos grupos primitivos que han tenido miles de años de desarrollo histórico bajo sistemas completamente diferentes de los nuestros

  Se cuenta ya con una sospecha…

El antropólogo prestó atención a las opiniones corrientes sobre la adolescencia. Observó cómo actitudes que le parecieron dependientes del ambiente social —la rebelión contra la autoridad, los interrogantes filosóficos, el florecimiento del idealismo, el conflicto y la lucha— eran atribuidas a un período de desarrollo físico.

Las perturbaciones que afligen a nuestros adolescentes ¿se deben a la naturaleza de la adolescencia misma o a los efectos de la civilización?

   ¿Se encontrarían problemas parecidos bajo condiciones sociales mucho más sencillas?

  Así vio la señora Mead a los adolescentes samoanos:

La adolescencia no representaba un período de crisis o tensión, sino que era, por el contrario, el desenvolvimiento armónico de un conjunto de intereses y actividades que maduraban lentamente. 

¿Constituían el afecto y la autoridad difusos de las familias numerosas, la facilidad de mudarse de una casa a otra, el conocimiento sexual y la libertad de experiencia, garantías suficientes como para que todas las jóvenes samoanas pudieran llevar a cabo una adaptación perfecta? En casi todos los casos, sí.

Vivir como una muchacha con muchos amantes durante el mayor tiempo posible, casarse luego en la propia aldea cerca de los parientes y tener muchos hijos, tales eran las ambiciones comunes y satisfactorias.

El factor que hace del crecimiento, en Samoa, un asunto tan fácil y sencillo, es el predominio de un clima de complaciente indiferencia que penetra toda la sociedad. Porque Samoa es un lugar en que nadie arriesga mucho, nadie paga precios muy elevados, nadie sufre por sus convicciones o pelea hasta la muerte por objetivos especiales. Los desacuerdos entre padres e hijos se resuelven cruzando el niño la calle; entre un hombre y aldea, mudándose aquél a otra; entre un esposo y el seductor de su esposa, con unas cuantas esteras finas (como pago de reparación). Ni la pobreza ni grandes desastres amenazan a la gente para que ésta se aferre a su vida y tiemble por la continuidad de su existencia. No existen dioses implacables, prestos a la ira y severos en el castigo, que perturben el curso uniforme de sus días. Las guerras y el canibalismo han desaparecido hace mucho tiempo y en la actualidad la máxima causa de dolor con excepción de la muerte misma, la constituye el viaje de un pariente a otra isla. A nadie se le apura en la vida ni se le castiga ásperamente por su lentitud en el desarrollo. Por el contrario, el capaz, el precoz, es demorado hasta que los más lentos hayan alcanzado su paso. Y en las relaciones personales, la preocupación es igualmente leve. Odio y amor, celos y rencor, pena y duelo, son asunto de semanas. 

  De modo que la respuesta es:

la adolescencia no es necesariamente un período de tensión y conmoción, sino que las condiciones culturales la hacen así

  De ahí se extraen conclusiones actuales, sugerencias para el mundo “civilizado”

Podríamos realizar nuestro objetivo, consistente en el desarrollo de una conciencia de la personalidad a través de la educación mixta y del fomento de amistades libres y no regimentadas, y acabar quizá con los males inherentes a la organización familiar demasiado íntima, eliminando de tal modo una parte de los factores de inadaptación sin sacrificio ninguno de los beneficios adquiridos a precio tan elevado.

El problema actual creado por la experiencia sexual de los jóvenes se simplificaría muchísimo si fuera concebido como una experiencia y no como una rebelión, si ninguna autoacusación puritana turbara sus conciencias.

   Margaret Mead fue muy criticada por este libro. Sobre todo, se la criticó por supuestamente no haber recogido con exactitud los testimonios que le dieron los nativos y por haber extraído conclusiones exageradas. Sin embargo, si leemos "Adolescencia en Samoa" ya percibimos cierta precaución en la autora. Para empezar, la cultura samoana que la joven antropóloga norteamericana conoce, no es una tradición milenaria sino que

antes de la influencia de los blancos, era menos flexible y trataba con menos bondad al individuo anormal. La Samoa aborigen era más dura con la joven delincuente sexual que la del presente. El lector no debe confundir las condiciones que se han descrito con las aborígenes ni con las primitivas típicas. La civilización samoana actual es simplemente el resultado del fortuito y en general afortunado ímpetu de una cultura compleja, intrusa, sobre una cultura indígena más sencilla y sumamente hospitalaria.

  Y aún faltaría por añadir lo que parece un problema de perspectiva típico en el estudio de muchos antropólogos a pueblos muy sencillos en condiciones primitivas

Ocurren casos de celos apasionados, pero constituyen temas de comentario y asombro generales. Durante los nueve meses que permanecí en las islas, sólo cuatro casos me llamaron la atención

  Pero es que luego nos enteramos de que

las tres islas tienen una población de poco más de dos mil individuos

  Así que nos queda la duda de si, por ejemplo, cuatro casos de “celos apasionados” durante el poco tiempo en que la señora Mead permaneció en aquellas islas tan escasamente pobladas fueron en realidad significativamente pocos o no…

  Como conclusión más ponderada, la señora Mead, una intelectual comprometida (una de las primeras mujeres antropólogas), no podía tampoco presentar la forma de vida de los samoanos como un modelo a imitar, porque la supuesta baja conflictividad en la vida aldeana (sobre todo, por lo visto, en materia sexual) tenía como origen una cierta banalidad cotidiana…

Los samoanos se ríen de las historias románticas de amor, escarnecen la fidelidad a una esposa o amante ausente durante largo tiempo, creen explícitamente que un amor curará en seguida la pena causada por la pérdida de otro (…) El amor romántico tal como ocurre en nuestra civilización, inextricablemente ligado a las ideas de monogamia, exclusividad, celos y una fidelidad sin rodeos, no ocurre en Samoa. Nuestra actitud es un complejo, resultante final de muchas líneas de desarrollo convergentes en la civilización occidental, de la institución de la monogamia, las ideas de los tiempos de la caballería, la ética del cristianismo. Aun la apasionada adhesión a una persona, que dura un largo período y persiste frente al desaliento pero no excluye otras relaciones, es rara entre los samoanos.

Los samoanos tasan la fidelidad romántica en términos de días o semanas cuando más y tienden a mofarse de los relatos sobre la constancia eterna. (Acogieron la historia de Romeo y Julieta con incrédulo desprecio.)

En esta actitud indiferente hacia la vida, en esta tendencia a esquivar el conflicto, las situaciones agudas, Samoa contrasta profundamente no sólo con Estados Unidos sino también con las civilizaciones más primitivas. Y por más que deploremos tal actitud y sintamos que en una sociedad tan superficial no nacen personalidades importantes ni se da un gran arte, debemos admitir que reside aquí un factor vigoroso que influye en el pasaje indoloro de la niñez a la condición de mujer. Dado que nadie experimenta sentimientos muy fuertes, la adolescente no será torturada por situaciones hirientes. 

  Pero este mismo “factor vigoroso que influye en el pasaje indoloro de la niñez a la condición de mujer” hoy no es juzgado de la misma manera. Observemos la peligrosa conclusión que se extrae al observar las supuestas relaciones paterno-filiales entre los primitivos samoanos…

El cuadro samoano muestra que no es necesario encauzar tan profundamente el afecto de un niño hacia sus padres y revela que si bien podríamos rechazar la parte del esquema samoano que no acarrea ninguna ventaja, como la separación de los sexos antes de la pubertad, podemos empero aprender algo de una cultura en la que el hogar no domina ni deforma la vida del niño.

  La idea de ser laxos en las relaciones afectivas padres-hijos estuvo en boga durante algún tiempo. Pero hoy por hoy la psicología experimental ha demostrado que los vínculos paternales intensos son básicos en la construcción de una personalidad empática y afectiva. Algo que a los samoanos, como se ve, no les preocupaba de forma especial.

  Sin embargo, durante bastante tiempo pareció una opinión acertada la de que el niño buscase su identificación y sus relaciones afectivas en una comunidad más amplia fuera del núcleo familiar juzgado como opresivo, ya que se alentaba a “acabar con los males inherentes a la organización familiar demasiado íntima”.

  De todas formas, Margaret Mead sí hace una observación muy acertada y necesaria al rechazar el excesivo peso de la responsabilidad individual que la sociedad carga sobre los jóvenes.

Una sociedad que reclama decisiones, que está integrada por muchos grupos orgánicos (…) no dará paz a cada generación hasta que todas hayan elegido o se hayan hundido, incapaces de soportar las condiciones de la elección. 

  Finalmente, de la lectura de este libro, como de cualquier otro que observa con perspicacia las costumbres de pueblos exóticos, se pueden extraer algunas observaciones valiosas que no están necesariamente relacionadas con la cuestión adolescente y familiar. Por ejemplo, que los samoanos, siendo pocos y teniendo pocas posesiones, también conocían las jerarquías y que su clase alta demostraba tener una moral sexual mucho más estricta (¿no es lo mismo en la sociedad cristiana tradicional, donde se da por supuesta una mayor relajación moral en las clases bajas?)

Lo sexual es algo natural y placentero; la libertad de que puede gozar está limitada sólo por una consideración: la situación social (social status). Las hijas y esposas de jefes no deben entregarse a experiencias extramaritales.

  Y otra curiosidad: siendo el mundo de los samoanos extremadamente sencillo y alejado de las complejas tradiciones de las naciones más populosas, también conocía las ideas de sabiduría y excelencia, incluso como forma de que los jóvenes construyesen su propio estatus…

Alo era el modelo de todo lo que un joven debía ser. Evitaba la compañía de mujeres, se quedaba mucho tiempo en su casa e instruía rigurosamente a su hermano y hermana. Mientras los demás muchachos jugaban al cricket, él se sentaba a los pies de Samala y repetía genealogías de memoria. 

lunes, 11 de agosto de 2014

“La civilización empática”, 2009. Jeremy Rifkin.

  Jeremy Rifkin pretende ofrecer con este libro una visión de nuestra naturaleza un tanto optimista:

Descubrimientos recientes en el estudio del cerebro y del desarrollo infantil nos obligan a replantear la antigua creencia de que el ser humano es agresivo, materialista, utilitarista e interesado por naturaleza. La conciencia creciente de que somos una especie esencialmente empática tiene consecuencias trascendentales para la sociedad.

 ¿Y qué es la empatía, propiamente?

Empatía indica que entramos en el estado emocional de otra persona que sufre y que sentimos su dolor como si fuera nuestro.(…) Empatía supone una participación activa: la voluntad del observador de tomar parte en la experiencia de otra persona, de compartir la sensación de esa experiencia.

La empatía es el medio por el que creamos vida social y hacemos que progrese la civilización. 

El altruismo es la expresión de empatía más desarrollada.

   Si se trata de un estado emocional que permite el progreso de la civilización (que favorece la cooperación inteligente) lo primero que tenemos que aprender es por qué hasta ahora no se ha desarrollado tanto como podríamos desear. Puede darnos alguna pista de cómo se produce el desarrollo gradual de la empatía el estudio del comportamiento de las sociedades primitivas (en las que se da menos cooperación inteligente). El neurólogo Alexander Luria se acercó todo lo posible a los pueblos de cultura oral y extrajo algunas conclusiones:

Luria se dio cuenta de que aquellas personas analfabetas no eran capaces de analizar sus sentimientos ni de expresar sus emociones. Carecían del menor sentido de introspección. (…)Los sujetos estudiados por Luria también eran incapaces de pensar en abstracto y de crear símbolos

  Esta falta de habilidad para el desarrollo de la vida emotiva se reflejaba en la vida social

Las culturas orales se basaban en medios de expresión formulistas para garantizar el recuerdo. Las pautas de habla mnemotécnicas y el empleo de tópicos eran esenciales para conservar el conocimiento colectivo. La sociedad sólo podía garantizar un trato social previsible mediante la repetición de unas líneas de pensamiento.

  Uno de los mayores bienes de la civilización, por lo tanto, es el desarrollo de estructuras lógicas de pensamiento que nos permitan profundizar en la experiencia humana individual… la propia y la del semejante.

Los niños que crecen en una cultura basada en la escritura acaban construyendo las frases sin formulismos cuando hablan con otros. El acto mismo de aprender a leer y a escribir enseña a tratar cada frase —oralmente o por medio de imágenes— como una expresión única de una persona única adaptada a una experiencia única. (…)A diferencia de las culturas orales formulistas, donde las personas se comunican mediante tópicos generalizados y se hablan sin conectar entre sí con mucha profundidad —la conversación comunitaria— las culturas basadas en la escritura fomentan la individualización del lenguaje, tanto en el discurso escrito como en el discurso social y, con ello, fomentan una individualidad creciente. 

  En las civilizaciones formadas por los individuos de cultura oral las relaciones de cooperación se limitan a los grupos familiares unidos por lazos de parentesco, más o menos grandes (tribus, hordas, clanes). Esto no permite relaciones de cooperación muy efectivas.

La civilización es la destribalización de los lazos de parentesco y la resocialización de individuos distintos en función de unos lazos de asociación. La extensión empática es el mecanismo psicológico que hace posible este proceso de conversión y transformación. Cuando hablamos de civilizar, queremos decir empatizar.

  Claro que si lo vemos todo como el progreso civilizatorio a modo de medio para un fin (el progreso económico como consecuencia de la cooperación), igual lo estamos viendo de forma equivocada. Por mucho que nos hayan enseñado en la escuela que los pueblos tribales alcanzaron mayores cuotas participativas con el objeto de obtener más bienes económicos (más cosechas, mejores casas) es más que probable que el progreso económico sea un subproducto de otro tipo de ambición social.

La naturaleza humana no se caracteriza por buscar la autonomía —convertirse uno mismo en una isla— sino por buscar compañía, afecto e intimidad.(…) La noción misma de trascendencia significa ir más allá de uno mismo, ser parte de comunidades más amplias, formar parte de unas redes de significado más complejas.

  Es decir…

Si sólo fuera una cuestión de supervivencia, seguiríamos viviendo como en el Paleolítico, en comunidades mucho más pequeñas (…)Empezamos a vislumbrar la posibilidad de que, después de todo, el periplo humano tenga un propósito, de que la sensación cada vez más profunda de la propia identidad, la extensión de la empatía a otros ámbitos de la realidad más amplios e inclusivos y la expansión de la conciencia humana sea el proceso trascendente por el que exploramos el misterio de la existencia y descubrimos nuevos ámbitos de significado. Más de un darwinista acérrimo se quedará horrorizado ante tal herejía.

  De hecho, algunos descubrimientos arqueológicos han demostrado que los primeros pueblos agrícolas no eran más prósperos que los cazadores-recolectores (comían menos carne y su dieta vegetal también era más pobre) y se ha demostrado que muchas culturas sedentarias no practicaban la agricultura (podían agruparse en zonas costeras con abundancia de pesca). Es más: los espectaculares cambios culturales que implican la aparición del arte y los enterramientos (vida espiritual) precedieron al sedentarismo y la agricultura, de modo que hay pocas dudas de que primero se han dado los cambios culturales y después de estos han tenido lugar los cambios económicos. Por lo tanto, no ha sido la búsqueda del sustento lo que ha llevado a la civilización.

   Y lo que podría ser válido para la comunidad, también podría ser válido para el desarrollo psicológico del individuo:

«La necesidad innata de compañía» es el medio principal que tiene el niño de garantizar su supervivencia y  constituye el núcleo de la naturaleza humana (…) Suttie está en desacuerdo con Thomas Hobbes y con los posteriores pensadores de la Ilustración, para quienes el interés personal material es la motivación que guía al ser humano. (…) A diferencia de Freud, que veía en la ternura una sublimación débil de la excitación sexual, Suttie la consideraba una fuerza primaria que se manifiesta desde el principio mismo de la vida. (…) Suttie rechaza la idea de que todas las relaciones humanas —incluso entre bebés— estén guiadas por el deseo de tener poder sobre los demás. Aunque es una conducta que manifiestan algunos bebés cuando crecen, en el fondo se trata de un impulso secundario que surge de un déficit de ternura recíproca en la primera relación social con la madre. (…) «La ansiedad, la aversión, la agresividad (que Freud confunde con un instinto primario) y la búsqueda de poder» sólo empiezan a manifestarse cuando la madre rehúsa entregarse al bebé o rechaza sus gestos de afecto o sus obsequios

  Así que tendríamos una formulación de la idea de progreso humano en la que ha primado un desarrollo social como consecuencia del desarrollo cultural en el sentido de extensión y enriquecimiento de la empatía.

En cada etapa de nuestra evolución social la principal tarea de las comunicaciones —desde el acicalamiento mutuo hasta los chismorreos por Internet— ha sido expandir el ámbito empático para que podamos expresar nuestra naturaleza social y nuestro profundo deseo de compañía.

Las culturas orales viven sumidas en una conciencia mitológica; las culturas que poseen escritura dan origen a una conciencia teológica; las culturas con imprenta van acompañadas de una conciencia ideológica; y las culturas con electricidad dan origen a una conciencia psicológica

Los órdenes social y espaciotemporal que se plasman en las etapas de la conciencia —mitológica, teológica, ideológica y psicológica— son muy claros y definidos. Cada una de estas etapas refleja un constructo social más complejo y un mayor ámbito temporal y espacial. 

No hay ningún ejemplo histórico en el que los mercados o los gobiernos hayan precedido a la cultura o existan en su ausencia: los mercados y los gobiernos son extensiones de la cultura, nunca a la inversa. Siempre han sido y siempre serán instituciones secundarias y no primarias en los asuntos de la humanidad, puesto que la cultura crea un manto empático de sociabilidad que permite a las personas relacionarse con confianza con los demás, ya sea en la esfera del mercado o en la gubernamental.

Cuando los antropólogos estudian la historia del intercambio, encuentran que el intercambio social casi siempre precede al comercial.

  Esta realidad no siempre es fácil de observar, y hay que subrayar una lógica fuente de confusión: en general, se considera que la escasez crea situaciones psicológicas y sociales extremas (disputa por los bienes imprescindibles) que en nada favorecen las relaciones personales, y es un hecho que las manifestaciones artísticas más sutiles y valiosas suelen desarrollarse entre las clases sociales más privilegiadas económicamente.

El creciente bienestar económico dota a las personas de la seguridad que necesitan para confiar más en sus congéneres y ser más cuidadosos con el mundo material. 

Es comprensible que para los más pobres, los valores materialistas tengan prioridad, en la mayoría de las sociedades, sobre los valores propios de la expresión individual.

  Así que podemos deducir el siguiente orden de causas y efectos: un cambio psicológico hereditario (¿una mutación?) hace que los primeros grupos humanos desarrollen la empatía, un mayor interés por las relaciones interpersonales, de lo que es muestra la aparición de la “vida espiritual” (arte, religión). Efecto de este cambio sería la tendencia a la vida sedentaria, más enriquecedora de las relaciones sociales que el nomadismo. De la vida sedentaria surge gradualmente la agricultura, como medio para sustentarla económicamente. Con el sedentarismo y la agricultura, comienza el aumento de población y la civilización urbana. Recordemos que el que esto sea así no contradice el otro hecho de que la dureza de la lucha por la existencia dificulte la expresión empática: a largo plazo, la expresión empática beneficia económicamente, pero a su vez el bienestar económico facilita el desarrollo cultural, lo que explica la rápida evolución de la expresión empática en los últimos siglos.

La densidad de la población facilitaba el intercambio cultural y el inicio de una actitud cosmopolita. Estos contactos nuevos solían dar origen a conflictos, pero también abrían la puerta a las relaciones con personas que hasta entonces se habían tenido por extrañas.(…) Encontrar lo similar en unos grupos diferentes reforzó la expresión empática y la hizo más profunda, llevándola por primera vez más allá de los lazos de parentesco.

  El desarrollo empático se retroalimenta constantemente. En realidad, es insaciable, y la vida urbana le da las mejores ocasiones… En su libro, Jeremy Rifkin analiza el constante avance de la conciencia empática a lo largo de la historia.  Sin duda, el cristianismo tuvo una gran relevancia en este sentido al ser una religión de masas en la que la afectividad y la introspección del individuo corrían paralelas a la estima de los comportamientos altruistas.

Si hay una característica de las primeras comunidades cristianas urbanas que destaque sobre todas las demás es la intensidad emocional, el afecto y la buena voluntad entre sus miembros.  (…) Las epístolas de Pablo de Tarso abundan en palabras de afecto. Se refiere a los fieles como «hermanos» y «amados». Habla de sí mismo y de los apóstoles diciendo: «Fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos». Tanta efusividad era muy rara en aquella época y no tenía precedentes en la historia

  Con todo, Rifkin señala lo que le parecen ciertos límites del comportamiento empático del Nuevo Testamento:

Hasta la historia del buen samaritano que se nos relata en el Evangelio de Lucas (10,27) está impregnada de la noción del deber de uno para con Dios, no de sentir una identificación empática con un desconocido.

  Puede objetarse que en otros pasajes evangélicos la identificación empática es todavía más manifiesta, pero no deja de ser verdad que los primeros cristianos no pueden prescindir de la autoridad exterior divina: es Dios quien nos hace iguales, es Dios quien nos exige que obremos con caridad. Por eso parece lógico que a medida que el cristianismo evoluciona las experiencias empáticas se vayan “alejando de Dios” imperceptiblemente en la medida en que la vivencia individual autónoma va ganando todavía más relevancia. Pensemos en las “Confesiones” de Agustín de Hipona

Que sepamos, fue el primero que escribió un relato detallado del despertar de su conciencia personal. (…) Fue el primero en expresar una evaluación meditada de su propia vida (…) Las Confesiones de Agustín de Hipona fueron un caso singular —el primer intento verdadero de escribir lo que se podría calificar de autobiografía (…) Entre los años 500 y 1400 sólo se escribieron unas diez obras autobiográficas de renombre (…) A mediados del siglo XVII el género autobiográfico experimentó un boom.

  El desarrollo cristiano de la introspección continuará gradualmente a lo largo de los siglos, y la autoridad más o menos benigna de Dios se irá haciendo menos perceptible en comparación con la autoridad de la propia conciencia…

¿Cómo saber si uno está entre los elegidos o los condenados? Juan Calvino sostenía que hay señales que nos pueden dar una idea de lo que nos espera, incluyendo entre ellas alcanzar el éxito en la vida. (…) Los protestantes se pasaban horas buscando en su conducta, en sus pensamientos y en sus estados de ánimo cualquier señal de bondad o de maldad que pudiera revelar su destino. (…) El cristiano protestante estaba sumido en un estado permanente de autoanálisis. (…) Por ejemplo, si alguien realizaba un acto de bondad, pero en el fondo lo hacía para obtener alguna señal de ser uno de los elegidos, lo único que había hecho era engañarse a sí mismo. Los protestantes de la época empleaban el nuevo recurso literario del diario para anotar cada día todos sus actos con el fin de poderlos repasar y determinar si en sus conductas había alguna señal de que se hallaban entre los escogidos.

  Esta potenciación de la capacidad del individuo para sentir por sí mismo acabará llevando a prescindir del respaldo divino y de la obsesión por la salvación o el castigo.

Ser consciente de uno mismo es ser consciente del estado de separación de uno mismo. El nuevo interés en el individuo autónomo y dueño de sí mismo se reflejó en una nueva transformación histórica de la manera de vivir. La vida que se vivía en público y que había caracterizado las épocas anteriores de la historia empezó a perder peso cuando las personas se retiraron a sus casas y, más adelante, a sus propias habitaciones. La privacidad, un concepto con escaso significado ontológico en la Edad Media, empezó a ser algo que desear hacia el siglo XVI y la burguesía urbana del siglo XVII pasó a considerarla un derecho inalienable.

Una persona no es verdaderamente buena porque se le haya obligado a serlo con la amenaza de un castigo o la promesa de una recompensa, sino porque sentir empatía forma parte de su naturaleza. (…) Ser verdaderamente humano es sentir una empatía universal y dotar de rectitud moral la propia experiencia corpórea.

  Observemos, de paso, que parece haber una relación entre las creencias en lo sobrenatural y la necesidad de expresar la empatía. Podría ser no tanto que el racionalismo científico nos aleje de la creencia en Dios, sino que la profundización empática nos haga prescindible esta ficción (un ser imaginario, una autoridad benévola) para sustentar nuestra mejora del comportamiento íntimo, que ahora se desarrolla entre seres reales, próximos y accesibles.

  El desarrollo empático también podría explicar por qué en su tiempo surgieron las religiones cuyos dioses ofrecían la vida eterna. Recordemos que no se trata de ninguna gran invención con el fin de engañar a los creyentes porque, en teoría, cualquier charlatán es capaz de inventar tales portentos que nadie puede demostrar… y a pesar de eso, son solo unas cuantas religiones las que apelan a ellos. Si, como predicaban los marxistas, se tratase solo de un truco para engañar a las masas, resulta increíble que tantas religiones no hubieran recurrido a él (por ejemplo, los antiguos judíos y griegos... aunque no los antiguos egipcios) ¿por qué renunciar a un truco tan barato y efectivo? Evidentemente, porque se trataba de algo más que de un truco...

El miedo a la muerte empezó a oscurecer la vida de nuestros antiguos antepasados cuando rompieron el ciclo de la naturaleza y avanzaron lentamente hacia la conciencia histórica. (…)La conciencia prehistórica no era diferente de la de los bebés y los niños pequeños de hasta 5 o 6 años de edad, que tienen una concepción muy vaga de la muerte y de su propia mortalidad. (…) La muerte se tenía por un simple pasaje al otro mundo, donde uno caía en un estado parecido al sueño o a la hibernación.

Nuestra búsqueda espiritual de la inmortalidad empezó a dejar paso a una búsqueda mucho más laica a finales de la Edad Moderna. Los grandes pensadores de la Ilustración plantearon la idea radical del progreso humano con una visión de la inmortalidad terrenal que era totalmente nueva para la civilización occidental

  Al cabo de este viaje por la historia, el libro de Jeremy Rifkin nos lleva, naturalmente, a la época actual y nos plantea qué pasos nos quedan por dar en nuestra búsqueda de un desarrollo empático y altruista superior.

  Para empezar, señala lo que parecen ciertos límites insuperables:

Si todo el mundo sintiera ansiedad empática y actuara de una manera altruista a cada instante, no podría atender lo suficiente a sus propias necesidades de bienestar emocional, cognitivo y físico. Nuestra fisiología parece entender esto y establece unos umbrales mínimos y unos límites máximos a nuestra respuesta empática.

   Por supuesto que atender a nuestro bienestar emocional, cognitivo y físico depende en buena parte de los medios materiales de los que dispongamos para ello, pero el caso es que hoy la tecnología nos permite la práctica masiva del altruismo no solo a nivel económico, sino también a nivel emocional y cognitivo (medios de comunicación, almacenamiento de información, profesionalización y especialización de las atenciones mutuas de apoyo psicológico), así que, en realidad, no podemos poner límite a la expansión empática en la misma medida en que no podemos ponerlo al desarrollo intelectual y tecnológico.

  Veamos más cosas en lo que se refiere a la expresión empática que pueden sernos útiles…

Aunque es probable que para la mayoría de las personas la empatía sea una respuesta emocional y cognitiva al sufrimiento ajeno (…) también se puede sentir empatía con la alegría ajena.

   Esto sería un buen incentivo para que la empatía se retroalimente, ya que si la alegría de otros contribuye a nuestra propia alegría, nosotros también podemos contribuir de la misma forma a la alegría de nuestros semejantes… Claro que cabe preguntarse si este feliz fenómeno puede generalizarse hasta tal punto, si no dependerá mucho de la sensibilidad del temperamento innato de cada uno.

Cada bebé nace con unos ritmos y unas predisposiciones conductuales innatas que influyen en su posterior conducta de apego (…) Tanto lo innato como lo adquirido intervienen en la formación del apego

  Esto supone otro conocimiento muy importante: que las relaciones empáticas entre individuos dependen también de cierta capacitación innata, y no solo de los logros de la cultura que exista en nuestro entorno. Recordemos la existencia de una pequeña minoría de psicópatas (personas sin o con muy poca empatía)… y a la vez no olvidemos tampoco que necesariamente han de darse personas con predisposiciones conductuales en el sentido opuesto (personas con mucha empatía). Esta diferente predisposición innata a la expresión emocional forma parte de lo que se llama "temperamento" o personalidad. El carácter de las culturas suele darse por la selección de determinados rasgos del temperamento (por ejemplo, empatía, agresión, hedonismo...).

  Jeremy Rifkin hace otra observación muy valiosa: la de que podríamos encontrarnos en una nueva etapa de desarrollo cultural, el de la conciencia dramatúrgica…

La conciencia mitológica, la conciencia teológica, la conciencia ideológica, la conciencia psicológica y ahora la conciencia dramatúrgica marcan el paso evolutivo de la psique humana. Con cada sucesiva reorientación, la sensibilidad empática ha alcanzado nuevas cimas. 

   Veamos primero lo que se llama “la conciencia psicológica

La nueva conciencia psicológica dominaría el siglo XX (…)Con la conciencia psicológica, la gente comenzó a hablar de sus propios sentimientos e ideas, así como de los ajenos, en formas jamás imaginables con anterioridad. Se convirtieron en los exploradores y analistas psíquicos de la mente humana. (…) Ambas fuerzas (los cambios tecnológicos y los avances culturales) surgieron en una relación simbiótica desde el principio, en la que los primeros afectaron a los segundos y viceversa, y que en el proceso alumbraron una conciencia psicológica embrionaria que se desarrollaría y maduraría durante la segunda mitad del siglo XX.

  La psicología, que en un principio existió como hermética disciplina solo para unos cuantos iniciados, llegaría a las masas bastante pronto, y precisamente como consecuencia del deseo empático de ayudar a nuestros semejantes como medio para ayudarnos a nosotros mismos…

La terapia de grupo no comenzó gracias a psicólogos o psiquiatras, sino en  (…) Alcohólicos Anónimos, el primer grupo de autoayuda (…) Un entorno íntimo, de compartir sus historias y ayudarse mutuamente en su recuperación (…) El proceso de rehabilitación evolucionó con el tiempo hasta convertirse en un programa de doce pasos (…) El programa en doce pasos contenía elementos del acondicionamiento conductista.

     Y una vez se ha abierto paso la comprensión psicológica (el poder racionalizar las emociones de nuestros semejantes tanto como las nuestras, el que hoy estemos familiarizados, en la lengua coloquial, con expresiones como "frustración", "libido", "autorrealización"...), quedaría la opción de utilizar esta comprensión para actuar sobre nosotros mismos mediante la representación abstracta de las relaciones interpersonales. Eso nos sitúa en la ya mencionada “conciencia dramatúrgica

Todo comportamiento social intencional es dramatúrgico por naturaleza.(…) La conciencia dramatúrgica se torna prácticamente necesaria en una civilización compleja e interconectada (…) El dramatismo parte de la premisa de que por un lado los seres humanos no podemos sino comunicarnos a través de símbolos, y por otro no podemos sino ser conscientes de que las personas que nos rodean están interpretando el mundo que las rodea. El mundo consiste en hechos u objetos sociales merecedores de ser comunicados, que se desarrollan de forma dramatúrgica y presentan un tema. (…)La conciencia dramatúrgica suscita la problemática cuestión de la autenticidad. 

Aun cuando el engaño es algo universalmente desacreditado, la imaginación activa es alabada como algo esencial a la hora de crear un sentido de la propia personalidad y del mundo que nos rodea y de formar vínculos empáticos maduros. Los teóricos del teatro como Constantin Stanislavski hablan de una interpretación superficial frente a una profunda. La primera depende del arte del engaño; la segunda, del arte de la imaginación.(…) La verdadera interpretación, que Stanislavski bautiza con el nombre de interpretación «del método», surge cuando el actor se adentra en su propio subconsciente y su memoria semiconsciente y busca una experiencia emocional análoga de su pasado en la que pueda inspirarse, que le permita sentir como si estuviera experimentando el estado emocional del personaje al que interpreta.

El método de interpretación de Stanislavski aplicado en el mundo real puede tener consecuencias empáticas reales.(…)  A los orientadores se los animaba a pensar en otro sentimiento pasado que pudiera dar un giro emocional positivo a la situación que tenían entre manos. (…)Una azafata señaló que, cuando tiene que tratar con algún pasajero que ha bebido demasiado o que se pone pesado: Intento recordar que si está bebiendo demasiado, es probable que tenga miedo a volar. Me digo: «Es como un niño pequeño». (…) Cuando la interpretación profunda se utiliza con los fines prosociales adecuados, estamos ante una potente herramienta mental que permite estimular los sentimientos empáticos. 

  Sin embargo, no profundizamos aún en esta gran verdad en nuestra vida cotidiana. Si comprendiéramos que la vida social es una actuación estaríamos quizá más capacitados para afrontarla.

Podemos llegar a ser más empáticos interiorizando el estado emocional de otra persona o bien comparando su estado emocional con experiencias emocionales de nuestro pasado.

  En cuanto a las cuestiones de autenticidad y engaño, no hay en verdad tanta diferencia entre lo que vemos del semejante y lo que éste es, porque todo lo que existe en nuestro entorno lo conocemos únicamente por nuestra experiencia sensorial. Si fuésemos más conscientes de esto es probable que nos capacitásemos para ver y percibir cuanto más mejor, lo cual enriquecería tanto nuestra sensibilidad como nuestra capacidad de respuesta. Un buen espectador es un buen crítico, tanto como un buen actor no es lo mismo que un histrión…

Extremar nuestra capacidad para comprender el comportamiento ajeno estimularía a los individuos a perfeccionar su actuación. Si somos capaces de encontrar placer en los espectáculos dramáticos, también podríamos encontrarlo en ser nosotros los propios actores de nuestras vidas tanto como espectadores críticos de la de los otros. Nos exigiría precisar nuestros objetivos dramáticos y no limitarnos a ocupar un estatus y unas funciones sociales que descuidan nuestra vida sensible. 

  Observemos que la actuación es doblemente valiosa. Por un lado, nos clarifica nuestro desenvolvimiento en la vida social, pero es que también puede ayudarnos a mejorar el comportamiento que hemos previamente analizado. Actuar no es necesariamente  fingir, también es una forma de lograr el desarrollo de experiencias auténticas. Pensemos en la

importancia del componente fisiológico para inducir un estado emocional. (…) «Nos sentimos apenados porque lloramos, enfadados porque golpeamos y asustados porque temblamos». Este fenómeno recibe el nombre de «retroalimentación aferente»

lunes, 4 de agosto de 2014

“De sapos a príncipes”, 1979. Grinder y Bandler.

  El conductismo, frecuentemente ridiculizado por las otras escuelas de psicoterapia, maniobró con acierto al derivar hacia otras denominaciones. Una de las más aceptadas ha sido la de “Programación NeuroLingüística”.

  Como cualquier variante conductista, y a diferencia del psicoanálisis o de la psicología humanista, algo que caracteriza a esta tendencia es la indiferencia total a los “contenidos”:

Por lo general, los problemas de la gente no tienen nada que ver con el contenido, sino más bien con la estructura, con la forma de cómo organizan su experiencia.

Cualquier sistema de creencias es tanto un conjunto de recursos para hacer una determinada cosa como un conjunto de limitaciones severas para hacer cualquier otra cosa. El único valor que tienen las creencias es que los hace congruentes. 

El componente verbal es la parte menos interesante y menos influyente en la comunicación.

  Un terapeuta conductista –o de “PNL”- lo que hace es recurrir a una serie de trucos más o menos inteligentes para corregir una conducta –“conducta problema”- en el sentido en el que el cliente se lo solicita.

  Este libro de Grinder y Bandler (considerados los padres de la PNL) es una recopilación de un seminario para terapeutas durante el cual se expusieron algunos de estos trucos, que reciben nombres como “metamodelaje”, “anclaje”, “reencuadre” o “chequeo ecológico”. Todo esto se relaciona con una serie de revelaciones acerca de la naturaleza de la conducta humana inmediata, como son las pautas de acceso ocular, la eficiencia del hipnotismo o la naturaleza de las fobias.

  No debemos equivocarnos en el sentido de que se trate de charlatanería. Buena parte de todo esto funciona y se trata de hallazgos útiles y muy significativos.

  El autor del prólogo de este libro, John Stevens, declara: Yo he sido intensamente condicionado a creer que el cambio necesariamente es algo lento y, por lo general, difícil y doloroso. Aún me cuesta aceptar que generalmente puedo curar una fobia u otro tipo de problema arraigado durante largo tiempo en forma indolora y en menos de una hora

  Y los autores nos dicen lo siguiente:

Nos llamamos a nosotros mismos modeladores. Esencialmente lo que hacemos es prestar muy poca atención a lo que las personas dicen que hacen, y mucha atención a lo que las personas hacen, construyendo luego un modelo de lo que hacen. (…) No les estamos ofreciendo algo que es verdadero, únicamente cosas que son útiles.

  Antes de seguir adelante y explicar algo sobre el repertorio de trucos, conviene que recordemos que la humanidad guarda experiencia de muchos otros sistemas parecidos de manipular el comportamiento humano. Recordemos que se ha dicho que la eficacia no tiene nada que ver ni con los contenidos ni con las creencias… y a ello tendríamos que añadir que tampoco tiene nada que ver con la libre voluntad del sujeto, que puede ser condicionado por cualquier agente exterior que demuestre poseer los recursos psicológicos para ello (aunque en el caso de los terapeutas, estos suelen ser pagados por quienes desean ver corregidas las ya mencionadas “conductas-problema”).

  Debido a la urgencia del asunto, el adiestramiento militar es el ejemplo más asequible y conocido de programación de la conducta a lo largo de la historia. Como el psicólogo afirma, se obtienen resultados duraderos en poco tiempo. Se puede curar una fobia, por ejemplo, la fobia a matar personas inocentes, si se aplican viejos trucos del condicionamiento conductual por el estilo de los de la película “La chaqueta metálica”.

  Y una vez aclarado esto, veamos los fundamentos del sistema de la PNL a través de algunos de sus conceptos más usuales.

  Por ejemplo, el “metamodelo”:

Es un modelo verbal, un modo de escuchar la forma de la verbalización en oposición al contenido. Una de las distinciones que hacemos ahí son los «verbos inespecificados». Si yo soy su cliente y le digo a usted «mi padre me asusta». ¿Ustedes entienden lo que yo estoy hablando? No, desde luego que no. Si yo dijera «Mi padre me X-ea», tendría el mismo significado, porque para una persona «Mi padre me asusta» puede significar que su papá le pone un revólver calibre 38 en la sien cada vez que llega tarde a casa, y para otra persona puede significar, sencillamente, que su padre pasó por el living sin decir una palabra. Así que la frase «Mi padre me asusta», tiene muy poco contenido. Simplemente describe que hay algún proceso, en este momento inespecificado. 

  Es decir, la técnica del “metamodelo” somete al lenguaje a una reorganización para que se revele el contenido psicológico real de lo que se manifiesta. Al eliminar los términos inespecíficos, al descubrir las omisiones inconscientes, al desechar las generalizaciones y al precisar los términos ambiguos logras cambiar la forma en que te comunicas ahora, con los demás y contigo mismo.

  Otra de las técnicas más usadas es el “anclaje”. El terapeuta puede comentar a sus clientes (en el ejemplo siguiente, una pareja en busca de “terapia familiar”):

“Ayer entró una serpiente cascabel aquí a mi living, estaba en el suelo. Fue terrible». A medida que decía esto miraba el suelo detrás de su silla y lentamente seguí el curso de una serpiente imaginaria a medida que lo atravesaba. Luego la pareja empezó a hablar. Cada vez que empezaban a discutir y argumentar yo miraba nuevamente el suelo y se detenían instantáneamente. Estaban anclando su terror a las serpientes a ese tipo de conversación. Luego de más o menos de una hora de eso ya no conversaban. Les resultaba demasiado desagradable, porque luego de un tiempo su desagrado por las serpientes se asoció con el discutir. 

  Otro método de la PNL es el “reencuadre”

Si un cliente dice: «Bueno, usted sabe, supongo, que no soy un marido perfecto», dirá entonces: «¡Gracias a Dios!, qué alivio. Han venido ya esta semana tres maridos perfectos y son tan aburridos». Lo que hace es invertir la presuposición subyacente en la comunicación que recibe.

  En términos generales, la terapia de “PNL” parte de la reorganización de la actuación consciente, desenredando la percepción de estímulos y la toma de decisiones. Todos los demás trucos simplemente nos facilitan acceder al orden. En este proceso de reordenación de las diferentes “partes” inconscientes que componen el comportamiento consciente, es importante entender que el terapeuta se muestra indiferente, e incluso opuesto, a la participación consciente del individuo. De ahí que se apoye el uso del hipnotismo y se opine que

nuestras mentes conscientes son poco aceptantes del cambio. 

  También los autores son claros en lo que se refiere a sus críticas a las otras terapias en este aspecto.

Casi todas las sicoteologías humanistas modernas implican que es necesario estar consciente para realizar los cambios. Eso es absurdo.

  En resumen…

Lo que hicimos fue sencillamente cambiar el orden en que los sistemas ocurrían. Hicimos que primero tuviera la respuesta kinestésica (sensaciones del propio cuerpo) y luego hiciera la imagen internamente. Eso le hizo imposible ser fóbico. Pueden tratar cualquier limitación que se presente como un logro particular de un ser humano y descubrir cuáles son los pasos. Una vez que entiendan cuáles son los pasos, pueden invertir el orden en que ocurren, pueden cambiar su contenido, pueden insertar nuevos pasos u omitir algunos.

  Veamos el ejemplo del alcoholismo. La lucha contra el alcoholismo es extraordinariamente importante tanto en la historia de la psicología práctica como en el desarrollo humanista de las masas en general, puesto que llevó al surgimiento de los grupos de terapia y la famosa técnica de los “doce pasos”…

Los alcohólicos anónimos dicen: «Una vez alcohólico, siempre alcohólico». Eso para mí es una declaración de que su programa fracasa al no integrar los programas motores que aún pueden ser disparados por la presencia del alcohol. De modo que basta un trago y tienen que continuar, o un cigarrillo más adelante y, ¡boom!, esa persona nuevamente ha vuelto a ser fumador. Las pautas motoras disociadas siempre podrán ser disparadas a menos que se integren. Si uno disocia a alguien y lo reordena, asegúrense de armarlo nuevamente. No dejen esas configuraciones motoras tiradas por ahí. Esa es una de nuestras responsabilidades profesionales; el que no le sobren piezas, por así decir. 

Hay dos etapas en el tratamiento del alcoholismo. Una es asegurarse de que la ganancia secundaria sea recogida por alguna otra actividad: podrán por ejemplo, tener la camaradería, pero no es necesario emborracharse para ello. (…) Entonces anclan otra cosa para que tome el lugar del estímulo provisto por el alcohol, de modo que no tengan que pasar por el estado alcohólico para obtener las experiencias que quieren y necesitan. Hemos trabajado con alcohólicos en sesiones únicas que funcionan realmente bien, siempre y cuando nos aseguremos que estén involucrados estos dos pasos.

  Y ya que se ha mencionado, fijémonos en el un tanto siniestro concepto de las “ganancias secundarias”:

Cada uno y único trozo de conducta tiene una función positiva en algún contexto. Sería una muestra de irresponsabilidad de parte nuestra si sencillamente cambiáramos la conducta de las personas sin tomar en cuenta la noción denominada «ganancia secundaria»

  Ya hemos visto el caso del alcoholismo (la camaradería de la comunidad de bebedores como “ganancia secundaria”), pero cualquier manipulador puede hacer uso de esta ventaja en cualquier otro contexto. Por ejemplo, un tirano puede aprovecharse de que su víctima tiranizada interprete su falta de libertad como una ganancia en el sentido de que no tiene que esforzarse en tomar decisiones. Así, una combinación de amenazas, de engaños y de ofrecimiento de ganancias secundarias ha sido y sigue siendo eficaz en la manipulación de personas incautas.

  En lo que se refiere a “reordenar” la conducta, la misma aparición en la mente del individuo del concepto de “ganancias secundarias” (el tenerlo en cuenta) supone una magnífica ventaja para el que se halla en riesgo de ser manipulado.

  En conjunto, las técnicas que se asocian a las terapias conductistas podrán ser más o menos eficaces, pero todas resultan reveladoras de los mecanismos sociales en base a los cuales se expanden las innovaciones en la naturaleza humana. Se trata tanto del riesgo de ser manipulados emocionalmente como de nuestra capacidad para asumir que deseamos ser cambiados. No se habría dado progreso humano alguno si no hubiera existido una forma de manipular las emociones más allá de nuestras tendencias innatas heredadas del paleolítico (la religión ha sido la vía habitual para la manipulación psicológica con fines prosociales). Y es que en el comportamiento constantemente nos vemos afectados por el entorno social. La mejor forma de afrontar esto es aprender a usar de forma razonada nuestra misma capacidad de control. Es decir, aprender a manipularnos a nosotros mismos.

  El primer paso ha de ser el de siempre: reconocer el propio deseo de cambio. Una vez has fijado tu meta, tienes que buscar los medios. Por tanto, los descubrimientos de profesionales ambiciosos como Grinder y Bandler pueden ser también útiles para fines humanistas. Ellos ya han proclamado que los contenidos y las creencias les son indiferentes…

  Por otra parte, dentro de este libro encontramos uno de los mejores descubrimientos realizados por los terapeutas, el de las pautas de los movimientos oculares.

Los movimientos oculares son la forma más fácil que hemos descubierto para que la gente pueda aprender a obtener acceso a esta clase de información denominada «sistemas representacionales».(…) La mayoría de las personas miran hacia arriba y a la izquierda cuando accesan a imágenes visuales eidéticas o recordadas, y hacia arriba y a la derecha cuando accesan imágenes visuales construidas (…) Las claves de acceso visuales, pautas de barrido de los movimientos oculares, les indicarán literalmente la secuencia completa del modo de accesar alguna información, lo que nosotros denominamos estrategia.

  El lenguaje verbal es mucho más opaco que el gestual: hay quien dice que el ser humano aprendió a hablar para mentir, algo mucho más difícil si nos centramos en el lenguaje gestual. De modo que si, con aplicación, somos capaces de comprender muchas expresiones no verbales, seremos más capaces también de ganar confianza en nuestras relaciones con los semejantes (algo imprescindible para el terapeuta). Los movimientos oculares sirven para determinar la veracidad de lo que se manifiesta (casi como un detector de mentiras) así como el uso de variados recursos intelectuales (recuerdos, imaginación, actos reflejos…), y eso permite comprender mejor la organización psicológica de quien tenemos delante. Todo lo que nos ayude a comunicarnos emocionalmente es necesariamente bueno.

  Otro descubrimiento valioso es el del uso del vocabulario:

Una de las cosas que distingue un comunicador realmente singular, es su precisión en el uso del lenguaje

  Y no solo la precisión del lenguaje es importante para el terapeuta, sino para cualquier individuo que desea cambiar en un sentido determinado. De la misma forma que el uso de un lenguaje brusco, vehemente, agresivo y ambiguo es útil para reforzar los comportamientos antisociales (por ejemplo, en el adiestramiento militar, ya mencionado), el uso de un lenguaje intencionadamente despojado de generalizaciones, de hipérboles, ambigüedades y de giros irónicos y agresivos puede contribuir a una conducta más prosocial. Hay terapeutas PNL que recomiendan que no se utilicen siquiera expresiones como “nunca”, “todo el mundo” o “en modo alguno” si se desea mantener una actitud cooperativa y de confianza.

  La PNL surgió a partir de las terapias familiares (en este libro se cita a terapeutas como Virginia Satir y Milton Erickson a modo de valiosos precedentes), un intento de mejorar las relaciones de convivencia en el núcleo afectivo primario de la vida social. La sistematización de sus descubrimientos es un ejemplo de cómo podemos esforzarnos en mejorar nuestras relaciones humanas sin depender de las convenciones culturales (es decir, sin prejuicios).

  Podemos elegir los aspectos de nuestro comportamiento que queremos mejorar y podemos usar racionalmente los conocimientos contrastados para ello. Grinder y Bandler enseñan, por ejemplo, cómo hombres de negocios pueden trabajar juntos, y mucho terapeuta canalla enseña también cómo manipular a la propia esposa para sacarle mayor rendimiento sexual. Todo es apropiado porque se trata sólo de "métodos", de un uso racional de nuestra propia naturaleza irracional, y recordemos una vez más que en este sentido los contenidos son indiferentes.

  Nosotros podemos elegir los contenidos antes de ponernos a elegir el método, pero no ganamos nada si cerramos los ojos y fingimos ignorar los recursos de que se dispone para mejorar nuestra vida social.

lunes, 28 de julio de 2014

“La expansión del cristianismo”, 1996. Rodney Stark.

  El profesor Rodney Stark es el autor de uno de los mejores análisis sociológicos del origen del cristianismo. En su libro "The Rise of Christianity" se ponderan datos referidos a la población, doctrina, entorno y redes sociales relacionados con el sorprendente triunfo de la religión cristiana en el Imperio Romano que se produjo al cabo de los tres o cuatro primeros siglos de nuestra era. Pero, pese a tener en cuenta tan diversos elementos, no se pierde de vista el factor decisivo de por qué esta religión, que surgió sin ser promovida por poder político alguno, se difundió hasta el punto de acabar gozando del reconocimiento del poder estatal: queda claro que este factor esencial fue el ideológico.

La pretensión del marxismo de que las ideas son un mero epifenómeno son anticuadas y absurdas.(…) Las doctrinas fueron frecuentemente de inmensa importancia.

Lo que es verdad acerca de la nueva tecnología, modas y actitudes debería ser también verdad en lo que concierne a la fe. Porque las nuevas religiones implican nuevas ideas.

  Aunque tampoco debemos confundir esta realidad con el poder de la ideología en sí ni con la versión interesada que dan los mismos cristianos (¡o los militantes marxistas!) acerca del poder de conversión por la mera enseñanza de doctrina. Porque no es así como funciona, a pesar de lo que los creyentes pretenden:

Cuando la gente describe sus conversiones retrospectivamente, tiende a poner el énfasis en la teología.

  En realidad, las conversiones se realizan a través de la vida social. Las personas se convierten a una creencia en tanto que ésta puede encarnarse en una actitud ética ante la vida que es compartida en común. Ése es el truco: no convence la exposición doctrinal de la ideología, sino la actitud ética de la red social…  y eso no contradice lo que acabamos de decir de que el factor ideológico fue esencial en el triunfo del cristianismo: la actitud ética deriva, en última instancia, de una forma ideológica, y son la actitud ética y las compensaciones prácticas que derivan de ésta las que actúan en el individuo a la hora de hacerle elegir una opción.

 Descubrir cuál es la relación exacta entre la doctrina o ideología de una parte, y la actitud ética de la red social de la otra supondría descubrir el elemento nuclear de toda evolución cultural. En el caso del cristianismo podemos aventurar que personas de un nivel cultural relativamente elevado (el cristianismo no fue un movimiento proletario, sino que estuvo basado en las clases más privilegiadas) desarrollaron, a través de la asimilación de la doctrina (ideología), pautas de comportamiento ético que resultaron atractivas para círculos sociales más amplios.

La conversión no es acerca de abrazar una ideología, sino de amoldar el comportamiento religioso en alineamiento con el de nuestros amigos y familiares. (…) Los vínculos personales son el núcleo de la conversión y en consecuencia la conversión tiende a proceder a lo largo de redes sociales formadas por vínculos interpersonales.

  Por lo tanto…

El factor definitivo en el triunfo del cristianismo fue que sus doctrinas centrales impulsaron y sostuvieron organizaciones y relaciones sociales atractivas, liberadoras y efectivas.

  El cristianismo llegó a consolidarse como alternativa cultural tras más de dos siglos de lenta difusión a través de vínculos familiares y redes sociales urbanas. Lo hizo en una atmósfera de relativa libertad religiosa (más tarde se exageraron mucho las persecuciones) y utilizando sobre todo los cauces del judaísmo de la diáspora (en el Imperio Romano de Oriente, los judíos eran una fuerte minoría urbana, y el número de judíos que vivían fuera de Palestina triplicaba el de los que permanecían en la “Madre Patria” ya en tiempos de Jesús), de modo que durante bastante tiempo la gran mayoría de los cristianos en el Imperio no fueron otra cosa que judíos de la diáspora convertidos a una particular herejía... pero la herejía cristiana contaba con una gran ventaja sobre el judaísmo ortodoxo a la hora de expandirse:

El judaísmo no podía ser fácilmente separado de una etnicidad intrínseca de acuerdo con la Ley.

El cristianismo eludió y sobrepasó la barrera étnica que había impedido que el judaísmo sirviera de base para la revitalización de Roma 

  Si bien es importante reconocer que ya existían tendencias en el judaísmo previas al cristianismo que presagiaban el derribo de la mencionada “barrera étnica”:

El judaísmo del siglo primero podía haber sido más inclusivo de lo que se ha reconocido. La existencia de los llamados “Temerosos de Dios” (simpatizantes paganos del judaísmo) demuestra esta inclusión, pero también parece claro que estos “Temerosos de Dios” estaban limitados a los bordes sociales de la diáspora judía. (…) Muchos judíos helenizados de la diáspora encontraron el cristianismo tan atrayente precisamente porque los liberaba de la identidad étnica.

  Más allá de esta cuestión, el triunfo de la herejía cristiana se basaba en haber asimilado, aparte del universalismo, una versión efectiva de la ética compasiva que en este momento de la Antigüedad iba extendiéndose por muchos entornos diferentes, judíos o no.

Una congregación Cristiana era desde el principio una comunidad en un sentido más completo que el correspondiente a un grupo de devotos de Isis o Mitra. Sus miembros estaban unidos no solo por ritos comunes sino también por una forma de vida común. El amor al semejante no es una virtud exclusiva de los cristianos, pero en este periodo parece que los cristianos la han practicado mucho más efectivamente que cualquier otro grupo.

El corolario de que a causa de que Dios ama la humanidad, los cristianos pueden no complacer a Dios a menos que se amen unos a otros era algo enteramente nuevo. (…) Incluso más revolucionario era el principio de que el amor cristiano y la caridad deben extenderse más allá de los límites de la familia y la tribu.

No es que los romanos no conocieran nada de la caridad, sino que ésta no estaba basada en el servicio a los dioses.

  Además, Rodney Stark nos demuestra que las redes sociales de ayuda de los cristianos tuvieron una influencia decisiva para difundir la ética cristiana. La prueba de que estas redes en verdad existieron no está tanto en lo que los  historiadores cristianos lo refieran… ¡sino en que sus mismos enemigos dejaron testimonio de ello!

El emperador Juliano lanzó una campaña para instituir asistencia caritativa pagana en un esfuerzo de igualar a los cristianos

  Stark incluso comenta que las epidemias catastróficas pudieron favorecer el crecimiento de los cristianos.

Los valores cristianos de amor y caridad habían sido convertidos, desde el principio, en normas de servicio social y solidaridad comunitaria. Cuando golpeó el desastre, los cristianos fueron más capaces de enfrentarse a él

Nuestras fuentes testifican que algunos paganos fueron cuidados por los cristianos

   El descenso de natalidad fue dramático durante el periodo imperial tardío. El infanticidio, el aborto, la escasez de mujeres y la falta de mutua ayuda perjudicaban la natalidad. Los cristianos, contrarios al infanticidio, al aborto, relativamente protectores de la libertad de las mujeres y con hábitos religiosos de ayuda mutua experimentaron por todo ello un sensible aumento demográfico. Incluso se apunta un momento concreto en el que se habría producido el cambio más significativo:

Muchos estudiosos piensan que algo realmente extraordinario, en términos de crecimiento del cristianismo, sucedió en la segunda mitad del siglo III.

    Aunque al Imperio Romano aún le quedaban buenos tiempos por venir, durante la segunda mitad del siglo III tuvo lugar una terrible crisis que a punto estuvo de descomponer la unidad política y territorial. Coincide con una expansión notable del cristianismo.

  Por otra parte, sin discutir que el éxito de los cristianos se hallaba en su altruismo, se puede reprochar a Stark el que no se extienda acerca del hecho de que ciertos elementos básicos de la ideología compasiva ya eran conocidos por los paganos. Es preciso resaltar que éticas como las del estoicismo y el orfismo (quizá influenciadas por las noticias que llegaban del budismo en la India) probablemente contribuyeron en mucho a la aparición de la herejía cristiana dentro del judaísmo ortodoxo. Pero las éticas compasivas paganas resultaban ser creencias elitistas, quizá no muy diferentes al humanitarismo laico actual, y lo que les faltaba era el componente teológico y emocional que permitiera su amplia difusión y aceptación por las masas. Como escribió Ernest Renan:  La filosofía no basta para la mayoría; la mayoría necesita la santidad. 

  Una religión tradicional sin contenido ético, como el paganismo romano, estaba condenada a desaparecer, pues en ella todo se limitaba a hacer sacrificios a los dioses para que estos favorecieran a los devotos. Lo que faltaba por saber era qué nuevo culto ético de masas iba a sustituir a las viejas tradiciones. El triunfo del cristianismo se produjo tras competir y ganar contra otros pretendientes a la supremacía. Por ejemplo, el culto egipcio a Isis:

Existió una significativa correlación del 67% entre la expansión del culto a Isis y la expansión del cristianismo. Adonde fue Isis, el cristianismo lo siguió.

  Quizá también falta en el libro un análisis más profundo de las otras religiones que compitieron y perdieron contra el cristianismo. Sabiendo en qué "fallaron", es probable que podamos tener una idea más definida de cuáles fueron los factores que determinaron el éxito del cristianismo. Aparte de Isis, Mitra y el judaísmo ortodoxo también el culto solar estuvo cerca de ser reconocido como religión oficial. Todas estas religiones procedían de las regiones orientales del Imperio (Egipto, Persia, Judea, Siria...).

  A otro nivel, no parece muy exacto que en el libro se señale la desventaja del paganismo por no creer en la inmortalidad. Platónicos y neoplatónicos eran paganos que sí creían en la inmortalidad, y el judaísmo ortodoxo pasó del escepticismo inicial a una aceptación posterior de la vida de ultratumba. Sin embargo, esta transformación no se dio en la religión pagana tradicional a pesar del platonismo de las élites. Stark no analiza por qué la creencia cristiana en la inmortalidad podía ser efectiva y la creencia en lo mismo por parte de sus contemporáneos neoplatónicos no llegó a serlo, como demuestra el que no llegara a pasar a las masas paganas. La religión egipcia, desde luego, sí creía en la inmortalidad, ya más de mil años antes de Cristo.

  Finalmente, siendo el factor ético y social el más importante de los que contribuyeron al triunfo cristiano, no debemos tampoco idealizar en exceso el carácter humanista del primer cristianismo.

El cristianismo no predicó que todo el mundo podía o debía ser igual en términos de riqueza y poder en esta vida. Pero sí predicó que todos eran iguales a los ojos de Dios y que los más afortunados tenían una responsabilidad ante Dios para ayudar a los necesitados.

  La evolución cultural se realiza mediante cambios fundamentales desde la perspectiva histórica, pero que desde nuestro punto de vista actual quizá no nos parecerían tan espectaculares (evolución es "copia más modificación"). Si bien los primeros cristianos podían no haber sido los santos que la hagiografía católica nos ha pretendido mostrar, el hecho es que para la Roma del Imperio supusieron un avance moral inmenso. Y es acertado, por tanto, el que se hable de una “Era cristiana” que comienza a partir de este punto.

lunes, 21 de julio de 2014

“Superficiales”, 2010. Nicholas Carr

  Nicholas Carr en su libro “Superficiales” aborda la cuestión de si el uso de Internet perjudica el desarrollo del intelecto humano.

Cuando nos conectamos a la Red, entramos en un entorno que fomenta una lectura somera, un pensamiento apresurado y distraído, un pensamiento superficial. 

La división de la atención que exige lo multimedia sobrecarga aún más nuestras capacidades cognitivas, lo cual disminuye nuestro aprendizaje y debilita nuestro entendimiento. 

Los usuarios multitarea habituales se dejan distraer mucho más fácilmente por «estímulos irrelevantes del entorno», tienen un control significativamente menor sobre el contenido de su memoria de trabajo y, en general, son mucho menos capaces de mantener su concentración en una tarea concreta. 

Nunca antes existió un medio como la Red, programado para dispersar nuestra atención de modo tan exhaustivo como insistente.

  Todo esto suena un poco catastrofista y el mismo autor acepta que en el pasado ya se dieron actitudes tan negativas con respecto a otras innovaciones en los sistemas de transmisión del conocimiento, como fue el caso de Sócrates pronunciándose contra el mismo lenguaje escrito

“Sólo un simple”, le dice Sócrates a Fedro, pensaría que un relato escrito “es mejor en absoluto que el conocimiento y recuerdo de las mismas cuestiones”.

 Y en su momento, también surgiría la oposición a la imprenta, a los periódicos y, por supuesto, al cine, radio y televisión. En todos los casos, sin embargo, los nuevos medios multiplicaron tanto la cantidad del conocimiento a disposición de la persona como la riqueza de perspectivas para su asimilación.

Los términos de la discusión han sido prácticamente iguales para cada medio informativo nuevo, retrotrayéndose al menos hasta los libros salidos de la imprenta de Gutenberg. Los entusiastas, con motivo, alaban el torrente de contenido nuevo que libera la tecnología, y lo ven como una señal de «democratización» de la cultura. Los escépticos, con motivos igualmente válidos, condenan la pobreza del contenido, observándolo como una señal de "decadencia» de la cultura"

  Pero en lo que se refiere a Internet, hemos de admitir que impresionan algunos datos que Nicholas Carr nos aporta en su libro:

Las calificaciones en los exámenes PSAT, a los que se someten los estudiantes de secundaria en Estados Unidos, no aumentaron en absoluto entre los años 1999 y 2008, una época en que el uso de la Red en hogares y escuelas se estaba expandiendo exponencialmente. De hecho, mientras que el promedio de calificaciones en matemáticas se mantuvo bastante estable durante ese periodo —cayendo casi medio punto, de 49,2 a 48,8—, las puntuaciones en las partes verbales de la prueba se redujeron de manera significativa. El puntaje promedio de lectura crítica cayó un 3,3 por ciento, de 48,3 a 46,7; y el de aptitudes para la escritura se redujo un 6,9 por ciento: de 49,2 a 45,8. Los resultados obtenidos en las secciones verbales de exámenes SAT para estudiantes universitarios también han ido disminuyendo. Un informe de 2007 del Departamento de Educación estadounidense mostró que las puntuaciones de alumnos de duodécimo grado en pruebas de tres tipos diferentes de lectura (para realizar una tarea, para recopilar información y para adquirir experiencia literaria) se redujeron entre 1992 y 2005. La aptitud para la lectura literaria sufrió el mayor descenso, con una bajada de doce puntos porcentuales

   Tal vez haya que esperar a que se confirmen estas noticias alarmantes. Podría ocurrir (por ejemplo) que los descensos no fueran significativos y que se trate solo de algo por el estilo de que ha aumentado el universo de alumnos sobre los que se llevan a cabo las evaluaciones (es lógico que si hay muchos más estudiantes, y si entre estos hay más de ciencias que de humanidades, la “lectura crítica” o la “aptitud para la escritura” disminuyan moderadamente…)

  La advertencia queda ahí, y más adelante se desmentirá o no la gravedad de la situación, y se hallará o no remedio a sus aspectos más negativos. No dejemos de tener en cuenta que todo lo que se refiere a las nuevas tecnologías de la información está cambiando constantemente y que este libro puede quedar anticuado muy pronto.

  Lo más importante de “Superficiales”, sin embargo, es lo que aprendemos acerca de cómo influyen en el desarrollo humano los diversos medios de transmisión del conocimiento.

A largo plazo, el contenido de un medio importa menos que el medio en sí mismo a la hora de influir en nuestros actos y pensamientos. (…)Los medios proyectan su magia, o su mal, en el propio sistema nervioso. 

McLuhan (…) era un maestro en el arte de acuñar frases, y una de ellas (…) pervive en forma de refrán popular: «El medio es el mensaje».

Parece no haber duda de que la invención de la escritura fue un felicísimo hallazgo, a pesar de las objeciones que se le pusieron en la Antigüedad, pero la escritura fue solo una innovación entre varias.

El mapa es un medio que no sólo almacena y transmite información, sino que también incorpora un modo particular de ver y pensar. (…)Lo que hizo el mapa con el espacio —traducir un fenómeno natural a una concepción artificial e intelectual de dicho fenómeno— lo hizo otra tecnología, el reloj mecánico, con el tiempo. (…) El mapa y el reloj pertenecen a la categoría que podríamos llamar «tecnologías intelectuales».

  Las invenciones relacionadas con la organización de la acción y percepción humana en la vida social tendrían una capacidad propia para alterar el comportamiento. Es decir, que lo que aparecen como herramientas al servicio del ser humano acaban poniendo el cerebro humano a su propio servicio, a condicionarlo. Esto es lo que se llama “determinismo tecnológico”, y no tiene solo que ver con la organización de la vida intelectual. Puede aplicarse también a los cambios en la economía, desde el descubrimiento de la agricultura al “taylorismo” o uso industrial de la capacidad de trabajo humano (“trabajo en cadena” sometido a cronometraje).

El progreso tecnológico, que se veía como fuerza autónoma externa al control del hombre, ha sido el principal factor que determina el curso de la historia humana.

Las herramientas que el hombre ha utilizado para apoyar o ampliar su sistema nervioso han conformado la estructura física y el funcionamiento de la mente humana. Su uso ha fortalecido algunos circuitos neuronales y debilitado otros, ha reforzado ciertos rasgos mentales, dejando que otros se desvanezcan

  Donde el uso de la tecnología se hace más peligroso es en la sistematización del trabajo intelectual. Así llegamos a un impresionante descubrimiento que, en el fondo, no hace más que confirmar algunas intuiciones de la práctica social: hoy le llamamos la “plasticidad neurológica”

Una actividad puramente mental puede alterar nuestros circuitos neuronales, a veces de forma profunda. A finales de la década de 1990, un grupo de investigadores británicos escaneó los cerebros de dieciséis taxistas de Londres que tenían entre dos y cuarenta y dos años de experiencia detrás del volante. Cuando compararon sus escáneres con los de un grupo de control, encontraron que la parte posterior del hipocampo de los taxistas, una parte del cerebro que desempeña un papel clave en el almacenamiento y la manipulación de representaciones espaciales en el entorno de una persona, era mucho más grande de lo normal.

La plasticidad del cerebro (…) es universal. Prácticamente todos nuestros circuitos neuronales, ya se ocupen de sentir, ver, oír, moverse, pensar, aprender, percibir o recordar, están sometidos a cambios. (…)Esta plasticidad de nuestras sinapsis armoniza dos filosofías de la mente que hace siglos estaban en conflicto: el empirismo y el racionalismo. Según los empiristas, como John Locke, la mente con la que nacemos es una pizarra en blanco, una tábula rasa.(…) Según los racionalistas, como Immanuel Kant, nacemos con una «plantilla» mental incorporada que determina la forma en que percibimos e interpretamos el mundo. Todas nuestras experiencias se filtran a través de estas plantillas innatas. 

  Está claro que, de todas las alteraciones de origen cultural a las que pueden someterse los cerebros humanos a la hora de afrontar la realidad de su entorno, la favorita para la mayoría es la “lectura profunda

A medida que el cerebro se vuelve más hábil para descifrar el texto, convirtiendo lo que había sido un exigente ejercicio de resolución de problemas en un proceso que es esencialmente automático, puede dedicar más recursos a la interpretación del significado. Lo que hoy llamamos lectura profunda se hace así posible (…)Leer un libro largo en silencio requiere una capacidad de concentrarse intensamente durante un largo periodo de tiempo, «perderse» en las páginas de un libro, como decimos ahora. Desarrollar esta disciplina mental no fue fácil (…)Leer un libro significaba practicar un proceso antinatural de pensamiento que exigía atención sostenida, ininterrumpida, a un solo objeto estático. 

  La capacidad para la “lectura profunda” se relaciona con el desarrollo intelectual y con la capacidad prosocial para la empatía.

La lectura de una secuencia de páginas impresas era valiosa no sólo por el conocimiento que los lectores adquirían a través de las palabras del autor, sino por la forma en que esas palabras activaban vibraciones intelectuales dentro de sus propias mentes. 

El desarrollo del conocimiento se convirtió en un acto cada vez más privado, con la creación por cada lector, en su propia mente, de una síntesis personal de las ideas y la información que recibía a través de los escritos de otros pensadores. El sentido de individualismo se reforzaba. 

Las regiones del cerebro que se activan a menudo son similares a las que se activan cuando la gente realiza, imagina u observa actividades similares en el mundo real. La lectura profunda (…) no es un ejercicio pasivo. El lector se hace libro.

   En este caso, el “determinismo tecnológico” habría resultado en un gran avance para las cualidades más propiamente humanas.

Se había puesto en marcha un círculo virtuoso: la creciente disponibilidad de libros disparó el deseo de alfabetización, y la expansión de la alfabetización estimuló aún más la demanda de libros. 

  Retomemos a partir de esto la cuestión del peligro de las nuevas tecnologías de la información y recordemos:

La mente lineal está siendo desplazada por una nueva clase de mente que quiere y necesita recibir y diseminar información en estallidos cortos, descoordinados, frecuentemente solapados —cuanto más rápido, mejor—.

Cuando un libro impreso se transfiere a un dispositivo electrónico conectado a Internet, se convierte en algo muy parecido a una página web. Su texto queda preso de todas las distracciones que ofrece un ordenador conectado a Internet. (…) La linealidad del libro impreso se quiebra en pedazos; y con ella, la calmada atención que induce en el lector.

  Los temores de Nicholas Carr a que la dispersión de atención que conlleva el uso de Internet pudiera causar efectos irreversibles en el desarrollo intelectual pueden parecer exagerados si se comparan con el beneficio de la enormidad de recursos que quedan ahora a disposición inmediata de casi todo el mundo, y tampoco hemos de olvidar que los perjuicios podrían repararse tomando buenos hábitos compensatorios, como en el caso del ejercicio físico que se hace para contrarrestar la vida sedentaria propia de la actividad económica urbana. En cualquier caso, toda precaución es poca, y si queremos desarrollar hábitos compensatorios de los efectos secundarios perniciosos, primero tenemos que admitir la existencia del problema y estudiarlo a fondo.

   Una actitud despreocupada ante un problema real nos pondría en grave riesgo. Eso justifica la crítica al punto de vista “instrumentalista”:

Los instrumentalistas minimizan el poder de la tecnología, en la creencia de que las herramientas son artefactos neutrales, totalmente subordinados a los deseos conscientes de sus usuarios. (…) El instrumentalismo es la opinión más extendida sobre la tecnología, entre otras cosas porque es la opinión que preferiríamos ver confirmada

  Según Nicholas Carr, Internet supondría un peligro mayor que cualquier otra innovación de la era industrial que hayamos conocido.

La radio, el cine, el fonógrafo, la televisión (…) se vieron siempre limitadas por su incapacidad para transmitir la palabra escrita. Podían desplazar, pero no reemplazar, el libro

Con la excepción de los alfabetos y los sistemas numéricos, la Red muy bien podría ser la más potente tecnología de alteración de la mente humana que jamás se haya usado de forma generalizada. 

lunes, 14 de julio de 2014

“El hombre en busca de sentido”, 1962. Viktor Frankl

  Viktor Frankl fue un caso excepcional de psicoterapeuta. Supervivente del Holocausto, utilizó los hallazgos de su experiencia en los campos de concentración para elaborar una terapia extensa y compleja que puede ser comprendida al mismo tiempo como lo que habitualmente llamamos “una filosofía”

Algunas de las personas que en la actualidad visitan al psiquiatra hubieran acudido en tiempos pasados a un pastor, un sacerdote o un rabino, pero hoy, por lo general, se resisten a ponerse en manos de un eclesiástico, de forma que el médico tiene que hacer frente a cuestiones filosóficas más que a conflictos emocionales.

  Que se resistieran a ponerse en manos de un eclesiástico es explicable, puesto que en la segunda mitad del siglo XX la humanidad ya vivía en un mundo regido por la ciencia, donde el método científico ya era el que gozaba del merecido prestigio de la honestidad y la certeza.

  La propuesta de Viktor Frankl se llamó “logoterapia” y en el libro “El hombre en busca de sentido”, y a solicitud del editor, ésta se expone junto con el dramático testimonio del superviviente de la barbarie nazi; de esa forma se muestra cómo, incluso en las circunstancias más terribles, el ser humano dispone de recursos psicológicos para no ceder a la desesperanza. Lo que tendría que hacer el terapeuta sería guiar a la persona que sufre a la superación de su situación angustiosa afrontando una realidad que no puede evadirse y que por tanto requiere ser interpretada.

La logoterapia considera que es su cometido ayudar al paciente a encontrar el sentido de su vida.

La función del logoterapeuta consiste en ampliar y ensanchar el campo visual del paciente de forma que sea consciente y visible para él todo el espectro de las significaciones y los principios. 

Lo que importa no es el sentido de la vida en términos generales, sino el significado concreto de la vida de cada individuo en un momento dado. (…) No deberíamos buscar un sentido abstracto a la vida, pues cada uno tiene en ella su propia misión que cumplir; cada uno debe llevar a cabo un cometido concreto. (…) La logoterapia considera que la esencia íntima de la existencia humana está en su capacidad de ser responsable.

   La actuación del logoterapeuta viene a ser algo así:

En el psicoanálisis, el paciente se tiende en un diván y le dice a usted cosas que, a veces, son muy desagradables de decir. (…) Pues bien, en la logoterapia, el paciente permanece sentado, bien derecho, pero tiene que oír cosas que, a veces, son muy desagradables de escuchar. (…) Comparada con el psicoanálisis, la logoterapia es un método menos retrospectivo y menos introspectivo. La logoterapia mira más bien al futuro, es decir, a los cometidos y sentidos que el paciente tiene que realizar en el futuro.

Podemos descubrir este sentido de la vida de tres modos distintos: (1) realizando una acción; (2) teniendo algún principio; y (3) por el sufrimiento. En el primer caso el medio para el logro o cumplimiento es obvio. El segundo y tercer medio precisan ser explicados.

  Así que, como ya hemos visto, se nos presenta al terapeuta a modo de filósofo o predicador laico (de ahí que parezca ocupar para muchos el lugar del eclesiástico) que nos anima a que hallemos un objetivo en nuestra vida. ¿Cualquier cosa que pueda atraer nuestra atención? Frankl hace algunas importantes salvedades:

El verdadero sentido de la vida debe encontrarse en el mundo y no dentro del ser humano o de su propia psique, como si se tratara de un sistema cerrado.

A veces la frustración de la voluntad de sentido se compensa mediante una voluntad de poder, en la que cabe su expresión más primitiva: la voluntad de tener dinero. 

  Por lo tanto, encontrar un sentido a nuestra existencia excluye aquellos intereses que no inciden en lo propiamente humano, en lo que favorece una existencia social plena. Por eso se plantea como una filosofía y no como un mero truco para seguir adelante de cualquier manera.

La logoterapia considera en términos espirituales temas asimismo espirituales, como pueden ser la aspiración humana por una existencia significativa y la frustración de este anhelo. 

La logoterapia ha acuñado el término "neurosis noógena", en contraste con la neurosis en sentido estricto; es decir, la neurosis psicógena. Las neurosis noógenas tienen su origen no en lo psicológico, sino más bien en la dimensión noológica (del griego noos, que significa mente), de la existencia humana. (…) Las neurosis noógenas no nacen de los conflictos entre impulsos e instintos, sino más bien de los conflictos entre principios morales distintos

  Esto entra en el ámbito de la “psicología humanista”, y alcanza las antiguas y polémicas ideas de “libre albedrío”, libertad de elección y responsabilidad.

Si yo digo que el hombre se ve arrastrado por los principios morales, lo que implícitamente se infiere es el hecho de que la voluntad interviene siempre: la libertad del hombre para elegir entre aceptar o rechazar una oferta; es decir, para cumplir un sentido potencial o bien para perderlo.

Existe un riesgo inherente al enseñar la teoría de la "nada" del hombre, es decir, la teoría de que el hombre no es sino el resultado de sus condiciones biológicas, sociológicas y psicológicas o el producto de la herencia y el medio ambiente. Esta concepción del hombre hace de él un robot, no un ser humano. 

El hombre puede conservar un vestigio de la libertad espiritual, de independencia mental, incluso en las terribles circunstancias de tensión psíquica y física.(…) Es esta libertad espiritual, que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido y propósito.

  Es inevitable que surja la discusión con el existencialismo. Una corriente de pensamiento contemporánea de la logoterapia de Viktor Frankl… pero que no generó escuela de terapia alguna.

Los pensadores existencialistas no ven en los ideales humanos otra cosa que invenciones. Según J.P. Sartre, el hombre se inventa a sí mismo, concibe su propia "esencia", es decir, lo que él es esencialmente, incluso lo que debería o tendría que ser. Pero yo no considero que nosotros inventemos el sentido de nuestra existencia, sino que lo descubrimos.

Lo que se le pide al hombre no es, como predican muchos filósofos existenciales, que soporte la insensatez de la vida, sino más bien que asuma racionalmente su propia capacidad para aprehender toda la sensatez incondicional de esa vida. Logos (sentido) es más profundo que lógica.

  Frankl parece que propone creer en algo en particular, y no solo en cualquier cosa a la que podamos asignarle un sentido (inventado o descubierto): para Frankl, el amor es algo muy concreto.

La verdad es que el amor es la meta última y más alta a que puede aspirar el hombre

El amor constituye la única manera de aprehender a otro ser humano en lo más profundo de su personalidad. 

Cuando el hombre se encuentra en una situación de total desolación, sin poder expresarse por medio de una acción positiva, cuando su único objetivo es limitarse a soportar los sufrimientos correctamente —con dignidad— ese hombre puede, en fin, realizarse en la amorosa contemplación de la imagen del ser querido

El hombre que se hace consciente de su responsabilidad ante el ser humano que le espera con todo su afecto o ante una obra inconclusa no podrá nunca tirar su vida por la borda.

  Claro que el amor aparece como una excepción en un mundo donde la mayor parte del sufrimiento humano lo genera la mala convivencia entre semejantes. Contemporizar con la civilización que crea la neurosis es la gran contradicción del terapeuta que aspira, muy justificadamente, por lo demás, a ser filósofo…

  El amor que podría compensar el sufrimiento, aunque fuese siquiera como objeto de contemplación, podría muy bien escasear. ¿Cómo afrontar la desdicha entonces?, ¿cómo puede ayudar el terapeuta en este aspecto?

Cuando un hombre descubre que su destino es sufrir, ha de aceptar dicho sufrimiento, pues ésa es su sola y única tarea. (…) Su única oportunidad reside en la actitud que adopte al soportar su carga.

El sufrimiento es un aspecto de la vida que no puede erradicarse, como no pueden apartarse el destino o la muerte. Sin todos ellos la vida no es completa.

  Cabe preguntarse si es adecuado que Frankl extrapole su atroz experiencia como superviviente en los campos de concentración con la del ciudadano burgués que tiene que vérselas con las neurosis de la vida cotidiana. Podríamos pensar que cualquier “sentido” que hallemos sirve para distraer al sufriente de la horrible realidad que vive en un entorno como el del campo de concentración, pero que esa circunstancia cuenta con pocos equivalentes en tiempos de paz. Al fin y al cabo, en el campo de concentración no había muchas opciones y las elecciones eran inequívocas.

No había ninguna necesidad de avergonzarse de las lágrimas, pues ellas testificaban que el hombre era verdaderamente valiente; que tenía el valor de sufrir. 

Conseguí distanciarme de la situación, pasar por encima de los sufrimientos del momento y observarlos como si ya hubieran transcurrido

Sólo unos pocos son capaces de alcanzar cimas espirituales elevadas. Pero esos pocos tuvieron una oportunidad de llegar a la grandeza humana aun cuando fuera a través de su aparente fracaso y de su muerte, hazaña que en circunstancias ordinarias nunca hubieran alcanzado.

El hombre elige constantemente de entre la gran masa de las posibilidades presentes, ¿a cuál de ellas hay que condenar a no ser y cuál de ellas debe realizarse? ¿Qué elección será una realización imperecedera, una "huella inmortal en la arena del tiempo"? En todo momento el hombre debe decidir, para bien o para mal, cuál será el monumento de su existencia.

¿Qué dice Spinoza en su Ética? La emoción, que constituye sufrimiento, deja de serlo tan pronto como nos formamos una idea clara y precisa del mismo.

  En alguna ocasión, los ejemplos que pone Frankl de su práctica como terapeuta nos hacen desconfiar, al presentarse como meros ardides que ayudan al individuo a superar momentáneamente un punto crítico.

No podía sobreponerse a la pérdida de su esposa, que había muerto hacía dos años y a quien él había amado por encima de todas las cosas. ¿De qué forma podía ayudarle? ¿Qué decirle? Pues bien, me abstuve de decirle nada y en vez de ello le espeté la siguiente pregunta: "¿Qué hubiera sucedido si usted hubiera muerto primero y su esposa le hubiera sobrevivido?" "¡Oh!", dijo, "¡para ella hubiera sido terrible, habría sufrido muchísimo!" A lo que le repliqué: "Lo ve, usted le ha ahorrado a ella todo ese sufrimiento; pero ahora tiene que pagar por ello sobreviviendo y llorando su muerte."

Les aseguré que en las horas difíciles siempre había alguien que nos observaba —un amigo, una esposa, alguien que estuviera vivo o muerto, o un Dios— y que sin duda no querría que le decepcionáramos

  Quizá Frankl acierte más que otros al reconocer no solo que está asumiendo el papel de “confortador de almas” de un clérigo o predicador, sino también que

La influencia inmediata de una determinada forma de conducta es siempre más efectiva que las palabras. Pero, a veces, una palabra también resulta efectiva cuando la receptividad mental se intensifica con motivo de las circunstancias externas.

  Y que

la salud se basa en un cierto grado de tensión, la tensión existente entre lo que ya se ha logrado y lo que todavía no se ha conseguido (…) Considero un concepto falso y peligroso para la higiene mental dar por supuesto que lo que el hombre necesita ante todo es equilibrio

  Esta última observación es importante, porque al menos sirve para predisponernos contra una especie de curanderismo psicoterapéutico. Aceptar que no tenemos por qué curarnos del sufrimiento, sino aceptarlo, implica alejarnos de una idea despreocupada de que “todo tiene arreglo” y al mismo tiempo nos permite insertar al individuo en un compromiso realista. Así, el paciente no acude al terapeuta para que le resuelvan su problema, sino para, supuestamente, comprometerse en una determinada forma de ver la vida.

  Con todo, el reconocimiento de que el individuo acude a la terapia buscando un apoyo moral que rompa su soledad nos avanza que lo que se necesita por encima de todo es un entorno que nos respalde emocionalmente. Si no podemos contar con "la influencia inmediata de una determinada forma de conducta" y ni siquiera con el apoyo familiar, o con la creencia en Dios aunque sea, todo lo que queda es que nos inventemos un punto de vista objetivo que nos permita probarnos a nosotros mismos: el sentido de la vida sería, como hemos visto, afrontar con dignidad nuestro sufrimiento ante un observador imaginario (o inalcanzable). Se parece mucho, entonces, a lo que predicaban los literatos existencialistas por mucho que se diga que no nos inventamos el sentido, sino que lo descubrimos… Queda, pues, la duda de si puede hacerse o no esa distinción.

  El psicoterapeuta no puede ser solo un filósofo, como Sartre. Desde luego, no puede decirle al neurótico “que se invente el sentido de su existencia” porque eso equivale a confirmar su soledad y su desorientación, ni tampoco “que lo halle por sí mismo”, pues tampoco es tarea fácil, así que es el psicoterapeuta humanista el que asume parte de la responsabilidad de determinar cuál es ese sentido de la existencia (por eso se convierte también en un predicador moral).

   Pero el terapeuta no puede ofrecer un modelo cultural acorde con el valor supremo del amor que predica. Recordemos que "la influencia inmediata de una determinada forma de conducta es siempre más efectiva que las palabras"… y que el terapeuta se halla precisamente en la situación del que no puede ofrecer más que palabras, su apoyo moral y su erudición (si la tiene).

  Una Iglesia puede ofrecer más, ya que dispone de predicador a todas horas (es una predicación continua, y no solo excepcional, como en el caso del terapeuta), ofrece un entorno (Dios y/o la ideología) donde al comportamiento se le asigna explícitamente ese sentido buscado, y, además, cuenta (si se trata de una de las llamadas "religiones compasivas") con una versión concreta y universal del preciado amor (figura efectiva del consuelo emocional por parte de la comunidad de creyentes) que Frankl reconoce que, en el fondo, sería el sentido más propio para todos y cada uno de los seres humanos.

   Pero no hay Iglesias basadas exclusivamente en la función propia de las religiones. La solución teórica sería sin duda una iglesia de terapeutas-predicadores que, como en toda religión, diese un sentido explícito a la vida humana con una determinada forma de conducta (…) siempre más efectiva que las palabras; ese sentido explícito sería la vida construida en torno al amor mutuo como realidad racional que colmase las necesidades emocionales.

La verdad es que el amor es la meta última y más alta a que puede aspirar el hombre

  Como cosa semejante no existe y puede que nunca llegue a existir, cualquier terapia cuidadosa puede servir de paliativo a los problemas reales que en cada caso hayan de afrontarse. Y los resultados inmediatos serían la única justificación de tal terapia.